Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

miércoles, 3 de marzo de 2021

El arte de pensar. Cómo los grandes filósofos pueden estimular nuestro pensamiento crítico, de José Carlos Ruiz.

"Quién nos iba a decir que en pleno siglo XXI la felicidad se convertiría en un instrumento de tortura. Soportamos una maldición que pasa inadvertida para la mayoría de las personas: la maldición de la felicidad. Nos han condenado a ser felices por obligación, y lo que es más preocupante, por imitación. Y lo han hecho de una manera tan sutil y sofisticada que hemos llegado a creer que la idea es nuestra. Nos han sugestionado para sentirnos felices, pero ojo, que sentirnos felices no es lo mismo que serlo. Porque esta tiranía parte de una concepción interesada sobre una felicidad sentimental, emocional y ligera, algo instantáneo y fácil de adquirir. Nos han convertido en drogodependientes emocionales. La condena está clara, castigados de por vida a inyectarnos esa felicidad postiza, caemos en una búsqueda incesante de dosis en cualquiera de sus variantes, que se enmarcan dentro de la palabra de moda: Tendencias. Estas tendencias están relacionadas con el consumo experiencial, pues ahora lo que vende son las experiencias, las sensaciones que nos perturben, que nos trastornen, que nos exciten y sean capaces de alterar nuestro estado de ánimo, eso sí, siempre asociado a emociones positivas. Cada día diseñan nuevas dosis, a cual más apetecible, y han logrado tener una oferta tan sustancial y estimulante que es imposible probarlas todas."

                                                                         
"El sistema ha logrado prefabricar una idea popular de felicidad instantánea y soluble asociada al hiperconsumo, tanto emocional como material [...] Se ha impuesto la dictadura de la acción frente a la reflexión y es más urgente que nunca reavivar el pensamiento crítico que agoniza"

-El arte de pensar. Cómo los grandes filósofos pueden estimular nuestro pensamiento crítico. José Carlos Ruiz.

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Por lo general, los libros de autoayuda parten de una premisa falsa fácil de contrastar. La mayoría sostienen que podemos conseguir cualquier meta que nos propongamos y que la felicidad plena está al alcance de cualquiera, dándonos formulas que nos garantizarán una vida de éxito. Un éxito casi siempre focalizado al ámbito laboral, a lo material, al dinero. Estos libros escritos por coach y gurús del pensamiento positivo lanzan el mensaje de que el único responsable de tu éxito o tu fracaso eres tú, afirmando que cada uno es dueño de su destino. Dicen sin despeinarse que las personas que están motivadas y se esfuerzan pueden conseguir cualquier objetivo que se propongan, cualquier meta, cualquier sueño que tengan. Lo cierto es  que  cualquiera con criterio y sentido común sabe que esto es mentira, que estas sentencias no se cumplen en la mayoría de los casos. El problema es que mucha gente cree que esto es verdad y acaba llena de frustración cuando los objetivos desproporcionados que se han impuesto no se cumplen. 

El coaching personal actual empezó en el entrenamiento deportivo, técnicas para motivar a deportistas antes de un partido o una competición. Con el tiempo lo empezaron a utilizar las empresas para mejorar el rendimiento de sus trabajadores y sus cuentas de resultados. En la actualidad está por todas partes vendiendo un paquete de felicidad superficial, materialista e infantil a todo el que esté dispuesto a pagar por sus libros o sus conferencias. Psicólogos y psiquiatras ya han alertado de las averías emocionales que pueden crear estos coach y gurús de la motivación que parten de una falsa idea de la meritocracia y la igualdad. Una idea muy dañina que proclama que todos tenemos las mismas oportunidades. En el desarrollo de la vida de una persona hay muchos factores que no podemos controlar: nivel económico y social, circunstancias personales etc. No todos empezamos la partida desde la misma casilla de salida. Uno se pregunta entonces por qué tienen tanto éxito este tipo de libros, ¿por qué los coach y los gurús de la motivación arrastran a tanta gente?. En El arte de pensar, José Carlos Ruiz afirma que la sociedad hipermoderna actual, fomenta buscar soluciones rápidas y sencillas que conlleven poco esfuerzo, o referentes muy alejados de las  posibilidades de cada persona. El pensamiento crítico, pararse a pensar, ir a la raíz de los problemas no venden mucho en estos tiempos.



En este libro sencillo y didáctico,  José Carlos Ruiz no da formulas para conseguir la felicidad plena, ni recetas para evitar el sufrimiento, tampoco afirma que podamos conseguir cualquier meta que nos propongamos. Su libro es una invitación a desarrollar nuestro pensamiento crítico, a pensar por nosotros mismos entendiendo nuestras circunstancias, nuestra perspectiva y nuestro contexto para a partir de ahí tomar nuestras propias decisiones y construir nuestro proyecto de vida. Tener pensamiento crítico y criterio no es tarea sencilla en estos tiempos de posverdad en el que tenemos toneladas de información interesada a golpe de ratón. El sistema invita a que demos por buena y verdadera la información más afín a nuestra circunstancia personal o ideología política, tendemos a quedarnos con la información que nos reafirma en nuestras ideas y convicciones, o buscamos soluciones que requieran poco esfuerzo. El arte de pensar nos ayuda a activar nuestro pensamiento crítico haciendo un recorrido por el legado de los grandes filósofos. Si hay algo que nos enseña la filosofía y que nos ha enseñado la historia  es que si no pensamos por nosotros mismos, otros pensarán por nosotros.     

jueves, 10 de septiembre de 2020

miércoles, 22 de enero de 2020

Vídeo reseña de Alegría y Ordesa, de Manuel Vilas

En este vídeo hago una breve reseña de Alegría, la última novela de Manuel Vilas. Es imposible hablar de Alegría sin mencionar Ordesa, la anterior novela del autor, pues como apunto en el vídeo una es consecuencia o continuación de la otra. Si en Ordesa Vilas nos contaba la historia de su familia, el duelo por la muerte de sus padres, su divorcio, y la caída a los infiernos que todo esto le provocó, en Alegría tenemos a un Vilas renacido que ha encontrado la calma después de la tempestad. La narración alterna la promoción de su exitosa novela con sus reflexiones en la soledad de los hoteles y los aeropuertos, donde nos cuenta su lucha interior entre la alegría y la melancolía.

viernes, 17 de enero de 2020

Sin techo

Escribí este relato durante un taller  de Relato breve al que asistí hace tiempo. Está inspirado en parte en una novela que leí titulada El largo invierno chino, y en mi experiencia como voluntario en una ONG durante tres años. Durante mi voluntariado estuve en contacto directo con personas sin hogar, con personas inmigrantes y con personas que llevaban mucho tiempo sin trabajo. Las historias que más me impactaron fueron las de personas socialmente integradas que durante los años más duros de la crisis perdieron su trabajo y en pocos meses se vieron en la indigencia. No hablo de problemas económicos o de no llegar a fin de mes sino de perderlo todo y quedarse en la calle. Aprendí mucho de aquella experiencia. Aprendí que nacer en un lado u otro de la brecha social es cuestión de puro azar y que la brecha es más estrecha de lo que imaginamos incluso en un país rico. En mi caso,el hecho de haber nacido en un país rico y en una familia de clase media no ha sido mérito mío, podrían haberme parido en el norte de África, o en un arrabal de América latina o Europa del este y de la misma manera hubiera querido emigrar a un país en el que se me ofrecieran mejores oportunidades. El contacto directo con esta gente me hizo empatizar con ellos, no juzgarlos sin haber intentado ponerme en su pellejo. Otra lección que recibí es que no somos dueños de nuestro futuro ni de nuestra situación económica y social por segura y estable que sea, estamos a merced de las decisiones de los poderosos y de las grandes empresas que son los que dictan la política económica.    

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Lo peor de vivir en la calle es que llega un momento en que te haces invisible. Yo al principio pensaba que hacían que no me veían, que disimulaban, pero no, cuando llevas tiempo en el mismo sitio, en el mismo banco, en la misma esquina, no te ven, es como si fueras una farola, un bolardo o una papelera. Acabé en la calle casi sin darme cuenta, fue todo muy rápido. Un día me despidieron. Lo primero que hice fue recortar gastos claro, comprar menos, salir menos, encender menos la luz y la calefacción pero no fue suficiente. Primero dejé de pagar el gas, luego la luz y el agua, más tarde el teléfono y el adsl, y al final el alquiler hasta que me echaron. Los primeros días dormí en sofás de amigos hasta que se cansaron y me fui a una pensión. Todas las mañanas salía a buscar trabajo con la ropa cada vez más sucia porque sólo podía lavarme los calcetines y los calzoncillos en el lavabo de la habitación. El poco dinero que me quedaba lo guardaba para pagar la pensión, para comer y para coger el autobús hasta algún polígono donde buscar trabajo. Así estuve quince días hasta que se me acabó el dinero y me  echaron también de la pensión. Me vi en la calle y sin un duro. Entonces, cuando ya no me quedó ni para un café con el que matar el hambre empecé a pedir para un bocadillo y para el autobús. Seguí buscando trabajo, cogía mi carpeta con los curriculums y los dejaba en los restaurantes de comida rápida, en los supermercados, en los bares. Pero llegó un momento en que no me dejaron ni entrar a dejarlos, me echaban de todas partes, y es que ya llevaba la marca de la indigencia en la cara, en la ropa cada vez más sucia, en el mal olor. Pronto me convertí en el loco del barrio, el que repartía curriculums arrugados y pedía dinero para un bocadillo. Las primeras noches en la calle fueron las más duras, me daba miedo dormirme en cualquier sitio y que me robaran, así que daba  vueltas con mi mochila hasta que se hacía de día y me sentaba en un banco, entonces sí que me quedaba dormido. Cuando  llegó el frío y la lluvia tuve que buscar un sitio para guarecerme. Entonces fui donde vi que se reunían los vagabundos, al principio no me aceptaron, me echaban, me insultaban, incluso llegaron a pegarme, pero pronto, como siempre estaba por allí, empezaron a aceptarme y ya era uno más, bebiendo vino y buscando mantas, cartones y comida en los contenedores. Así  es como en cuestión de seis meses me convertí en un sin techo, en un pobre. Un día unos chicos de una ONG que venían todas las noches a darnos bocadillos y café caliente nos hablaron de los programas de reinserción laboral. Quizá era una oportunidad de volver a mi vida anterior, tener un trabajo, poder pagarme un alquiler, dejar la calle. Así que  decidí acudir, por probar no se pierde nada pensé. Cuando llegué a la ONG me atendió una chica  muy simpática que empezó a hacerme muchas preguntas y me hizo rellenar muchos formularios. Me preguntó si tenía familia o alguien que me ayudara, le contesté que si tuviera a alguien no estaría en la calle y le pregunté algo molesto que a qué venía tanto papeleo y tanta pregunta que yo sólo quería un trabajo de lo que fuera para poder alquilar una habitación y salir de la calle. La chica me dijo que eso no era tan fácil, que ellos no daban un trabajo al primer sin techo que llegaba, que lo que ellos  hacían era ayudar a la gente en situación de vulnerabilidad social a volver al mundo laboral y que para eso tenía que acudir a talleres y a cursillos, ser puntual y responsable y dejar el vino. Me apunté, acudí puntual a los talleres, y aunque no me enseñaron nada que no supiera ya, aguanté hasta el final, al menos allí se estaba caliente y le daban a uno café y un bocadillo. Cuando terminé el cursillo la chica simpática me dijo que tenía buenas noticias, habían solicitado gente para hacer unas prácticas en la sección de jardinería de un centro comercial y habían pensado en mí. Durante el mes de prácticas no cobraría nada pero aprendería el trabajo y luego había posibilidades de que me contrataran. Me alegré, me ilusioné, como se suele decir vi la luz al final del túnel. Me dieron un papel que me daba prioridad en el albergue, un vale para cortarme el pelo y un bono bus. Allí acudí el primer día, puntual, duchado, con el pelo corto y la ropa limpia. Cuando me presenté al encargado, antes de decirle nada me miró de arriba abajo y me preguntó con mala cara si me había mandado la ONG. Me caló enseguida, una ducha y un corte de pelo no borran las cicatrices que deja la vida vagabunda. Pero durante aquel mes me sentí casi como una persona normal. Dejé el vino, dormía en el albergue y cada mañana me duchaba, desayunaba y cogía el autobús para ir a trabajar. Llegaba puntual y trabajaba como el que más, el encargado siempre estaba pendiente de mí deseando sacarme fallos para llamarme la atención, pero nunca le di razones. Durante el descanso mientras comía mi bocadillo hacía planes para el futuro. Cuando terminó el período de prácticas le pregunté al encargado cuando me contratarían y me contestó de muy malos modos que ya me dirían algo en la ONG. Al día siguiente acudí a ver a la chica simpática y cuando me vio dejó de sonreír, era la primera vez que la veía seria. Me invitó a pasar y a sentarme y me dijo que la habían llamado del centro comercial y le habían dicho que mi conducta había sido ejemplar y que había trabajado bien, pero que yo no era el perfil que buscaban, querían a alguien más joven.  Eso es lo más cerca que he estado de recuperar mi vida anterior. Desde entonces no he vuelto a repartir curriculums, y cuando llegan los chicos de la ONG con los termos de café y los bocadillos soy el único que se queda en su chamizo de mantas y cartón bebiendo vino mientras cae la noche sobre la ciudad.

 

 

jueves, 3 de octubre de 2019

Vídeo reseña de Surcos, de José Antonio Nieves Conde 1951

En este vídeo hago una breve reseña sobre Surcos, una de las grandes películas de la historia del cine español. Explico también cómo una película de denuncia social, neorrealista y moderna pudo estrenarse a pesar de los problemas que tuvo con la iglesia católica y la censura franquista.
                   

Arte en la calle

Exposición de Sebastiao Salgado en la Plaza Cervantes de Alcalá de Henares. Junio 2019
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lunes, 25 de marzo de 2019

Luz dura


Alcalá de Henares

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