Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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domingo, 21 de septiembre de 2014

Katyn, de Andrzej Wajda

En agosto de 1939 la Alemania nazi y la Rusia comunista firmaron en el Kremlin el llamado Pacto de no agresión, un acuerdo que además de clausulas de no agresión mutua, invitaba a estrechar vínculos comerciales y económicos entre los dos países. Años después se ha sabido que la firma del acuerdo entre nazis y comunistas fue mucho menos fría de lo que cabía esperar entre enemigos irreconciliables. Parece que la cosa estuvo bastante distendida la noche del 23 al 24 de agosto. Ribbentrop, ministro de exteriores del Reich informó de que se había sentido como en casa y entre amigos, y Stalin, en el brindis, no escatimó elogios a Hitler y al pueblo alemán.
El 1 de septiembre de 1939 los nazis invadieron Polonia por el oeste  y el 17 los comunistas soviéticos hicieron lo mismo por el este. Había empezado la Segunda Guerra Mundial. El 28 de septiembre Adolf  Hitler y Josef Stalin firman un nuevo pacto llamado Tratado germano-soviético de fronteras y amistad, en el que delimitan las fronteras de Polonia y se la reparten. En 1941 a Adolfo y a Pepe se les rompe el amor de tanto usarlo. Adolfo  rompe el pacto con Pepe y se lanza a invadir Rusia, fue el principio del fin para los nazis.

Imagen de Katyn, de Andrzej Wajda. 2007.





La ocupación y reparto de Polonia entre los enemigos íntimos tuvo consecuencias terribles para el pueblo polaco. Dos episodios han pasado a la historia en este sentido, la creación del gueto de Varsovia por parte de los nazis, que fue el comienzo de lo que luego sería la Solución Final, y la matanza del bosque de Katyn por parte de los comunistas soviéticos. Sobre el primer episodio ha habido luz y taquígrafos durante años; libros, películas y documentales han hablado del tema. Sobre la matanza del bosque de Katyn ha habido oscuridad, silencio y manipulación  (la propaganda comunista intentó culpar a los nazis durante años) hasta que en 1990 Rusia reconoció la masacre sacando a la luz la orden de los asesinatos masivos firmada en 1940 por Stalin y otros miembros del politburó soviético.
Entre abril y mayo de 1940,  22000 prisioneros polacos, entre los que se encontraban militares, intelectuales, funcionarios, religiosos, periodistas y profesores de universidad, fueron asesinados por orden de las autoridades soviéticas. El objetivo de Stalin como el de Hitler era terminar con los cuadros de funcionarios civiles, militares e intelectuales polacos para impedir una respuesta del pueblo polaco contra las nuevas autoridades.
 Este rollo viene a cuento porque hace unos días he visto Katyn, la película del director polaco Andrzej Wajda basada en estos hechos. El padre de Wajda fue unos de los ocho mil oficiales polacos asesinados de un tiro en la nuca en el bosque de Katyn. La película es técnicamente impecable y las interpretaciones son muy buenas, Katyn arranca muy bien,  luego se atasca y se enreda en personajes y subtramas que la lastran un poco para terminar con un final magnífico y demoledor. El esfuerzo del director por recrear aquella tragedia siendo fiel a la historia y poniendo luz a un hecho que hasta hace no muchos años casi no aparecía en los libros de historia da resultado. Katyn es una denuncia y un recordatorio de aquel horror en el contexto de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, y una reflexión sobre la historia, la manipulación, el poder de las ideologías y la naturaleza humana.


Ficha de la película

sábado, 10 de mayo de 2014

La imagen perdida, de Rithy Panh


Entre 1975 y 1979 los Jemeres Rojos,  en nombre de la revolución proletaria, la igualdad y la justicia social, se cepillaron al  veinte por ciento de la población camboyana. Dos millones de personas fueron víctimas de ejecuciones sistemáticas, torturas y hambrunas.  Este fue el precio de la utopía totalitaria de Pol Pot y su guerrilla. Aquello ocurrió con el apoyo de China y ante la indiferencia de la comunidad internacional, sin olvidar el papel del gobierno norteamericano, que fue responsable en buena medida de lo que pasó.
Yo me enteré del Genocidio camboyano cuando vi en vídeo Los gritos del silencio a mediados de los 90, ya hablé aquí de la película, del libro de Denise Affonco y del documental S21 La máquina roja de matar del director camboyano Rithy Panh. Ya conté lo que me impactó descubrir aquel atroz episodio medio olvidado (¿o medio escondido?) de la historia del siglo XX. 
Cuando los Jemeres Rojos entraron en  Camboya en 1975,  Rithy Panh tenía once años, junto a su familia fue enviado a un campo de rehabilitación, donde fue víctima y testigo de aquel horror.  El director camboyano  vuelve en La imagen perdida al tema que marcó su vida y nos cuenta su  historia y la de su familia utilizando figuras de arcilla, maquetas e imágenes de archivo. He leído por ahí que es cine de animación, no lo es, las figuras no se mueven, simplemente recrean escenas y en ocasiones comparten plano con las imágenes. La voz en off del narrador y la música hacen el resto, y el resultado es impresionante. Sorprende la creatividad de  Panh, y su capacidad para exprimir  el lenguaje cinematográfico. A priori el planteamiento parece osado, temerario incluso, un documental sobre el Genocidio camboyano en el que los protagonistas son figuras de barro y los escenarios maquetas..., pero como digo,  el resultado es impresionante,  demoledor y dolorosamente hermoso. Un magnífico ensayo sobre el poder de las ideologías, el fanatismo y la lucha por la vida. La película llega hasta el tuétano y se queda, remueve conciencias e invita al debate y a la reflexión. No se la pierdan.
 
 
 -El único cine de Madrid que proyecta La imagen perdida es el Pequeño Cine Estudio, un cine difícil de encontrar si uno no lo conoce. Está en la calle Magallanes número 1 (Metro Quevedo), pero cuando uno llega al número 1 de la calle Magallanes se encuentra un restaurante de comida rápida y se queda con cara de armario empotrado. Junto al portal que hay al lado del restaurante hay un cartel, un estrecho pasillo que bordea el edificio y que llega a un pequeño patio trasero lleva al cine. Un cine que hace honor a su nombre, después de la taquilla hay un diminuto hall con un sofá chester. La sala es alargada y no muy grande. Su aire decadente me recuerda a los cines porno que frecuenta Travis en Taxi driver. Ponen pelis en versión original y hay ciclos interesantes. Dejo el enlace: Pequeño Cine Estudio. Dejo también el enlace de un especial de cinco minutos que le dedicó Días de cine a la película: "La imagen perdida". Días de cine
 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El horror


Antes de ver  Los gritos del silencio de Roland Joffé yo no tenía ni idea de lo que había pasado en Indochina después de que los americanos salieran por patas de allí en 1975. He vuelto a ver hace poco la película y me sigue pareciendo genial. Genial el guión, genial la fotografía, genial la banda sonora y genial el tono documental.  El genocidio camboyano es un tema más de esta cinta que toca varios géneros; drama, periodismo, y cine bélico. La película está basada en hechos reales.  En 1972 un periodista del New York  Times es enviado a Camboya como corresponsal de guerra, allí conoce a Dith Prant , un periodista local que le sirve de guía y de intérprete. Cuando en 1975 los americanos se retiran del país, tras ser derrocado por los comunistas el gobierno que ellos apoyan y han financiado , Pran decide quedarse con el corresponsal para seguir ayudándole a cubrir el conflicto.  Cuando la prensa refugiada en la embajada francesa  se ve obligada a salir del país, intentan sacar a Pran y llevárselo a Estados Unidos,  pero el ejército revolucionario no lo permite y envía a Pran, como a la mayoría de los Camboyanos, a un campo de trabajo. Vi la película a mediados de los 90 y me quedé a cuadros,  porque no me podía creer que algo así hubiera podido ocurrir ante la pasividad de la comunidad internacional. Entonces yo era más joven y más ingenuo claro.
 
Los gritos del silencio. Roland Joffé. 1984.
 
 Esta película de 1984 con sus virtudes y sus defectos, sirvió para dar a conocer a muchos el genocidio que había masacrado Camboya entre 1975 y 1979, un genocidio silenciado  durante años  y todavía hoy justificado e incluso negado  por algunos ultras empachados de ideología.
En Abril de 1975 los Jemeres Rojos, una guerilla comunista que seguía el modelo marxista leninista de la china de Mao  llega a la capital  de Camboya (Phnom Penh) y toma el poder. Son recibidos con entusiasmo  por la alegre población camboyana que los ve como los salvadores que les librarán de la dictadura de general Lon Nol apoyada por EEUU, una dictadura que ha sumido al país en el caos y la guerra civil.  El entusiasmo dura poco, los Jemeres Rojos  instauran la República Democrática de Kampuchea, un régimen totalitario dirigido por Angkar, el partido único. La mayoría de los habitantes de Camboya son evacuados  al campo,  el régimen pretendía implantar un estado agrícola y todos los ciudadanos fueron obligados a trabajar la tierra.  Durante cuatro años la población fue diezmada por las hambrunas, las enfermedades, las purgas  y las ejecuciones sistemáticas . Durante los cuatro años que los Jemeres Rojos estuvieron en el poder murieron  dos millones de personas, Camboya tenía una población de siete millones y medio.
 No se puede hablar del genocidio camboyano sin señalar a  uno de los responsables de que ocurriera, el gobierno norteamericano. La neutralidad de Camboya en la guerra del Vietnam fue vista con desconfianza  por Estados Unidos, que acusó  al gobierno camboyano de prestar su territorio a los comunistas de Vietnam del Norte.  Con el apoyo norteamericano, el General Lon Nol dio un golpe de estado  y consiguió alinear a Camboya de parte de EEUU y Vietnam del sur en la guerra del Vietnam.   Entre 1969 y 1973 la aviación norteamericana soltó medio  millón de toneladas de bombas en la frontera de Camboya con la intención de atacar y cortar los enclaves y las comunicaciones militares de Vietnam del Norte. Los bombardeos mataron a 600.000 personas  y sirvieron para popularizar a los Jemeres Rojos, que empezaron a ser  vistos como los rescatadores de la nación en manos del gobierno manejado por el imperialismo estadounidense. De ahí que los Jemeres Rojos fueran recibidos con tanta alegría cuando  en 1975  consiguen poner en fuga al gobierno de  Non Lon y tomar el poder en Camboya.  Pensaban que la guerrilla era un ejército de liberación que les iba a sacar del yugo imperialista sin sospechar lo que les esperaba. A todo esto, Estados Unidos ya había desmontado el chiringuito y puesto pies en polvorosa.
Pol pot y sus Jemeres Rojos no se anduvieron con lindezas, pretendían abolir el viejo mundo e instaurar su versión del comunismo de manera inmediata, nada de transiciones. Declararon a los habitantes de Camboya enemigos del pueblo. Abolieron el dinero, las escuelas, las universidades, los pasaportes,   y todos los libros que no fueran de contenido revolucionario. El llanto y la risa eran vistos como manifestaciones del sentimentalismo  burgués y estaban prohibidos. Estaba prohibido hablar cualquier idioma que no fuera el jemer. Llevar gafas podía ser  un pasaporte a la muerte. Intelectuales, artistas, profesores  y escritores fueron ejecutados sistemáticamente. Cualquier influencia extranjera a cualquier nivel fue eliminada.  En tres meses se había colectivizado la agricultura y evacuado las ciudades, en las que sólo quedaron los dirigentes del partido que ocuparon los palacios del régimen derrocado.  El resultado: dos millones de muertos en cuatro años. Todo esto sucedió con el apoyo de china y ante la indiferencia de la comunidad internacional   que  miró para otro lado por cuestiones de estrategia política. Cuando algunas víctimas consiguieron escapar de aquella dictadura  atroz y contaron lo que estaba ocurriendo allí nadie les creyó o nadie quiso creerles.  A  Estados Unidos le interesaba taparlo y lo tapó, y la izquierda política no quiso dar  crédito a los testimonios por considerarlos propaganda imperialista, algunos incluso justificaron (y todavía justifican) lo que sucedía allí alegando que era una reacción legítima al capitalismo y al imperialismo. 
 Después de rever la peli mencionada he estado unos días  leyendo sobre el tema y me he tropezado con un libro El infierno de los jemeres rojos  de Denise Affonco. Denise Affonco trabajaba en la embajada francesa en Phnom Penh, capital de Camboya. Cuando los jemeres rojos llegaron al poder fue deportada al campo junto a su marido, donde fue obligada a cultivar la tierra durante catorce horas diarias a cambio de una sopa de arroz. Su hija y una de sus sobrinas murieron de hambre, otro de sus sobrinos fue ejecutado por robar comida, y su cuñada murió de una enfermedad debida a la desnutrición. Su marido  era un hombre de negocios de ideas comunistas que recibió con los brazos abiertos a los jemeres rojos, y  que simpatizó y colaboró con el régimen los primeros días. Cuando llegaron al campo y descubrieron su pasado burgués  lo metieron a culatazos en un camión junto a otros enemigos del pueblo y lo enviaron a un campo de reeducación, así llamaban a los campos en los que exterminaban a los enemigos políticos, no se ha vuelto a saber de él. Denisse sobrevivió  y pudo contar su historia. El libro de Denisse Affonco, no es una novela, es un testimonio, un testimonio muy chungo de leer por cierto, hay que parar a cada rato para coger aliento. Absténganse de leerlo  los alérgicos a las crudas realidades.  


 

Otro documento imprescindible para el que tenga interés en conocer y comprender lo que pasó en Camboya entre 1975 y 1979 es el documental  S-21: La máquina roja de matar del director camboyano Rithy Panh.  El documental tiene un gran valor porque pone frente a frente a víctimas del centro de detención, torturas y exterminio  S-21, hoy convertido en museo, y a los verdugos, guardias que trabajaron allí entre 1975-1979. En un momento  del documental, el conductor de la trama, un pintor Camboyano  que sobrevivió al S 21 , pregunta a uno de los verdugos ¿por qué?, ¿cómo?, ¿por qué y cómo pudo torturar y matar  a gente que sabía inocente, muchos de ellos vecinos suyos?, la  contestación del verdugo, “cumplía órdenes del partido”, recuerda a lo que contestaban los verdugos nazis cuando fueron interrogados en Núremberg, a lo que contestó Eichmann cuando fue juzgado en Jerusalén “yo sólo cumplía órdenes del partido” “yo sólo era un funcionario que hacía su trabajo”.   
 


S 21 la maquina roja de matar from fabian zuniga on Vimeo.



 -El infierno de los Jemeres Rojos. Testimonio de una superviviente. Denise Affonco. Libros Asteroide. 242 páginas. 17 euros.
-Documental de Informe semanal a raíz de la muerte de Pol Pot en 1998
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Hannah Arendt


 
 
El domingo me sacudí la pereza, me rasqué el bolsillo y me  bajé a  los  madriles a ver Hannah Arendt de la directora alemana Margarethe Von trotta. El bolsillo me lo  rasqué bien, porque me clavaron 9 eurazos en los  Verdi. Fue dinero bien invertido porque la película me  gustó. Von Trotta reconstruye la vida de la  alemana de origen judío Hannah Arendt (Hannover, Alemania, 1906-EEUU, New York, 1975), pensadora y agitadora de conciencias.
Hannah Arendt  fue  una  de las pensadoras más  influyentes del siglo XX. En 1941 tras huir de la Alemania nazi por su condición de judía se establece en EEUU. Uno de sus libros más leídos y estudiados es su tratado de teoría política Los orígenes del totalitarismo en el que analiza los dos movimientos totalitarios más importantes del siglo XX: nazismo y estalinismo. La película se centra en uno de los  episodios más  polémicos de su vida; la publicación de Eichmann en Jersusalén. Un informe sobre la banalidad del mal, fruto de sus reflexiones durante el juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichman, que cubrió como periodista del New Yorker en 1961. El libro, ahora considerado una  obra fundamental, levantó ampollas al apuntar una verdad polémica, incómoda y peligrosa: que  los  malos  del  holocausto, los  verdugos, eran humanos demasiado humanos y no satanases del infierno disfrazados de hombres, que  la mayoría, como Eichmann eran tipos  corrientes, meros burócratas que cumplían órdenes y mantenían a  raya su conciencia amparados en su juramento de  lealtad al Fuhrer, muchos de ellos ni siquiera eran antisemitas. 
 Hannah Arendt siempre afirmó que los actos de Eichmann no eran justificables ni él inocente, no obstante matizó que estos actos no fueron realizados porque este tuviera una gran capacidad para la crueldad, ni porque fuera un psicópata o un asesino en serie, sino porque era un operario de la burocracia nazi. La pensadora  aprovechó  sus artículos sobre el juicio de  Eichmann para ir un poco  más allá de los  hechos y de su evidente culpabilidad, advirtiendo que  hay tipos que  actúan dentro de  las reglas del  sistema al  que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. Y que actos malvados que  no  cometerían en condiciones normales pueden ser cometidos por  individuos corrientes  en circunstancias excepcionales cuando están amparados  por  la  legalidad vigente. Los regímenes totalitarios fueron caldo de  cultivo para la  proliferación de estos tipos corrientes. El libro es una reflexión sobre la complejidad de la  condición humana, sobre el bien y el mal, sobre la capacidad para hacer el mal  que puede  haber en cada corazón humano en determinadas  circunstancias. El ensayo también apunta a la responsabilidad de los líderes judíos en el Holocausto.  Se lió parda claro, a la Arendt se  la  comieron con patatas después  del linchamiento mediático.
Hannah Arendt dijo lo que todavía nadie se había planteado en aquellos años, lo que nadie se había parado a pensar y a reflexionar, y se dio de bruces con el pensamiento uniforme del lobby judío, del lobby mediático, del lobby intelectual y  del lobby emocional. Nadie esperaba que una judía alemana perseguida por los nazis, activista sionista en su juventud, no se cebara con el acusado y le considerara un mediocre en lugar de un monstruo de maldad. Hannah Arendt utilizó el cerebro y el pensamiento en lugar de las vísceras y lo pagó caro. Perdió amigos y recibió amenazas de muerte. Probablemente estaba harta de lamentarse y quería comprender. Hoy, a toro pasao, casi todo el mundo le da la razón.  Este episodio de la vida de Hannah Arendt es un ejemplo del precio que se paga por tener un pensamiento libre, alejado de cánones, rediles ideológicos y grupos de poder. La película y la actitud de Arendt es una llamada a libertad de pensamiento y a la formación de un criterio propio y auténtico.
Me gustó mucho la interpretación de Barbara  Sukowa que encarna a Hannah Arendt. El  tema  de  la película  exige que en algunos momentos sea demasiado discursiva, en esta película la importancia recae más en las palabras que en las  imágenes, y esto puede ser un lastre para algunos. No obstante no es una película exclusiva para culturetas y profesores de filosofía, sino para todo aquel que tenga interés por el pensamiento político y la historia del siglo XX.  No la perdáis de vista.
 
Saludos cordiales.
 
 
 
Los libros de Hannah Arendt son fáciles de encontrar en bibliotecas públicas.
-Eichmann en Jerusalén. Hannah Arendt. Debolsillo. 2006.448 páginas. 9 eurillos. 
-Los orígenes del totalitarismo. Hannah Arendt. Alianza editorial.2006. 696 páginas.40 eurazos.
 

martes, 25 de junio de 2013

Los nazis y el cine


Hace unos días fui a la biblioteca a devolver libros y a ver si tenían una peli que tenía ganas de ver, La zona gris de Tim Blake Nelson, la tenían. Cuando el bibliotecario me la dio y mientras rellenaba la ficha me dijo "esta le da mil vueltas a La lista de Schindler de Spielberg, ya me contarás". Pegamos un rato la hebra, hablamos de cine sobre el nazismo y le estuvimos haciendo unos trajes al Rey Midas de Hollywood y a su película sobre el Holocausto. Ni al bibliotecario ni a mí nos gusta mucho la peli de Spielgberg, pero lo dijimos bajito, en susurros, no fuera a ser que nos oyeran y nos fusilaran al amanecer por poner un cinco ramplón a la intocable, laureada y aclamada obra maestra del director estadounidense. También le dimos un repaso (y la dejamos hecha unos zorros)  a La vida es bella de Roberto Benigni,  estábamos  entre entusiasmados por tener parecida opinión de las dos intocables y acojonados por haber profanado el sanctasanctórum del cine sobre el nazismo. No suelo hablar aquí de películas y libros que no me gustan, esto no es un blog de crítica literaria y cinematográfica, pero tratar sobre el nazismo en el cine y no mencionar estas dos películas iba a ser un cantazo, y suavizar o esconder mi opinión de las mismas para no herir sensibilidades o levantar iras me parece bastante hipócrita. Así que vamos palante.
La lista de Schindler siempre me ha parecido una película espectacular en la forma y muy floja en el fondo. Creo que se queda en el aspecto visual, en la estética, en la espuma. Nos cuenta muy bien lo obvio; que los nazis eran muy malos y mataban judíos a cascoporro, mataban a muchos y muy bien, poco más nos cuenta Spielberg en mi opinión. En cuanto a personajes y argumento la película me parece bastante plana, de hecho parece que no hay personajes, por un lado los nazis presentados como deshumanizados y seres de otra especie o animales sedientos de sangre , y por otro los judíos dóciles, resignados, autómatas  casi, camino del matadero. Los judíos en esta película son un sólo personaje, lo mismo pasa con los nazis. Los únicos  que dan un poco de juego son los  dos protagonistas principales. Espectacular la fotografía, la puesta en escena, la banda sonora y el vestuario claro, a nivel técnico la película es muy buena. Pero en cuanto al tema que trata, el nazismo y el Holocausto, creo que se  queda en nada. La película no plantea  preguntas, ni crea debate, se limita a reafirmar lo que ya sabemos, que los nazis eran muy crueles y exterminaron a 6 millones de judíos. Spielberg lo aliña todo  con un héroe discutible, altas dosis de maniqueísmo y un chorrito largo de sentimentalismo en la escena final. En su día vendieron la película como cine de autor como la película que consagraría a Spielberg y lo sacaría del casillero de director comercial,  pero la película está hecha pensando en la taquilla y se nota, pensar en la taquilla cuando uno hace Indiana Jones está muy bien, de hecho es lo suyo, pero con un tema como el Holocausto me parece un pelín tramposo. Opinión de un servidor. Ya pueden fusilarme. 
Como sólo me pueden fusilar una vez voy a opinar mal sobre otra película intocable sobre el nazismo La vida es bella... no puedo con ella, me ha salido un pareado. La soporté hasta la mitad, una comedia a ratos simpática a ratos cursi, la cosa descarrila cuando llegan al campo de concentración y empieza el circo, aquello parece un parque temático.  Esta película siempre me ha producido  bochorno y  vergüenza ajena, cuando aparece en televisión instintivamente cambio de canal, con una vez tuve suficiente.  Todavía no entiendo cómo Benigni le pudo ganar el Oscar a mejor actor a Edwar Norton,  que también estaba nominado ese mismo año para el galardón por su papelón de neonazi en una película mucho mejor, Amerycan History X, pero en fin, así es Hollywood. Cuando le dieron el Oscar a Benigni algunos dijeron que Benigni había conseguido hacer una película vitalista y conmovedora sobre un tema tan dramático como el nazismo, dijeron que eso era rompedor, que nunca se había hecho en el cine. Ja. Chaplin (El gran dictador) y Lubitsch (Ser o no ser)  hicieron eso mismo cincuenta años antes pero con más arte más elegancia, más gracia y más respeto por el espectador. 
La zona gris (The grey zone). 2001. Tim Blake Nelson  “Antes de  llegar aquí solía  estar orgulloso de mi mismo, de lo que conseguí en mi vida, nadie sabe de lo que puede ser capaz, nadie ¿cómo vas a ser capaz de saber lo que harás para salvar la vida hasta que te enfrentas a ello?,  ahora ya lo sé, para casi todos la respuesta es cualquier cosa. Es tan fácil olvidar quiénes éramos y no volveremos a ser jamás. Nadie sabe de lo que puede  ser capaz  por sobrevivir”.
 Después de ver La zona  gris  suscribí la opinión del bibliotecario. La zona gris no se llevó ningún Oscar en 2001, pero  en mi opinión  le lame la oreja a la laureada Lista de Schindler.  Es el relato de uno de los comandos de judíos que los nazis emplearon  para ayudar al exterminio en los campos de la muerte durante la solución final. Estos comandos se dedicaban a conducir a los judíos a las cámaras de gas y a procesar e incinerar los cuerpos. A cambio de estos servicios, los judíos que pertenecían a estos comandos recibían ciertos privilegios; comida, tabaco,  y unas mejores condiciones de vida.  En lugar de ser gaseados nada más llegar a los campos de exterminio, eran ejecutados  a los cuatro meses y sustituidos por otros. En esta película,  los  judíos no son dóciles  autómatas  camino del matadero, algunos  se  rebelan,  luchan por sobrevivir, por sobrevivir  son capaces incluso de ayudar al  exterminio de  sus compañeros, son capaces de vivir en el infierno si eso les permite alargar la vida. La zona gris es un puntapié directo a los cojones del alma. Una historia terrible más de tantas de las que se  produjeron durante aquel horror. El holocausto fue un genocidio fríamente calculado, eficiente y a escala industrial en el que millones de inocentes fueron exterminados, ¿Hubo  lugar para la esperanza, el heroísmo y el optimismo? ¿ O sólo para  la lucha por la vida y la supervivencia?.
Lo  de presentar  a los nazis como  monstruos de  otro planeta incluso como tontos o locos gritones es  una tendencia  muy extendida en el cine bélico sobre la  segunda guerra mundial y en las películas  centradas en el Holocausto. Los nazis eran tan humanos como los judíos y los aliados, Hitler también  era de nuestra especie, eso fue parte del drama del Holocausto.  Hay varias  películas sobre el nazismo  que indagan en esto, en plantear  por  qués y cómos , en reflexionar sobre  cómo un tipo como  Hitler que en 1925 había escrito un libro como  Mein Kampf pudo llegar  al poder en Alemania en 1933 mediante elecciones. Películas que plantean cuestiones  como ¿hasta donde llegaron las responsabilidades del Holocausto?, ¿empiezan y terminan en los verdugos del partido y  las SS?, ¿alcanzaron al pueblo  Alemán?, ¿al resto de  potencias europeas  que reaccionaron tarde?, ¿al  Vaticano  que firmó un concordato con Hitler en 1933 y años después ante las matanzas miró para otro lado?, ¿a EEUU que colaboró con su industria  al rearme de los nazis?, ¿a los industriales alemanes que consintieron y callaron mientras se enriquecían?, ¿a la Unión Soviética que en 1939 firmó un pacto con Hitler? ...Estas  son las  películas sobre el nazismo que me  gustan, las que plantean estas cuestiones. Las que invitan a preguntar  y preguntarse.  Las que obligan a la reflexión moral y ponen a  prueba la capacidad crítica. Las que le ponen a  uno  patas arriba. Decía  Hannah Arendt, que de  nazismo sabía un rato, que intentar comprender no es  perdonar ni justificar.
Vencedores o vencidos de Stanley Kramer, La caída de los dioses de Visconti, Roma, ciudad abierta de Rossellini, Amén de Costa Gavras, La zona gris, El hundimiento,  Europa Europa, Europa y El pianista son algunas de las  que  me interesan y suelo recomendar cuando sale el tema. Ah! y un documental imprescindible, Shoah de Claude Lanzmann. Se aceptan discrepancias y recomendaciones.
Una de mis  favoritas es   Vencedores o vencidos (1961)  de  Stanley Kramer. La película trata sobre unos de los juicios celebrados en  Nuremberg  en 1948 contra cuatro jueces cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica. La película es atrevida, incluso vista hoy, porque permite explicarse a los dos bandos e indagar en la cuestión de la culpabilidad de la sociedad civil alemana, jueces, industriales y políticos incluidos. Es un error de bulto abordar el tema del nazismo e ignorar que Hitler contaba con un gran respaldo popular en Alemania.
 

 En esta película hay buenos y malos pero ambos explican sus razones en igualdad de condiciones.  Enorme película, y muy necesaria, Maximilian  Schell que interpreta al abogado de los jueces alemanes que contemporizaron con los nazis se sale, como habéis podido comprobar en el vídeo, y Richard Widmark que hace de fiscal de  la acusación, o Spencer Tracy de juez, sin olvidar a Burt Lancaster, Montgomery Clift y Judy Garland  que están enormes. 
Os dejo que me voy  a los Verdi a ver  Hannah Arendt, de la alemana Margarethe Von Trotta, tiene buena pinta,  ya os contaré.
 Saludos cordiales. 

-Ficha de algunas de las películas mencionadas y que recomiendo:

viernes, 8 de febrero de 2013

Andanzas librescas


Brujuleando hace unos días en la librería de un centro comercial, me enteré de que uno de los libros más vendidos de España es el de un presentador de televisión, para más señas el del presentador del programa más cutre, casposo y salchichero de la televisión patria. Al principio me llamó la atención que uno de los libros más vendidos en  España (el número 1 durante algunas semanas), no fuera el de alguien que se dedica a la literatura, el de un escritor bueno, malo o regular que escribe libros buenos, malos o regulares, sino el de un  presentador de televisión que presenta el programa  más cutre y embrutecedor de la tele española. Enseguida caí en que es normal que uno de los libros más vendidos en España sea el del presentador del programa de telecaca más exitoso de la televisión nacional, la cosa es de una lógica aplastante, el caso es que al final acabó llamándome la atención que aquello me llamara la atención.
Por lo que leí en la contraportada, el presentador de marras cuenta en el libro su peripecia vital, su lucha por la vida, la peripecia del presentador consiste en su llegada a Madrid para trabajar como periodista y su ascenso a la cumbre de la telebasura. El libro se vende como rosquillas.

¿Se ha vendido la literatura al marketing y a la industria del entretenimiento?, ya te digo…la literatura también se ha sumado desde hace tiempo a esa consigna de la que hablaba  Vicente Verdú en su ensayo El estilo del mundo y que es “Divertirse hasta morir”, y a esa banalización del arte y la literatura  de la que habla Vargas Llosa en La civilización del espectáculo, y que pone el entretimiento puro y duro, el pasarlo teta, el usar y tirar, por encima de todas las cosas. La cultura no vende, es un coñazo, hay que ponerle salsa para que la gente trague, la calidad queda en último plano, primero entretener, divertir, pasarlo chupi. La idea es conectar con el espectador en el caso del cine y con el lector si hablamos de literatura, que se ría cuando se tiene que reír que llore cuando tiene que llorar y que se emocione cuando toca, si esto lo aliñan con un poco de folleteo miel sobre hojuelas, cuidado con mascar la chapa, cuidado con ponerles en un aprieto, cuidado con incomodarles con crudas realidades,  cuidado con sacarles del esquema planteamiento-nudo-desenlace,  cuidado con hacerles pensar más de la cuenta, se aburrirán, cuidado con hacerles reflexionar, se cansan y no vuelven. ¿Os acordáis de Dickenslandia?. No digo que esté mal que el cine y la literatura busquen entretener, de hecho es recomendable que lo hagan, lo que mosquea es que de un tiempo a esta parte busquen única y exclusivamente eso, o que la mayoría busque exclusivamente eso en la literatura y en el cine.
El tema tiene miga porque abre un debate que obliga a preguntarse qué es la cultura, o qué es el arte, menudo lío, o qué era antes y en qué se ha convertido ahora,  o a distinguir entre alta cultura y cultura popular o cultura de masas, el carajal está servido.  Un tema interesante y polémico al mismo tiempo.
Pero estábamos en la librería del centro comercial. Después de enredar un rato por los más vendidos seguí brujuleado y me encontré con Aquel domingo un libro de Jorge Semprún. Llevaban tiempo recomendándome los libros de Jorge Semprún, sobre todo cuando salía el tema de la Segunda Guerra Mundial, de la guerra civil española, del nazismo o el comunismo. No había leído nada de Semprún,  cosas sobre él sí, entrevistas y documentales sobre su vida. Estuve ojeando la contraportada de Aquel domingo y me resultó más interesante que la del pelotazo editorial del presentador supersónico. De hecho,  por lo que he leído la peripecia vital de Jorge Semprún es bastante más interesante que la de la estrella televisiva,  porque Jorge Semprún fue testigo y partícipe de algunos episodios clave de la historia del siglo XX.
He disfrutado mucho con este libro, Aquel domingo no es una novela, es un libro de memorias. Un viaje desordenado que hace Semprún por su propia memoria, en el que reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la supervivencia, sobre el nazismo y el comunismo, sobre política, literatura y filosofía. Semprún parte del recuerdo de un Domingo de Diciembre de 1944  en el campo de concentración de Buchenwald, en el que fue hecho prisionero  durante la ocupación alemana por pertenecer a la resistencia francesa. Partiendo de este recuerdo Semprún pasea por su memoria, habla y reflexiona sobre su militancia en el partido comunista, sobre su vida clandestina, sobre su condición de preso privilegiado en Buchenwald, sobre el marxismo,  sobre lo parecidos que son los regímenes totalitarios de uno y otro color, sobre el siglo XX en definitiva.
 Leyendo “Aquel domingo” de Jorge Semprún me acordé de  Vida y destino de Vasili Grossman, un libro que leí hace tiempo y al que he vuelto ahora, Vasili Grossman fue un escritor y periodista ruso. Apoyó la revolución de 1917, y fue testigo como correponsal de guerra soviético durante la II Guerra Mundial, de las atrocidades de los nazis y de las del régimen de Stalin. El libro es consecuencia de esa experiencia vivida. Grossman intentó publicar Vida y destino a principios de los sesenta pero no le dejaron claro, la KGB destruyó el manuscrito, por suerte había más copias.
Vida y destino es una novela monumental, bueno,  no sólo es una novela,  también es un análisis político de la primera mitad del siglo XX, esta novela de Vasili Grossman, y las memorias de Jorge Semprún se reafirman en una misma idea, una idea que todavía sigue creando polémica:  nazismo y comunismo, aun partiendo de orígenes y tradiciones distintas, tienen  mucho en común y comparten un concepto, totalitarismo. Ambos fueron utopías totalitarias que aplastaron seres humanos con la promesa del paraíso en la tierra. Los que tengáis interés por la historia del siglo XX, no perdáis de vista Vida y destino, ni Aquel domingo de Jorge Semprún.
Os dejo, que esto se alarga y empieza en la tele un peliculón, Taxi driver, nada menos.

 Saludos cordiales.

-Os dejo un artículo sobre la vida y la obra de Jorge Semprún.
 http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/1733/Semprun_toda_una_vida_a_traves_de_su_obra
- Aquel domingo. Jorge Semprún. Tusquets (colección andanzas). 1999. 445 páginas. 20 euros. Los libros de Semprún son fáciles de encontrar en bibliotecas municipales.
- Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Guttemberg. 2007. 1104 páginas. 24,70. Hay una edición en bolsillo por 12,30 euros. Vida y destino es larga y dura de leer, en mi opinión es de las que entran mejor en invierno, tirado en el sillón al calor de la calefacción y la lámpara de pie mientras fuera llueve y hace frío,  que en verano tirado en la hamaca mientras el sol nos fríe la quijotera. Es sólo una sugerencia.
El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción. Vicente Verdú. Anagrama. 2003. 9,90 euros.
-La civilización del espectáculo. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2012. 16,60 euros.