Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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domingo, 21 de septiembre de 2014

Katyn, de Andrzej Wajda

En agosto de 1939 la Alemania nazi y la Rusia comunista firmaron en el Kremlin el llamado Pacto de no agresión, un acuerdo que además de clausulas de no agresión mutua, invitaba a estrechar vínculos comerciales y económicos entre los dos países. Años después se ha sabido que la firma del acuerdo entre nazis y comunistas fue mucho menos fría de lo que cabía esperar entre enemigos irreconciliables. Parece que la cosa estuvo bastante distendida la noche del 23 al 24 de agosto. Ribbentrop, ministro de exteriores del Reich informó de que se había sentido como en casa y entre amigos, y Stalin, en el brindis, no escatimó elogios a Hitler y al pueblo alemán.
El 1 de septiembre de 1939 los nazis invadieron Polonia por el oeste  y el 17 los comunistas soviéticos hicieron lo mismo por el este. Había empezado la Segunda Guerra Mundial. El 28 de septiembre Adolf  Hitler y Josef Stalin firman un nuevo pacto llamado Tratado germano-soviético de fronteras y amistad, en el que delimitan las fronteras de Polonia y se la reparten. En 1941 a Adolfo y a Pepe se les rompe el amor de tanto usarlo. Adolfo  rompe el pacto con Pepe y se lanza a invadir Rusia, fue el principio del fin para los nazis.

Imagen de Katyn, de Andrzej Wajda. 2007.





La ocupación y reparto de Polonia entre los enemigos íntimos tuvo consecuencias terribles para el pueblo polaco. Dos episodios han pasado a la historia en este sentido, la creación del gueto de Varsovia por parte de los nazis, que fue el comienzo de lo que luego sería la Solución Final, y la matanza del bosque de Katyn por parte de los comunistas soviéticos. Sobre el primer episodio ha habido luz y taquígrafos durante años; libros, películas y documentales han hablado del tema. Sobre la matanza del bosque de Katyn ha habido oscuridad, silencio y manipulación  (la propaganda comunista intentó culpar a los nazis durante años) hasta que en 1990 Rusia reconoció la masacre sacando a la luz la orden de los asesinatos masivos firmada en 1940 por Stalin y otros miembros del politburó soviético.
Entre abril y mayo de 1940,  22000 prisioneros polacos, entre los que se encontraban militares, intelectuales, funcionarios, religiosos, periodistas y profesores de universidad, fueron asesinados por orden de las autoridades soviéticas. El objetivo de Stalin como el de Hitler era terminar con los cuadros de funcionarios civiles, militares e intelectuales polacos para impedir una respuesta del pueblo polaco contra las nuevas autoridades.
 Este rollo viene a cuento porque hace unos días he visto Katyn, la película del director polaco Andrzej Wajda basada en estos hechos. El padre de Wajda fue unos de los ocho mil oficiales polacos asesinados de un tiro en la nuca en el bosque de Katyn. La película es técnicamente impecable y las interpretaciones son muy buenas, Katyn arranca muy bien,  luego se atasca y se enreda en personajes y subtramas que la lastran un poco para terminar con un final magnífico y demoledor. El esfuerzo del director por recrear aquella tragedia siendo fiel a la historia y poniendo luz a un hecho que hasta hace no muchos años casi no aparecía en los libros de historia da resultado. Katyn es una denuncia y un recordatorio de aquel horror en el contexto de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, y una reflexión sobre la historia, la manipulación, el poder de las ideologías y la naturaleza humana.


Ficha de la película

jueves, 17 de abril de 2014

El mundo de ayer, de Stefan Zweig



“Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación  y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobretodo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea. Me he visto obligado a ser testigo indefenso e impotente de la inconcebible caída de la humanidad en una barbarie como no se había visto en tiempos y que esgrimía su dogma deliberado y programático de la antihumanidad. Después de siglos, nos estaban reservadas de nuevo sin declaración de guerra, campos de concentración, torturas, saqueos indiscriminados y bombardeos de ciudades indefensas; bestialidades que las últimas cincuenta generaciones no habían conocido y que ojalá no conozcan las futuras. ”
“En realidad yo, que desde hacía tiempo me había consagrado en cuerpo y alma a la literatura, no estaba interesado en ninguna de las ciencias que se enseñaban con vistas a una carrera, incluso albergaba una secreta desconfianza-que hoy todavía no ha desaparecido-hacia toda actividad académica. Para mí el axioma de Emerson, según el cual los buenos libros sustituyen a la mejor universidad, no ha perdido vigencia, y sigo convencido hasta hoy de que se puede llegar a ser un extraordinario filósofo, historiador, jurista y cualquier otra cosa sin tener que ir a la universidad, ni  si quiera al instituto.”
-El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Stefan Zweig.
 
 
Llevaba años encontrándome  con el nombre de Zweig  en ensayos, novelas y libros de historia sobre el siglo XX. Llevaba años leyendo sobre Zweig y sus memorias, publicadas en España por la editorial Acantilado en 2001, llevaban mucho tiempo recomendándome este libro y tenía muchas ganas de leerlo. De Zweig sólo  había leído Carta a una desconocida, adaptada al cine por Max Ophüls en 1948, y Mendel el de los libros. A raíz de leer el magnífico ensayo de Margaret MacMillan sobre la Gran Guerra (1914 De la paz a la guerra) me picó el gusanillo todavía más porque cita las memorias de Zweig  varias veces.
 Stefan Zewig  nació en Viena en 1881,  en el seno de una familia de la alta burguesía, fue novelista, ensayista, biógrafo, viajero incansable y un gran observador de la realidad de su tiempo, no sólo de la realidad cultural y artística, también de la realidad cotidiana, la que se observa a pie de café o acodado en tascas y bares de mala muerte.  Desde su posición privilegiada fue testigo de los acontecimientos clave del siglo XX. Su narración abarca desde lo que él llama “La edad de oro de la seguridad” anterior a la Primera Guerra Mundial, hasta la llegada del desastre y el horror a partir de la Gran Guerra primero,  y la aparición del fascismo, el  nazismo  y la Segunda Guerra Mundial después. Zweig se relacionó  con la crema de la intelectualidad europea: Rodin, Rilke, Freud, Hoffmansthal, Richard Strauss, Schnitzrle, Rolland y Verhaeren, son sólo algunas de las amistades que cultivó.
El 22 de febrero de 1942, Stefan Zweig se suicidó junto a su esposa Charlotte en la ciudad brasileña de  Petrópolis, donde estaba exiliado desde 1941 y donde terminó de escribir estas memorias. Encontraron a la pareja en la cama, abrazados, en la mesilla de noche había un frasco de veronal. Zweig llevaba toda su vida viajando, primero por placer,  luego huyendo del nazismo. Era judío (por accidente, decía él)  y sus libros fueron prohibidos en la Alemania nazi en 1936. En 1942  estaba convencido de que Alemania ganaría la guerra y de que el nazismo se extendería por todo el planeta, no le gustó el panorama y decidió quitarse de en medio.
El libro es una maravilla, un paseo por la cultura, la política, la historia y la vida europea del siglo XX, sus 550 páginas se leen en tres tardes.  Es cierto que hay un exceso de  nostalgia y benevolencia hacia esa vieja Europa (1870-1914), hacia esa “Edad de oro de la seguridad” que Zweig, desde su posición social, pinta demasiado idílica. No obstante creo que estas memorias son muy recomendables para cualquiera que quiera indagar en la historia del siglo XX.  
Ningún artículo sobre un libro dice más que el libro en cuestión, así que  vayan a la sección de biografía de la biblioteca del barrio, brujuleen por la z y disfruten de esta estupenda autobiografía.

sábado, 30 de noviembre de 2013

El imperio del crimen

 
 


Scarface, el terror del hampa. Howard Hawks. 1932.


Después de la Segunda Guerra Mundial, los índices de  criminalidad aumentaron considerablemente  en  todos los países que estuvieron implicados en el conflicto. Atracos a mano armada, asesinatos, contrabando, guerra entre bandas de gangsters, crímenes pasionales, asesinatos en serie  y violaciones ocupaban las páginas de los diarios de Estados Unidos, Francia, Alemania, Gran Bretaña y otros lugares. El fenómeno no era nuevo, ya se había dado tras la Primera Guerra Mundial, pero tras la segunda el tema  se recrudeció y  las alertas contra el crimen se activaron. En este sentido, el crítico de cine francés Noël Simsolo  aporta en su  magnífico ensayo  El cine negro  parte de un artículo muy interesante escrito  por el cineasta Erich Von Stroheim a finales de 1945.
“Los problemas de la guerra y de la posguerra son universales. Me marcho de los Estados Unidos, donde está causando estragos una ola de crímenes, llego a Francia y en la portada de todos los periódicos leo en grandes titulares: ALERTA CONTRA EL CRIMEN. He oído decir que en todos los países afectados por el conflicto ocurre lo mismo. Desgraciadamente, es una de las secuelas más horribles de la guerra. No es posible reunir impunemente a millones y millones de hombres, inculcarles una mentalidad asesina, entrenarlos física y moralmente en los métodos más modernos y más refinados de la supresión de su prójimo, enviarlos a probar la excelencia de estas técnicas en los países más remotos y pedirles que pierdan bruscamente las buenas costumbres adquiridas con tanto esfuerzo.”
Artículo de Erich Von Stroheim en la revista Ambiance. Diciembre de 1945.
 
Este clima de violencia que se dio entre las dos guerras mundiales y tras la segunda, aumentó el gusto por lo policíaco entre el gran público consumidor de cine y literatura popular. Películas y novelas se llenaron de detectives, gangsters, asesinatos y atracadores de bancos. Algunos países, preocupados  por la glorificación de los criminales que creían que se hacía en estas novelas y películas, tomaron medidas y exigieron a editores y productores finales ejemplarizantes. Se acusaba a estas historias de pervertir mentes e inducir al delito y al asesinato. En este ambiente aparece la Ley Hays, que censura el cine norteamericano desde principios de los años treinta hasta finales de los sesenta. Se prohíben las películas que rebajen la moral del espectador e inviten al vicio y a la maldad, se censuran las  que ridiculicen la ley natural y simpaticen con los delincuentes. Se prohíbe mostrar técnicas de robo o asesinato. Los directores toman nota y hacen trampas,  en lugar de mostrar insinúan, en lugar de ponernos un plano del malo apuñalando o apaleando a su víctima, sacan el vil acto de cuadro y la cámara sale por una ventana  y se centra en el tráfico de la calle, en una foto sobre la mesilla de noche,  o en un teléfono que suena, no vemos el crimen pero lo escuchamos o lo intuimos. Los censores siempre han pecado de subestimar la imaginación y el sentido común.
Salvo por parte de algunos que defendían su enfoque crítico, el cine negro era atacado y despreciado por buena parte de la crítica  por su amoralidad y su violencia gratuita. Algo parecido ocurrió a mediados de los años sesenta en el contexto de la guerra de Vietnam. Cuando el cine norteamericano se llenó de perdedores , violencia explícita,  sangre a borbotones y disparos a quemarropa,  la controversia sobre la violencia en el cine volvió a estar en la palestra.
En el cine negro encontramos dos tipos de malos, están los malos malos y los malos buenos. Los malos buenos suelen ser atracadores que sólo utilizan el arma como último recurso, tipos que salen de la cárcel o vuelven de la guerra y se encuentran un país devastado que no les ofrece ninguna oportunidad, tipos que buscan dar un último golpe y retirarse a vivir sin sobresaltos, tipos que tras reunirse  con sus compinches en una garaje  para planear un robo a una joyería o a un banco, vuelven a casa a cenar con la familia y le cuentan un cuento a su hijo antes de dormir. Estos, a pesar de estar al margen de la ley, se atienen a una moral, a una ética, a unos valores.
 
Tony (de pie, repeinado y con corbata), recién salido de la cárcel, prepara junto a sus compinches el robo de la joyería más protegida de París en Rififí  (Du rififi chez les hommes), la obra maestra escrita y dirigida en Francia  por Jules Dassin y estrenada en 1955.
  
Luego están los malos malos, que suelen ser gangsters de gatillo fácil que primero disparan y luego preguntan, los que son capaces de matar a un niño o a una ancianita para no dejar testigos, gente que disfruta del asesinato o que lo toma como algo que forma parte del oficio "no es nada personal, sólo negocio".  Estos se pasan por el arco del triunfo la ética, la moral, los valores y todo lo demás.
Esta dualidad del mal se aprecia muy bien en algunos clásicos del cine negro como Rififi de Jules Dassin, La jungla de asfalto de John Huston y El beso de la muerte de Henry Hathaway. Esta última la vi el mes pasado en la filmoteca, que dedicó dos meses a la filmografía del gran director. En El beso de la muerte tenemos a Richard Widmark haciendo de malo malo, y a Victor Mature haciendo de malo bueno.  Mature interpreta a un  atracador al que pillan tras robar una joyería y que negocia con la policía para poder salir de la cárcel y ver a sus hijas. Widmark, que debutó en esta película,  encarna a un gánster despiadado y psicópata de risa floja, y lo borda. Gracias a esta primera interpretación en el cine Richard Widmark obtuvo la única nominación al Óscar de su carrera. El beso de la muerte es de las pocas películas del período clásico en la que vemos al malo malo en plena acción. Normalmente en las películas de los años cuarenta y cincuenta sabemos que el malo malo es malísimo por su aspecto, por su reputación , por lo que cuentan de él. En esta película y en esta mítica escena, Tommy Udo (Richard Widmark) demuestra que su reputación no es una leyenda urbana. 

Tommy sale de la cárcel y acude en busca de uno de los soplones que le delató.
 
 
 Un peliculón, fue un lujo volver a verla en cine y en versión original. 
 
No perdáis de vista las películas mencionadas ni el estupendo ensayo sobre el cine negro de Noël Simsolo, un libro esclarecedor en muchos aspectos,  porque rompe con la tendencia, todavía demasiado habitual, de presentar el cine negro como un género estanco con fronteras muy delimitadas. Simsolo acude a las fuentes, a las literarias y a las cinematográficas, remontándose a la novela naturalista del XIX y al cine mudo. Se mire por donde se mire el delito y el asesinato siempre han estado presentes  en  la literatura ( y luego en el cine), desde la antigüedad con las tragedias griegas y los relatos bíblicos, hasta nuestros días con las novelas de James Ellroy. El primer crimen de la literatura lo tenemos en el Libro del Génesis, en el capítulo titulado  Caín y Abel, tenemos el crimen, la investigación, el culpable, el interrogatorio y la condena. De hecho en la Biblia están ya todos los géneros literarios. En literatura está todo inventado desde hace un montón de años.

Saludos cordiales.
-El cine negro (Pesadillas verdaderas y falsas). Noël Simsolo.  Alianza Editorial 2007. Probad en bibliotecas públicas, yo lo encontré. No obstante ya ha salido la edición de bolsillo a precios populares, 12,50. Noël Simsolo nacido en Périgueux Francia en 1944, es director, guionista e historiador de cine. El libro se publicó en Cahiers du cinéma en 2005. En 2007 Alianza lo publicó en España traducido por Alicia Martorell Lineras. Viene ilustrado con unas fotos cojonudas. Me lo voy a regalar.

-Ficha de películas mencionadas y recomendadas:
Scarface, el terror del hampa.
 Rififi
La jungla de asfalto
El beso de la muerte
 

martes, 25 de junio de 2013

Los nazis y el cine


Hace unos días fui a la biblioteca a devolver libros y a ver si tenían una peli que tenía ganas de ver, La zona gris de Tim Blake Nelson, la tenían. Cuando el bibliotecario me la dio y mientras rellenaba la ficha me dijo "esta le da mil vueltas a La lista de Schindler de Spielberg, ya me contarás". Pegamos un rato la hebra, hablamos de cine sobre el nazismo y le estuvimos haciendo unos trajes al Rey Midas de Hollywood y a su película sobre el Holocausto. Ni al bibliotecario ni a mí nos gusta mucho la peli de Spielgberg, pero lo dijimos bajito, en susurros, no fuera a ser que nos oyeran y nos fusilaran al amanecer por poner un cinco ramplón a la intocable, laureada y aclamada obra maestra del director estadounidense. También le dimos un repaso (y la dejamos hecha unos zorros)  a La vida es bella de Roberto Benigni,  estábamos  entre entusiasmados por tener parecida opinión de las dos intocables y acojonados por haber profanado el sanctasanctórum del cine sobre el nazismo. No suelo hablar aquí de películas y libros que no me gustan, esto no es un blog de crítica literaria y cinematográfica, pero tratar sobre el nazismo en el cine y no mencionar estas dos películas iba a ser un cantazo, y suavizar o esconder mi opinión de las mismas para no herir sensibilidades o levantar iras me parece bastante hipócrita. Así que vamos palante.
La lista de Schindler siempre me ha parecido una película espectacular en la forma y muy floja en el fondo. Creo que se queda en el aspecto visual, en la estética, en la espuma. Nos cuenta muy bien lo obvio; que los nazis eran muy malos y mataban judíos a cascoporro, mataban a muchos y muy bien, poco más nos cuenta Spielberg en mi opinión. En cuanto a personajes y argumento la película me parece bastante plana, de hecho parece que no hay personajes, por un lado los nazis presentados como deshumanizados y seres de otra especie o animales sedientos de sangre , y por otro los judíos dóciles, resignados, autómatas  casi, camino del matadero. Los judíos en esta película son un sólo personaje, lo mismo pasa con los nazis. Los únicos  que dan un poco de juego son los  dos protagonistas principales. Espectacular la fotografía, la puesta en escena, la banda sonora y el vestuario claro, a nivel técnico la película es muy buena. Pero en cuanto al tema que trata, el nazismo y el Holocausto, creo que se  queda en nada. La película no plantea  preguntas, ni crea debate, se limita a reafirmar lo que ya sabemos, que los nazis eran muy crueles y exterminaron a 6 millones de judíos. Spielberg lo aliña todo  con un héroe discutible, altas dosis de maniqueísmo y un chorrito largo de sentimentalismo en la escena final. En su día vendieron la película como cine de autor como la película que consagraría a Spielberg y lo sacaría del casillero de director comercial,  pero la película está hecha pensando en la taquilla y se nota, pensar en la taquilla cuando uno hace Indiana Jones está muy bien, de hecho es lo suyo, pero con un tema como el Holocausto me parece un pelín tramposo. Opinión de un servidor. Ya pueden fusilarme. 
Como sólo me pueden fusilar una vez voy a opinar mal sobre otra película intocable sobre el nazismo La vida es bella... no puedo con ella, me ha salido un pareado. La soporté hasta la mitad, una comedia a ratos simpática a ratos cursi, la cosa descarrila cuando llegan al campo de concentración y empieza el circo, aquello parece un parque temático.  Esta película siempre me ha producido  bochorno y  vergüenza ajena, cuando aparece en televisión instintivamente cambio de canal, con una vez tuve suficiente.  Todavía no entiendo cómo Benigni le pudo ganar el Oscar a mejor actor a Edwar Norton,  que también estaba nominado ese mismo año para el galardón por su papelón de neonazi en una película mucho mejor, Amerycan History X, pero en fin, así es Hollywood. Cuando le dieron el Oscar a Benigni algunos dijeron que Benigni había conseguido hacer una película vitalista y conmovedora sobre un tema tan dramático como el nazismo, dijeron que eso era rompedor, que nunca se había hecho en el cine. Ja. Chaplin (El gran dictador) y Lubitsch (Ser o no ser)  hicieron eso mismo cincuenta años antes pero con más arte más elegancia, más gracia y más respeto por el espectador. 
La zona gris (The grey zone). 2001. Tim Blake Nelson  “Antes de  llegar aquí solía  estar orgulloso de mi mismo, de lo que conseguí en mi vida, nadie sabe de lo que puede ser capaz, nadie ¿cómo vas a ser capaz de saber lo que harás para salvar la vida hasta que te enfrentas a ello?,  ahora ya lo sé, para casi todos la respuesta es cualquier cosa. Es tan fácil olvidar quiénes éramos y no volveremos a ser jamás. Nadie sabe de lo que puede  ser capaz  por sobrevivir”.
 Después de ver La zona  gris  suscribí la opinión del bibliotecario. La zona gris no se llevó ningún Oscar en 2001, pero  en mi opinión  le lame la oreja a la laureada Lista de Schindler.  Es el relato de uno de los comandos de judíos que los nazis emplearon  para ayudar al exterminio en los campos de la muerte durante la solución final. Estos comandos se dedicaban a conducir a los judíos a las cámaras de gas y a procesar e incinerar los cuerpos. A cambio de estos servicios, los judíos que pertenecían a estos comandos recibían ciertos privilegios; comida, tabaco,  y unas mejores condiciones de vida.  En lugar de ser gaseados nada más llegar a los campos de exterminio, eran ejecutados  a los cuatro meses y sustituidos por otros. En esta película,  los  judíos no son dóciles  autómatas  camino del matadero, algunos  se  rebelan,  luchan por sobrevivir, por sobrevivir  son capaces incluso de ayudar al  exterminio de  sus compañeros, son capaces de vivir en el infierno si eso les permite alargar la vida. La zona gris es un puntapié directo a los cojones del alma. Una historia terrible más de tantas de las que se  produjeron durante aquel horror. El holocausto fue un genocidio fríamente calculado, eficiente y a escala industrial en el que millones de inocentes fueron exterminados, ¿Hubo  lugar para la esperanza, el heroísmo y el optimismo? ¿ O sólo para  la lucha por la vida y la supervivencia?.
Lo  de presentar  a los nazis como  monstruos de  otro planeta incluso como tontos o locos gritones es  una tendencia  muy extendida en el cine bélico sobre la  segunda guerra mundial y en las películas  centradas en el Holocausto. Los nazis eran tan humanos como los judíos y los aliados, Hitler también  era de nuestra especie, eso fue parte del drama del Holocausto.  Hay varias  películas sobre el nazismo  que indagan en esto, en plantear  por  qués y cómos , en reflexionar sobre  cómo un tipo como  Hitler que en 1925 había escrito un libro como  Mein Kampf pudo llegar  al poder en Alemania en 1933 mediante elecciones. Películas que plantean cuestiones  como ¿hasta donde llegaron las responsabilidades del Holocausto?, ¿empiezan y terminan en los verdugos del partido y  las SS?, ¿alcanzaron al pueblo  Alemán?, ¿al resto de  potencias europeas  que reaccionaron tarde?, ¿al  Vaticano  que firmó un concordato con Hitler en 1933 y años después ante las matanzas miró para otro lado?, ¿a EEUU que colaboró con su industria  al rearme de los nazis?, ¿a los industriales alemanes que consintieron y callaron mientras se enriquecían?, ¿a la Unión Soviética que en 1939 firmó un pacto con Hitler? ...Estas  son las  películas sobre el nazismo que me  gustan, las que plantean estas cuestiones. Las que invitan a preguntar  y preguntarse.  Las que obligan a la reflexión moral y ponen a  prueba la capacidad crítica. Las que le ponen a  uno  patas arriba. Decía  Hannah Arendt, que de  nazismo sabía un rato, que intentar comprender no es  perdonar ni justificar.
Vencedores o vencidos de Stanley Kramer, La caída de los dioses de Visconti, Roma, ciudad abierta de Rossellini, Amén de Costa Gavras, La zona gris, El hundimiento,  Europa Europa, Europa y El pianista son algunas de las  que  me interesan y suelo recomendar cuando sale el tema. Ah! y un documental imprescindible, Shoah de Claude Lanzmann. Se aceptan discrepancias y recomendaciones.
Una de mis  favoritas es   Vencedores o vencidos (1961)  de  Stanley Kramer. La película trata sobre unos de los juicios celebrados en  Nuremberg  en 1948 contra cuatro jueces cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica. La película es atrevida, incluso vista hoy, porque permite explicarse a los dos bandos e indagar en la cuestión de la culpabilidad de la sociedad civil alemana, jueces, industriales y políticos incluidos. Es un error de bulto abordar el tema del nazismo e ignorar que Hitler contaba con un gran respaldo popular en Alemania.
 

 En esta película hay buenos y malos pero ambos explican sus razones en igualdad de condiciones.  Enorme película, y muy necesaria, Maximilian  Schell que interpreta al abogado de los jueces alemanes que contemporizaron con los nazis se sale, como habéis podido comprobar en el vídeo, y Richard Widmark que hace de fiscal de  la acusación, o Spencer Tracy de juez, sin olvidar a Burt Lancaster, Montgomery Clift y Judy Garland  que están enormes. 
Os dejo que me voy  a los Verdi a ver  Hannah Arendt, de la alemana Margarethe Von Trotta, tiene buena pinta,  ya os contaré.
 Saludos cordiales. 

-Ficha de algunas de las películas mencionadas y que recomiendo:

viernes, 8 de febrero de 2013

Andanzas librescas


Brujuleando hace unos días en la librería de un centro comercial, me enteré de que uno de los libros más vendidos de España es el de un presentador de televisión, para más señas el del presentador del programa más cutre, casposo y salchichero de la televisión patria. Al principio me llamó la atención que uno de los libros más vendidos en  España (el número 1 durante algunas semanas), no fuera el de alguien que se dedica a la literatura, el de un escritor bueno, malo o regular que escribe libros buenos, malos o regulares, sino el de un  presentador de televisión que presenta el programa  más cutre y embrutecedor de la tele española. Enseguida caí en que es normal que uno de los libros más vendidos en España sea el del presentador del programa de telecaca más exitoso de la televisión nacional, la cosa es de una lógica aplastante, el caso es que al final acabó llamándome la atención que aquello me llamara la atención.
Por lo que leí en la contraportada, el presentador de marras cuenta en el libro su peripecia vital, su lucha por la vida, la peripecia del presentador consiste en su llegada a Madrid para trabajar como periodista y su ascenso a la cumbre de la telebasura. El libro se vende como rosquillas.

¿Se ha vendido la literatura al marketing y a la industria del entretenimiento?, ya te digo…la literatura también se ha sumado desde hace tiempo a esa consigna de la que hablaba  Vicente Verdú en su ensayo El estilo del mundo y que es “Divertirse hasta morir”, y a esa banalización del arte y la literatura  de la que habla Vargas Llosa en La civilización del espectáculo, y que pone el entretimiento puro y duro, el pasarlo teta, el usar y tirar, por encima de todas las cosas. La cultura no vende, es un coñazo, hay que ponerle salsa para que la gente trague, la calidad queda en último plano, primero entretener, divertir, pasarlo chupi. La idea es conectar con el espectador en el caso del cine y con el lector si hablamos de literatura, que se ría cuando se tiene que reír que llore cuando tiene que llorar y que se emocione cuando toca, si esto lo aliñan con un poco de folleteo miel sobre hojuelas, cuidado con mascar la chapa, cuidado con ponerles en un aprieto, cuidado con incomodarles con crudas realidades,  cuidado con sacarles del esquema planteamiento-nudo-desenlace,  cuidado con hacerles pensar más de la cuenta, se aburrirán, cuidado con hacerles reflexionar, se cansan y no vuelven. ¿Os acordáis de Dickenslandia?. No digo que esté mal que el cine y la literatura busquen entretener, de hecho es recomendable que lo hagan, lo que mosquea es que de un tiempo a esta parte busquen única y exclusivamente eso, o que la mayoría busque exclusivamente eso en la literatura y en el cine.
El tema tiene miga porque abre un debate que obliga a preguntarse qué es la cultura, o qué es el arte, menudo lío, o qué era antes y en qué se ha convertido ahora,  o a distinguir entre alta cultura y cultura popular o cultura de masas, el carajal está servido.  Un tema interesante y polémico al mismo tiempo.
Pero estábamos en la librería del centro comercial. Después de enredar un rato por los más vendidos seguí brujuleado y me encontré con Aquel domingo un libro de Jorge Semprún. Llevaban tiempo recomendándome los libros de Jorge Semprún, sobre todo cuando salía el tema de la Segunda Guerra Mundial, de la guerra civil española, del nazismo o el comunismo. No había leído nada de Semprún,  cosas sobre él sí, entrevistas y documentales sobre su vida. Estuve ojeando la contraportada de Aquel domingo y me resultó más interesante que la del pelotazo editorial del presentador supersónico. De hecho,  por lo que he leído la peripecia vital de Jorge Semprún es bastante más interesante que la de la estrella televisiva,  porque Jorge Semprún fue testigo y partícipe de algunos episodios clave de la historia del siglo XX.
He disfrutado mucho con este libro, Aquel domingo no es una novela, es un libro de memorias. Un viaje desordenado que hace Semprún por su propia memoria, en el que reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la supervivencia, sobre el nazismo y el comunismo, sobre política, literatura y filosofía. Semprún parte del recuerdo de un Domingo de Diciembre de 1944  en el campo de concentración de Buchenwald, en el que fue hecho prisionero  durante la ocupación alemana por pertenecer a la resistencia francesa. Partiendo de este recuerdo Semprún pasea por su memoria, habla y reflexiona sobre su militancia en el partido comunista, sobre su vida clandestina, sobre su condición de preso privilegiado en Buchenwald, sobre el marxismo,  sobre lo parecidos que son los regímenes totalitarios de uno y otro color, sobre el siglo XX en definitiva.
 Leyendo “Aquel domingo” de Jorge Semprún me acordé de  Vida y destino de Vasili Grossman, un libro que leí hace tiempo y al que he vuelto ahora, Vasili Grossman fue un escritor y periodista ruso. Apoyó la revolución de 1917, y fue testigo como correponsal de guerra soviético durante la II Guerra Mundial, de las atrocidades de los nazis y de las del régimen de Stalin. El libro es consecuencia de esa experiencia vivida. Grossman intentó publicar Vida y destino a principios de los sesenta pero no le dejaron claro, la KGB destruyó el manuscrito, por suerte había más copias.
Vida y destino es una novela monumental, bueno,  no sólo es una novela,  también es un análisis político de la primera mitad del siglo XX, esta novela de Vasili Grossman, y las memorias de Jorge Semprún se reafirman en una misma idea, una idea que todavía sigue creando polémica:  nazismo y comunismo, aun partiendo de orígenes y tradiciones distintas, tienen  mucho en común y comparten un concepto, totalitarismo. Ambos fueron utopías totalitarias que aplastaron seres humanos con la promesa del paraíso en la tierra. Los que tengáis interés por la historia del siglo XX, no perdáis de vista Vida y destino, ni Aquel domingo de Jorge Semprún.
Os dejo, que esto se alarga y empieza en la tele un peliculón, Taxi driver, nada menos.

 Saludos cordiales.

-Os dejo un artículo sobre la vida y la obra de Jorge Semprún.
 http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/1733/Semprun_toda_una_vida_a_traves_de_su_obra
- Aquel domingo. Jorge Semprún. Tusquets (colección andanzas). 1999. 445 páginas. 20 euros. Los libros de Semprún son fáciles de encontrar en bibliotecas municipales.
- Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Guttemberg. 2007. 1104 páginas. 24,70. Hay una edición en bolsillo por 12,30 euros. Vida y destino es larga y dura de leer, en mi opinión es de las que entran mejor en invierno, tirado en el sillón al calor de la calefacción y la lámpara de pie mientras fuera llueve y hace frío,  que en verano tirado en la hamaca mientras el sol nos fríe la quijotera. Es sólo una sugerencia.
El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción. Vicente Verdú. Anagrama. 2003. 9,90 euros.
-La civilización del espectáculo. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2012. 16,60 euros.

domingo, 17 de junio de 2012

La guerra, madre: la guerra.

Este es Marte, el dios de la guerra. El cuadro lo
pintó Diego Velázquez en 1640, y está en El Prado
El otro día tomando copas con amigos, salió el tema del Cine Bélico. Cada uno habló de sus preferidas, y empezamos con las listas; las cinco mejores, las diez mejores,  las mejores sobre la primera y la Segunda Guerra Mundial, las mejores sobre la Guerra de Vietnam, las mejores sobre guerras más actuales. Entre las que comentamos salió La cruz de hierro de Sam Peckinpah, yo la ponía por encima de Salvar al soldado Ryan de Spielberg, ahí se armó el carajal, se formaron dos bandos, los unos y los otros, (esto es muy español) y estuvo la cosa muy divertida. Es cierto que las escenas de los combates de La cruz de hierro son bastante salchicheras en comparación con las de la laureada  Salvar al Soldado Ryan. De hecho  desde que vimos en los cines la espectacular  escena del desembarco de Normandía, todo el Cine Bélico se quedó como acartonado y viejo en cuanto al realismo a la hora de recrear  los combates, incluso las mejores a su lado se han quedado planas y teatrales. Pero el realismo y los efectos especiales no lo son todo en las películas de guerra.
La cruz de hierro tiene todos los ingredientes del cine de Peckinpah; la violencia, la cámara lenta, los perdedores, la sangre, las chicas en pelotas y el whisky. Sam Peckinpah se bebía hasta el agua de  los floreros, el alcohol  fue  una constante en su vida y en sus películas, además solía pasarse los cánones y las buenas costumbres por el forro, esto hizo que tuviera siempre una relación difícil con la industria y el público en general, que le  amaba y  le odiaba a partes iguales. Se llevaba a matar con los productores, que le cortaban las películas en el último momento. Pekinpah murió casi olvidado en 1984, con cincuenta y nueve  años, su cuerpo no aguantó  las cantidades industriales de alcohol y cocaína que consumió durante buena parte de su vida. Nos dejó un buen puñado de películas, entre las que se encuentran joyas como Grupo Salvaje, Pat Garret  y Billy the Kid, o La cruz de hierro. En La cruz de hierro no estamos en el oeste, o en la frontera de México, si no en el frente oriental, durante el último período de la Segunda Guerra mundial, donde un escuadrón de soldados alemanes se enfrenta al ejército ruso. El Cabo Steiner (James Coburn) es el mejor soldado de su escuadrón, un líder venerado por sus compañeros, y apreciado por los oficiales por su valor e iniciativa. Al escuadrón se incorpora el Capitán Stranszky ( Maximiliam Schell), un oficial de cuna de origen prusiano, estirado y clasista, que busca  ganar la ansiada Cruz de Hierro sin ensuciarse demasiado el uniforme. El Cabo Steiner ya tiene esta condecoración, pero no le da ningún valor. Steiner y el resto de la tropa no combaten por Alemania, ni por los ideales, ni por La Cruz de Hierro, luchan por sobrevivir, matan para que no les maten. 
Steiner es un valiente porque no tiene nada que perder, probablemente sería un don nadie, un perdedor,  un muerto de hambre cuando La Wehrmacht  le reclutó para ir a combatir, y lo seguirá siendo cuando termine el conflicto. Está asqueado de la guerra, de los oficiales y del uniforme, sin embargo en la guerra es un tipo importante y respetado, por eso renuncia a un permiso después de ser herido en combate, nada ni nadie le espera fuera de aquel horror. El estirado Capitán Stransky  es un cobarde, probablemente porque tiene mucho que perder; su estatus, su mansión en Austria, su destino dorado en la Francia ocupada y la vuelta a casa luciendo La Cruz de Hierro en la pechera. El guión de esta película  está lleno de frases memorables, “ yo le enseñaré donde crecen las cruces de hierro”, le dice el Cabo Steiner al Capitán Stransky  al final de la película…, quieres la baratija, ven conmigo a combatir, te vas a enterar de los que es la guerra…Peckinpah da su visión personal de la guerra, mostrando el horror y la violencia sin concesiones, y denunciando su origen clasista. La tropa que está en primera línea de combate es carne de cañón, mientras en la retaguardia y en casa, oficiales y políticos se llevan los laureles. La cruz de hierro es un peliculón muy recomendable para los amantes del Cine Bélico, y del cine en general.

El Cabo Steiner,(James Coburn), se presenta ante el Capitán Stranszky,(Maximiliam Schell), recién incorporado al escuadrón. El estirado Stranszky, a su pesar, ya ha ensuciado su flamante uniforme, al tener que tirarse al barro para protegerse de un obús.
En el Cine Bélico hay dos tendencias,  por un lado están las más patrioteras  y panfletarias, las que se utilizaban para elevar la moral, o para justificar el conflicto, como propaganda. Estas inciden en aspectos como el valor, la victoria,  el compañerismo, el heroísmo y el honor, entendiendo la guerra como un mal necesario, como un sacrificio para alcanzar la  paz o mantenerla.  Por otro, están las que denuncian los horrores de la guerra, y ponen el dedo en el lado más salvaje y oscuro que despierta en el ser humano; la violencia justificada, la muerte, la crueldad, y las secuelas que deja en los hombres y en las sociedades que las sufren. Estas plantean la guerra como algo absurdo e innecesario.  La cruz de hierro fue de las primeras que siguieron esta tendencia de una manera clara y contundente, tendencia que años más tarde seguirían las centradas en La Guerra del Vietnam, casi otro género dentro del Cine Bélico.
A mí mientras sean buenas me gustan de los dos tipos, el Cine Bélico ante todo es espectáculo, luego está el tono de cada peli y la reflexión que haga cada cual. Objetivo Birmania de Raoul Walsh, rodada en 1942 para elevar la moral de los americanos durante la Segunda Guerra Mundial, es panfletaria y patriotera claro, pero es un peliculón, y está considerada como una de las mejores películas bélicas que se han rodado jamás. Una de mis preferidas junto a  La Cruz de Hierro es No eran imprescindibles de John Ford, protagonizada por John Wayne. Patton, también está muy bien, el discurso inicial no tiene desperdicio, ¿belicista o antibelicista?, yo la he visto varias veces y no lo tengo claro. Otra muy buena es El día más largo, que recrea minuciosamente el desembarco de Normandía. Las que más abundan son las que tratan la Segunda Guerra Mundial, sobre la primera hay menos. La que más me gusta de las que he visto es Senderos de Gloria de Kubrick, esta es antibelicista sin tapujos, genial Kirk Douglas, genial ese plano secuencia del general pasando revista en las trincheras, Kubrick era un figura, que os voy a contar. Luego están las más recientes, a mí la que más me gusta de las que se han hecho en los últimos diez o quince años sobre la Segunda Guerra Mundial, es La delgada línea roja, de Terrence Malick.  
El cine sobre la Guerra del Vietnam es casi un género aparte, se han hecho muchas películas, la mayoría se recrean en el horror y  el error que supuso aquella guerra,  en el sinsentido y la pesadilla. Las mejores para mí, Apocalypse Now de Coppola, y La chaqueta metálica de Stanley Kubrick, otra vez Kubrick. También las hay sobre conflictos más actuales; los Balcanes, el golfo, Irak o Afganistán.
Bueno, y ya que estamos con las de guerra, por qué no hablar de las películas sobre la nuestra, sobre La Guerra Civil Española…qué pereza, a mí no me ha gustado ninguna de las que he visto, malos muy malos y buenos muy buenos, maniqueísmo ramplón es lo que yo he encontrado en la mayoría, ¿tan malos eran los malos y tan buenos los buenos?, ¿todos los del bando de los buenos eran tan buenos, y todos los del bando de los malos eran tan malos?.  La Vaquilla es la única que me hace gracia, será porque es una comedia claro. Sobre nuestra Guerra civil, hay mejores novelas que películas, algunas hasta hace poco desconocidas como Días de llamas de Juan Iturralde. Homenaje a Cataluña de Orwell también está muy bien, o Madrid de corte a checa  de Agustín de Foxá, o La noche de los tiempos de Muñoz Molina, ésta más reciente.
Imagino que desde que el hombre es hombre se zurra a base de bien por unas cosas y otras. Al principio nos daríamos de garrotazos por la caza, por el fuego o por las mujeres. Ahora nos liamos a misilazos, por el petróleo, por la religión, por el poder, por las fronteras y todo lo demás. ¿La guerra justa?, menudo berenjenal, ¿cuándo es legítimo el uso de la violencia?, políticos, filósofos, teólogos y juristas llevan siglos estrujándose las meninges con la cuestión. Parece que ante la creencia general, ultimamente nos zurramos menos que antes, parece que somos menos violentos y más civilizados, lo que pasa es que ahora, lo mucho o poco que nos matamos, lo vemos a diario por la televisión mientras nos apretamos un cocido. Mientras haya hombres habrá guerras, eso está claro, y mientras haya guerras habrá cine bélico, y novelas, y libros de poemas sobre la guerra. Estos días he estado releyendo Viento del pueblo de Miguel Hernández,  uno de los poemas que más me gustan de este libro, es “La guerra, madre”, os lo pongo aquí, a ver qué os parece. Ah, y no os olvidéis de ver La cruz de hierro.

LA GUERRA, MADRE

La guerra, madre: la guerra.
Mi casa sóla y sin nadie.
Mi almohada sin aliento.
La guerra, madre: la guerra.

La vida, madre: la vida.
La vida para matarse.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.

¿Quién mueve sus hondos pasos
en mi alma y en mi calle?
Cartas moribundas, muertas.
La guerra madre:la guerra.
Cartas moribundas, muertas.
La guerra, madre: la guerra.

Miguel Hernandez. Viento del pueblo, poesía en la guerra.