Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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lunes, 14 de junio de 2021

Shtisel (Serie TV) de Along Zigman

 



Shtisel cuenta la historia de una familia jaredí que vive en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén. La serie narra su vida y anhelos en ese mundo cerrado, lleno de normas y ritos. A diferencia de Unorthodox que se limita a contar las peripecias de la protagonista para salir de una comunidad Hasidic en Nueva York, Shtisel se aproxima sin prejuicios a la vida cotidiana de esta comunidad. En este sentido hay que aclarar que dentro de la comunidad jaredí hay varios grupos, Unorthodox se centra en el más radical, en el más patriarcal y cerrado y del que es más difícil salir. Shtisel  pone el foco en los ultraortodoxos del barrio de Geula en Jerusalén, más asomados a la vida de fuera. El punto fuerte de la serie, en mi opinión, es como lo universal trasciende lo meramente religioso y geopolítico. Los conflictos de esta familia con el amor, la amistad, las vicisitudes de la vida cotidiana y los obstáculos que encuentran ante sus deseos son parecidos a los de cualquiera en cualquier lugar. La serie plantea un arco narrativo lleno de matices, de crestas y valles que van del drama al humor agarrando siempre al espectador e invitándole a reflexionar sobre la familia, la religión o el amor. Shtisel me enganchó desde el primer capítulo, excelentes guion y dirección, y la banda sonora de Avi Belleli. Memorables esas escenas de la vida doméstica de la familia; en la cocina, en la estrecha terraza, en el salón del piso pequeño y austero. 


Ficha de la serie


domingo, 14 de julio de 2013

La memoria de Buñuel


A raíz  de  leer el ensayo de Manuel  Hidalgo, El banquete de los genios. Un Homenaje a  Luis Buñuel, he leído  las  memorias del  maestro de Calanda:  Luis Buñuel.  Mi último suspiro. Me  lo he  pasado  teta. Un libro honesto y sin pretensiones  en el que  Buñuel hace recuento de  su vida y de sus  películas. Buñuel habla sin tapujos de Dalí, de Lorca, del surrealismo, de  la guerra  civil, del franquismo, de su militancia comunista, de su  ateísmo, de Calanda, de la  residencia de estudiantes de Madrid, de París, de México, de  Hollywood y de  su manera de entender el cine. También del tabaco y del alcohol, dos de sus grandes pasiones.
“Si se me apareciera Mefistófeles, para proponerme recobrar eso que se ha dado en llamar virilidad, le contestaría: <<No, muchas gracias, no me interesa; pero fortaléceme el hígado y los pulmones, para que pueda seguir bebiendo y fumando>>”
Un libro sin florituras  escrito con sencillez. Buñuel reconoce que no es hombre de  letras y que  contó para escribir sus memorias con la  colaboración de  Jean Claude Carriére, con el  que mantuvo largas conversaciones durante años.

Hace años dedicaron un ciclo a  Luis Buñuel en la Filmoteca Española y proyectaron todas sus películas. Las vi prácticamente todas. Por aquel entonces  yo trabajaba en Madrid, por Moncloa,  salía de currar a las  tres comía algo por ahí  o el menú del  restaurante del Doré y me metía en la sesión de  las cinco y media,  a  veces había sesión doble y salía  del cine de noche, bajaba por la calle  Atocha hasta la estación ensimismado  con lo que había visto y cogía el cercanías de vuelta a Alcalá de Henares. A veces quedaba con algún amigo otras  iba sólo. Lo que más echo de  menos de trabajar en la capital son  las  sesiones de  cine en la filmoteca sólo o con amigos que me  pegaba después de  salir de  trabajar. Cuando eran con amigos, alguna  vez la sesiones en  la  filmo acabaron en juergas hasta el amanecer, incluso en ir  a trabajar de empalmada. Lo de las juergas ya  no lo echo de menos, lo de  ir a  la filmoteca tres veces por semana sí, mucho.  Pero me estoy yendo por las ramas contando batallitas sin ir al grano, el  grano es Buñuel, sus memorias y sus  películas.


Estos días en casa después de leer sus memorias  he vuelto a ver algunas películas de Buñuel. Lo que más  me ha  llamado siempre la  atención del cine de  Buñuel es  su libertad. Cada película de  Buñuel fue un pelotazo en su tiempo, todavía lo son vistas hoy. Probablemente Buñuel ha  sido uno de los directores  más  libres de la historia del cine. En sus memorias cuenta una anécdota que ilustra  muy bien su manera de  entender el cine y la  diferencia entre un director autor dueño de todo el proceso como era él  y un director de Hollywood sujeto a  las  órdenes  de  los  estudios  y los productores. Buñuel cuenta que en un encuentro en  Madrid con Nicholas Ray, este le preguntó cómo se las  apañaba para hacer películas  tan  libres e interesantes con tan poca pasta, Buñuel  le  contestó que para él el presupuesto no era un problema, que  él  adaptaba la historia al presupuesto que tuviera.  La  modestia de  su presupuesto era la condición de su  libertad. Buñuel aconsejó a Nicholas  Ray (en pleno  apogeo de su carrera), que aprovechara su éxito como cineasta para hacer un experimento. “Usted se lo puede permitir todo. Intente conquistar esa libertad” le dijo Buñuel al director de En un lugar solitario. Buñuel le aconsejó que en lugar de rodar una película por cinco millones de  dólares, rodara  una  por cuatrocientos  mil y vería como notaba la diferencia. Nicholas Ray le contestó que ni hablar, que si hacía  eso en Hollywood pensarían que estaba en decadencia, acabado, y nunca volvería a rodar nada. Buñuel cuenta cómo aquella conversación le entristeció y cómo nunca podría  haberse adaptado al sistema hollywoodiense. Buñuel nunca hizo cine pensando en la taquilla, ni en la industria del entretenimiento, ni siquiera pensaba en el espectador. Dos mundos, dos vidas, y dos maneras de entender el cine. El tema del director  autor es  interesante, en El banquete  de los  genios, que no me  canso de recomendar,  Manuel Hidalgo dedica  un capítulo al  tema, Un  autor y diez directores, no tiene desperdicio.
Del cine de Buñuel ya se ha dicho de todo, nada  nuevo puedo añadir yo, sólo aconsejar que veáis y reveáis algunas de sus películas. Leer las memorias de Buñuel me ha servido para confirmar lo que ya sospechaba: del cine  de Buñuel se han dicho gilipolleces por un tubo, tanto por parte de sus  entusiastas como de sus detractores. El propio Buñuel  se sorprende y se ríe en sus  memorias de las interpretaciones  rocambolescas que algunos han querido ver en sus películas, tanto en lo  que se refiere al  tema de los  sueños y el  surrealismo tan presente en su filmografía como a la intención política de algunos de sus films.
Viridiana, El ángel exterminador, Los olvidados, Tristana, El discreto encanto de la burguesía y La vía láctea son algunas de mis favoritas, aunque de su etapa mexicana hay  auténticas joyitas que han pasado más  desapercibidas, como Él o Abismos de pasión, la adaptación de la novela Cumbres borrascosas, que  a mí me gusta más que la versión de  William Wyler.
Ayer me calcé seguidas Los olvidados  y La vía láctea. Los olvidados es la película  que más me gusta de Buñuel, una película realista y social que a la vez muestra algunos de los temas  preferidos del director; lo  irracional, lo instintivo, el mundo de los sueños, el deseo insatisfecho…  La película trata sobre los niños  abandonados de México. El hambre, la pobreza  y la miseria es lo que convierte a los niños en criminales. Hay un fondo dickensiano en la cinta, es  inevitable acordarse de Oliver Twist cuando uno ve Los olvidados, sin embargo en esta película no  hay lugar para el optimismo y el sentimentalismo que tanto le gustaba al viejo Dickens. Buñuel cuenta que con Los olvidados  quería evitar a toda costa la dulcificación de la miseria  y de  los pobres tan habitual a la hora de  tratar estos  temas. “Traté de denunciar  la triste condición de los  humildes sin embellecerla, porque odio la dulcificación del  carácter de los pobres”, y vaya  si lo consiguió, en Los olvidados no hay ni gota de almíbar, es  dura, seca y sobrecogedora. Buñuel cuenta en sus memorias que hizo trabajo de campo, se disfrazó con sus ropas más  viejas y recorrió durante meses los arrabales de México DF, mirando, escuchando y preguntando. Los olvidados es una  película  de  denuncia que se limita a  mostrar una realidad dejando la  solución del problema a “las fuerzas progresivas de la sociedad” ¿ironía de  Buñuel esta frase de la introducción?, que cada uno  juzgue si hemos progresado mucho en este sentido desde 1950.  A los que tengan dudas les recomiendo un documental, Los desheredados de Manila.  
El Jaibo seduce a la madre de Pedro en Los olvidados. Nadie como Buñuel a la hora de rodar planos protagonizados por un buen par de piernas de mujer. Los mejores planos de piernas de la historia del cine creo que son los del director aragonés. Bellísima Estela Inda por cierto.
Siempre se habla de Buñuel como autor, como artista, como  transmisor  de  un universo  propio, pero Buñuel aparte de un artista era un gran director de cine, un buen técnico, un figura con la  cámara. En Los olvidados al ser una película más formal se  aprecia muy bien la pericia de Buñuel en este sentido. Los olvidados se rodó en 21 días y con cuatro perras.
La vía  láctea es otra cosa, Buñuel en estado puro, cada vez que la  veo me  pregunto cómo  dejaron al de Calanda hacer esta gamberrada. Buñuel era un ateo  muy particular (ateo gracias a Dios decía siempre), un ateo obsesionado con Dios, con la  religión y  con la iglesia, lector  empedernido de la Biblia y de tratados de religión, aficionado a  disfrazarse de cura o monja y amigo  de frailes  y sacerdotes. No era un ateo visceral, incendiario y comecuras, sabía de lo que  hablaba cuando trataba de Dios, la religión y la iglesia. En esta película  no hay un argumento formal, Buñuel,  se  pasa  por el arco del  triunfo el espacio,  el tiempo, el planteamiento, el  nudo y el desenlace. Dos  vagabundos franceses salen de París y van de peregrinaje a Santiago de  Compostela, por el  camino, liberados del tiempo  y  el espacio se tropiezan con personajes y situaciones relacionados con la religión. La película engancha un gag tras otro y tiene momentos  muy divertidos, como las  refinadas  disputas que mantienen en un restaurante camareros y clientes sobre la existencia de Dios o la  naturaleza  de Cristo, o el duelo a espada entre un jansenista y un jesuita mientras discuten cuestiones teológicas. Buñuel, después  de  leer  la  obra de  Menéndez Pelayo, Historia de  los heterodoxos españoles  quería hacer una película sobre las herejías de la religión cristiana. Se documentó bien, investigó y leyó sobre el tema durante dos meses. Por la película desfilan entre otros; el Marqués de Sade, el obispo Prisciliano, Lucifer y Jesús de Nazaret. En sus memorias, Buñuel afirma que todo lo que se ve y se  oye en la película se sostiene sobre documentos auténticos.





La vía láctea. Camareros disertando sobre la naturaleza de Cristo.



Contra pronóstico  la  película tuvo una acogida razonable. Hubo reacciones contradictorias, unos hablaban de una película contestataria antirreligiosa y anticlerical y a otros les pareció demasiado mansa, Julio Cortázar llegó a decir que estaba pagada por el Vaticano. Esto es lo que dice Buñuel al respecto en sus memorias.
“Estas querellas de intención me dejan cada vez más indiferente. A mis ojos La vía láctea no está  a favor ni en contra de nada. Aparte de las situaciones y de las disputas doctrinarias auténticas que la película mostraba, me parecía ser ante todo, un paseo por el fanatismo en que cada uno se aferraba con fuerza e intransigencia a su parcela de verdad, dispuesto a  matar y morir por ella.”
Ahí queda eso. Siempre se habla del fundamentalismo religioso,  pero a  mí me provocan el mismo rechazo los fundamentalistas de la religión que los fundamentalistas de las ideas. Los fundamentalistas ideológicos que rinden culto a la intolerancia, los que consideran enemigos a los que no piensan como  ellos tienen más  peligro que un chimpancé con un revólver, sobre  todo cuando tienen público. Los hay de todos los colores. A algunos se les  ve venir, otros son lobos con piel de cordero. En este sentido hay unas palabras de Buñuel en sus memorias que me han gustado mucho.
“No me gustan los poseedores de la verdad, quienesquiera que sean. Me aburren y me dan miedo. Yo soy antifanático (fanáticamente)”
Las memorias de Buñuel me han curado de muchos tópicos que tenía asumidos sobre él, y me han permitido revisar sus películas con otra mirada.
Os dejo  por aquí algunos enlaces y algunos libros sobre Buñuel, y os informo de que a finales de este mes se cumplen treinta años de su muerte y empieza en la Filmoteca Española un ciclo: Luis Buñuel. 30 años. El ciclo empieza el Viernes 26 a las 18:00 con la proyección de Un perro andaluz (Un chien andalou) y La edad de oro. Os adjunto también el enlace de la filmoteca. La filmoteca es un cine bueno, bonito y barato (2,50 la sesión, 20 euros el bono de 10 sesiones) que todo el que visite Madrid debería conocer.  
Saludos cordiales. 

- El libro Luis Buñuel. Mi último suspiro es fácil de encontrar en la sección de biografía de las bibliotecas públicas. Hay edición en Debolsillo por 10 euros.
-La única biografía de Buñuel que conozco es Luis Buñuel: biografía crítica, de J Francisco Aranda. Creo que está descatalogada.
-Página de la Filmoteca Española
-Programación Cine Doré mes de Julio
-Los olvidados. Pelicula completa compartida en Vimeo. Gracias a Exilio Regreso
-Documental "A propósito de Buñuel" completo compartido en Vimeo. Gracias a ruizdechavez.
-Documental Los desheredados de Manila emitido en La noche temática de Televisión Española en enero de 2011. Compartido en Vimeo. Gracias a Miguel Angel.


lunes, 28 de enero de 2013

Fe, razón y cine

 Hace poco  coincidí tomando algo con unos amigos de unos amigos que tienen una compañía de teatro en Valladolid y estaban representando en la sala Cuarta pared de Madrid El Juicio de Dayton,  una adaptación libre de la película de Stanley Kramer La herencia del Viento. La obra no tuve oportunidad de ir a verla, pero me han dicho que lo bordan y que ha recibido muy buenas críticas. Estuvimos hablando de la teoría creacionista y de cómo todavía a estas alturas sigue pegando fuerte en algunas zonas de EEUU. Me quedé con la copla, estuve brujuleando y busqué la película, llevaba años sin verla.
 

La herencia del viento (1960), es una adaptación de la obra de teatro de Jerome Lawrence y Robert E, y está basada en uno de los casos más populares de la jurisprudencia norteamericana, en el verano de 1925 en el estado de Tennessee, un iluminado predicador llevó a los tribunales a un profesor por enseñar en sus clases la teoría de la evolución de Darwin, y negar la creación divina tal y como recoge la Biblia. El profesor fue detenido y enchironado por violar la ley del estado, que prohibía a los maestros de las escuelas públicas explicar cualquier teoría de la creación del hombre que se apartase de lo dicho en la Biblia, o sea, explicar a los chavales que el hombre procede de un animal inferior, explicar que no somos el centro del universo, que de hecho ni siquiera somos el culo,  sino un animal más que en lugar de ir a cuatro patas va a dos  y en lugar de ladrar o rebuznar habla y piensa (algunos tienen la habilidad de maltratar estas capacidades convirtiéndolas en ladridos y rebuznos claro), y que no debemos estas cualidades al soplo divino sino a los caprichos de la naturaleza. El juicio fue seguido por los grandes medios de comunicación de la época y tuvo una gran repercusión mediática. La controversia estaba servida. Esto ocurrió hace cuatro días,  en pleno siglo XX.


El abogado defensor Henry Drummond (Spencer Tracy), con una Biblia en una mano y El origen de las especies en la otra.
 
 

La película vista hoy sigue teniendo una fuerza brutal,  el duelo que se da en la sala del juicio entre la fe llevada al extremo, y la razón y la inteligencia, no tiene desperdicio y está lleno de frases para enmarcar, "el fanatismo y la ignorancia desarrollan mucha actividad y necesitan alimentarse" o "La Biblia es un libro. Es un buen libro, pero no el único libro", y es que la película más que un duelo entre ateos y creyentes, es un duelo entre el sentido común y el fanatismo religioso, entre la razón y la fe ciega. Curiosamente en aquel pueblecito del estado de Tennessee en 1925, David es la razón y Goliat el fanatismo. Spencer Tracy representa al abogado del maestro, y está enorme, y Gene Kelly, aunque en  ésta no se pega ningún baile borda el papel de periodista sin escrúpulos en busca de carnaza.
 
Algunos opinan que la película es maniquea, que pinta a los creyentes como cabestros y a los no creyentes como gente razonable. No estoy de acuerdo, la película se basa en un hecho concreto en un momento concreto de la historia de EEUU, y en mi opinión no invita a generalizar, la película denuncia la ignorancia, el fanatismo, y el fundamentalismo religioso al que se llega cuando se lleva la religión y la fe al extremo más extremo de todos los extremos, y aboga por la tolerancia y el respeto a todas las ideas y creencias. Al fin y al cabo todos necesitamos creer en algo, como dice Spencer Tracy al final de la película "todos lo hombres tienen un ideal", "personas, amor, un ideal al que agarrarse..."
 
 La mayoría de los creyentes que conozco son gente razonable con la que se puede hablar abiertamente sobre estos temas, y la mayoría concilian ambas posturas cuando se habla de creacionismo y evolución. En mi opinión el debate entre agnósticos y creyentes es interesante pero no lleva a ninguna parte, porque el tema de Dios es una cuestión de fe, y la fe o se tiene o no se tiene,no es una teoría que se estudia y se aprende,  Dios y la fe no se explican, no hay una ciencia de Dios. Creo que era Kant el que decía que cuestiones como la existencia de Dios y la inmortalidad del alma siguen en el campo de la metafísica porque se llevan debatiendo desde la época de Platón y Aristóteles sin llegar a ningún acuerdo, sin avanzar, sin pasar de la especulación, sin embargo la física, la biología y  las mates están en el campo de la ciencia porque se basan en hechos manifiestos sobre los que se construyen las leyes, por eso la ciencia avanza y los científicos se ponen de acuerdo. Fe y razón, un lío. 

Hace tiempo leí un libro que se titulaba Con Dios o sin Dios, diálogo entre un agnóstico y un creyente. El libro consistía en la correspondencia entre un catedrático de filosofía, agnóstico, y un profesor de teología creyente, no intentaban convencerse el uno al otro,  sino reflexionar sobre sobre su propia postura y la contraria intentando entenderse. A raíz de rever la película lo he estado buscando en casa y no aparece, no hay nada que me joda más que buscar un libro que sabía que tenía por casa y no encontrarlo, cabrea bastante, seguro que me lo dejé en un bar, o en el asiento de algún vagón de metro, o que se lo presté a alguien que ya ni se acuerda de que está cogiendo polvo en su estantería, dónde andarás libro.
 
 La herencia del viento es un peliculón, de las que ponen a trabajar a las neuronas, de las que uno se tira masticando varios días, es lo que tienen los clásicos. Si tenéis la suerte de no haberla visto, no sé a qué estáis esperando. Y si andáis por Valladolid no dejéis de ir al teatro a ver El Juicio de Dayton.
 
Saludos cordiales.

-La herencia de viento. (Inherit the wind). 1960. Stanley Kramer. Guion de Harold Jacob Smith & Ned Young (Teatro: Jerome Lawrence & Robert E. Lee). Música de Ernest Gold. Fotografía de Ernest Laszlo. Se llevó el Oso de Plata y el premio a mejor actor (Fredric March) en el Festival de Berlín de 1960, y estuvo nominada a cuatros oscars.
Reparto: Spencer Tracy, Fredric March, Gene Kelly, Dick York, Claude Akins. 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El hombre menguante

 
 
El día que descubrí El increíble hombre menguante en DVD en el cajón de los olvidados de un centro comercial casi me pongo a dar botes, tenía una copia salchichera en VHS grabada de la televisión que un amigo me pasó a DVD,  la imagen era mala y el sonido peor, pero mejor eso que nada. Nunca conseguí una copia original en vídeo, y eso que la busqué. Así que cuando la encontré en aquel cajón desastre debajo de la primera temporada de El coche fantástico y de un cd de Los chungitos el corazón me dio un vuelco, alargué el brazo para hacerme con la presa pero un paisano se me adelantó y se hizo con ella antes que yo, el tío no sabía con qué quedarse si con El increíble hombre menguante, o con El liguero mágico, la de Pajares, los Ozores, y las chicas en pelotas… tenía una en cada mano y las miraba con pose ceñuda sin terminar de decidirse, finalmente entre el cine de ciencia ficción de serie b, y el destape patrio, optó por el destape lanzando mi ansiada presa de vuelta al cajón, ahí fue cuando yo metí codos y me tiré en plancha. Yo creo que si no la llega a soltar se la hubiera quitado de las manos…, hubiera tenido que intervenir el segurata.
El increíble hombre menguante es otra joyita de la serie b, de las que se hicieron en los estudios de Hollywood entre 1930 y 1960, pelis de bajo presupuesto que se hacían en tres semanas, sin estrellas ni grandes decorados, y con pocas ambiciones artísticas. Pensadas para hacer caja y llenar los programas dobles de los cines de barrio y los autocines. La ciencia ficción, el Western y el Cine negro son los géneros que más explotó la serie b, muchas de estas películas se quedaron en el puro entretenimiento, algunas, sin embargo han conseguido sacudirse la categoría y se han convertido con el tiempo en clásicos, en obras maestras, en imprescindibles. El increíble hombre menguante es un ejemplo dentro del género de ciencia ficción. La película es de 1957, y está basada en la novela que publicó Richard Matheson un año antes.Matheson fue contratado como guionista y acabó a la gresca con los productores que le obligaron a cambiar la estructura del libro. El libro está planteado en flashback, y la estructura de la película es lineal, también hubo problemas con el título, la novela se titula El hombre menguante a secas, el adjetivo increíble añadido no le sentó nada bien al escritor.
Scott ha cumplido el sueño americano, tiene un buen curro, un buen coche, una bella esposa, y una casa preciosa. Durante una excursión en yate queda expuesto a una extraña niebla, la extraña niebla es una nube radiactiva claro, esto es muy típico de la ciencia ficción de antes, aparecía la nube radiactiva y después se liaba parda. Días después de este incidente el protagonista se da cuenta de que empieza a menguar, pierde peso y estatura. Scott es cada vez más pequeño y su mundo cada vez más grande, aquí no hay invasiones extraterretres ni monstruos gigantescos, ni zombis. Lo cotidiano, lo familiar, se convierte en descomunal a medida que Scott mengua, el lindo gatito en tigre fiero, su hermano en un gigante que le puede aplastar sin darse cuenta, una simple araña en una pesadilla, un alfiler en un arma para defenderse, una caja de cerillas en un refugio y un sumidero en oscuro abismo. La película plantea un simple cambio de perspectiva que da mucho juego, la cosa no se queda sólo en los efectos especiales y en las aventuras de Scott en el sótano luchando por sobrevivir, intenta plasmar el tono reflexivo y filosófico de la novela, planteando cuestiones como la soledad del hombre ,el instinto de supervivencia, o lo relativo que es el concepto de normalidad o de ser humano, nos creemos el centro del universo y probablemente no seamos ni siquiera el culo, hay otros mundos aparte del mundo del hombre. El argumento de la película y su planteamiento, recuerdan mucho a La metamorfosis de Kafka, la película trata, a su manera, los mismos temas; la debilidad de la condición humana y lo fácil que puede resultar perderla ante cualquier accidente. La película dura 78 minutos y mantiene un tono angustioso y desesperado que atrapa desde el primer minuto.
 
He vuelto a leer el libro y a ver la película, y me quedo con los dos. El final de la película, cuando Scott se funde con la nada es memorable, la nada que no puede ser nada,  ”lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo, sentí como si pudiera abrazar el cielo, el universo, infinitos mundos el maravilloso tapiz tejido por Dios se extendía ante mí en la noche”, “Siempre había pensado en términos del propio mundo del hombre y de las  propias dimensiones limitadas del hombre”, dice Scott al final de la novela , esta reflexión recuerda a una de las grandes preguntas de Kant ¿Qué puedo conocer?, menudo carajal metafísico, la peli es ideal para ponerla en un aula de filosofía. El final de la novela y el de la película es muy parecido, sólo hay una (¿pequeña?) diferencia, en  la novela, Matheson no habla de Dios en ningún momento, la mención a Dios fue un añadido impuesto por el productor que hizo que Matheson se desentendiera del proyecto definitivamente. Anécdotas.
En fin un peliculón basado en un buen libro, yo os recomiendo sobre todo que veáis o reveáis la peli, los efectos especiales son bastante cutres vistos hoy claro, pero muy currados para le época y para la poca pasta, pese a eso, la película ha envejecido muy bien. Os dejo, que ya que estoy con la serie b, me voy a ver La mujer pantera de Tourneur o La invasión de los ladrones de cuerpos de Siegel o Ultimátum a la tierra de Wise. Luego, si me quedan ganas me tragaré dos westerns seguidos de Boetticher, lo bueno de las pelis b es que duran poco.
 
 
-Ficha de la pelí aquí:http://www.filmaffinity.com/es/film607561.html
-De la novela conozco dos ediciones en castellano, una es la de Bruguera, la famosa Colección Libro Amigo, creo que es de 1977, seguro que algún suertudo la conservará en su casa, y la de Planeta de 1985 que es la que he sacado de la biblioteca para volver a leerla, el libro en castellano creo que está descatalogado así que o biblioteca municipal o conseguirlo en inglés. Os lo comento porque se palpa en el ambiente que estáis deseando leerla.

domingo, 1 de abril de 2012

El Gran Libro, las torrijas y una de romanos.


El primer libro que tuve fue una Biblia para niños en tres tomos y con ilustraciones que mi padre me regaló dos años antes de hacer la primera comunión. Yo creo que éste fue el libro que me aficionó a leer libros. Aquella Biblia ilustrada a todo color era una maravilla, la devoré en pocos días y me encantó, sobre todo el antiguo testamento; la creación, Adán y Eva en el paraíso, el árbol del conocimiento del bien y del mal, Caín y Abel…”¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?”, me encantaba esa frase (qué mala es la envidia), el arca de Noé, el Sacrificio de Isaac. Yo creo que el recurso cinematográfico del salvamento en el último minuto que Griffith utilizó por primera vez  en El nacimiento de una nación, tiene su origen en el relato bíblico del sacrificio de Isaac. Ilustrado a todo color en mí Biblia infantil aparecía Abraham empuñando un cuchillo y a punto de descargar su brazo sobre su hijo tumbado sobre un montón de leña, un ángel enviado por Dios le sujeta en el último momento, Isaac se salva y la fe de Abraham queda demostrada. Y claro, la historia de Moisés liberando a los judíos y huyendo del ejército egipcio abriendo las aguas del Mar Rojo, aventuras, persecuciones, batallas, qué más podía pedir un niño de ocho años, y encima con ilustraciones a todo color, una joya.
Había dos frases que me gustaron desde que las leí, la ya mencionada “¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?” y “no sólo de pan vive el hombre”. Cuando mi madre me decía, niño cómete el pan, yo contestaba “no sólo de pan vive el hombre” y cuando me pedía que fuera a buscar a mi hermano para cenar decía, “¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?”, a mi padre no le hacía ninguna gracia mi gracia y resolvió el asunto como padre preconstitucional que era, a la antigua, dándome un sopapo.  

Creo que en la Biblia están ya todos los géneros literarios y que independientemente de su carácter religioso y de la fe de cada uno a la hora de leerla es un libro fundamental para entender la cultura occidental, o la cultura judeo cristiana o como se llame ahora lo que hemos mamado durante siglos. Aunque no soy creyente, no me avergüenza confesar que leo la Biblia a menudo, bueno un poco sí, para que me voy a engañar. Como cuando fui a la librería Diógenes a comprar la nueva Biblia publicada  por la Conferencia Episcopal  editada por la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos), el año pasado fue, por estas fechas, iba acojonado, como cuando ibas a la farmacia con trece años a comprar condones para ponerlos a secar en la cartera de velcro, o al estanco a por cigarros sueltos, son para un amigo, o, para mi padre, y el farmacéutico, o la estanquera te miraba y te decía, ya, pues lo mismo, el librero me miró y me dijo, ya, cuarenta eurazos. Ya me da igual, he superado la vergüenza, es más, a la trillada pregunta de qué libro te llevarías a una isla desierta yo siempre digo que donde cabe uno caben dos, así que El Quijote, y la Biblia, con un par.

Ahora que viene la Semana Santa las televisiones pondrán películas de romanos, aunque cada vez lo hacen menos. Dentro del género de romanos solemos meter también las religiosas, no todas las de romanos son religiosas, y no todas las religiosas son de romanos, me explico, Espartaco es de romanos, pero no es religiosa, Los Diez Mandamientos es religiosa, pero no es de romanos, algunas tocan ambos géneros, es el caso de Ben Hur, y Quo Vadis, Quo Vadis es la de romanos por excelencia, cuadrigas a toda velocidad chocando rueda contra rueda, banquetes, leones merendándose a cristianos, Roma en llamas, y Peter Ustinov haciendo de Nerón, no se puede pedir más. Entre las religiosas que se centran en la vida de Jesús de Nazaret mi preferida es El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini, su extrema sencillez la aleja de las de su género, aquí no hay color, ni pompa ni grandes decorados, la escena inicial, la de la anunciación, es perfecta. Esta película produjo grandes controversias con El Vaticano cuando se estrenó, posiblemente la razón sea que  el retrato que Pasolini hace de  Jesús de Nazaret es el de un simple carpintero, un hombre más, un vecino del pueblo. Una de romanos que me gusta mucho es Julio César de Mankiewicz, también peculiar esta, en blanco y negro, rodada en interiores y decorados muy cantosos, es un adaptación de la obra de Shakespeare y eso se nota en los diálogos y en el aire teatral de la película, muy buena, además Marlon Brando se sale, quien quiera saber qué pasó con Julio Cesar que la vea.

Ahora que llega la Semana Santa, leeré la Biblia, sin fe, pero con el entusiasmo y el interés de siempre, me tragaré Quo Vadis, Los Diez Mandamientos y El Evangelio según San Mateo de Pasolini, y comeré Potaje de Vigilia (a mi novia le sale cojonudo) y torrijas, como mandan los cánones y las buenas costumbres.

Saludos cordiales.