Descubrí a Rafael Chirbes cuando leí Crematorio allá por 2007, aquella novela fue como agua de mayo para los que nos gusta la literatura que está dentro de la historia, la que habla de gente de verdad con problemas de verdad, la que incomoda, la que le hace replantearse a uno sus ideas preconcebidas, sus prejuicios. Cuando apareció Crematorio había muy pocos escritores en España que hicieran realismo social. Crematorio y En la orilla son dos novelas clave sobre la gestación de la crisis del ladrillo en España y sus consecuencias. Después de leer Crematorio busqué sus novelas anteriores y descubrí que Chirbes llevaba escribiendo novelas tan buenas o mejores que Crematorio desde los años ochenta, como La buena letra, La caída de Madrid o Los viejos amigos. Hace unos días terminé el primer volumen de sus diarios, publicados por Anagrama y que abarcan un período que va desde 1985 hasta 2005. Es curioso que en el aspecto que más han hecho hincapié algunos críticos y suplementos culturales es en los devaneos sexuales del autor y en el repaso que da a algunos escritores consagrados como Arturo Pérez Reverte. Algo anecdótico y puntual en unas memorias que sorprenden por la desnudez con las que escribe sobre sí mismo y sobre su manera de entender la literatura en general y la creación de su propia obra en particular. Chirbes habla en sus diarios sobre sobre sus miedos y anhelos como escritor y ser humano, y reflexiona sobre política, cine y literatura dejando al lector un tesoro de referencias y reseñas sobre los libros y películas que va leyendo y viendo. Hay escritores (muy pocos) que además de crear adicción, pueden cambiar la vida de una persona, darle la vuelta, Rafael Chirbes es uno de ellos, es duro sí, despiadado diría yo, así que los que busquen en la literatura simplemente evasión y divertimento será mejor que pasen de largo.
Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.
José Hierro
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martes, 19 de abril de 2022
miércoles, 26 de febrero de 2014
Más Chirbes por favor
"Yo que quería ser maestra, que quería enseñar, Piaget, los cursos de Rosa Sensat, la pedagogía activa, todo eso, y que ahora me dedico a engañar. En vez de que encuentren la verdad, empujarlos, empujarlos para que se pierdan por el camino de las mentiras, taparles los ojos y darles vueltas como una peonza hasta que se desorienten, la gallina ciega, que no otra cosa es la publicidad. Si cierro los ojos, aún puedo ver a Carlos en el Paraninfo de la facultad recitando aquellos espantosos poemas contra Franco que componía, "si el aire amenazara la muralla, yo aire fuera; si la voz la suela de la bota amenazara fuera yo sólo voz; si el aire de mi voz tumbara las banderas de la torre del odio, en aire convirtiera yo mis sueños". Recuerdo los horribles versos de Carlos, que hoy le avergonzarían si se los recitara y que, en cambio, los oyentes del paraninfo le aplaudía a rabiar, porque los consideraban antifranquistas. El antifranquismo era una patente de corso para casi todo. Yo la verdad es que no me avergüenzo de nada de lo que hice. Se lo decía a Carlos, se lo he dicho a Juan. Lo hablo de vez en cuando con Demetrio, quien también está convencido de que no ha abandonado ningún camino, sino que sigue su curso, aunque lo suyo sea aún más patético que lo de los demás. También lleva su desgracia a cuestas Demetrio. Otros paisajes, otros ojos para mirarlos. Fuimos así porque los tiempos eran así, del mismo modo que los niños de hoy son clientes naturales del Corte Inglés desde el día en que nacen, nosotros, con el franquismo de por medio, fuimos clientes naturales de la revolución."
Los viejos amigos. Rafael Chirbes.
Hace años leí una entrevista que le hicieron a Rafael Chirbes a raíz de la publicación de Crematorio en la que decía: "La novela que está fuera de la historia no es novela, es lírica". Me gustó mucho esta afirmación porque de alguna manera explica el tipo de novela que me gusta. Los escritores españoles de los últimos años han brincado sobre la realidad social y política, Chirbes es una excepción que agradecemos los que buscamos en la literatura algo más que evasión y entretenimiento.
Hace años leí una entrevista que le hicieron a Rafael Chirbes a raíz de la publicación de Crematorio en la que decía: "La novela que está fuera de la historia no es novela, es lírica". Me gustó mucho esta afirmación porque de alguna manera explica el tipo de novela que me gusta. Los escritores españoles de los últimos años han brincado sobre la realidad social y política, Chirbes es una excepción que agradecemos los que buscamos en la literatura algo más que evasión y entretenimiento.
Un grupo de amigos que en los años 60 formaban una célula comunista se reúnen treinta años después. En los 60 eran comunistas, luchaban contra el franquismo y querían cambiar el mundo. Treinta años después el mundo que querían cambiar se los ha tragado, convirtiéndoles en aquello que tanto despreciaban. El idealismo de los veinte se ha convertido en frustración y resignación a los cincuenta. Chirbes hace en Los viejos amigos una análisis político y existencial de la llamada Generación del desencanto, y el resultado es demoledor. Las novelas de Chirbes dejan huella, le dejan a uno taciturno y tocado durante unos días, y es que Chirbes echa el resto en cada libro que escribe, y hace algo que hacen muy pocos en estos tiempos, realismo despiadado, crónica de nuestro tiempo. Hay novelas y escritores que uno olvida a la semana de haberlos leído, otros, en seguida se convierten en referencia en la biblioteca que uno se va haciendo con los años. El tiempo y las lecturas me han enseñado que esos son los buenos, que esos son los que hay que leer, los que hay que buscar.
-Los viejos amigos. Rafael Chirbes. Anagrama. 2003. 221 páginas. 7.50 euros. Probad en bibliotecas públicas, yo lo encontré.
-Los viejos amigos. Rafael Chirbes. Anagrama. 2003. 221 páginas. 7.50 euros. Probad en bibliotecas públicas, yo lo encontré.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Chirbes
“Cuando escribo me importa un carajo la ideología de los personajes, la mía ya saldrá, inevitablemente. Inclinar la balanza es ir contra la literatura, que si tiene algo es que nos hace plantearnos las cosas y corregir nuestra mirada. Si te pones del lado del que más odias descubres tus propias contradicciones. Para personajes de una pieza ya tenemos a los políticos. No me gusta tratar al lector como a un gato al que se le pasa la mano a favor del pelo. Hay que pasársela a la contra, para que se levante”
Rafael Chirbes en una entrevista concedida al diario El País.
Rafael Chirbes no se anda con florituras, bálsamos y sentimentalismos a la hora de hablar en sus novelas de lo que ha pasado en España en estos últimos años. No lo hizo en Crematorio (2007), una novela sobre el pelotazo inmobiliario y la especulación, sobre cómo se gestó la burbuja que nos va a tener cagando ladrillos hasta 2030, y tampoco lo hace en En la orilla (2013), en la que habla de las consecuencias del desastre.
El protagonista de Crematorio era un arquitecto valenciano que cambió los ideales políticos por la corrupción y la especulación inmobiliaria. Crematorio hablaba del fiestón, en En la orilla, su última novela, Chirbes habla del resacón, del crudo invierno, de las consecuencias de aquello. El protagonista de la novela es el dueño de una carpintería que se ve obligado a cerrar y a despedir a sus empleados a causa de la ambición que le ha llevado a hipotecar el patrimonio familiar y a ser embargado. Otro de los protagonistas es el pantano de Olba, un pueblecito cercano a Benidorm que es donde se desarrolla la historia. El pantano como contenedor de los restos de la fiesta y como metáfora de la cochambre moral que ha dejado a la vista la crisis, una crisis económica, pero también ética y social.
Una novela dura e incómoda como Crematorio y que no da tregua al lector, es difícil de soltar cuando uno empieza aunque se esté quemando las manos. Realismo despiadado llamaría yo a lo que hace Chirbes en sus novelas. Hay pocos escritores españoles que escriban sobre la actualidad, sobre estos tiempos. En las novelas de Chirbes hay crítica social, pero no juzga ni se inclina a favor ni en contra de nadie, ahí queda eso, que cada uno saque sus propias conclusiones, parece que nos dice el escritor. Y es de agradecer, nunca me han gustado los escritores que pretenden llevarte de la mano; mira lector, aquí está el bien y aquí está el mal, este es malo, mira qué cabrón ,este es el bueno míralo, pobrecillo. Chirbes se mete en la piel de cada personaje se pone sus zapatos y nos cuenta sus razones. Las consecuencias del pelotazo inmobiliario es el tema central de En la orilla, y sirve de punto de partida para hablar de muchos otros y pintar un fresco sobre la España de estos diez últimos años. El protagonista de Crematorio era un arquitecto valenciano que cambió los ideales políticos por la corrupción y la especulación inmobiliaria. Crematorio hablaba del fiestón, en En la orilla, su última novela, Chirbes habla del resacón, del crudo invierno, de las consecuencias de aquello. El protagonista de la novela es el dueño de una carpintería que se ve obligado a cerrar y a despedir a sus empleados a causa de la ambición que le ha llevado a hipotecar el patrimonio familiar y a ser embargado. Otro de los protagonistas es el pantano de Olba, un pueblecito cercano a Benidorm que es donde se desarrolla la historia. El pantano como contenedor de los restos de la fiesta y como metáfora de la cochambre moral que ha dejado a la vista la crisis, una crisis económica, pero también ética y social.
La vejez, la soledad, la muerte, el amor, la ambición por el dinero que lo destruye todo, la prostitución, las drogas, la inmigración, incluso la guerra civil y la transición, pero sobre todo, la condición humana, estos son algunos de los temas que aborda la novela de Chirbes, casi nada. Me han hablado muy bien de los primeros libros del valenciano, que no he leído, La buena letra (1992),La caída de Madrid (2000), y Los viejos amigos (2003) entre otras, las tengo en pendientes. Un escritor a tener en cuenta. No lo perdáis de vista.
Saludos cordiales.
-En la orilla. Rafael Chirbes. 2013. Anagrama. 437 páginas. 19,90 euros.
-Crematorio. Rafael Chirbes. 2007.Anagrama.415 páginas. 19,90 euros. Crematorio, al ser de 2007 es fácil que lo encontréis en bibliotecas públicas, en 2007 las bibliotecas municipales todavía tenían presupuesto para comprar novedades. Qué tiempos aquellos.
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