Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.
José Hierro
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jueves, 10 de febrero de 2022
jueves, 23 de septiembre de 2021
138 segundos, de Joan López Lloret
El boxeo es el deporte en el que más se han fijado los grandes escritores y cineastas. Quizá porque no es un deporte, ningún deporte consiste en dos tipos en calzoncillos encima de un cuadrilátero intentando dejar al otro inconsciente a base de puñetazos. Porque, no nos engañemos, el boxeo, por mucho que hablemos de reglas, de técnica y de noble arte, consiste en eso, por eso es tan polémico. El deporte es juego y competición, y eso, en mi opinión no tiene nada que ver con el boxeo. Un profesional no sube al ring a jugar, al boxeo no se juega, tampoco sube a competir para ver quién es mejor, no, sube a tumbar al otro por dinero. Creo que la razón por la que el cine y la literatura se han aproximado al boxeo es por su carácter épico, por la hazaña que supone intentar salir del arrabal, de la miseria, subiendo a un cuadrilátero a pelear por dinero con un tipo al que no conoces de nada. Porque hay una verdad cruel, polémica y dolorosa, y es que mientras haya pobreza, habrá boxeo, y esa épica de lo marginal, insisto, es muy literaria y muy cinematográfica.
Yo me aficioné al boxeo después de leer Torito, un relato en el que Julio Cortázar cuenta el ascenso y la caída de un campeón, ahí, en esas diez páginas está metido todo lo que significa el noble arte. Un libro que he leído mucho es Del boxeo, de James Carol Oates, donde la escritora neoyorquina reflexiona sobre el boxeo y sobre cómo y por qué caló tanto en la cultura popular.
Este documental cuenta la historia de Josep Gironés, uno de los grandes púgiles del boxeo español, un ídolo deportivo entre los años veinte y treinta. Disputó ciento siete combates de los que ganó noventa y siete, y llegó a ser campeón de Europa. El 12 de noviembre de 1935 cuando estaba en su mejor momento peleó con Freedy Miller en la Monumental de Barcelona por el título mundial. A los 138 segundos del primer asalto Miller conectó un gancho al hígado de Gironés que le dejó ko en la lona. Nunca más volvió a boxear, ni se volvió a saber de él. Cuando estalló la Guerra Civil, dos días antes de que los nacionales entraran en Barcelona, huyó y se exilió en Méjico. Se le acusó de participar, como torturador en una Checa. Había otro Gironés en Valencia, también boxeador y se especula con que le confundieran con él. El documental se aproxima a la vida deportiva de Gironés en España y a sus años en el exilio en Méjico. Me ha gustado mucho como aficionado a boxeo pero también por su contenido histórico y humano, la peripecia vital de Gironés ,su ascenso y su caída, merecían este documental.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Ali según Mailer
Muhammad Ali se presenta como el más perturbador de todos los egos. Una vez que se adueña del escenario, jamás amaga con dar un paso atrás para ceder su lugar a los demás actores. Como una cotorra de metro ochenta, Ali no deja de gritar que es el centro del escenario. “Ven y agárrame, idiota-dice-. No puedes porque no sabes quién soy. No sabes dónde estoy. Soy inteligencia humana y tú ni siquiera estás seguro de si soy el bien o el mal”. Este ha sido su mensaje esencial para América durante todos estos años. Para nuestra mentalidad americana es intolerable que esta figura, con toda probabilidad la más importante después del presidente, nos resulte sencillamente incomprensible, pues no sabemos si estamos ante un demonio o un santo.
En la cima del mundo. Norman Mailer
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Siempre se queda uno atónito al volverlo a ver. No en directo como en televisión, sino de pie ante uno y con su mejor aspecto. Porque el Más Grande Atleta del Mundo corre el peligro de ser nuestro hombre más guapo, razón por la cual no tiene más remedio que entrar en escena la hipérbole kitsch. Los suspiros de las mujeres son perceptibles. Los hombres bajan la mirada. Porque recuerdan de nuevo su poco valor. Aunque jamás abriera la boca con el fin de hacer temblar la jalea de la opinión pública, Ali seguiría inspirando amor y odio. Porque es el príncipe del cielo...eso dice el silencio que se produce alrededor de su cuerpo cuando está iluminado.
El combate. Norman Mailer
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La figura de Ali siempre me ha fascinado. Me fascina como boxeador y como personaje. He visto sus combates en internet, he visto documentales a porrillo y he leído varias biografías. Como boxeador me gusta más su etapa anterior a la suspensión y al cambio de nombre (Cassius Clay se convirtió al islam y en 1964 se cambió el nombre a Muhammad Ali) sus combates contra Liston son memorables, es el momento culminante de su carrera. Liston era un pegador brutal pero nunca se había enfrentado a nadie tan rápido, nunca había peleado con un peso pesado que se movía como un peso medio.
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La figura de Ali siempre me ha fascinado. Me fascina como boxeador y como personaje. He visto sus combates en internet, he visto documentales a porrillo y he leído varias biografías. Como boxeador me gusta más su etapa anterior a la suspensión y al cambio de nombre (Cassius Clay se convirtió al islam y en 1964 se cambió el nombre a Muhammad Ali) sus combates contra Liston son memorables, es el momento culminante de su carrera. Liston era un pegador brutal pero nunca se había enfrentado a nadie tan rápido, nunca había peleado con un peso pesado que se movía como un peso medio.
Pero Ali fue mucho más que el mejor boxeador de todos los tiempos. Es difícil indagar en la historia del siglo XX sin tropezarse con él. Cuando en 1967 un periodista del Philadelphia Inquirer
preguntó a Muhamad Ali su opinión sobre la guerra de Vietnam y el Vietcong,
este contestó: “A mí el vietcong ese no me ha hecho nada”. Lipsyte, que así se llamaba el periodista,
tuvo que quedarse con cara de mueble bar, probablemente se esperaba una respuesta
más elaborada, pero Ali dio una de esas
respuestas que a veces dan los niños a
los adultos dejándoles desarmados, “A mí el Vietcong ese no me ha hecho
nada”. Con este elemental argumento
el campeón del mundo de los pesos pesados declaraba su intención de no
incorporarse a filas. Hacía tiempo que Ali había trascendido lo meramente
deportivo, llevaba años haciendo
declaraciones en contra de la discriminación racial y reivindicando lo que
ningún negro popular había reivindicado hasta entonces, su negritud, sus raíces
africanas. Ali hizo esto en un tiempo en que si a un negro estadounidense le
llamabas africano podía darte una paliza.
Con su negativa a
incorporarse a filas Ali entró en la categoría de mito, de icono de la
contracultura norteamericana. “No tengo
nada contra esa gente, ninguno de ellos me ha llamado negrata” se hartó de
decir Ali en las conferencias que dio durante los tres años que estuvo suspendido
por negarse a ir a Vietnam. Mientras Ali
se desgañitaba con sus proclamas antibelicistas, Estados Unidos perdía la
guerra no solo en los arrozales y junglas de Vietnam, también en su propio país.
El autor de Los desnudos y los muertos conoció y entendió como nadie a Muhamad
Ali, literatura y periodismo se mezclan en estas dos crónicas sobre dos de los combates
de boxeo más grandes del siglo XX. En la cima del mundo es la crónica del
primer combate de Ali contra Joe Fraizer celebrado en 1971 en el Madison Square
Garden de Nueva York, Ali aspiraba a recuperar el título de campeón después de
tres años sin licencia para boxear. Por cierto, el prólogo de Andrés Barba no
tiene desperdicio.
En El combate, uno de los libros más alabados de Norman Mailer, el escritor relata la pelea que se dio en 1974 en el corazón de África entre Ali y George Foreman. El combate se celebró el 30 de octubre en Kinshasa, Zaire, hoy República Democrática del Congo. Mailer, como reportero fue testigo de los preparativos y de los entrenamientos, fue testigo de cómo Foreman golpeaba el saco y de cómo Ali desviaba la mirada para no ver el hueco del tamaño de una sandía que había dejado en él. Fue testigo de las tensiones y miedos que latían en el interior de aquellos dos pesados que iban a enfrentarse en un combate mítico.
- El combate. Norman Mailer. Editorial Contra. Junio 2013. Traducido al castellano por María Antonia Menini. 16,90 euros. Lo presto.
- En la cima del mundo. Norman Mailer. 451 editores. Junio de 2013. Traducido al castellano por Juan Sebastián Cárdenas. 14,90 euros. Lo presto.
En El combate, uno de los libros más alabados de Norman Mailer, el escritor relata la pelea que se dio en 1974 en el corazón de África entre Ali y George Foreman. El combate se celebró el 30 de octubre en Kinshasa, Zaire, hoy República Democrática del Congo. Mailer, como reportero fue testigo de los preparativos y de los entrenamientos, fue testigo de cómo Foreman golpeaba el saco y de cómo Ali desviaba la mirada para no ver el hueco del tamaño de una sandía que había dejado en él. Fue testigo de las tensiones y miedos que latían en el interior de aquellos dos pesados que iban a enfrentarse en un combate mítico.
- El combate. Norman Mailer. Editorial Contra. Junio 2013. Traducido al castellano por María Antonia Menini. 16,90 euros. Lo presto.
- En la cima del mundo. Norman Mailer. 451 editores. Junio de 2013. Traducido al castellano por Juan Sebastián Cárdenas. 14,90 euros. Lo presto.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Del boxeo, de Joyce Carol Oates
Cada combate de boxeo es una historia: un drama sin palabras, único y sumamente condensado. Incluso cuando no sucede nada sensacional: entonces el drama es "meramente" psicológico. Los boxeadores están ahí para establecer una experiencia absoluta, una pública rendición de cuentas de los límites máximos de su ser; ellos saben, como pocos podríamos saber de nosotros mismos, qué poder físico y psíquico poseen: de cuánto son capaces. Entrar en el ring medio desnudo y para arriesgar la propia vida es hacer de su público una especie de voyeur...el boxeo es tan íntimo. Es salirse de la conciencia de la cordura para entrar en otra, difícil de nombrar. Es arriesgarse, y a veces alcanzar, la agonía (del griego agón, contienda) de la cual es raíz.
**
No tengo la pretensión de justificar el boxeo como deporte porque nunca lo he considerado un deporte.
No hay nada fundamentalmente lúdico en ello; nada que parezca pertenecer a la luz del día, al placer. En sus momentos de mayor intensidad parece contener una imagen de la vida tan completa y potente -belleza de la vida, vulnerabilidad, desesperación, coraje incalculable y a veces autodestructivo -que el boxeo es la vida, y difícilmente un simple juego. Durante un combate pugilístico de altura (Alí-Fraizer I, por ejemplo) nos sentimos profundamente conmovidos por la comunión del cuerpo consigo mismo a través de la intransigente carne de otro. El diálogo del cuerpo con su
personalidad-sombra...o con la Muerte. El béisbol, el fútbol, el baloncesto: esos pasatiempos tan esencialmente norteamericanos son deportes de fácil reconocimiento porque implican juego: son juegos. Se juega al fútbol, no se juega al boxeo.
Carol Oates. Del boxeo
personalidad-sombra...o con la Muerte. El béisbol, el fútbol, el baloncesto: esos pasatiempos tan esencialmente norteamericanos son deportes de fácil reconocimiento porque implican juego: son juegos. Se juega al fútbol, no se juega al boxeo.
Carol Oates. Del boxeo
-Del boxeo. Joyce Carol Oates. Punto de lectura. 2012 (la primera edición en Estados Unidos es de 1987). Traducción de José Arconada. 192 páginas. 8 euros. Lo presto.
domingo, 25 de mayo de 2014
Ocho relatos de boxeo, de Alexander Drake
Sonó la campana. Los dos boxeadores se aproximaron al centro del cuadrilátero. Ambos se odiaban. Cada cual era el fiel reflejo del otro y ninguno se gustaba a sí mismo. Los dos habían crecido en las calles, sin familia, pobres como ratas; la droga y la delincuencia siempre a su alrededor. El boxeo era su única esperanza para salir del fango. Pero uno tenía que ser el mejor para conseguir su meta. Era un camino duro. No había segundas oportunidades. Aquí la gente peleaba de verdad. Peleaba por su vida.
**
Los puños de Arregui se estrellaban en el saco con tanta fuerza y velocidad que Franklin no pudo imaginar en aquel momento a ningún boxeador que él hubiese visto antes encajando semejantes golpes sin acabar siendo noqueado. Pero Walter sabía que no cualquier hombre valía para ser boxeador. Una gran fuerza no era lo único necesario. También estaba la técnica, el juego de piernas, los reflejos, la defensa, la capacidad para soportar el castigo y el dolor, la resistencia al agotamiento, la agresividad, el instinto asesino y, sobre todo, el corazón y la estrategia.
Ocho relatos de boxeo. Alexander Drake.
Llegué a este libro gracias al blog de José Ángel Barrueco, un espacio imprescindible para todo aquel que quiera estar al tanto de lo que se cuece al margen del circuito literario convencional, más allá de las grandes editoriales, del Babelia y el Qué leer, al otro lado de las novedades, los bestsellers, los escritores consagrados y los escaparates.
Sabía que Ocho relatos de boxeo me iba a gustar porque me encantan el boxeo y las historias de boxeo, y porque gente cuyo criterio suelo tener en cuenta hablaba muy bien del libro. Alexander Drake es el seudónimo de un tipo de San Sebastián que escribe, no sé nada más del autor. El libro se lee en una tarde y es tan bueno que sabe a poco, uno se queda con ganas de más relatos, relatos de boxeadores, relatos de combates que parecen crónicas, escritos con una prosa rápida, seca y directa. Drake nos sube al ring y nos mete en las peleas, podemos oler la sangre y el sudor, casi podemos sentir los golpes y la crudeza del deporte más noble y duro que existe, el deporte en el que más solo se está. Sorprende lo bien que maneja el autor el lenguaje pugilístico y su capacidad no sólo para describir los combates sino para meterse en la mente de los boxeadores en el transcurso de los mismos. El buen hacer de Drake no se limita a lo que ocurre en el cuadrilátero, sus historias van más allá del ring y nos muestran las motivaciones, las circunstancias y las frustraciones de quienes han elegido el boxeo como medio para ganarse la vida. Ninguno de los relatos de este libro tiene desperdicio, ninguno deja indiferente, aunque hay uno que me ha llegado y emocionado especialmente "Arregui, la leyenda del boxeador" que cuenta la historia de un levantador de piedras que acepta la oferta de un periodista norteamericano que está haciendo un reportaje sobre los deportes autóctonos en el País Vasco. El periodista, fascinado por la fuerza del harrijasotzaile, le ofrece ir a Nueva York para convertirse en boxeador. Arregui al principio rechaza la propuesta, pero al mes comienza en España la Guerra Civil y se ve obligado a aceptar ante el avance de los sublevados y las matanzas de las patrullas falangistas. Ocho relatos de boxeo es un libro duro y de una honestidad brutal, un libro lleno de buena literatura.
-Ocho relatos de Boxeo. Alexander Drake. Ediciones Lupercalia . 10,95 euros. 104 páginas. Creo que lo mejor es pedir el libro a la editorial, la página funciona bastante bien, una vez confirmado el pedido en 24 horas tenía el libro en casa.
lunes, 12 de mayo de 2014
El Toro del Bronx
Desde tiempos de Píndaro hasta nuestros días, poetas,
escritores, pintores y cineastas han puesto el foco en el noble arte. El boxeo
es el deporte del que más ha mamado la literatura: Hemingway, Norman Mailer,
Julio Cortázar, Jack London, Arthur Cravan, Conan Doyle, William Faulkner o
Víctor Hugo son sólo algunos de los escritores más célebres que han contado historias de boxeo. Por lo general, los escritores y los boxeadores siempre se han llevado bien.
La lista
de cineastas que se han fijado en el pugilismo no es menor. En 1980 Martin Scorsese puso en imágenes el magnífico guión de Paul Schrader y Mardik Martin, la historia del controvertido boxeador Jake LaMotta. Quizá, esto
va por barrios, Raging Bull de Scorsese sea la mejor película sobre boxeo, o
sobre un boxeador que se ha rodado, quizá…
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sábado, 29 de marzo de 2014
Historias de boxeo
Anoche volví a ver Más dura será la caída de
Mark Robson, la película termina con Eddie Willis, un periodista
deportivo interpretado por Humphrey Bogart, escribiendo un artículo en el que
pide que se prohíba el boxeo en Estados Unidos. The Harder They Fall
está en la línea de la mayoría de las películas que se hicieron en Hollywood sobre el
mundo del boxeo entre los años cuarenta y cincuenta. Películas negras poco
complacientes con este deporte que se centraban más en sus sombras que en sus
luces. Películas que retrataban el
ambiente del boxeo en las grandes ciudades estadounidenses, cuando estaba
en manos de gangsters y empresarios sin escrúpulos que amañaban combates y se
adueñaban de las vidas de chicos que buscaban en el boxeo un medio para escapar
de su clase social o de los prejuicios hacia su raza. El boxeo daba la
posibilidad de “ser alguien” a los que no tenían ninguna posibilidad de salir
del charco o del gueto. Los boxeadores eran utilizados como ganado y abandonados a su suerte cuando ya no servían y
estaban sonados por los golpes. Los directores que mostraban esta
realidad se la jugaban, porque se enfrentaban directamente al
sindicato del crimen.
Decía Javier Castillejo (El Lince de Parla) en una
entrevista, que el cine había hecho mucho daño al boxeo, probablemente tenga
razón. El boxeo de ahora no es el de los años cuarenta, pero no hay que olvidar que las películas sobre boxeo de
aquellos años mostraban una realidad dura e incómoda.
![]() |
| Rod Steiger y Humphrey Bogart en Más dura será la caída (The Harder They Fall) de Mark Robson. 1956. Fue la última película de Bogart, falleció nueve meses después del rodaje. |
Un deporte tan arraigado a la cultura popular tenía que tener por lógica una fuerte presencia en el cine. La lucha por la vida y la épica del arrabal que hay en el pugilismo, han hecho que muchos artistas de diferentes disciplinas pongan el foco en él. En las películas siempre ha quedado muy bien reflejada la brecha entre los aficionados al noble arte: por un lado los que admiran la nobleza, la técnica y la elegancia del boxeo, por otro el populacho vociferante que acude al espectáculo sediento de sangre o por el simple interés económico que generan las apuestas.
Estoy a vueltas con el cine sobre boxeo porque hace unos días colgué una fotos de The Set-Up de Robert Wise en Facebook, yo decía que era una de las mejores películas de boxeo del período clásico y uno me dijo que no, que era la mejor película de boxeo de todos los tiempos. Pensé que aquello era mucho decir y me acordé de Cuerpo y alma de Robert Rossen, de El ídolo de barro y Más dura será la caída, ambas de Mark Robson y de la más reciente Toro Salvaje de Martin Scorsesse. Cualquiera de ellas podía ser también la número uno del cine sobre boxeo. El caso es que llevaba tiempo sin ver The Set-Up y las demás mencionadas y he dedicado una semana a darles un revolcón a estas y a algunas más. Y sí, el colega de Facebook tiene razón, hoy por hoy coincido con él, The Set-Up es la mejor película de boxeo de todos los tiempos. Esa es mi opinión de hoy después de haberle pegado un repaso al género, esto de las listas de favoritos es lo que tiene, siempre suelen estar las mismas en uno u otro género, lo que cambia es la posición en función del momento y las circunstancias.
Estoy a vueltas con el cine sobre boxeo porque hace unos días colgué una fotos de The Set-Up de Robert Wise en Facebook, yo decía que era una de las mejores películas de boxeo del período clásico y uno me dijo que no, que era la mejor película de boxeo de todos los tiempos. Pensé que aquello era mucho decir y me acordé de Cuerpo y alma de Robert Rossen, de El ídolo de barro y Más dura será la caída, ambas de Mark Robson y de la más reciente Toro Salvaje de Martin Scorsesse. Cualquiera de ellas podía ser también la número uno del cine sobre boxeo. El caso es que llevaba tiempo sin ver The Set-Up y las demás mencionadas y he dedicado una semana a darles un revolcón a estas y a algunas más. Y sí, el colega de Facebook tiene razón, hoy por hoy coincido con él, The Set-Up es la mejor película de boxeo de todos los tiempos. Esa es mi opinión de hoy después de haberle pegado un repaso al género, esto de las listas de favoritos es lo que tiene, siempre suelen estar las mismas en uno u otro género, lo que cambia es la posición en función del momento y las circunstancias.
La película cuenta la historia de un veterano
boxeador en horas bajas que pelea con una joven promesa. Todo el mundo le dice a Stoker que está acabado como boxeador, hasta su manager apuesta contra él. Su mujer, que le acompaña en cada pelea intenta convencerle de que no suba al ring. El único que confía en Stoker es el propio Stoker.
The Setup es una obra maestra de 72 minutos a la que no le sobra ni le falta un plano. Cine de estudio hecho con cuatro perras. Creo que ninguna película ha mostrado mejor como era el boxeo por dentro; el público que acudía a los combates, la vida en el vestuario, las motivaciones de los boxeadores y la mafia que lo ensuciaba todo. Inmenso Robert Ryan, creo que en pocas ha estado mejor. La película no se estrenó nunca en España (no pasó la censura), la primera vez que se emitió en TVE fue en los años 80 y le pusieron el título Nadie puede vencerme, en una pase en otra cadena años después la titularon Tongo, también se ha emitido con el título de Combate Trucado. El corte que comparto es un poco largo pero merece la pena echarle 7 minutos, que no se preocupe quien no la haya visto, no hay spoiler.
The Setup es una obra maestra de 72 minutos a la que no le sobra ni le falta un plano. Cine de estudio hecho con cuatro perras. Creo que ninguna película ha mostrado mejor como era el boxeo por dentro; el público que acudía a los combates, la vida en el vestuario, las motivaciones de los boxeadores y la mafia que lo ensuciaba todo. Inmenso Robert Ryan, creo que en pocas ha estado mejor. La película no se estrenó nunca en España (no pasó la censura), la primera vez que se emitió en TVE fue en los años 80 y le pusieron el título Nadie puede vencerme, en una pase en otra cadena años después la titularon Tongo, también se ha emitido con el título de Combate Trucado. El corte que comparto es un poco largo pero merece la pena echarle 7 minutos, que no se preocupe quien no la haya visto, no hay spoiler.
Siempre que veo esta joya me acuerdo de un relato de Jack London titulado Un bistec, Jack London escribió unos relatos de boxeo estupendos.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
Historias del ring
El de la foto es Emile Griffit, uno de los mejores
boxeadores de la historia. El 24 de Marzo de 1962, en el Madison Square Garden
de Nueva York, Griffit se enfrentó al cubano Bennie Paret por el título mundial
del peso wélter. El combate creó gran expectación y fue televisado en todo el país. En el duodécimo asalto
Griffit arrinconó a Paret y le propinó 29 golpes seguidos, los últimos 18 en menos de
7 segundos y sin recibir respuesta. El
árbitro cometió el peor error de su carrera al no
parar el combate, el entrenador del cubano también se equivocó al no tirar la toalla. Paret cayó a la lona como un fardo,
entró en coma y murió diez días después.
Griffit ganó el título de campeón del mundo del peso wélter.
La muerte de Paret causó un gran revuelo en Estados Unidos. El
gobernador de Nueva York creó una
comisión para investigar la pelea y el
boxeo en general. El árbitro no volvió a
dirigir un combate, y la cadena NBC dejó de transmitir combates en directo. Una
nube de sospecha y de prejuicios se cernió sobre el boxeo durante años. Tiempo después se supo que durante el pesaje previo
al combate, Paret había llamado “maricón” a Griffit, que llevaba años intentando
ocultar su homosexualidad llevando una
doble vida, intentando ocultar su condición sexual en un deporte en el que la
hombría estaba por encima de toda duda. En aquellos años y en aquel deporte,
salir del armario era ciencia ficción. Griffit reconoció que subió al ring muy cabreado, encendido por el
insulto, cuando en el duodécimo encontró
la oportunidad y el hueco, descargó su ira contra el cubano. Emile Griffit
no volvió a ser el mismo después de aquel combate, ni en lo personal ni en lo
deportivo, boxeaba con miedo, con miedo a pegar demasiado fuerte, pensó en retirarse,
pero solo sabía ganarse la vida con los puños. Años después de aquella pelea, tras
haber recibido una brutal paliza de manos de unos
pandilleros a la salida de un bar gay, confesó ser bisexual. La intransigencia moral de la puritana
sociedad estadounidense siempre le persiguió.
En su biografía declaró:
En su biografía declaró:
“Sigo pensando qué extraño es todo. Maté a un hombre y la
mayoría de la gente lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo un hombre y para
mucha gente eso es un pecado imperdonable que me convierte en una mala persona.
Nunca fui a la cárcel, pero he estado preso casi toda mi vida”.
Griffit pasó sus últimos años entre la pobreza y la
demencia provocada por los golpes,
sobreviviendo gracias a un subsidio del Consejo Mundial de Boxeo, murió
en junio de este año sin saber quién era. A pesar de su palmarés (logró cinco títulos mundiales) siempre será recordado por matar a un hombre
en el ring y por ser el boxeador gay.
La historia de Griffit
parece un argumento sólido para los que opinan que el boxeo es una
salvajada, para los que afirman que es
un deporte violento que invita a la violencia y todo lo demás. A mí el boxeo me
gusta mucho, de hecho es el único deporte que me gusta, pero entiendo que haya
gente a la que le provoque rechazo. Al fin y al cabo el boxeo consiste en darse
de hostias, por muchas normas, mucha
técnica y mucha estrategia que le
pongamos a la cosa, por mucho que un combate de boxeo requiera tanto esfuerzo
intelectual como físico. En cuanto a la
violencia yo creo que hay más violencia en otros deportes más tolerados,
violencia menos explícita claro, violencia verbal, violencia gestual e incluso
racismo. En ningún deporte he encontrado
más respeto por el rival que en el boxeo ¿qué paradoja verdad?, ahí está parte
de lo que me embruja del pugilismo. Luego está la épica del arrabal, lo de buscarse
un hueco y perseguir el éxito a fuerza de puños. El boxeo siempre ha sido un
deporte de pobres en el que además de por el éxito se pelea por la
supervivencia y por conseguir un sueño. Nadie que pueda estudiar ingeniería se hace boxeador.
Alomejor tienen razón los detractores del boxeo y ni siquiera es un deporte, el deporte siempre lleva implícito un componente lúdico, y a boxear como profesional no se juega, se juega al fútbol, al golf, o al tenis. Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión, creo que el boxeo es el deporte más duro que existe, y el más noble, más que el fútbol, más que el tenis, y más que la fórmula1, incluso más que el ciclismo o el atletismo. Ser campeón del mundo de boxeo es más duro y más difícil que serlo de tenis, de fútbol o de motociclismo. Alomejor el rechazo hacia el boxeo y la semiclandestinidad que sufre en algunos países como el nuestro tienen que ver con ese rechazo a la violencia que se ve, tan extendido en estos tiempos, con esa alergia a la crudeza. Y también, posiblemente, el rechazo hacia el boxeo tenga que ver con su origen marginal y arrabalero, y con esa otra tendencia también tan de estos tiempos, de esconder y edulcorar todo lo que tenga que ver con la miseria, con la crudeza y con la pobreza.
Alomejor tienen razón los detractores del boxeo y ni siquiera es un deporte, el deporte siempre lleva implícito un componente lúdico, y a boxear como profesional no se juega, se juega al fútbol, al golf, o al tenis. Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión, creo que el boxeo es el deporte más duro que existe, y el más noble, más que el fútbol, más que el tenis, y más que la fórmula1, incluso más que el ciclismo o el atletismo. Ser campeón del mundo de boxeo es más duro y más difícil que serlo de tenis, de fútbol o de motociclismo. Alomejor el rechazo hacia el boxeo y la semiclandestinidad que sufre en algunos países como el nuestro tienen que ver con ese rechazo a la violencia que se ve, tan extendido en estos tiempos, con esa alergia a la crudeza. Y también, posiblemente, el rechazo hacia el boxeo tenga que ver con su origen marginal y arrabalero, y con esa otra tendencia también tan de estos tiempos, de esconder y edulcorar todo lo que tenga que ver con la miseria, con la crudeza y con la pobreza.
Viendo el documental
sobre Griffit titulado Ring of
Fire, y leyendo sobre su triste final, me he acordado de ese maravilloso
relato que Julio Cortázar (gran aficionado al boxeo) dedicó al popular boxeador
argentino Justo Suárez y en el que a
modo de monólogo interior, Cortázar narra el pensamiento del boxeador, que
relata su ascenso y su caída. Os dejo por aquí algún fragmento y recomiendo su
lectura completa. Igualmente os
recomiendo que no perdáis de vista el documental que comparto por aquí y que me
ha gustado tanto como When We Were Kings (Cuando éramos reyes)
de Leon Gast.
"Todos dijeron que me hubiera convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta. Tienen razón si me quedo hasta los ocho no me agarra tan mal el rubio.(...) Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte pibe. Todo el mundo cobra a la final. La noche del Tani, te acordás pobre Tani, qué biaba. Se veía que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando le fui a saludar al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena leñada. Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y me reía de contento, no me quería reir, te imaginás que no era de él, pobre pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entro los de él, más chatos que cinco´e queso. Pobre Tani. Por qué me acuerdo de él, decime un poco. A lo mejor yo lo miré así al rubio esa noche. (...) Vos crees que tenés la cara de fierro, y en eso te la hacen sonar de una piña. Qué fierro ni qué ocho cuartos."
Julio Cortázar. Torito. "Torito" forma parte del libro de relatos "Final de juego".Relato completo
Saludos cordiales.
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lunes, 26 de noviembre de 2012
Nacidos para perder
La televisión es una gran invento, hay mierda, demasiada probablemente, pero también cosas interesantes, creo que hay bastantes canales para que cada uno se fustigue la neurona como le plazca, el que quiera peli, tiene pelis, el que quiera fútbol, fútbol, el que quiera tele caca se va a hartar, también hay buenos documentales, series que no están mal y programas concurso que se dejan. Otra cosa son los informativos, antes eran telediarios, ahora los informativos se han convertido en programas de variedades, en los que te cuentan al mismo tiempo que Cristiano Ronaldo está triste porque le duele el juanete, que Siria ha atacado una aldea rebelde y ha matado a diez niños que estaban jugando, que el nuevo Ferrán Adriá de turno desestructura los huevos fritos con chistorra en vaso de chupito de puta madre, que los niños de Sahel se mueren de hambre, que los triunfitos triunfan, que una familia ha sido desahuciada y que la última colección de un modisto muy moderno es la pera limonera. Todo junto para que las desgracias duelan menos, para que la cosa sea menos dramática y más entretenida, que estamos comiendo hombre. Supongo que la televisión es un reflejo de la sociedad, del mundo en el que habitamos, probablemente no podemos esperar mucho más de ella. También es muy golosa para los que tienen el poder, sean del color que sean, el intento del poder por controlar los medios de comunicación es tan viejo como la imprenta. Yo me conformaría con que la televisión entretuviera sin embrutecer, divulgara sin adoctrinar, e informara sin desinformar, soñar es gratis claro.
El caso es que ayer haciendo zapping sin rumbo fijo me tropecé con un peliculón que acababa de empezar, Cowboy de medianoche de John Schlesinger, nada menos. Cuando la enganché empezaba a sonar el temazo de Harry Nilsson mientras Joe salía de su apartamento hecho un pincel con su atuendo de cowboy. Me quedé.
Joe Buck vive en un pueblecito de Texas, y es, aparte de un buen tipo, un palurdo, un soñador y un ingenuo. Pero tiene buena planta, y cree que eso, unas botas camperas, una chupa a lo Buffalo Bill y un sombrero tejano, serán más que suficientes para romper bragas a discreción en la ciudad de Nueva York y triunfar como gigoló. Porque lo que quiere Joe, es ser un vividor, vivir de las mujeres..., el tío lo tiene claro, ha echado sus cuentas, "Allí hay muchas mujeres ricas Ralf, te lo piden y te pagan por ello, los hombres son maricas casi todos", le dice a su compañero cuando va a despedirse del restaurante en el que trabaja como lavaplatos, menudo figura. El bueno y bien dotado de Joe mete sus pocos bártulos en una maleta y pone rumbo al este dispuesto a cumplir su sueño, pero Joe, aunque no lo sabe, es un perdedor, un hombre sin estrella que se estrella al rato de llegar a la city. Sólo y sin un duro encuentra la compañía de un grasiento lisiado que se gana la vida como timador y raterillo y que ha contribuido a su propia ruina. La peli aunque invita al descojone en más de una ocasión es dura, sórdida, y al final, conmovedora. Una película sobre la soledad y el desarraigo, pero sobre todo sobre la amistad, y sobre la necesidad , más que de amar, de sentirse querido y cuidado. Se estrenó en 1969, y es un retrato sobre la sociedad urbana neoyorquina de la época, una sociedad que niega a muchos el manido sueño americano condenándolos a vivir al margen. La contracultura, el hipismo, la psicodelia, la liberación sexual y los estragos de La Guerra del Vietnam están presentes en todo el film. Geniales John Voig y Dustin Hoffman, sobre todo el primero, en su papel de paleto tejano, de niño grande llegado a la gran ciudad, y genial la banda sonora, sobre todo el conocido tema central de la misma. De lo mejorcito de los sesenta en mi opinión. Tenéis que verla o reverla.
Cuando terminó la peli me quedé pensando en el juego que dan los perdedores en el cine, siempre me han gustado más las películas de antihéroes que de héroes, no sé muy bien por qué. Prefiero al Deckard de Blade Runner que al Indiana Jones de En busca del arca perdida, al Travis de Taxi driver que al Lorenzo de Arabia de Lawrence de Arabia, y me gusta más Grupo Salvaje que Los siete magníficos. El tema del perdedor ha estado siempre muy presente en la historia del cine, especialmente en el norteamericano que se hizo en los años 60 y 70, el inadaptado, el condenado al fracaso, el malo, el tipo que vive el margen, un filón. El buscavidas, La leyenda del indomable, Taxi driver, El rey del rodeo y ésta son sólo algunos ejemplos. Entre las de perdedores las hay más y menos duras claro, la más dura de las que he visto es con diferencia Leaving Las Vegas, tela. Con la literatura me pasa lo mismo, dos de mis personajes literarios favoritos son Don Quijote y Jean Valjean, Don Quijote es un héroe pero del fracaso.
Después de Cowboy de medianoche seguí zapeando y me tropecé con uno de tantos programas que se dedican a hacer casquería con la miseria ajena, hablaban de Poli Díaz y del último episodio de su descenso. Hace unos días, Poli Díaz ingresó en un hospital tras recibir dos navajazos en una reyerta. La vida del Potro de Vallecas podría ser el guión de varias de las mejores y más duras películas de boxeo que se han hecho. Salido del arrabal, triunfó como boxeador en España y en Europa llegando invicto después de 32 combates a competir por el título de campeón del mundo contra Whitaquer en 1991, todo un acontecimiento deportivo en España, que volvía a sacar al boxeo de la “clandestinidad” y a colocarlo en la actualidad deportiva, la cosa duró poco. Poli perdió a los puntos contra Whitaker en 1991, y desde entonces no ha dejado de caer, se fundió todo lo que había ganado en juergas aliñadas con drogas, mercenarias del sexo y mucho alcohol, cuando se le acabó la pasta y desaparecieron los amigos, se enganchó a la heroína se compró una tienda de campaña y se fue a vivir a Las Barranquillas. Últimamente parecía rehabilitado, pero la delincuencia y las drogas siempre acaban tirando de él. La antítesis de Poli Díaz es Javier Castillejo, que después de ser dos veces campeón del mundo se retiró y vive con su familia del gimnasio que regenta en Parla. Lo que consiguió Javier Castillejo a nivel deportivo es mucho más difícil que lo que ha conseguido Nadal o los de la roja, sin embargo Castillejo es mejor tratado y considerado en Inglaterra en Alemania o en Francia que en su propio país al que representó siempre con orgullo y nobleza cuando peleaba. Pero en fin, esa es otra historia.
En el cine de boxeo abundan las historias de perdedores, el ascenso y la caída de los condenados al fracaso, el sueño convertido en pesadilla, las historias de campeones en el ring y fracasados en la vida.
Estos días he estado leyendo Tres historias de boxeo, y El gran combate de Jack London, y la verdad es que son una maravilla, Julio Cortázar al que también estoy leyendo a ratos últimamente, era muy aficionado al boxeo y tiene unos relatos cojonudos sobre el pugilismo, no perdáis de vista Torito, El noble arte o Lucas.
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Os dejo que de tanto hablar de los perdedores me han entrado ganas de leerme alguna hazaña del perdedor por excelencia; el ínclito, el maravilloso, el invencible, Don Quijote de la Mancha.
Ficha de Cowboy de medianoche aquí.http://www.filmaffinity.com/es/film906560.html
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miércoles, 10 de octubre de 2012
Cine y boxeo
Siempre me ha llamado la atención que el boxeo, un deporte que provoca tanto rechazo, tenga tanta presencia y aceptación en el cine. Algunos dicen que es porque el boxeo es un deporte muy teatral, muy efectista, y esto en la gran pantalla da mucho juego. Probablemente. Supongo que la pantalla y la ficción, por muy realistas que pretendan ser los combates atenúan la crudeza del boxeo, en el cine no podemos oler la sangre y el sudor. A mí las películas sobre boxeo me gustan, el boxeo está muy presente en el cine negro, y el cine negro me encanta. Un género en el que abundan los perdedores, los marginados y los mafiosos, los tipos que no tienen nada que perder y están dispuestos a partirse la jeta por salir del arrabal en el que están metidos poniéndose en manos de gánsters sin escrúpulos y mujeres fatales. También me gustan las películas sobre boxeo porque el boxeo es el único deporte que me llama la atención, el único que no me aburre ver, no puedo decir que sea un aficionado, lo que sé de boxeo lo sé por el cine, por la literatura, por algún documental y por algún combate que veo por la televisión.
El boxeo es un deporte muy cinematográfico y muy literario, un deporte sobre el que escritores y artistas de todo tipo han puesto el foco, algo tendrá. A mí me encantan las películas de boxeo, las buenas claro, hay ahí una épica marginal y barriobajera que embruja. No soy muy de listas, siempre me dejo alguna fuera que me gustaría meter, pero voy a hacer una de algunas de las películas de boxeo que más me gustan de las que he visto.
-Toro Salvaje. MartinScorsese.1980. Para mí la mejor película que se ha hecho sobre boxeo, el guión es de Paul Schrader y Mardik Martin. Una maravilla el guión, la fotografía, el montaje y los actores, Robert de Niro lo borda. Cuando uno ve Toro Salvaje, a ratos tiene la sensación de que está viendo una peli de miedo. El ascenso y la caída de un campeón. Un campeón en el rin, y un bruto en la vida.
-Más dura será la caída. Mark Robson.1957. Esta la acabo de volver a ver, un peliculón, es de 1956, cuando el cine negro daba ya sus últimos coletazos, Bogart es el protagonista y encarna a un veterano periodista que es contratado por un capo para hacer popular a un boxeador sin talento. Cine negro, boxeo y periodismo. El arranque es espectacular.Bogart se sale, es su última película, nada más terminar el rodaje le detectaron un cáncer y murió a los pocos meses. Buena despedida Humphrey.
-Cuerpo y alma. Robert Rossen .1947. Todo por la pasta. Te vas a quitar el hambre a guantazos Charlie, vas a salir del charco, es más, te vas a forrar, ya te llegará la factura. Cuanto más subas más gorda será la hostia cuando caigas amigo. Brutal.
-Gentleman Jim. Raoul Walsh. 1942. Esta película cuenta a su manera la historia de los inicios del boxeo tal y como lo conocemos hoy, a través de la vida de James. J Corbett el primero que se alzó como campeón del mundo en 1892. De lo mejor de Errol Flynn, y de lo mejor de Walsh.
-El ídolo de barro (Champion).1949. Otra de Mark Robson que como tantas indaga en el oscuro mundo del Boxeo de antes. La escena del entrenamiento del campeón ha sido imitada hasta la saciedad. Soberbio Kirk Douglas.
-Million Dolar Baby. Clint Estwood.2004. Obra maestra. No la he vuelto a ver desde que la estrenaron en el cine, me dejó seco.
-El luchador. Walter Hill.1975. Cine sin florituras, el amigo Charles Bronson era de pocas palabras, pero cuando hablaba lo clavaba "Yo no miro más allá de donde termina la carretera". Las yoyas suenan como en las de Bud Spencer. Un lujo.
-Fat City.1972. John huston. Una de las películas más sórdidas que he visto, un homenaje a los perdedores.
-Nadie puede vencerme (The Setup). Robert Wise.1949. De lo mejorcito de la época clásica.
Hay algunas más claro, pero no caben, de las más actuales me quedo con The Boxer (1997), de Jim Sheridan, y con Cinderella Man (2005) de Ron Howard. Se admiten recomendaciones, sobre todo de cine europeo, que he visto menos. Hay un documental que he visto hace poco y me ha encantado Cuando éramos reyes (1996) de Leon Gast, el documental cuenta los días previos al mítico combate por el título entre Mohamed Alí y George Foreman celebrado en Zaire en 1974. Un figura Mohamed Alí, no sólo fue uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, también fue un icono de la contracultura de los 60, gran documental, muy recomendable.
Os dejo que voy a ver Marcado por el odio, llevo tiempo sin darle una vuelta.
Saludos cordiales.
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