Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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sábado, 10 de mayo de 2014

La imagen perdida, de Rithy Panh


Entre 1975 y 1979 los Jemeres Rojos,  en nombre de la revolución proletaria, la igualdad y la justicia social, se cepillaron al  veinte por ciento de la población camboyana. Dos millones de personas fueron víctimas de ejecuciones sistemáticas, torturas y hambrunas.  Este fue el precio de la utopía totalitaria de Pol Pot y su guerrilla. Aquello ocurrió con el apoyo de China y ante la indiferencia de la comunidad internacional, sin olvidar el papel del gobierno norteamericano, que fue responsable en buena medida de lo que pasó.
Yo me enteré del Genocidio camboyano cuando vi en vídeo Los gritos del silencio a mediados de los 90, ya hablé aquí de la película, del libro de Denise Affonco y del documental S21 La máquina roja de matar del director camboyano Rithy Panh. Ya conté lo que me impactó descubrir aquel atroz episodio medio olvidado (¿o medio escondido?) de la historia del siglo XX. 
Cuando los Jemeres Rojos entraron en  Camboya en 1975,  Rithy Panh tenía once años, junto a su familia fue enviado a un campo de rehabilitación, donde fue víctima y testigo de aquel horror.  El director camboyano  vuelve en La imagen perdida al tema que marcó su vida y nos cuenta su  historia y la de su familia utilizando figuras de arcilla, maquetas e imágenes de archivo. He leído por ahí que es cine de animación, no lo es, las figuras no se mueven, simplemente recrean escenas y en ocasiones comparten plano con las imágenes. La voz en off del narrador y la música hacen el resto, y el resultado es impresionante. Sorprende la creatividad de  Panh, y su capacidad para exprimir  el lenguaje cinematográfico. A priori el planteamiento parece osado, temerario incluso, un documental sobre el Genocidio camboyano en el que los protagonistas son figuras de barro y los escenarios maquetas..., pero como digo,  el resultado es impresionante,  demoledor y dolorosamente hermoso. Un magnífico ensayo sobre el poder de las ideologías, el fanatismo y la lucha por la vida. La película llega hasta el tuétano y se queda, remueve conciencias e invita al debate y a la reflexión. No se la pierdan.
 
 
 -El único cine de Madrid que proyecta La imagen perdida es el Pequeño Cine Estudio, un cine difícil de encontrar si uno no lo conoce. Está en la calle Magallanes número 1 (Metro Quevedo), pero cuando uno llega al número 1 de la calle Magallanes se encuentra un restaurante de comida rápida y se queda con cara de armario empotrado. Junto al portal que hay al lado del restaurante hay un cartel, un estrecho pasillo que bordea el edificio y que llega a un pequeño patio trasero lleva al cine. Un cine que hace honor a su nombre, después de la taquilla hay un diminuto hall con un sofá chester. La sala es alargada y no muy grande. Su aire decadente me recuerda a los cines porno que frecuenta Travis en Taxi driver. Ponen pelis en versión original y hay ciclos interesantes. Dejo el enlace: Pequeño Cine Estudio. Dejo también el enlace de un especial de cinco minutos que le dedicó Días de cine a la película: "La imagen perdida". Días de cine
 

jueves, 6 de marzo de 2014

Despachos de guerra


“A veces, por la noche, todos los ruidos de la selva cesaban de pronto. No había un descenso o un atenuamiento, todo se iba en un solo instante, como si le hubiesen transmitido una señal a la vida: murciélagos, aves, culebras, monos, insectos, conectados a una frecuencia que mil años de selva podían condicionar a recibir, mientras tú, dada tu situación te preguntabas qué no escuchabas ya, pendiente de cualquier ruido, de cualquier fragmento de información. Yo había oído antes esto en otras selvas, en el Amazonas y en Filipinas, pero aquellas selvas eran “seguras”, había muy pocas posibilidades de que hubiese  por ellas cientos de vietcongs deslizándose, acechando, viviendo allí sólo para hacerte daño. La idea de que uno pudiese convertir cualquier silencio súbito en un espacio que llenabas con todo lo que creías que estaba oculto en ti, podía  situarte incluso en las proximidades de la clariaudiencia. Creías oír cosas imposibles: húmedas raíces respirando, fruta sudando, actividad febril de insectos, los latidos de los corazones de los animalitos”
Michael Herr. Despachos de guerra. 1977.
 
 
 
    
Cuando Michael Herr llegó a Saigón en 1967 para cubrir la guerra de Vietnam, tenía veintisiete años y era un escritor en ciernes.  Acudió como corresponsal de la revista Esquire, y sus crónicas escritas a partir de su experiencia directa en los combates y en la jungla junto a los soldados cambiaron la forma de entender el reporterismo de guerra.  Herr se alejó del periodismo que había cubierto la guerra hasta 1967, no escribía cómodamente  desde Saigón, ateniéndose a la información oficial que proporcionaban los mandos militares y enviando despachos a los principales periódicos de Estados Unidos, despachos cargados de propaganda y patriotismo.  Se vistió con ropas de marine, se mezcló con ellos como un soldado más acudiendo a las zonas en las que estaba el fregado  y contó lo que vio.
En 1967 había en Vietnam medio millón de soldados estadounidenses, y  las bajas de militares y civiles se habían multiplicado. En enero del 68 empezó la ofensiva del Tet, los norvietnamitas entraron en Saigón  y un grupo de vietcongs asaltó  la embajada de Estados Unidos. Aquello no era pan comido como había estado contando el gobierno durante años.  En este contexto ya no colaba la versión oficial ni la moral que había impregnado la Segunda Guerra Mundial, el pueblo norteamericano cenaba viendo en los noticiarios las atrocidades de aquella guerra; civiles muertos, marines muertos, soldados agotados y drogados. Allí no había épica ni héroes de una pieza. El gobierno de Estados Unidos se encontró con el rechazo de la opinión pública con respecto a su participación en aquella guerra.  El periodismo oficial que se había hecho hasta entonces dejo de tener sentido y algunos reporteros tomaron conciencia  y empezaron a contar lo que realmente pasaba. La filtración de la matanza de Mi Lay en el 69 es un ejemplo de aquel cambio de tendencia.  
 Las crónicas de Michael Herr recogidas en este libro que acaba de reeditar Anagrama no entran  en debates moralizantes sobre la participación de Estados Unidos, ni en explicaciones oficiales,   son crónicas sobre la experiencia americana en Vietnam  y sobre los hombres que combatieron en aquella guerra. Los que estaban al final de la cadena, después  de los burócratas, de los políticos, de los generales y los agentes de la CIA.  Jóvenes que no sabían muy bien lo que hacían allí, que no sabían lo que era el comunismo ni lo que significaba el mundo libre del que tanto hablaban los gobernantes de su país, chicos poco cualificados, de clase baja en su mayoría, porque los hijos de la gente rica no solían ir a Vietnam y se pegaban  la vida padre sirviendo en la Guardia Nacional.  Entre combate y combate  escuchaban a Jimi HendrixThe Doors y a The Rolling Stones,  y se ponían ciegos de cerveza, bourbon, marihuana y heroína  mientras  el enemigo les esperaba  agazapado  en la jungla, resistiendo a base de agua y arroz. Muchos murieron, muchos acabaron mutilados,  muchos se volvieron locos o drogadictos, muchos  fueron incapaces de digerir el horror que habían vivido y no consiguieron readaptarse a la vida civil.  Esto es lo que cuenta Michael Herr en Despachos de guerra, y lo hace con una libertad, una ironía y una elocuencia que asombran. El libro está envuelto en esa atmósfera tan propia de la juventud estadounidense de aquellos años; cargada de psicodelia, drogas y rock and roll. 
Casi todas las películas que se han hecho sobre la guerra del Vietnam han mamado de este libro, en casi todas hay escenas inspiradas en él o adaptadas directamente. Michael Herr colaboró en el guión de Apocalypse Now de Coppola, y en el de La chaqueta metálica de Kubrick,  probablemente las dos mejores películas que se han rodado sobre aquella guerra infernal.  Con el tiempo Platoon de Oliver Stone ha quedado algo eclipsada por las dos mencionadas, pero a mí me sigue pareciendo un peliculón.
 
 
-Despachos de guerra. Michael Herr. Anagrama (Otra vuelta de tuerca). septiembre de 2013. 18,50 euros. Lo presto.
 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El horror


Antes de ver  Los gritos del silencio de Roland Joffé yo no tenía ni idea de lo que había pasado en Indochina después de que los americanos salieran por patas de allí en 1975. He vuelto a ver hace poco la película y me sigue pareciendo genial. Genial el guión, genial la fotografía, genial la banda sonora y genial el tono documental.  El genocidio camboyano es un tema más de esta cinta que toca varios géneros; drama, periodismo, y cine bélico. La película está basada en hechos reales.  En 1972 un periodista del New York  Times es enviado a Camboya como corresponsal de guerra, allí conoce a Dith Prant , un periodista local que le sirve de guía y de intérprete. Cuando en 1975 los americanos se retiran del país, tras ser derrocado por los comunistas el gobierno que ellos apoyan y han financiado , Pran decide quedarse con el corresponsal para seguir ayudándole a cubrir el conflicto.  Cuando la prensa refugiada en la embajada francesa  se ve obligada a salir del país, intentan sacar a Pran y llevárselo a Estados Unidos,  pero el ejército revolucionario no lo permite y envía a Pran, como a la mayoría de los Camboyanos, a un campo de trabajo. Vi la película a mediados de los 90 y me quedé a cuadros,  porque no me podía creer que algo así hubiera podido ocurrir ante la pasividad de la comunidad internacional. Entonces yo era más joven y más ingenuo claro.
 
Los gritos del silencio. Roland Joffé. 1984.
 
 Esta película de 1984 con sus virtudes y sus defectos, sirvió para dar a conocer a muchos el genocidio que había masacrado Camboya entre 1975 y 1979, un genocidio silenciado  durante años  y todavía hoy justificado e incluso negado  por algunos ultras empachados de ideología.
En Abril de 1975 los Jemeres Rojos, una guerilla comunista que seguía el modelo marxista leninista de la china de Mao  llega a la capital  de Camboya (Phnom Penh) y toma el poder. Son recibidos con entusiasmo  por la alegre población camboyana que los ve como los salvadores que les librarán de la dictadura de general Lon Nol apoyada por EEUU, una dictadura que ha sumido al país en el caos y la guerra civil.  El entusiasmo dura poco, los Jemeres Rojos  instauran la República Democrática de Kampuchea, un régimen totalitario dirigido por Angkar, el partido único. La mayoría de los habitantes de Camboya son evacuados  al campo,  el régimen pretendía implantar un estado agrícola y todos los ciudadanos fueron obligados a trabajar la tierra.  Durante cuatro años la población fue diezmada por las hambrunas, las enfermedades, las purgas  y las ejecuciones sistemáticas . Durante los cuatro años que los Jemeres Rojos estuvieron en el poder murieron  dos millones de personas, Camboya tenía una población de siete millones y medio.
 No se puede hablar del genocidio camboyano sin señalar a  uno de los responsables de que ocurriera, el gobierno norteamericano. La neutralidad de Camboya en la guerra del Vietnam fue vista con desconfianza  por Estados Unidos, que acusó  al gobierno camboyano de prestar su territorio a los comunistas de Vietnam del Norte.  Con el apoyo norteamericano, el General Lon Nol dio un golpe de estado  y consiguió alinear a Camboya de parte de EEUU y Vietnam del sur en la guerra del Vietnam.   Entre 1969 y 1973 la aviación norteamericana soltó medio  millón de toneladas de bombas en la frontera de Camboya con la intención de atacar y cortar los enclaves y las comunicaciones militares de Vietnam del Norte. Los bombardeos mataron a 600.000 personas  y sirvieron para popularizar a los Jemeres Rojos, que empezaron a ser  vistos como los rescatadores de la nación en manos del gobierno manejado por el imperialismo estadounidense. De ahí que los Jemeres Rojos fueran recibidos con tanta alegría cuando  en 1975  consiguen poner en fuga al gobierno de  Non Lon y tomar el poder en Camboya.  Pensaban que la guerrilla era un ejército de liberación que les iba a sacar del yugo imperialista sin sospechar lo que les esperaba. A todo esto, Estados Unidos ya había desmontado el chiringuito y puesto pies en polvorosa.
Pol pot y sus Jemeres Rojos no se anduvieron con lindezas, pretendían abolir el viejo mundo e instaurar su versión del comunismo de manera inmediata, nada de transiciones. Declararon a los habitantes de Camboya enemigos del pueblo. Abolieron el dinero, las escuelas, las universidades, los pasaportes,   y todos los libros que no fueran de contenido revolucionario. El llanto y la risa eran vistos como manifestaciones del sentimentalismo  burgués y estaban prohibidos. Estaba prohibido hablar cualquier idioma que no fuera el jemer. Llevar gafas podía ser  un pasaporte a la muerte. Intelectuales, artistas, profesores  y escritores fueron ejecutados sistemáticamente. Cualquier influencia extranjera a cualquier nivel fue eliminada.  En tres meses se había colectivizado la agricultura y evacuado las ciudades, en las que sólo quedaron los dirigentes del partido que ocuparon los palacios del régimen derrocado.  El resultado: dos millones de muertos en cuatro años. Todo esto sucedió con el apoyo de china y ante la indiferencia de la comunidad internacional   que  miró para otro lado por cuestiones de estrategia política. Cuando algunas víctimas consiguieron escapar de aquella dictadura  atroz y contaron lo que estaba ocurriendo allí nadie les creyó o nadie quiso creerles.  A  Estados Unidos le interesaba taparlo y lo tapó, y la izquierda política no quiso dar  crédito a los testimonios por considerarlos propaganda imperialista, algunos incluso justificaron (y todavía justifican) lo que sucedía allí alegando que era una reacción legítima al capitalismo y al imperialismo. 
 Después de rever la peli mencionada he estado unos días  leyendo sobre el tema y me he tropezado con un libro El infierno de los jemeres rojos  de Denise Affonco. Denise Affonco trabajaba en la embajada francesa en Phnom Penh, capital de Camboya. Cuando los jemeres rojos llegaron al poder fue deportada al campo junto a su marido, donde fue obligada a cultivar la tierra durante catorce horas diarias a cambio de una sopa de arroz. Su hija y una de sus sobrinas murieron de hambre, otro de sus sobrinos fue ejecutado por robar comida, y su cuñada murió de una enfermedad debida a la desnutrición. Su marido  era un hombre de negocios de ideas comunistas que recibió con los brazos abiertos a los jemeres rojos, y  que simpatizó y colaboró con el régimen los primeros días. Cuando llegaron al campo y descubrieron su pasado burgués  lo metieron a culatazos en un camión junto a otros enemigos del pueblo y lo enviaron a un campo de reeducación, así llamaban a los campos en los que exterminaban a los enemigos políticos, no se ha vuelto a saber de él. Denisse sobrevivió  y pudo contar su historia. El libro de Denisse Affonco, no es una novela, es un testimonio, un testimonio muy chungo de leer por cierto, hay que parar a cada rato para coger aliento. Absténganse de leerlo  los alérgicos a las crudas realidades.  


 

Otro documento imprescindible para el que tenga interés en conocer y comprender lo que pasó en Camboya entre 1975 y 1979 es el documental  S-21: La máquina roja de matar del director camboyano Rithy Panh.  El documental tiene un gran valor porque pone frente a frente a víctimas del centro de detención, torturas y exterminio  S-21, hoy convertido en museo, y a los verdugos, guardias que trabajaron allí entre 1975-1979. En un momento  del documental, el conductor de la trama, un pintor Camboyano  que sobrevivió al S 21 , pregunta a uno de los verdugos ¿por qué?, ¿cómo?, ¿por qué y cómo pudo torturar y matar  a gente que sabía inocente, muchos de ellos vecinos suyos?, la  contestación del verdugo, “cumplía órdenes del partido”, recuerda a lo que contestaban los verdugos nazis cuando fueron interrogados en Núremberg, a lo que contestó Eichmann cuando fue juzgado en Jerusalén “yo sólo cumplía órdenes del partido” “yo sólo era un funcionario que hacía su trabajo”.   
 


S 21 la maquina roja de matar from fabian zuniga on Vimeo.



 -El infierno de los Jemeres Rojos. Testimonio de una superviviente. Denise Affonco. Libros Asteroide. 242 páginas. 17 euros.
-Documental de Informe semanal a raíz de la muerte de Pol Pot en 1998
 

martes, 23 de julio de 2013

Territorio comanche





En 1833, movidos por el espíritu de aventura y las promesas de  tierras gratis, la familia Parker viaja desde Illinois a Texas en una  caravana de carretas. Los Parker formaban parte de la oleada de colonos que puso rumbo al oeste de Estados Unidos en busca de tierras y oportunidades después de  la compra  de Luisiana a los franceses en 1803. Con la compra de Luisiana, el gobierno estadounidense adquirió alrededor de  dos millones  de kilómetros cuadrados de  tierra salvaje. La enorme extensión comprendía lo que hoy conocemos como Arkansas,  Misuri, Iowa, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Minnesota, gran parte de Dakota del Norte y Dakota del Sur, parte de Nuevo México, el norte de Texas, y parte de Montana, Wyoming y Colorado. No era mala  parcela la que  se compró Thomas Jefferson.
En 1835 el clan Parker se establece en el centro de Texas, cerca de la actual ciudad de Mexía y construye un fuerte. Los  Parker, sumando las tierras concedidas a cada cabeza de  familia  se habían hecho con un total de seis mil quinientas hectáreas (sesenta y cinco kilómetros cuadrados) de tierra fértil llena de bosques de roble y grandes praderas en las que abundaba el agua, la caza, la pesca, las manadas de bisontes y los indios comanches, la tribu más hostil y belicosa de América del Norte. Los comanches mantuvieron a raya durante años al resto de tribus de la zona y al hombre blanco gracias a su dominio del caballo y de la guerra.

La mañana del 19 de Mayo de 1836 una de las pequeñas del clan, Cynthia Ann Parker, de nueve años,  juega en los alrededores de la empalizada mientras los hombres trabajan en los campos de maíz y las mujeres laboran en el interior del fuerte incomprensiblemente abierto de par en par. Reciben la visita de una banda de comanches que les piden comida y agua, los hombres se acercan y enseguida caen abatidos por las  lanzas y  flechas, antes  de morir les cortan los genitales y les arrancan las  cabelleras. Las mujeres corren despavoridas pero enseguida son alcanzadas por los indios, la abuela del clan es clavada al suelo con lanzas y violada  repetidamente. Un  bebé que no para de llorar es arrancado de los brazos de su madre y degollado. Cynthia Ann Parker es  hecha cautiva y conducida al campamento indio, allí es  testigo de cómo su tía es violada y torturada por los comanches. Rachel Parker, la  tía de Cynthia fue liberada meses después. Cynthia Ann permaneció cautiva de los comanches veinticuatro años. A los pocos meses había olvidado el inglés y había adoptado la lengua y las costumbres de los comanches, hasta el punto de que se casó con el jefe comanche Peta Nocona con el que tuvo tres hijos, uno de los cuales, Quanah , fue el último guerrero caudillo de los comanches, el último que se rindió al hombre blanco.
 
 
Cynthia Ann Parker con su hija Flor de la Pradera tras ser
 "liberada" de los comanches.
 
  
 La historia del secuestro y cautiverio de Cynthia Ann Parker corrió como la pólvora por la costa  este y los  asentamientos de colonos del oeste. Comerciantes, cazadores y exploradores decían haber visto a la comanche de ojos azules, la realidad se  empezó a fundir con la leyenda. La leyenda de Cynthia Ann Parker dio origen un siglo después a uno de los westerns más bellos de la  historia del cine, a una de las  películas más hermosas y emocionantes que yo he visto, Centauros  del desierto de John Ford, en la que John Wayne interpreta al tío de Cynthia Ann,  James Parker, que la buscó durante diez años. Sin embargo la realidad suele ser más árida y compleja que la ficción y la leyenda.  En la realidad de Cynthia Ann Parker no hay final feliz, no es devuelta por su voluntad a su familia mientras suena la música de Max Steiner, no aparece entre el polvo  del desierto de Texas llevada a caballo por John Wayne, no es felizmente entregada a sus tíos, que la ven llegar desde el porche de la  casa. Qué gran película.
En 1860 cuando su hijo mayor Quanah tenía 12 años, Cynthia Ann fue capturada por los rangers durante un ataque a su poblado, ataque en el que fueron asesinados (con parecida saña a la que usaron los comanches  en 1836 con su familia biológica) todos los miembros de su tribu incluido su marido. Sólo sobrevivieron ella y su hija pequeña Flor de la Pradera, sus ojos azules la delataron como la  Squaw blanca. Quanah consiguió escapar. Cuando Cynthia Ann Parker fue devuelta a los suyos tenía 34 años, durante su cautiverio se había  escondido y escapado del hombre blanco en varias ocasiones por miedo a que la devolvieran a los de su raza.  Algo que dejaba perplejo al hombre blanco, que en su ciego etnocentrismo no era capaz de entender cómo una blanca, pudiendo escoger entre la civilizada, industrializada y cristiana cultura europea, y la primitiva cultura comanche, prefería  la segunda. Cynthia Ann no  consiguió adaptarse a “los suyos”, intentó huir y volver con los comanches sin éxito. Se encerró en sí misma y cayó  en una profunda depresión,  su familia y allegados concluyeron cómodamente que se había vuelto loca. Su hija Flor de la Pradera murió  de unas fiebres tiempo después de ser devuelta a los blancos. Cynthia Ann dejó de hablar y de comer y murió en 1870. Su hijo Quanah, el último comanche, siguió dando guerra hasta que fue confinado en una reserva en 1875.

La historia de Cynthia Ann Parker y de su hijo Quanah es el hilo conductor del magnífico ensayo de S.C. Gwynne, El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches. He disfrutado mucho con este libro. Un libro que como dice una crítica del New York times deja polvo y sangre en los vaqueros, y que cuenta el auge  y la caída de una  civilización, de  una  cultura ancestral aplastada por otra nueva.
 
Probablemente la desaparición de  la  cultura  comanche ya era un hecho cuando el Mayflower llegó a las costas de Massachusetts en 1620, desde que los primeros colonos pisaron aquellas tierras de la costa este  y se  las  quedaron convencidos de que el etnocentrismo y el  “Destino  manifiesto” les daba derecho a ello. Luego siguieron llegando y no se  conformaron con las colonias de la costa  este, así que siguieron hasta  los Apalaches los  atravesaron y siguieron avanzando y llegando, en su avance tropezaban con las tribus indias (unas  más  hostiles que otras)  a las que masacraron sin piedad a medida que se acercaban a la  costa oeste. Hasta que llegaron a territorio comanche, la comanchería, allí los indios guerreaban a caballo y eran los mejores jinetes y guerreros que jamás  había visto el hombre blanco, además los mustangs que montaba eran más rápidos  y fuertes que los de los rostros pálidos.  Aunque parezca mentira, los aparatosos fusiles de un sólo disparo de los colonos que era necesario volver a cargar bajando del caballo no podían competir con los arcos que los comanches usaban con gran rapidez y precisión desde sus monturas. Durante un tiempo parte de la  comanchería fue territorio impenetrable. Incluso el gobierno estadounidense se planteó renunciar a esas tierras y dejárselas a sus dueños, los comanches.  Pero ya se  sabe, el destino manifiestamente manifiesto era providencial para los colonizadores; las enfermedades, las  armas de repetición, y la  caza indiscriminada del búfalo hicieron el resto.


 

Se suele hablar del  curso de la  historia y del mencionado "Destino manifiesto" a la hora de justificar lo que ocurrió con los nativos durante la conquista y colonización de  América. Parece que hay discrepancia  entre los expertos e historiadores en la  materia a la hora de hablar de genocidio indio. Muchos opinan que no es el término más adecuado  para explicar la desaparición de  los indios americanos y su cultura, ya que la  principal causa de muerte de los nativos americanos no fue la guerra o las matanzas indiscriminadas sino las enfermedades, parece que la  gran mayoría  de los indios americanos murieron a causa de enfermedades traídas por los europeos. En mi opinión, aunque esto fuera así,  no nos deja en mejor lugar como cultura o como civilización. Enfermedades, guerras, matanzas,  expolio natural... Se mire por donde se mire  el carácter de la conquista y colonización de los europeos en las tierras primitivas fue brutal, y no sólo en América. Esta es una de las muchas cuestiones que plantea este libro que los amantes  de la historia disfrutarán, un libro que rompe varios mitos y tópicos respecto a la cuestión india en Norteamérica.  Los amantes de la historia y del western lo disfrutaran doblemente, porque aunque este ensayo no se apoya en la  ficción ni en la leyenda, evoca continuamente los grandes clásicos del género que recrearon a su manera la historia de la formación de un país. No  perdáis de vista El imperio de la luna de agosto.Auge y caída de los comanches, y ya que estáis, y para desengrasar, pegaros un chute de ficción y de  leyenda viendo Centauros del desierto.



Saludos cordiales.  

-El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches. S.C. Gwynne. Editorial Turner. 2011. 486 páginas. 28 eurazos. De momento no hay edición de bolsillo.

Otros libros sobre el tema:

-El imperio comanche. Pekka Hamalainen. 2013. Editorial península.
-Indios Norteamericanos. Gregorio Doval. 2009. Editorial Nowtilus.
-La conquista del oeste. Gregorio Doval. 2009. Editorial Nowtilus.
 

martes, 26 de marzo de 2013

Apocalypse Now, un viaje a El corazón de las tinieblas




Buscando unos libros de cine en la biblioteca hace unos días me tropecé con Con el corazón en tinieblas.Un diario íntimo de Apocalyse Now, el diario que llevó la mujer de Coppola, Eleonor Coppola, durante el rodaje en Filipinas de la mítica película sobre la guerra de Vietnam que casi acaba con Coppola y con todo su dinero. Después de leer el libro en el que la esposa del director relata un rodaje infernal, he vuelto a ver la película en las dos versiones, el montaje de 1979 y el del director de 2001, y he vuelto a leer El corazón de las tinieblas, la novela de Conrad en la que se basa la película. Una cosa ha llevado a la otra y la otra a la de más allá y llevo tres semanas a vueltas con el tema, leyendo cosas sobre el asunto, entre Vietnam y el Congo Belga.


Óleo de Ángel Mateo Charris para la edición ilustrada de El corazón de las tinieblas.
(Galaxia Gutenberg. 2007)



Con la buenas películas pasa como con los buenos libros, nunca terminan de decir lo que tienen que decir, no es lo mismo abordarlos con dieciséis que con veinticinco o cuarenta, uno se va haciendo como persona y como lector y su perspectiva cambia, lo que en un principio pasa desapercibido o uno no entiende cobra fuerza y se esclarece a medida que crece, vive, lee y vuelve a ver y releer una peli o un libro elevados a la categoría de clásico. La primera vez que vi Apocalypse Now no me gustó demasiado, sobre Vietnam las había con más acción, ésta era un poco lenta, mucha voz en off, el Willard y sus comidas de tarro, demasiado oscura y críptica, demasiado filosófica para un chaval de dieciséis años que no sabía nada de la guerra del Vietnam y apenas había leído. Con el tiempo fui acomulando lecturas y vivencias , leí El corazón de las tinieblas y libros de historia contemporánea que hablaban sobre el colonialismo durante el siglo XIX y también sobre la historia de EEUU y sobre la guerra del Vietnam, entonces la película fue cobrando fuerza y sentido al igual que el libro y ambos se convirtieron en títulos fundamentales a los que vuelvo cada cierto tiempo.

El Coronel Kurtz es un oficial intachable del ejército de EEUU, un boina verde que sirve en la fuerza especial durante la guerra de Vietnam. En misión humanitaria acude con sus hombres a una aldea a vacunar a unos niños contra la polio, tras abondonar el lugar, un anciano les alcanza llorando pidiéndoles que vuelvan. Al volver a la aldea se encuentran con que el Vietcong ha llegado poco después de que ellos se fueran y ha cortado los brazos vacunados de los niños “allí había una enorme pila de pequeños brazos”. Tras el impacto y el horror inicial, Kurtz tiene una revelación, se da cuenta de que jamás ganarán aquella guerra a pesar de su superioridad logística y armamentística, a pesar de que EEUU sea la primera potencia mundial y Vietnam un país subdesarrollado, “ellos eran más fuertes que nosotros” "han tenido la fuerza y la voluntad para hacer eso". A raíz de este hecho, la brillante carrera militar de Kurtz empieza a torcerse, deja de obedecer órdenes del alto mando y empieza a hacer la guerra por su cuenta, se sale del programa pasándose la burocracia de la guerra y “las buenas maneras” por el arco del triunfo, la guerra es una salvajada, seamos salvajes. Kurtz dirige su versión de la guerra desde un viejo templo Camboyano, sus tropas están formadas por soldados americanos renegados y por una tribu de indígenas a los que ha entrenado y que le adoran como a un Dios. Kurtz se ha convertido en un problema, en una mosca cojonera para los generales y los burócratas que hacen la guerra en los despachos. Encomiendan a Willard, un oficial de inteligencia atormentado por la guerra, remontar el río en una patrullera hacia el interior de la selva, encontrar el reducto de Kurtz y matarlo, el coronel se ha vuelto loco, utiliza métodos absurdos, es un perdido para el cuartel general. Willard se extraña de que esta vez su misión sea matar a uno de los suyos, un coronel nada menos, un héroe de guerra lleno de condecoraciones, dicen que se ha vuelto loco, que mata sin ningún control. Willard duda “acusar aquí a alguien de asesinato es como poner multas por exceso de velocidad en el circuito de Indianápolis” (las matanzas de civiles por parte del ejército estadounidense eran habituales) finalmente Willard acepta la misión.

Siempre se ha dicho que Apocalyse Now es una película antibelicista y antimilitarista, yo no lo veo así, en mi opinión no es un film político o una película de denuncia, o una crítica a la intervención de EEUU en Vietnam. El propio director siempre se desmarcó del supuesto compromiso político que algunos quisieron ver en la película, “Esta película no es antimilitarista. No va en contra de EEUU. No va a favor de EEUU, va a favor de la humanidad” escribía un frustrado Coppola al Departamento de defensa (no les gustaba nada el guión claro) harto de que le negaran apoyo, en la misma carta les reprocha cómo se habían volcado con la maniquea y patriotera Boinas Verdes de John Wayne.

La película trata de los horrores de la guerra, de la bajada a los infiernos que supone, de la ausencia de ética, moral y humanidad que hay que tener para ganarla, de las cicatrizes que deja en el alma, del mal que hay en potencia dentro de cada corazón humano, de lo hipócrita que es la burocracia a la hora de matar, de lo delgada que es la línea entre lo civilizado y lo salvaje, y de lo salvaje que puede ser la civilización. Apocalypse Now es la historia de un viaje, de una involución de lo civilizado a lo primitivo. La película hace hincapié en la frustración de los jóvenes norteamericanos que participaron en aquella guerra, jóvenes que fueron enviados a un país del que nada sabían y al que nunca consiguieron adaptarse. Mientras las tropas estadounidenses seguían haciendo vida americana en la retaguardia y en los momentos de descanso (sexo, drogas y rock and roll incluidos)  el Vietcong se agazapaba en la jungla o en los túneles subsistiendo a base de agua y arroz, tenían todo el tiempo del mundo para esperar al enemigo.



Fotografía de una escena tomada durante el rodaje de Apocalypse Now. Willard llega al reducto de Kurtz.



La guerra de Vietnam duró once años (1964-1975). EEUU llegó a tener medio millón de soldados en Vietnam, se dejaron un pastón, 120 mil millones de dólares, usaron armas terribles (napalm, herbicidas, armas químicas) y bombardearon de manera sistemática las ciudades del norte. Todo fue inútil contra una naturaleza salvaje y un pueblo tenaz e inagotable. Los norteamericanos perdieron 58.000 hombres, los norvietnamitas 700.000, pero ganaron, consiguieron echar de su país a la mayor potencia del mundo. Los excesos de la guerra de Vietnam provocaron protestas internacionales y una gran crisis de valores en la sociedad norteamericana. Las manifestaciones antibelicistas, los desertores, la contracultura, el hippismo y el recrudecimiento de las protestas por los derechos civiles  fueron algunas de las consecuencias sociales de la guerra del Vietnam en EEUU.  La versión oficial del gobierno de Whashington para justificar la intervención en Vietnam fue la de la lucha contra el comunismo, parece que el intento de sustituir a Francia en la explotación de las riquezas mineras de la zona también tuvo que ver en el asunto.
Apocalypse Now es una adaptación libre de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. Conrad se basó en su experiencia en el Congo colonizado y devastado por el rey Leopoldo II de Bélgica para escribirla. El libro escrito en 1899 es un reflejo del Congo Belga en la década de 1880. Bajo el imperio del rey Leopoldo de Bélgica fueron masacrados diez millones de nativos. En El corazón de las tinieblas Conrad se basa en su conocimiento directo para denunciar o criticar con amarga ironía los excesos de la civilización occidental en la colonización de las tierras primitivas. El argumento de la película de Coppola es similar al de la novela de Conrad; un marinero llamado Marlow es contratado para remontar el río Congo en busca de Kurtz, el jefe de una explotación de marfil que se encuentra gravemente enfermo. Al igual que en la película la figura de Kurtz se va mitificando a medida que el viaje al corazón de la jungla avanza. Conrad aprovecha este contexto para abordar los temas que le obsesionan: la soledad humana, la lucha que afronta el hombre con sus instintos más primarios cuando se encuentra aislado en territorio salvaje, y el poder de la naturaleza  para desatar en determinadas circunstancias  los “instintos olvidados”. Sobre su experiencia en el Congo y la influencia que tuvo en su literatura Conrad escribió:

“Toda la amargura de aquellos días, todo mi maravillado asombro en cuanto a todo lo que vi; toda mi indignación por la filantropía enmascarada, han estado de nuevo conmigo mientras escrbía"

Conrad  basó el personaje Kurtz en varios tipos que conoció en el Congo, el Kurtz de la novela igual que el de la película ha entrado en contacto con lo salvaje, con la anarquía del mundo sin civilizar y se ha dejado llevar por esa fuerza oculta. Novela y película hablan de lo mismo en esencia, pero el contexto social e histórico en que fue desarrollada cada obra hace que ambas toquen muchos temas relacionados con la historia contemporánea; el imperialismo, la guerra moderna, la cultura occidental, etc. Los temas dan para veinte entradas, aparte de cuestiones históricas y políticas hay turrón filosófico ahí para parar un tren. Lo bueno de las buenas películas y los buenos libros es que invitan a leer otros libros y a ver otras películas, llevo tres semanas de aquí para allá, os dejo anotadas algunas de las cosas que he leído sobre el tema por si os interesa, y espero que le peguéis un buen revolcón a estas dos obras maestras.

Saludos cordiales.

-Sobre el rodaje de la película os recomiendo el mencionado Con el corazón en tinieblas. Un diario íntimo de Apocalyse Now de Eleanor Coppola. La edición es de emecé cornucopia y es fácil que lo encontréis en la sección de cine de cualquier biblioteca municipal, en la Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares lo tienen. El libro cuesta 16 euros. También he leído el libro de Peter Cowie sobre la película, El libro de Apocalypse Now. La historia de una película mítica. Lo edita Paidós y también lo encontré en la biblio. Éste cuesta 27 euros. Si en lugar de leer preferís un documental, no os perdáis Hearts of Darkness. Corazones en tinieblas. 1991, un lujo. Está completo en vimeo, aquí va el enlace: http://www.teledocumentales.com/corazones-en-tinieblas-el-apocalipsis-de-un-cineasta-subitulado/

-Ficha de la película: http://www.filmaffinity.com/es/film701892.html y para abrir boca http://www.youtube.com/watch?v=SLnqTZeij_Q , invito a unos cubalibres al que me diga una película en la que se haga mejor uso de los helicópteros.

-Sobre la guerra de Vietnam hay monografías, documentales y libros a porrillo, pero hay un libro fundamental sobre el tema, Despachos de guerra de Michael Herr, lo edita Anagrama y en amazon lo tenéis por 13 eurillos.

-De Joseph Conrad os recomiendo Lord Jim y El corazón de las tinieblas, que son los que he leído, el resto de su obra la tengo en pendientes y caerá antes o después. La edición ilustrada de El corazón de las tinieblas de Galaxia Gutenberg espero que me la regalen por mi cumpleaños...ejem...
-Cualquier manual de historia contemporánea trata el tema del imperialismo, para afinar más sobre la cuestión de África que trata Conrad en su novela recomiendo África desde 1800, editado por Alianza. La novela de Vargas Llosa El sueño del Celta trata el tema del Congo Belga en el siglo XIX, y está muy bien. Cuenta la historia del cónsul británico Roger Casament, conocido por ser el primero en denunciar los abusos (salvajadas más bien) perpetrados por el sistema colonial administrado por el rey de Bélgica Leopoldo II en el Congo. El horror... 



domingo, 10 de marzo de 2013

El western y la cuestión india

La primera película del oeste en la que  vi que se trataba a los indios con dignidad y respeto fue Flecha rota (1950) de Delmer Daves, con James Stewart haciendo de explorador y Jeff Chandler de jefe apache Cochise. Fue el primer western en el que un indio y un blanco intentan entenderse y se hacen amigos, la primera vez que al encontrarse, en lugar de darse un hachazo o pegarse un tiro se preguntan ¿y tú qué?, el primero que huyó del maniqueísmo ramplón y racista que solía  abundar en el género; el blanco bueno y el indio malo, el soldado del séptimo, el sheriff justiciero, el colono aventurero, el héroe por un lado y el indio gritón, zarrapastroso,  cruel y tiraflechas por otro. El western, sobre todo  en su primera etapa, fue un género que tendió a la épica y a la leyenda, dejando a un lado el rigor  histórico y pasando por alto los episodios más lamentables de la  conquista del oeste norteamericano, el impacto ambiental, y las  matanzas de indios sobre todo.  Flecha rota es un western político, un alegato pro indio y antirracista que removió conciencias en una Norteamérica metida en pleno conflicto de la segregación racial.  La película además creo tendencia, los westerns empezaron a cambiar el tono a la hora de tratar la cuestión india, de lo burdo  y ramplón pasaron a  un tono más humano, más reflexivo, más justo. La primera vez que vi Flecha rota en color  fue en la Filmoteca Española, antes la  había visto en la indestructible televisión en blanco y negro que estuvo en casa de mis padres hasta bien entrados los años ochenta. La  he vuelto a ver hace poco en casa, en Dvd, con mi novia, una tarde de sábado arrebujados en el sofá mientras en la  calle hacía un frío de pelotas y tomábamos un chocolate caliente, un lujo, cuando me preguntan si soy feliz suelo contestar que a ratos, esos son los ratos a los que me refiero.
Me he acordado del western pro indio porque he estado releyendo algunos capítulos de  Breve historia de los indios Norteamericanos de Gregorio Doval, un librito muy recomendable. El libro es una introducción a la cuestión india en Norteamérica que abarca desde la aparición de los primeros asentamientos de colonos con la llegada del Mayflower  a Masschussetts  en 1620,   hasta el final de  la  conquista del oeste hacia 1890.  En dos siglos, los indios  norteamericanos fueron despojados de sus tierras, diezmados por las  enfermedades, esclavizados y aniquilados, el hombre blanco terminó a conciencia con la principal fuente de su sustento y base de su cultura, el búfalo, condenando a los indígenas a morir de hambre y a aceptar con sumisión su confinamiento en las reservas. Bajo la épica de los colonos, del ferrocarril y de la fiebre del oro que  ensalzaban los primeros westerns, se escondía el drama de los nativos, la destrucción de una cultura ancestral para  crear otra nueva y “civilizada”. Como digo, el género entonó su "mea culpa", con el western pro indio empezó la  desmitificación del género que acabó con el western crepuscular. Luego, cada cierto tiempo  llegaron coletazos de animal moribundo.

Flecha rota (Broken Arrow). Delmer Daves. 1950. 


Voy poco al cine la verdad, muy poco, no estoy muy al día de los estrenos, me  he vuelto un sedentario y me  da  pereza, antes iba más, cuando trabajaba en Madrid iba a la filmoteca una o dos veces a la semana a ver pelis de ayer y de hoy por dos euros, pero ya no trabajo en Madrid y me pilla lejos. En Alcalá de Henares, donde vivo, hace no muchos años había un cine al  lado de mi casa y  a 15 minutos andando desde mi casa, en el centro, había tres o cuatro, ya no queda ninguno. Ahora para ir al cine tengo que coger el coche, irme al quinto coño, atravesar un centro comercial y  aguantar a un tío delante rumiando  nachos, además es caro para como anda mi economía últimamente. Si me interesa mucho una peli hago el esfuerzo, pero no es lo habitual, espero a  que salgan en Dvd y me las veo en casa en la tele grande con las  persianas  bajadas. Lo último que he visto en el cine ha sido Django desencadenado, la de  Tarantino, dicen que es un western, pero es una película de  Tarantino, el estilo de este  tío está por encima de cualquier género que aborde, en ésta hay guiños al western clásico y al espagueti, pero no es un western, es una peli de  Tarantino, lo que está claro es que Tarantino se conoce el género de pe a pa. Como me gusta Tarantino me gustó Django desencadenado, menos que  Pulp Fiction y más  que Malditos  bastardos, la única pega que le pongo es el metraje, en mi opinión con media hora menos habría salido una peli mucho más redonda.
Volviendo al tema del western y de la cuestión india, aquí en España también tuvimos western y cuestión india, ya sabéis; Colón, Los Reyes Católicos, Hernán Cortés, Pizarro y toda la cuchipandi. En lugar de las rocosas, atravesamos el Atlántico, y en lugar de llegar a Oregón y California, descubrimos y conquistamos un continente nuevo, con matanzas de indios incluidas claro, con mucha crueldad hacia los nativos.  Al menos aquí para contrarrestar las racias de Cortés y  Pizarro, tuvimos al fraile Bartolomé de las Casas, que fue el primero que habló de igualdad y que se planteó lo que nadie se planteaba en Europa en aquellos años, lo que no se plantearon quienes colonizaron Norteamérica dos siglos después, que los nativos de  las indias eran tan humanos como los europeos. Pero en fin, esa es otra historia.
Os dejo ya, no sin apuntaros algunos westerns que abordan el tema y algo de literatura sobre el asunto.

Saludos cordiales.

-Hay dos libros de Gregorio Doval muy recomendables para quién quiera introducirse en el tema y tener una visión general, son el ya mencionado Breve historia de los indios Norteamericanos y Breve historia de la conquista del oeste, editados por Nowtilus.

- Para afinar un poco más; Los indios norteamericanos. Mitos y leyendas. Barcelona. Abraxas. 2003.
El nacimiento de los Estados Unidos. 1763-1816.Madrid. Alianza. 2006.
La formación de América del Norte. Madrid.  Alianza.2007.

-No perdáis de vistas estos westerns que tratan de una forma más reflexiva, humana y rigurosa la cuestión india.  La venganza de Ulzana creo que es la mejor película del oeste que se hizo en los 70, Burt Lancaster, igual que en Apache, está tremendo. Si Flecha Rota metía el dedo en la llaga de la segregación racial, Ulzana´s Raid, rodada  en el contexto de la contracultura,  las drogas, y el hippismo, lo metía en la todavía supurante llaga de La Guerra del Vietnam. Se ha convertido en peli de culto.  En contra de lo que mucha gente piensa, el western, lejos de ser un género estanco, rancio y patriotero, supo crecer y adaptarse a los tiempos.







Apache. Robert Aldrich.1950.



El gran combate (Cheyenne Autumn). John Ford. 1964.



La venganza de Ulzana (Ulzana´s Raid). Robert Aldrch. 1972.
Bailando con lobos (Dances with Wolves). Kevin Costner.1990.