Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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viernes, 22 de marzo de 2019

Los tres padrinos




Vi la trilogía de El Padrino por primera vez en vídeo, una noche de invierno en casa de un amigo que tenía habilitado el sótano de su casa para ver películas en una Trinitron enorme. Fue un atracón fascinante, un acontecimiento capital en mi bagaje de aficionado al cine. Desde entonces dedico un día al año a los tres padrinos y me dejo mecer por su fotografía amarillenta y la decadente banda sonora de Nino Rota.
Leí primero la novela de Mario Puzo en la que se basa la película, en una edición de Círculo de lectores que recuerdo ver en casa de mis padres desde que tengo uso de razón y que todavía conservo. El libro arranca con Bonasera en los juzgados viendo como el juez deja en libertad a los chicos que abusaron de su hija. Coppola arranca la película con un primer plano oscuro de Bonasera diciendo "Creo en América, América hizo mi fortuna y he dado a mi hija una educación americana" Bonasera cree en el sistema, sin embargo acude a Don Corleone a pedirle que mate a dos chicos que abusaron y golpearon a su hija porque la justicia en la que él creía los dejó en libertad "yo acudí a la policía como buen americano". Bonasera  se siente defraudado "la justicia nos la hará Don Corleone" dice. Sin embargo el Don se siente ofendido porque el funerario acude a él después de haber acudido al sistema. El padrino juega mucho con la línea que separa la vida convencional norteamericana del submundo de la mafia Italiana. La secuencia inicial ya nos muestra ese contraste jugando con luces y sombras, la luz y la alegría de la celebración en el jardín y las sombras y la oscuridad del despacho en el que se cuecen los negocios sucios, un mundo con el que Bonasera no quiere mezclarse hasta que despierta del sueño americano.
La trilogía está llena de escenas y frases que ya forman parte de la cultura popular como "Luca Brasi está durmiendo con los peces" o "Le haré una oferta que no podrá rechazar". A mí me gusta mucho la escena de la llegada de Michael y Kate a la boda en la primera parte, cuando Michael, vestido de uniforme la explica a Kate que Luca Brasi es un matón al servicio de su padre "dar miedo es su oficio" le dice mientras come lasaña. Kate lo mira helada y cuando él le dice "así es mi familia Kate pero yo no" respira aliviada y sonríe. En el arranque de la primera parte Michael Corleone es un bisoño héroe de guerra que todavía cree en América y se siente integrado en el sistema. Acude de uniforme con su novia norteamericana a la boda de su hermana celebrada en la casa paterna, y se mantiene al margen de los sucios negocios de la familia. Eso pronto cambiará, la evolución del personaje de Michael Corleone es uno de los puntos fuertes de la trilogía. Michael pronto hará sombra a Don Vito, su padre, dejándolo en comparación con él como un pobre anciano que chochea. Don Vito es un mafioso sí, y mataba a la gente, pero mantenía cierta ética y algunos valores. Al nuevo padrino no se le podrá nada por delante. La trilogía de El padrino es una tragedia griega, tan clásica ya como Edipo rey o Antígona. Así que apaguen las luces, bajen las persianas, denle al play,  y déjense mecer por esta obra maestra.

jueves, 6 de marzo de 2014

Despachos de guerra


“A veces, por la noche, todos los ruidos de la selva cesaban de pronto. No había un descenso o un atenuamiento, todo se iba en un solo instante, como si le hubiesen transmitido una señal a la vida: murciélagos, aves, culebras, monos, insectos, conectados a una frecuencia que mil años de selva podían condicionar a recibir, mientras tú, dada tu situación te preguntabas qué no escuchabas ya, pendiente de cualquier ruido, de cualquier fragmento de información. Yo había oído antes esto en otras selvas, en el Amazonas y en Filipinas, pero aquellas selvas eran “seguras”, había muy pocas posibilidades de que hubiese  por ellas cientos de vietcongs deslizándose, acechando, viviendo allí sólo para hacerte daño. La idea de que uno pudiese convertir cualquier silencio súbito en un espacio que llenabas con todo lo que creías que estaba oculto en ti, podía  situarte incluso en las proximidades de la clariaudiencia. Creías oír cosas imposibles: húmedas raíces respirando, fruta sudando, actividad febril de insectos, los latidos de los corazones de los animalitos”
Michael Herr. Despachos de guerra. 1977.
 
 
 
    
Cuando Michael Herr llegó a Saigón en 1967 para cubrir la guerra de Vietnam, tenía veintisiete años y era un escritor en ciernes.  Acudió como corresponsal de la revista Esquire, y sus crónicas escritas a partir de su experiencia directa en los combates y en la jungla junto a los soldados cambiaron la forma de entender el reporterismo de guerra.  Herr se alejó del periodismo que había cubierto la guerra hasta 1967, no escribía cómodamente  desde Saigón, ateniéndose a la información oficial que proporcionaban los mandos militares y enviando despachos a los principales periódicos de Estados Unidos, despachos cargados de propaganda y patriotismo.  Se vistió con ropas de marine, se mezcló con ellos como un soldado más acudiendo a las zonas en las que estaba el fregado  y contó lo que vio.
En 1967 había en Vietnam medio millón de soldados estadounidenses, y  las bajas de militares y civiles se habían multiplicado. En enero del 68 empezó la ofensiva del Tet, los norvietnamitas entraron en Saigón  y un grupo de vietcongs asaltó  la embajada de Estados Unidos. Aquello no era pan comido como había estado contando el gobierno durante años.  En este contexto ya no colaba la versión oficial ni la moral que había impregnado la Segunda Guerra Mundial, el pueblo norteamericano cenaba viendo en los noticiarios las atrocidades de aquella guerra; civiles muertos, marines muertos, soldados agotados y drogados. Allí no había épica ni héroes de una pieza. El gobierno de Estados Unidos se encontró con el rechazo de la opinión pública con respecto a su participación en aquella guerra.  El periodismo oficial que se había hecho hasta entonces dejo de tener sentido y algunos reporteros tomaron conciencia  y empezaron a contar lo que realmente pasaba. La filtración de la matanza de Mi Lay en el 69 es un ejemplo de aquel cambio de tendencia.  
 Las crónicas de Michael Herr recogidas en este libro que acaba de reeditar Anagrama no entran  en debates moralizantes sobre la participación de Estados Unidos, ni en explicaciones oficiales,   son crónicas sobre la experiencia americana en Vietnam  y sobre los hombres que combatieron en aquella guerra. Los que estaban al final de la cadena, después  de los burócratas, de los políticos, de los generales y los agentes de la CIA.  Jóvenes que no sabían muy bien lo que hacían allí, que no sabían lo que era el comunismo ni lo que significaba el mundo libre del que tanto hablaban los gobernantes de su país, chicos poco cualificados, de clase baja en su mayoría, porque los hijos de la gente rica no solían ir a Vietnam y se pegaban  la vida padre sirviendo en la Guardia Nacional.  Entre combate y combate  escuchaban a Jimi HendrixThe Doors y a The Rolling Stones,  y se ponían ciegos de cerveza, bourbon, marihuana y heroína  mientras  el enemigo les esperaba  agazapado  en la jungla, resistiendo a base de agua y arroz. Muchos murieron, muchos acabaron mutilados,  muchos se volvieron locos o drogadictos, muchos  fueron incapaces de digerir el horror que habían vivido y no consiguieron readaptarse a la vida civil.  Esto es lo que cuenta Michael Herr en Despachos de guerra, y lo hace con una libertad, una ironía y una elocuencia que asombran. El libro está envuelto en esa atmósfera tan propia de la juventud estadounidense de aquellos años; cargada de psicodelia, drogas y rock and roll. 
Casi todas las películas que se han hecho sobre la guerra del Vietnam han mamado de este libro, en casi todas hay escenas inspiradas en él o adaptadas directamente. Michael Herr colaboró en el guión de Apocalypse Now de Coppola, y en el de La chaqueta metálica de Kubrick,  probablemente las dos mejores películas que se han rodado sobre aquella guerra infernal.  Con el tiempo Platoon de Oliver Stone ha quedado algo eclipsada por las dos mencionadas, pero a mí me sigue pareciendo un peliculón.
 
 
-Despachos de guerra. Michael Herr. Anagrama (Otra vuelta de tuerca). septiembre de 2013. 18,50 euros. Lo presto.
 

martes, 26 de marzo de 2013

Apocalypse Now, un viaje a El corazón de las tinieblas




Buscando unos libros de cine en la biblioteca hace unos días me tropecé con Con el corazón en tinieblas.Un diario íntimo de Apocalyse Now, el diario que llevó la mujer de Coppola, Eleonor Coppola, durante el rodaje en Filipinas de la mítica película sobre la guerra de Vietnam que casi acaba con Coppola y con todo su dinero. Después de leer el libro en el que la esposa del director relata un rodaje infernal, he vuelto a ver la película en las dos versiones, el montaje de 1979 y el del director de 2001, y he vuelto a leer El corazón de las tinieblas, la novela de Conrad en la que se basa la película. Una cosa ha llevado a la otra y la otra a la de más allá y llevo tres semanas a vueltas con el tema, leyendo cosas sobre el asunto, entre Vietnam y el Congo Belga.


Óleo de Ángel Mateo Charris para la edición ilustrada de El corazón de las tinieblas.
(Galaxia Gutenberg. 2007)



Con la buenas películas pasa como con los buenos libros, nunca terminan de decir lo que tienen que decir, no es lo mismo abordarlos con dieciséis que con veinticinco o cuarenta, uno se va haciendo como persona y como lector y su perspectiva cambia, lo que en un principio pasa desapercibido o uno no entiende cobra fuerza y se esclarece a medida que crece, vive, lee y vuelve a ver y releer una peli o un libro elevados a la categoría de clásico. La primera vez que vi Apocalypse Now no me gustó demasiado, sobre Vietnam las había con más acción, ésta era un poco lenta, mucha voz en off, el Willard y sus comidas de tarro, demasiado oscura y críptica, demasiado filosófica para un chaval de dieciséis años que no sabía nada de la guerra del Vietnam y apenas había leído. Con el tiempo fui acomulando lecturas y vivencias , leí El corazón de las tinieblas y libros de historia contemporánea que hablaban sobre el colonialismo durante el siglo XIX y también sobre la historia de EEUU y sobre la guerra del Vietnam, entonces la película fue cobrando fuerza y sentido al igual que el libro y ambos se convirtieron en títulos fundamentales a los que vuelvo cada cierto tiempo.

El Coronel Kurtz es un oficial intachable del ejército de EEUU, un boina verde que sirve en la fuerza especial durante la guerra de Vietnam. En misión humanitaria acude con sus hombres a una aldea a vacunar a unos niños contra la polio, tras abondonar el lugar, un anciano les alcanza llorando pidiéndoles que vuelvan. Al volver a la aldea se encuentran con que el Vietcong ha llegado poco después de que ellos se fueran y ha cortado los brazos vacunados de los niños “allí había una enorme pila de pequeños brazos”. Tras el impacto y el horror inicial, Kurtz tiene una revelación, se da cuenta de que jamás ganarán aquella guerra a pesar de su superioridad logística y armamentística, a pesar de que EEUU sea la primera potencia mundial y Vietnam un país subdesarrollado, “ellos eran más fuertes que nosotros” "han tenido la fuerza y la voluntad para hacer eso". A raíz de este hecho, la brillante carrera militar de Kurtz empieza a torcerse, deja de obedecer órdenes del alto mando y empieza a hacer la guerra por su cuenta, se sale del programa pasándose la burocracia de la guerra y “las buenas maneras” por el arco del triunfo, la guerra es una salvajada, seamos salvajes. Kurtz dirige su versión de la guerra desde un viejo templo Camboyano, sus tropas están formadas por soldados americanos renegados y por una tribu de indígenas a los que ha entrenado y que le adoran como a un Dios. Kurtz se ha convertido en un problema, en una mosca cojonera para los generales y los burócratas que hacen la guerra en los despachos. Encomiendan a Willard, un oficial de inteligencia atormentado por la guerra, remontar el río en una patrullera hacia el interior de la selva, encontrar el reducto de Kurtz y matarlo, el coronel se ha vuelto loco, utiliza métodos absurdos, es un perdido para el cuartel general. Willard se extraña de que esta vez su misión sea matar a uno de los suyos, un coronel nada menos, un héroe de guerra lleno de condecoraciones, dicen que se ha vuelto loco, que mata sin ningún control. Willard duda “acusar aquí a alguien de asesinato es como poner multas por exceso de velocidad en el circuito de Indianápolis” (las matanzas de civiles por parte del ejército estadounidense eran habituales) finalmente Willard acepta la misión.

Siempre se ha dicho que Apocalyse Now es una película antibelicista y antimilitarista, yo no lo veo así, en mi opinión no es un film político o una película de denuncia, o una crítica a la intervención de EEUU en Vietnam. El propio director siempre se desmarcó del supuesto compromiso político que algunos quisieron ver en la película, “Esta película no es antimilitarista. No va en contra de EEUU. No va a favor de EEUU, va a favor de la humanidad” escribía un frustrado Coppola al Departamento de defensa (no les gustaba nada el guión claro) harto de que le negaran apoyo, en la misma carta les reprocha cómo se habían volcado con la maniquea y patriotera Boinas Verdes de John Wayne.

La película trata de los horrores de la guerra, de la bajada a los infiernos que supone, de la ausencia de ética, moral y humanidad que hay que tener para ganarla, de las cicatrizes que deja en el alma, del mal que hay en potencia dentro de cada corazón humano, de lo hipócrita que es la burocracia a la hora de matar, de lo delgada que es la línea entre lo civilizado y lo salvaje, y de lo salvaje que puede ser la civilización. Apocalypse Now es la historia de un viaje, de una involución de lo civilizado a lo primitivo. La película hace hincapié en la frustración de los jóvenes norteamericanos que participaron en aquella guerra, jóvenes que fueron enviados a un país del que nada sabían y al que nunca consiguieron adaptarse. Mientras las tropas estadounidenses seguían haciendo vida americana en la retaguardia y en los momentos de descanso (sexo, drogas y rock and roll incluidos)  el Vietcong se agazapaba en la jungla o en los túneles subsistiendo a base de agua y arroz, tenían todo el tiempo del mundo para esperar al enemigo.



Fotografía de una escena tomada durante el rodaje de Apocalypse Now. Willard llega al reducto de Kurtz.



La guerra de Vietnam duró once años (1964-1975). EEUU llegó a tener medio millón de soldados en Vietnam, se dejaron un pastón, 120 mil millones de dólares, usaron armas terribles (napalm, herbicidas, armas químicas) y bombardearon de manera sistemática las ciudades del norte. Todo fue inútil contra una naturaleza salvaje y un pueblo tenaz e inagotable. Los norteamericanos perdieron 58.000 hombres, los norvietnamitas 700.000, pero ganaron, consiguieron echar de su país a la mayor potencia del mundo. Los excesos de la guerra de Vietnam provocaron protestas internacionales y una gran crisis de valores en la sociedad norteamericana. Las manifestaciones antibelicistas, los desertores, la contracultura, el hippismo y el recrudecimiento de las protestas por los derechos civiles  fueron algunas de las consecuencias sociales de la guerra del Vietnam en EEUU.  La versión oficial del gobierno de Whashington para justificar la intervención en Vietnam fue la de la lucha contra el comunismo, parece que el intento de sustituir a Francia en la explotación de las riquezas mineras de la zona también tuvo que ver en el asunto.
Apocalypse Now es una adaptación libre de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. Conrad se basó en su experiencia en el Congo colonizado y devastado por el rey Leopoldo II de Bélgica para escribirla. El libro escrito en 1899 es un reflejo del Congo Belga en la década de 1880. Bajo el imperio del rey Leopoldo de Bélgica fueron masacrados diez millones de nativos. En El corazón de las tinieblas Conrad se basa en su conocimiento directo para denunciar o criticar con amarga ironía los excesos de la civilización occidental en la colonización de las tierras primitivas. El argumento de la película de Coppola es similar al de la novela de Conrad; un marinero llamado Marlow es contratado para remontar el río Congo en busca de Kurtz, el jefe de una explotación de marfil que se encuentra gravemente enfermo. Al igual que en la película la figura de Kurtz se va mitificando a medida que el viaje al corazón de la jungla avanza. Conrad aprovecha este contexto para abordar los temas que le obsesionan: la soledad humana, la lucha que afronta el hombre con sus instintos más primarios cuando se encuentra aislado en territorio salvaje, y el poder de la naturaleza  para desatar en determinadas circunstancias  los “instintos olvidados”. Sobre su experiencia en el Congo y la influencia que tuvo en su literatura Conrad escribió:

“Toda la amargura de aquellos días, todo mi maravillado asombro en cuanto a todo lo que vi; toda mi indignación por la filantropía enmascarada, han estado de nuevo conmigo mientras escrbía"

Conrad  basó el personaje Kurtz en varios tipos que conoció en el Congo, el Kurtz de la novela igual que el de la película ha entrado en contacto con lo salvaje, con la anarquía del mundo sin civilizar y se ha dejado llevar por esa fuerza oculta. Novela y película hablan de lo mismo en esencia, pero el contexto social e histórico en que fue desarrollada cada obra hace que ambas toquen muchos temas relacionados con la historia contemporánea; el imperialismo, la guerra moderna, la cultura occidental, etc. Los temas dan para veinte entradas, aparte de cuestiones históricas y políticas hay turrón filosófico ahí para parar un tren. Lo bueno de las buenas películas y los buenos libros es que invitan a leer otros libros y a ver otras películas, llevo tres semanas de aquí para allá, os dejo anotadas algunas de las cosas que he leído sobre el tema por si os interesa, y espero que le peguéis un buen revolcón a estas dos obras maestras.

Saludos cordiales.

-Sobre el rodaje de la película os recomiendo el mencionado Con el corazón en tinieblas. Un diario íntimo de Apocalyse Now de Eleanor Coppola. La edición es de emecé cornucopia y es fácil que lo encontréis en la sección de cine de cualquier biblioteca municipal, en la Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares lo tienen. El libro cuesta 16 euros. También he leído el libro de Peter Cowie sobre la película, El libro de Apocalypse Now. La historia de una película mítica. Lo edita Paidós y también lo encontré en la biblio. Éste cuesta 27 euros. Si en lugar de leer preferís un documental, no os perdáis Hearts of Darkness. Corazones en tinieblas. 1991, un lujo. Está completo en vimeo, aquí va el enlace: http://www.teledocumentales.com/corazones-en-tinieblas-el-apocalipsis-de-un-cineasta-subitulado/

-Ficha de la película: http://www.filmaffinity.com/es/film701892.html y para abrir boca http://www.youtube.com/watch?v=SLnqTZeij_Q , invito a unos cubalibres al que me diga una película en la que se haga mejor uso de los helicópteros.

-Sobre la guerra de Vietnam hay monografías, documentales y libros a porrillo, pero hay un libro fundamental sobre el tema, Despachos de guerra de Michael Herr, lo edita Anagrama y en amazon lo tenéis por 13 eurillos.

-De Joseph Conrad os recomiendo Lord Jim y El corazón de las tinieblas, que son los que he leído, el resto de su obra la tengo en pendientes y caerá antes o después. La edición ilustrada de El corazón de las tinieblas de Galaxia Gutenberg espero que me la regalen por mi cumpleaños...ejem...
-Cualquier manual de historia contemporánea trata el tema del imperialismo, para afinar más sobre la cuestión de África que trata Conrad en su novela recomiendo África desde 1800, editado por Alianza. La novela de Vargas Llosa El sueño del Celta trata el tema del Congo Belga en el siglo XIX, y está muy bien. Cuenta la historia del cónsul británico Roger Casament, conocido por ser el primero en denunciar los abusos (salvajadas más bien) perpetrados por el sistema colonial administrado por el rey de Bélgica Leopoldo II en el Congo. El horror... 



domingo, 8 de abril de 2012

El estado de naturaleza


Pues esto del estado de naturaleza es un concepto filosófico, a ver como lo explico sin redundar, esto de la redundancia es lo que solemos hacer cuando no tenemos ni idea de algo e intentamos explicarlo, esto pasa mucho con la filosofía, por lo menos a mí, me pasa  ahora y cuando la estudiaba, lo cómodo sería decir que el estado de naturaleza del hombre es cuando el hombre se encuentra en su estado natural y fumarme un puro, el que quiera profundizar que se vaya a la enciclopedia Abbagnano que es lo que he hecho yo para refrescar, porque al fin y al cabo esto es una excusa para hablar de libros y películas, que es de lo que se trata. Pero ya que estudié Humanidades que por lo menos se note un poco, además tuve profesores de filosofía muy buenos en la carrera, Stella Villarmea  y Paco Castilla entre otros. Yo empecé la carrera tarde, con veintiséis, y no sé por qué tenía muy idealizada la universidad y más una facultad de filosofía y letras. Yo pensaba en pasillos llenos de gente hablando de libros muy gordos y  cosas muy sesudas como el existencialismo francés , la filosofía medieval, el positivismo,  el atomismo lógico  o el malestar en la cultura;  pues ayer me apreté de un tirón Las Confesiones de San Agustín, vengo de empalmada  pero mereció la pena, un puntazo el de Hipona, cuando quieras te lo paso, vale cuando termine con el Tractatus logico-philosophicus que está la mar de entretenido, Wittgenstein sabe lo que se hace  me tiene cogido por los huevos…, cosas así. Pero nada de nada, allí cada uno iba a lo suyo, sin embargo tuve suerte, di con una buena promoción, gente estupenda, y con muy buenos profesores, también los había malos, pero de esos no quiero acordarme.
Ya me estoy yendo otra vez, yo quería despachar pronto el marrón del estado de naturaleza y empezar con los libros y las pelis, así que allá voy, aunque seguro que ya os lo sabéis, se os ve gente culta y leída. Por lo visto el estado de naturaleza es la situación en la que nos encontraríamos ante la ausencia del estado y de la sociedad política, sin leyes, sin gobierno y sin policía, viva la Pepa vamos, Sodoma y Gomorra, desmadre a la americana. La cuestión es cómo nos comportaríamos ante esa situación,  cuál sería realmente ese estado natural.  Algunos como Rousseau  pensaban que el hombre es bueno por naturaleza, Locke venía a decir que tranquilos, que no cunda el pánico, que está la ley moral natural que la condición de hombres con uso de razón nos otorga, habría mucho hijoputa suelto claro, pero la cosa estaría equilibrada, la ley natural, y  la razón humana impondrían unos límites.  Hobbes pensaba que en el estado de naturaleza abundarían los cabrones de la peor calaña y estaríamos en estado de guerra permanente, no los buenos por un lado y los malos por otro no, todos contra todos, la cosa según Hobbes sería así; “(…) habrá miedo continuo y peligro de muerte violenta. La vida del hombre será solitaria, pobre, repugnante brutal y corta.
Todos estaban más o menos de acuerdo en la necesidad de una sociedad política para subsanar ese estado de naturaleza en el que imperaría el caos en mayor o menor medida, la discrepancia estaba en cuál sería el estado ideal y de qué manera se formaría, si de forma natural o por imposición.  Esto es muy a grandes rasgos, más o menos, muy de andar por casa, mi capacidad de síntesis no da para más, ahí tenéis a la Abbagnano.
 
 
Esto  del estado de naturaleza da mucho juego en la literatura y en el cine. Hace poco he leído La carretera y Meridiano de sangre del Norteamericano  Cormac Mccarthy, dicen los que saben que Cormac Mccarthy es el nuevo Faulkner y uno de los mejores escritores que ha dado el siglo XX, pues vale.  Mientras estaba leyendo La Carretera me venía a la memoria el estado de naturaleza que Hobbes describía en su Leviatán y las explicaciones de Paco Castilla en sus clases de Filosofía. La Carretera (hay una adaptación al cine protagonizada por Viggo Mortensen que está muy bien) es una novela futurista, pero muy realista, no es ciencia ficción. 
El contexto al que nos lleva  Mccarthy es el apocalipsis, el fin del mundo, a tomar por saco, todo ha terminado, ni gobierno, ni estado, ni policía, ni recursos, nada, dos supervivientes, un padre y su hijo vagan por las carreteras en busca de comida y agua, ante la escasez de comida muchos recurren al canibalismo, matan y se comen a los que se encuentran, todos se esconden de todos, sobre todo de los más salvajes que son los que más abundan , los que se han pasado la ley moral natural o lo que sea por el forro y no dudan en robar, violar, matar y comerse a los que hace unos meses eran sus compatriotas y sus vecinos. El protagonista intenta convencer a su hijo de que ellos son “de los buenos”, de que ellos jamás harán cosas así pero se mueren de hambre y para sobrevivir tienen que matar. De eso habla este libro, del bien y del mal, de Dios, de la vida, de la muerte y de la maldad, esa maldad que puede estar latente en nosotros y manifestarse en determinadas circunstancias, de todo eso y de otras cosas. 
 En La carretera al menos hay cierta esperanza, una lucecilla al final del túnel, sin embargo Meridiano de Sangre te deja ko, es de los que tienes que parar cada treinta páginas para coger aire, hacía tiempo que no me pasaba eso con un libro, me ha dejado inquieto y llevo dos semanas pensando en él. El libro es críptico, duro, violento, brutal y hasta gore en ciertos momentos, pero a la vez está lleno de belleza. El paisaje es un personaje más, si no el personaje principal en el que se diluyen todos. Una banda de tíos muy malos es contratada  por el gobernador de Chihuahua para acabar con las tribus apaches que abundan en el país. La banda empieza por cumplir su misión con los apaches y después continúa matando a los mismos mejicanos que los contrataron, huir y matar, de eso va este libro.
El estado de naturaleza es una constante en los libros de Cormac Mccarthy, al menos los que he leído, y nunca lo he visto expresado tan claramente como en Meridiano de Sangre, o en La carretera. El hombre ante la ausencia del estado, las leyes y policía, es el mal. En Meridiano de Sangre el contexto es el oeste americano de 1849, la frontera entre EEUU y México, no hay ley, no hay moral, no hay bondad, sólo ambición y dinero al principio, y luego el puro placer de matar. Lo más inquietante es que Macarthy entre líneas nos dice que estos hombres antes de ser asesinos de indios era gente “normal”, gente que había emigrado primero a EEUU, al este, y luego habían seguido hacía el Oeste, hacia la última frontera en busca de oportunidades, en busca de una vida mejor. Los personajes de este libro parecen haber sufrido una involución, de un mundo civilizado han pasado a un mundo salvaje y brutal en  el que la violencia es el rey. Hay una frase que dice así “cuando Dios creó al hombre el diablo estaba a su lado”.  Después de leer Meridiano de Sangre o La carretera, es difícil no pensar en el Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y en la adaptación al cine que hizo Coppola, Apocalypse Now, la mejor película sobre la guerra del Vietnam que se ha rodado jamás, y probablemente la mejor película bélica. Conrad nos habla de un viaje, un viaje hacia la locura y hacia la maldad, hacia el corazón de las tinieblas, donde ya no se sabe si el hombre es hombre o bestia. En Meridiano de sangre, o en La Carretera los personajes ya están allí, ya han llegado, ya están en el estado de naturaleza, en la guerra de todos contra todos. No sé si estoy con Rousseau, con Locke o con Hobbes, no sé si somos más malos que buenos o más buenos que malos, Cormac Mcarthy me ha hecho reflexionar y estoy hecho un lío, menudo berenjenal.
Ahora para desengrasar estoy releyendo El Quijote, pero no cualquier edición no, la de Martín Riquer con ilustraciones de Mingote que Inma me regaló estas navidades. Es mi pequeño homenaje.

Saludos cordiales.