Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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viernes, 25 de junio de 2021

Vídeo reseña de Blade Runner de Ridley Scott (1982)

 

 Blade Runner está catalogada como cine de Ciencia ficción pero también es Cine negro. Rick Deckard el protagonista de la película, cumple con el estereotipo del detective de las novelas de Raymond Chandler y Dashiell Hamett que luego fue tan utilizado en el Cine negro. El investigador solitario, bebedor y taciturno que se patea las calles buscando pistas y se enamora de una mujer complicada. David Webb Peoples y Ridley Scott consiguen llevar este estereotipo de los años cuarenta a un contexto de distopía futurista, en mi opinión, esta mezcla de géneros es uno de los puntos fuertes de la película. Otro, es el tema de la muerte, o el miedo a morir, encarnado por unos androides que han desarrollado emociones y son conscientes de su finitud. 



miércoles, 26 de septiembre de 2012

El hombre menguante

 
 
El día que descubrí El increíble hombre menguante en DVD en el cajón de los olvidados de un centro comercial casi me pongo a dar botes, tenía una copia salchichera en VHS grabada de la televisión que un amigo me pasó a DVD,  la imagen era mala y el sonido peor, pero mejor eso que nada. Nunca conseguí una copia original en vídeo, y eso que la busqué. Así que cuando la encontré en aquel cajón desastre debajo de la primera temporada de El coche fantástico y de un cd de Los chungitos el corazón me dio un vuelco, alargué el brazo para hacerme con la presa pero un paisano se me adelantó y se hizo con ella antes que yo, el tío no sabía con qué quedarse si con El increíble hombre menguante, o con El liguero mágico, la de Pajares, los Ozores, y las chicas en pelotas… tenía una en cada mano y las miraba con pose ceñuda sin terminar de decidirse, finalmente entre el cine de ciencia ficción de serie b, y el destape patrio, optó por el destape lanzando mi ansiada presa de vuelta al cajón, ahí fue cuando yo metí codos y me tiré en plancha. Yo creo que si no la llega a soltar se la hubiera quitado de las manos…, hubiera tenido que intervenir el segurata.
El increíble hombre menguante es otra joyita de la serie b, de las que se hicieron en los estudios de Hollywood entre 1930 y 1960, pelis de bajo presupuesto que se hacían en tres semanas, sin estrellas ni grandes decorados, y con pocas ambiciones artísticas. Pensadas para hacer caja y llenar los programas dobles de los cines de barrio y los autocines. La ciencia ficción, el Western y el Cine negro son los géneros que más explotó la serie b, muchas de estas películas se quedaron en el puro entretenimiento, algunas, sin embargo han conseguido sacudirse la categoría y se han convertido con el tiempo en clásicos, en obras maestras, en imprescindibles. El increíble hombre menguante es un ejemplo dentro del género de ciencia ficción. La película es de 1957, y está basada en la novela que publicó Richard Matheson un año antes.Matheson fue contratado como guionista y acabó a la gresca con los productores que le obligaron a cambiar la estructura del libro. El libro está planteado en flashback, y la estructura de la película es lineal, también hubo problemas con el título, la novela se titula El hombre menguante a secas, el adjetivo increíble añadido no le sentó nada bien al escritor.
Scott ha cumplido el sueño americano, tiene un buen curro, un buen coche, una bella esposa, y una casa preciosa. Durante una excursión en yate queda expuesto a una extraña niebla, la extraña niebla es una nube radiactiva claro, esto es muy típico de la ciencia ficción de antes, aparecía la nube radiactiva y después se liaba parda. Días después de este incidente el protagonista se da cuenta de que empieza a menguar, pierde peso y estatura. Scott es cada vez más pequeño y su mundo cada vez más grande, aquí no hay invasiones extraterretres ni monstruos gigantescos, ni zombis. Lo cotidiano, lo familiar, se convierte en descomunal a medida que Scott mengua, el lindo gatito en tigre fiero, su hermano en un gigante que le puede aplastar sin darse cuenta, una simple araña en una pesadilla, un alfiler en un arma para defenderse, una caja de cerillas en un refugio y un sumidero en oscuro abismo. La película plantea un simple cambio de perspectiva que da mucho juego, la cosa no se queda sólo en los efectos especiales y en las aventuras de Scott en el sótano luchando por sobrevivir, intenta plasmar el tono reflexivo y filosófico de la novela, planteando cuestiones como la soledad del hombre ,el instinto de supervivencia, o lo relativo que es el concepto de normalidad o de ser humano, nos creemos el centro del universo y probablemente no seamos ni siquiera el culo, hay otros mundos aparte del mundo del hombre. El argumento de la película y su planteamiento, recuerdan mucho a La metamorfosis de Kafka, la película trata, a su manera, los mismos temas; la debilidad de la condición humana y lo fácil que puede resultar perderla ante cualquier accidente. La película dura 78 minutos y mantiene un tono angustioso y desesperado que atrapa desde el primer minuto.
 
He vuelto a leer el libro y a ver la película, y me quedo con los dos. El final de la película, cuando Scott se funde con la nada es memorable, la nada que no puede ser nada,  ”lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo, sentí como si pudiera abrazar el cielo, el universo, infinitos mundos el maravilloso tapiz tejido por Dios se extendía ante mí en la noche”, “Siempre había pensado en términos del propio mundo del hombre y de las  propias dimensiones limitadas del hombre”, dice Scott al final de la novela , esta reflexión recuerda a una de las grandes preguntas de Kant ¿Qué puedo conocer?, menudo carajal metafísico, la peli es ideal para ponerla en un aula de filosofía. El final de la novela y el de la película es muy parecido, sólo hay una (¿pequeña?) diferencia, en  la novela, Matheson no habla de Dios en ningún momento, la mención a Dios fue un añadido impuesto por el productor que hizo que Matheson se desentendiera del proyecto definitivamente. Anécdotas.
En fin un peliculón basado en un buen libro, yo os recomiendo sobre todo que veáis o reveáis la peli, los efectos especiales son bastante cutres vistos hoy claro, pero muy currados para le época y para la poca pasta, pese a eso, la película ha envejecido muy bien. Os dejo, que ya que estoy con la serie b, me voy a ver La mujer pantera de Tourneur o La invasión de los ladrones de cuerpos de Siegel o Ultimátum a la tierra de Wise. Luego, si me quedan ganas me tragaré dos westerns seguidos de Boetticher, lo bueno de las pelis b es que duran poco.
 
 
-Ficha de la pelí aquí:http://www.filmaffinity.com/es/film607561.html
-De la novela conozco dos ediciones en castellano, una es la de Bruguera, la famosa Colección Libro Amigo, creo que es de 1977, seguro que algún suertudo la conservará en su casa, y la de Planeta de 1985 que es la que he sacado de la biblioteca para volver a leerla, el libro en castellano creo que está descatalogado así que o biblioteca municipal o conseguirlo en inglés. Os lo comento porque se palpa en el ambiente que estáis deseando leerla.

sábado, 12 de mayo de 2012

Los Ángeles 2019

Acabo de ver otra vez Blade Runner, he visto la versión comercial, la que se estrenó en los cines en 1982 con el final feliz y la voz off impuestos al director por los productores. A mí me gusta la voz en off, hace que la película se funda más todavía con el cine negro. Sin embargo el final feliz no me gusta nada, almíbar a cascoporro, me sobra, siempre que veo esta versión la paro cuando Deckard y Rachel entran en el ascensor (así acaba el montaje final del director), y me pongo los créditos con la música de Vangelis. Todavía zumban en mi cabeza las palabras que dice el replicante Roy antes de morir.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión…, he visto rayos c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momento se perderán como lágrimas en la lluvia…, es hora de morir…”
La crítica le dio bastante caña a Blade Runner cuando se estrenó en 1982, la vapulearon, Ridley Scott no sabía ni por dónde le venían. Al público tampoco le gusto nada la película, la gente se aburrió, esperaban al Ridley Scott de Alien, y al Harrison Ford de La guerra de galaxias y En busca del arca perdida…. Harry, estás un poco flojo en esta tío, llevamos una hora de peli y sólo te has cargado a uno, y encima lloriqueas…saca el látigo de una puta vez, salta por una ventana, que salga un bicho y se coma a alguien…, pero nada de eso. Blade Runner era lenta y tenía poca acción. El tiempo la fue poniendo en su sitio, y con los años se ha convertido en una película de culto. Algunas obras maestras es lo que tienen, que necesitan reposo y una buena digestión. Blade Runner hay que verla en el cine al menos una vez, porque está llena de pequeños detalles que son importantes, y en el pantallote es donde mejor se aprecian. En La Filmoteca la suelen poner una vez al año, estar atentos al programa.

Lo que más me gusta de esta película es el futuro de contrastes que plantea. El mundo del  futuro según Blade Runner, es un lugar decadente y polucionado. La tecnología ha avanzado tanto que se han conquistado otros planetas, y hay colonias en el mundo exterior trabajadas por replicantes, robots fabricados por los humanos. En Los Ángeles en 2019 los coches vuelan, pero hay limpiabotas, periódicos, gente que va en bicicleta, y puestos de comida en la calle, incluso aparece un cadillac. Se mezcla lo sofisticado con lo tradicional, el atuendo futurista, con el estilo años veinte, o los edificios hiperinteligentes con un mercado que podría estar sacado de una película medieval. El barrio chino que aparece es muy parecido al que vemos en Chinatwon, o en las películas negras de los años cincuenta. Es un mundo usado, curtido y viejo, como de tercera mano, donde lo nuevo se ha construido sobre lo antiguo, y esto, que tiene su lógica, contrasta y rompe moldes con el futuro que hasta entonces planteaba el cine de ciencia ficción, un futuro limpio, aséptico y sideral, en el que la gente comía píldoras y vestía con monos plateados llenos de cremalleras.


En el mundo de Blade Runner no hay un puñetero árbol, no hay parques, sólo fábricas, refinerías, anuncios publicitarios y luces de neón por todas partes. El cambio climático ha mandado todo al carajo y ha dejado una lluvia ácida, un calabobos constante. Todo el que ha podido se ha ido a vivir a las colonias del mundo exterior donde la publicidad promete una nueva vida llena de oportunidades. En el año 2019 la ciudad de Los Ángeles es el arrabal, sólo quedan cuatro mataos. Perdedores y fracasados; blade runners, policías, pandilleros, punkis, asiáticos, hare krishnas, enfermos, enanos disfrazados armados con lunchacos, replicantes fugados y viandantes protegiéndose de la lluvia con paraguas fluorescentes. En la tierra queda gente como Deckard, un blade runner renegado, un ex policía divorciado encargado de retirar (matar) a replicantes díscolos. Blade Runner es ciencia ficción, pero también es cine negro, por eso me gusta tanto. Deckard es el estereotipo del detective que nació con el Halcón Maltés. Un tipo frío, solitario, desarraigado y cínico, que lo primero que hace cuando llega a su apartamento, donde no le espera nadie hasta que conoce a Rachel, es ponerse un vaso de whisky, y luego otro, mientras la luz se filtra a través de las persianas venecianas. Deckard también lleva gabardina y habla consigo mismo, lo único que le falta es fumar y encender las cerillas con una mano. Y luego está Rachel, la replicante, que con su peinado y vestimenta también nos recuerda a las heroínas de las películas del cine negro.

Pero Blade Runner no sólo me gusta por esto que cuento, también me gusta porque trata un tema tan humano como el miedo a morir. La muerte, a la que nos vamos acercando según nos paren nuestras madres, es una de los temas de este peliculón. La muerte es la obsesión de los androides de Blade Runner. En esta película, los replicantes, los robots que el hombre ha construido para hacernos la vida más fácil, son más humanos que los humanos, han desarrollados emociones, empiezan a hacerse las mismas preguntas que nos hacemos nosotros, y quieren vivir más, quieren más vida, por eso vuelven a la tierra en busca de su creador, un ingeniero de genética. En Blade Runner los robots creados por el hombre son mejores que los mismos hombres, no sólo en fortaleza y eficacia a la hora de trabajar, si no en valores, la relación entre los replicantes está basada en la solidaridad, y no en el individualismo como la de los humanos. Sobre la controversia (algunos hablan de maniobra comercial) de si Deckard es un replicante o no, yo lo tengo claro, vean y juzguen. 

Una de las preguntas que uno se suele hacer cada vez que ve esta película es ¿qué nos hace humanos?, ¿en qué nos diferenciamos de los replicantes? La película tiene mútiples lecturas, cada vez que uno la ve salen cosas nuevas, enfoques diferentes. Sobre Blade Runner se han escrito muchos libros y guías que analizan la película fotograma a fotograma, hay hasta tesis doctorales. Es una película que invita al debate y a la reflexión, probablemente por eso su aparición en pleno auge de los taquillazos y del cine del entretenimiento fue un fracaso total. Entre el héroe descamisado Indiana Jones pegando latigazos a gogó, y el antihéroe en gabardina Deckard comiéndose el tarro y hablando consigo mismo, la gente se quedó con el héroe claro, dónde va a parar. A lo mejor queda por ahí alguien con suerte que todavía no ha visto Blade Runner, y pueda disfrutar por primera vez de la potencia de las imágenes de ese mundo del futuro. No esperéis grandes tiroteos ni persecuciones a toda leche. Dejaros cautivar por ese fiestón visual, por esa banda sonora, por esa japonesa que os mira y os sonríe desde el anuncio publicitario, por esa historia de amor, y por los diálogos, por esas frases que son sentencias.
Como siempre Blade Runner me ha dejado pensativo, como siempre empiezo a hacerme las mismas preguntas que se hacen los replicantes..., de dónde vengo..., a dónde voy..., cuánto tiempo me queda…