Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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domingo, 4 de mayo de 2014

Don Quijote

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año), se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura, para comprar libros de caballerías en que leer,  y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa, y aquellas intrincadas razones suyas, le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafío, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura, y también cuando leía: ... los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas se fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza. Con estas y semejantes razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas, y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara, ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para solo ello.
Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
 
 
Todo el mundo conoce la trama del Quijote y su argumento, entre otras cosas porque es una novela que no tiene argumento. Las vidas tampoco suelen tenerlo. Pasan cosas, pero no se ve una causalidad en ellas ni un principio ni una determinación. Así ocurre con el Quijote, que podría resumirse de la siguiente manera:  un viejo hidalgo manchego se vuelve loco leyendo libros de caballerías y decide, al frisar los cincuenta, y pese a sus achaques de riñón, emular a sus héroes, se viste con desusadas armas que encuentra en un sobrado, y sale acompañado de un escudero, al que acomoda con promesas tan vagas como el fin que persigue su empresa, lo que él llama deshacer entuertos y agravios, es decir, restablecer honras y enderezar un poco el perro mundo.
El caballero es más loco que cuerdo y su escudero más cuerdo que loco, pero ninguno de los dos renuncia a su locura ni a su cordura. Salen al campo y les suceden aventuras, casi siempre disparatadas. Es novela en la que se habla sin rebozo de la vida, pero, y esto no es menos importante, en la que se habla también sin vergüenza de libros y de literatura, que tanto Cervantes como don Quijote devoraron con irreprimibles ansias.[...]Es un libro que arranca lágrimas y risas, y es el más dulce, balsámico y alegre de cuantos libros tristes existen.
Las vidas de Miguel de Cervantes. Andrés Trapiello.
 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Una recomendación

 
 
 


Acabo de terminar Ayer no más, la última novela de Andrés Trapiello, y os la recomiendo. Es una novela sobre la guerra civil, (otra más pero no una de tantas) sobre la historia y sobre la memoria. Me gusta más leer libros y recomendarlos que reseñarlos, así que ahí queda, internet está plagado de reseñas estupendas, luego el que lo lea que se pase por aquí si quiere y me diga; menudo tostón, o gracias, o joder otra de Trapiello mascando la chapa con la tercera España, o esta novela me ha cambiado la vida y todo lo demás. Probablemente el gran libro sobre la guerra civil está pendiente, seguro que llega dentro de cincuenta años, cuando se pueda hablar del tema sin ponerse a la gresca, cuando no queden muertos en las cunetas, cuando el recuerdo del abuelo o del padre sea ya el del bisabuelo o el tatarabuelo. Porque la guerra civil terminó como quien dice, antes de ayer , y es un tema que no está olvidado, prueba de ello es la que se montó cuando en 2007 el gobierno de Zapatero aprobó la polémica Ley de Memoria Histórica. A mí no me hablaron de la guerra ni en casa ni en el colegio o el instituto. En mi opinión habría que hablar de la guerra civil a los chavales, a las generaciones venideras, el problema es quién y cómo, menudo berenjenal. El lío se suele armar cuando se habla del tema como si se estuviera en Julio del 36. He oído y leído muchas veces que la guerra civil es el período de nuestra historia contemporánea sobre el que más mentiras se han contado, y sobre el que es más difícil escribir, entre otras cosas, dicen, que porque los testigos y partícipes de uno y otra bando han contado y cuentan sólo la parte que les interesa. Hasta que llegue la gran novela  sobre el tema, o el gran ensayo, voy leyendo lo que me recomiendan los amigos, o las revistas, o lo que encuentro en la biblioteca municipal.
No perdáis de vista Ayer no más. Saludos cordiales.
 
-Ayer no más.Andrés Trapiello. Octubre de 2012.Destino. 310 páginas. 20 eurillos.
 
PD: Lo presto. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La guerra civil, los libros y yo.


Lo primero que leí sobre la guerra civil fueron las novelas de José María Gironella, Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos  y Ha estallado la paz, hay una cuarta entrega que cierra lo que sería una tetralogía sobre la guerra que se titula Los hombres lloran solos que no he leído. Los tres primeros aparecieron entre 1953 y 1966  y fueron auténticos best sellers, y aunque no hay que olvidar que fueron publicados en una época en la que la historia sólo la contaban los vencedores, estos libros, con su mayor o menor objetividad, con sus defectos y virtudes, fueron esclarecedores para mí y me sirvieron para empezar a sacudirme mitos y tópicos alimentados por opiniones de otros, batallitas de sobremesa y pelis varias. Gracias a estas novelas empecé a interesarme por un tema del que siempre había escuchado hablar a mis padres y abuelos muy de refilón, y descubrí que yo tenía un criterio muy distorsionado del asunto, bueno, distorsionado no, realmente no tenía criterio ninguno, lo que tenía eran opiniones basadas en lo que comento unas líneas más arriba. Antes de leer nada sobre la guerra civil, yo tenía la idea de que los bandos eran homogéneos, pensaba que por un lado estaban los militares que se habían levantado contra la república, y que en este bando, sólo había fascistas con el pelo engominado, bigotillo y botas relucientes, todos, sin excepción, eran muy malos. También pensaba que en el bando republicano sólo había libertarios con alpargatas que escribían poemas, todos sin excepción eran muy buenos. Este fue el primer tópico del que me curé cuando empecé a leer sobre la guerra civil.  En el bando nacional que se había formado a raíz del levantamiento de los militares contra el gobierno de la república, no sólo había fascistas y militares, de hecho hubo militares que no se sumaron al alzamiento, también había monárquicos, tradicionalistas y gente liberal con ideas más conservadoras. En el bando republicano, además de defensores de la república, socialistas y demócratas, había comunistas y anarquistas que lo que buscaban no era volver a la democracia republicana asaltada por sublevados, sino la revolución. Aquello era un carajal.
El debate sobre si la guerra civil fue una guerra fraticida o una guerra de clases que arrastra sus consecuencias hasta hoy, sigue abierto para muchos.
En mi último año en la universidad me matriculé de una asignatura optativa que se llamaba "La España actual", la impartía  Francisco Montero, y el programa comenzaba con la guerra civil, "La guerra civil y la gestación del franquismo" se titulaba el primer tema, y terminaba con los últimos gobiernos de Aznar, "Lo gobiernos del Partido Popular 1996-2004". España actual fue una de las asignaturas que más me entusiasmó de la carrera, y una de las que más me curré, saqué un 8,5, todo un record para mí que siempre fui un estudiante entre malo y ramplón. No me perdí una clase, acudí a casi todas las tutorías, y me leí buena parte de los libros de la bibliografía. Desde entonces vuelvo de vez en cuando al tema leyendo ensayos y novelas sobre la guerra civil, la dictadura de Franco y la transición. Francisco Montero, en sus clases,  proponía un ejercicio muy interesante cuando abordamos el tema de la guerra civil, nos invitaba a hacer un salto en el tiempo, y a preguntarnos donde nos habríamos colocado nosotros el 18 de Julio de 1936 teniendo en cuenta la posición social de nuestras familias. Las adhesiones más que con la ideología, que también, tuvieron mucho que ver con las circunstancias particulares de cada uno, unos buscaban mejorar sus condiciones de vida, otros, conservar sus privilegios, otro factor que influyó fue el miedo, el perfil político o social de uno podía ser un pasaporte para vivir o para que le fusilaran en función de si se encontraba en Madrid o en Sevilla. Pero en fin, no es mi intención hacer aquí una entrada sobre la guerra civil, esto es no es un blog de historia, y no soy perito en la materia, sólo un pionero que ha leído algunos libros sobre el asunto. Se trata de recomendar o señalar algunos de los libros que me han ayudado a sacudirme mitos, tópicos y maniqueísmos simplistas. Anoto aquí algunos de los que he leído y recomiendo, y admito, es más, pido recomendaciones.



-La forja de un rebelde. Arturo Barea (1940-1945): Trilogía autobiográfica de Arturo Barea. En la primera entrega La forja, Barea cuenta su niñez y su adolescencia en el Madrid de principios de siglo, en La ruta cuenta su experiencia en Marruecos, donde participó en la guerra contra las rifeños, la tercera entrega La llama, es la que se centra en la guerra civil, sobre todo en el Madrid sitiado por las tropas nacionales. Las tres entregas se pueden leer por separado, pero yo recomiendo leerlas por orden, son un fresco sobre la primera mitad del siglo XX español. Muy recomendable.

-Homenaje a Cataluña. George Orwell (1938): Orwell narra su experiencia como miliciano en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) de Barcelona, y cuenta, entre otras cosas, como vivió las lamentables condiciones en las que se encontraban las milicias cuando él llegó a Barcelona, sin armamento, ni organización ni equipo, unas milicias en las que la indisciplina y la desorganización campaban a sus anchas. Orwell luchó en el frente de Aragón, y resultó herido, también participó en los acontecimientos de Mayo del 37 en Barcelona.La novela no tiene desperdicio. Hay una edición en Tusquets titulada Orwell en España que además de Homenaje a Cataluña incluye toda la correspondencia y los artículos relacionados con el paso de Orwell por España durante la guerra civil.

-Días de llamas. Juan Iturralde (1979): Días de llamas es la mejor novela que he leído sobre la guerra civil, sus primeras ediciones pasaron sin pena ni gloria, y la novela era prácticamente desconocida hasta que alguien tuvo la brillante idea de volver a publicarla en 2006. La novela se centra en el dilema en el que se ve Tomas Labayen cuando los militares golpistas se levantan contra la República en 1936. Por un lado está su lealtad republicana, por otro sus escrúpulos morales frente a los excesos de los revolucionarios durante aquel verano del 36. Labayen es juez de instrucción en Madrid y pertenece a una familia de clase media, es identificado por  los revolucionarios, y encerrado en una checa donde espera la hora de ser fusilado. Imprescindible.
  

-La noche de los tiempos. Antonio Muñoz Molina (2009): La noche de los tiempos es un fiestón narrativo, una de las mejores novelas españolas que he leído en los últimos años, yo pensaba que la mejor novela de Muñoz Molina era El jinete polaco, hasta que leí ésta que no le va a la zaga. Publicada en plena controversia a cuenta de la Ley de Memoria histórica impulsada por Zapatero, y con la que el autor discrepó, la novela cuenta la historia de Ignacio Abel un arquitecto español que se ve obligado a exiliarse en EEUU en octubre del 36. Durante su viaje al exilio Abel recuerda su amor clandestino con una norteamericana y los agitados meses previos a la guerra civil. Por la novela pasan personajes reales; Negrín, Moreno Villa, Bergamín e incluso Azaña. Un lujo. A raíz de la publicación de la novela Muñoz Molina pidió un pacto sobre lo ocurrido en la Guerra civil en el que un comité de expertos elegidos por unanimidad y no por cuotas, explicara sus causas y sus consecuencias. Os dejo abajo un enlace(el primero) sobre este tema.


-Las armas y las letras. Andrés Trapiello (2010): La primera edición es de 1994, en 2010 se publicó una reedición ampliada y revisada. Este ensayo es ya un clásico sobre la literatura en la Guerra Civil. Las armas y las letras no es un libro de historia ni de crítica literaria, más bien es una guía sobre la literatura española durante esos años, sobre el papel que jugaron los escritores y sus obras.

Hay más, muchos más claro, para no aburrir más de la cuenta os dejo algunos más de los que he leído y recomiendo.

-Madrid de corte a checa. Agustín de Foxá.1937.

-Trilogía de Gironella.1953.1966.

-Franco. Juan Pablo Fusi.1985.

-La Guerra Civil española. Paul Preston. 2006.

-El Jarama. Rafael Sánchez Ferlosio.1955.

-La dictadura de Franco. Javier Tussell.1996.

-Historia política 1939-2000. José María Marín, Carme Molinero y Pere Ysás. 2001.

-La Memoria Insumisa. Sobre la dictadura de Franco. Nicolás Sartorius y Javier Alfaya. 1999.

-Los girasoles ciegos.Alberto Méndez.1994.

-Tiempo de silencio. Luis Martín Santos.1962.

Os dejo aquí un par de artículos de interés, sobre la novela y la guerra civil.

http://cultura.elpais.com/cultura/2009/11/23/actualidad/1258930811_850215.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/22/cultura/1300810706.html

Saludos cordiales.