Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

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jueves, 1 de mayo de 2014

Raúl Núñez


Sinatra se parecía a Sinatra. Tenía cuarenta años. No era demasiado alto. Se había empezado a quedar calvo y llevaba el pelo muy corto. Había conseguido un trabajo de portero de noche en la pensión donde vivía. Le salía su habitación gratis y le quedaba un poco de dinero. Hacía un año que su mujer lo había dejado para irse con un negro. Tenía gracia. Le parecía una broma. Siempre que pensaba en ello, una sonrisa torcida aparecía en su boca. La misma sonrisa torcida con la que se enfrentaba al mundo. Ahora no tenía mujer. Le costaba aceptarlo. Se sentía solo.
Sinatra solía pasar las noches escuchando la radio. Programas nocturnos dedicados a gente como él. Le gustaba la música. Una noche había telefoneado a la radio para pedir un disco de Sinatra. No había dicho nada de su parecido ni de su apodo. Lo complacieron, como suelen decir los locutores. Sinatra encendió un cigarrillo y escuchó. No sabía inglés, pero comprendió todo. Se acordó de su mujer. Y del negro. Y volvió a sonreir.

Sinatra. Raúl Nuñez.


**

Yo no hacía nada. Hacía un año que había dejado mi trabajo en la renfe con la idea de convertirme en escritor. De momento no lo había conseguido. Lo único que hacía era sentarme ante la máquina de escribir, mientras mi mujer trabajaba, y quedarme allí, mirándola, sin poder llenar una sola página. Me sentía realmente mal. Mi mujer me reprochaba que no trabajara. cuando comenzaba a decirme todo aquello, me iba al bar de enfrente y me quedaba allí, tomando vino blanco, jugando a la máquina tragaperras o hablando con el camarero.
   Eso era todo.
[...]Era demasiado temprano. Pedí el segundo gintonic del día. García el cuarto. Siempre se repetía la misma proporción, dos suyos por uno mío. Pese a todo, algún día conseguiría igualarlo. Estaba seguro de que la rubia del bar me ayudaría a conseguirlo.
-García, estoy enamorado -dije de repente.
Me miró alarmado. El vaso pareció temblar ligeramente en su mano.
-¿Enamorado? ¿De quién?
-De la puta más bella que haya visto en mi vida.

La rubia del bar. Raúl Núñez.

 

Tenía a Raúl Núñez apuntado en pendientes desde hacía tiempo, desde que leyendo un artículo sobre la novela negra de Juan Madrid (del que he leído prácticamente todo) apareció su nombre. Se le elogiaba como poeta, como novelista y como precursor en España del realismo sucio. Y se lamentaba en aquel artículo su caída en el olvido y su condición de escritor maldito. Busqué sus libros, pero todos estaban descatalogados y dejé de buscar. Hace poco, a raíz de leer una reseña de una de sus novelas, reinicié la búsqueda, y después de patearme todas la bibliotecas públicas de mi ciudad y algunas de la capital, cuando estaba a punto de rendirme y recurrir al mercado de segunda mano, di con las ediciones en Anagrama de Sinatra y La rubia del bar. Me las leí en dos tardes.
 Ya he contado aquí en alguna ocasión que en cuanto a personajes literarios y cinematográficos prefiero a los antihéroes que a los héroes, a los perdedores que a los ganadores, es más,  las historias de  héroes de una pieza, de triunfadores,  me aburren hasta el bostezo. Así que he disfrutado mucho con estas dos novelas llenas de gente desorientada, de fracasados, borrachos, marginados,  prostitutas y escritores malditos que deambulan por bares de mala muerte, bingos, puticlubs y sórdidas pensiones. El escenario de estas novelas es el barrio chino de Barcelona durante los años ochenta. En la literatura de Raúl Núñez no hay florituras, hay  frases cortas y secas que en ocasiones funcionan como ganchos de izquierda que dejan al lector ko. Las novelas de Raúl Núñez no son aptas para alérgicos a las crudas realidades o a las suciedades del arrabal, o para los que no sienten curiosidad por lo que se esconde tras la mirada húmeda de esos borrachos desaliñados acodados en barras de cinc que suelen habitar los pocos bares de antes que nos quedan. Yo siempre he sentido una mezcla de curiosidad y fascinación  por las historias de perdedores y marginados, por las historias de  gente que ha perdido la batalla de la vida. Cuentan que Raúl Núñez fue un escritor maldito que vivió como uno de sus personajes, y que murió solo, pobre y alcoholizado en 1996 en su piso de Valencia. En 2008 un grupo de amigos, entre los que se encontraba Juan Marsé, Joaquín Sabina y Juan Madrid, reunieron toda su poesía en un volumen titulado Marihuana para los pájaros. Ya lo tengo encargado. Pienso leerme todo lo que encuentre de este tipo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Peckinpah: sangre, talento y whisky.

Kris Kristofferson (Billy the Kid) y James Coburn (Pat Garrett) en Pat Garrett y Billy
 the Kid de Sam Peckinpah. 1973.
 
Cuando se trata sobre  el western crepuscular  es inevitable  hablar de  Grupo salvaje, La balada de Cable Hogue y Pat Garrett  y Billy the Kid, las  tres películas de Sam Peckinpah  que marcan el final de un género que lleva muriendo desde finales de los 50 pero que no acaba de estirar la pata. Parecía que Pat Garrett y Billy the  Kid iba a ser  el último  gran western, pero veinte años después llegó Sin perdón y resucitó el género, el personal se volvió loco y los críticos que llevaban años vapuleando a Clint Eastwood  se derritieron.  Sin perdón se convirtió en un clásico en cuestión de meses, y ya está entre las mejores películas de la historia del cine. Conozco a gente que se aficionó a las de vaqueros gracias a esta película.  Como decía, siempre se habla de Peckinpah a la hora de hablar del final del western, sus películas tratan de tipos atrapados entre dos épocas:  el viejo oeste de los espacios abiertos en el que la ley no existía,  y la llegada de la civilización con el ferrocarril como metáfora del avance del capitalismo. Yo creo que muchos de los temas que explotó Peckinpah ya están en El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford, en esta película el viejo maestro ya nos anuncia que la cosa se acaba. Ford era un viejo artesano curtido en el cine mudo, y Peckinpah un joven con mucho talento curtido en la televisión. Peckinpah reformuló el género y lo llenó de perdedores, movimientos de cámara, tiroteos sangrientos a cámara lenta, chicas en pelotas y litros de alcohol, regalando a los amantes del género  un puñado de westerns cargados de violencia y belleza a partes iguales.  
Ayer volví a ver Pat Garrett y Billy the Kid. En esta película Peckinpah aborda la historia de Pat Garrett y Billy el niño mezclando realidad y leyenda. Un western cargado de romanticismo y melancolía, en el que la maravillosa música de Bob Dylan eleva todavía más el tono de cantar de gesta de la película.  El Pat Garrett y Billy the  Kid de Peckinpah es un poema visual, una balada acompañada de una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, en la que destaca una de las grandes canciones del siglo XX, Knockin ´On Heaven´s Door (Llamando a las puertas del cielo), por cierto, Bob Dylan además de componer la música interpretó un papel en la película.
Billy y Pat son viejos amigos y  compañeros de banda, pero los tiempos cambian y el oeste en el que robaron y asesinaron impunemente se está acabando, ha llegado el ferrocarril, han llegado los inversores, ha llegado la ley, se acabó lo de hacer lo que a cada uno le salga de las pelotas. Pat se adapta a los tiempos y se convierte en Sheriff, Billy pretende seguir haciendo lo que le sale de las pelotas “Los tiempos están cambiando”, dice Pat a Billy para justificar su nueva condición de servidor de la ley  “Tal vez los tiempos estén cambiando, pero yo no” contesta Billy.  La misión del Sheriff Garrett  es dar caza a los forajidos y el primero de la lista es su viejo amigo. La incertidumbre que provoca vivir el fin de una época y la amistad traicionada son algunos de los temas de esta película. Es curioso como los westerns de Peckinpah, tan violentos y decadentes, me transmiten tanta emoción  como  los del viejo Ford. Tan distintos y tan parecidos.



Ficha de las películas mencionadas:
Pat Garret y Billy the Kid
La balada de Cable Hogue
Grupo salvaje
El hombre que mató a Liberty Valance   
Sin perdón

 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Historias del ring

El de la foto es Emile Griffit, uno de los mejores boxeadores de la historia. El 24 de Marzo de 1962, en el Madison Square Garden de Nueva York, Griffit se enfrentó al cubano Bennie Paret por el título mundial del peso wélter.  El combate  creó gran expectación y fue televisado  en todo el país. En el duodécimo asalto Griffit arrinconó a Paret  y le propinó  29 golpes seguidos, los últimos 18 en menos de 7 segundos y sin recibir respuesta.  El árbitro cometió el peor error de su carrera al no  parar el combate,  el entrenador del cubano también se equivocó al no tirar la toalla. Paret cayó a la lona como un fardo, entró en coma y murió diez días después.  Griffit ganó el título de campeón del mundo del peso wélter.
 
 
La muerte de Paret causó un gran revuelo en Estados Unidos.   El gobernador de Nueva York  creó una comisión para investigar  la pelea y el boxeo en general.  El árbitro no volvió a dirigir un combate, y la cadena NBC dejó de transmitir combates en directo. Una nube de sospecha y de prejuicios se cernió sobre el boxeo durante años. Tiempo  después se supo que durante el pesaje previo al combate, Paret había llamado “maricón” a Griffit, que llevaba años intentando ocultar su homosexualidad  llevando una doble vida, intentando ocultar su condición sexual en un deporte en el que la hombría estaba por encima de toda duda. En aquellos años y en aquel deporte, salir del armario era ciencia ficción.   Griffit reconoció que  subió al ring muy cabreado, encendido por el insulto,  cuando en el duodécimo encontró la oportunidad y el hueco, descargó su ira contra el cubano.  Emile  Griffit no volvió a ser el mismo después de aquel combate, ni en lo personal ni en lo deportivo, boxeaba con miedo, con miedo a pegar demasiado fuerte, pensó en retirarse, pero solo sabía ganarse la vida con los puños. Años después de aquella pelea,  tras  haber recibido una brutal paliza de manos  de unos  pandilleros a la salida de un bar gay, confesó ser bisexual. La intransigencia moral de la puritana sociedad estadounidense siempre le persiguió.
 En su biografía  declaró:
“Sigo pensando qué extraño es todo. Maté a un hombre y la mayoría de la gente lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo un hombre y para mucha gente eso es un pecado imperdonable que me convierte en una mala persona. Nunca fui a la cárcel, pero he estado preso casi toda mi vida”.
Griffit pasó sus últimos años entre la pobreza y la demencia  provocada por los golpes, sobreviviendo gracias a un subsidio del Consejo Mundial de Boxeo, murió en junio de este año sin saber quién era. A pesar de su palmarés  (logró cinco títulos mundiales)  siempre será recordado por matar a un hombre en el ring y por ser el boxeador gay.
La historia de Griffit  parece un argumento sólido para los que opinan que el boxeo es una salvajada, para los que  afirman que es un deporte violento que invita a la violencia y todo lo demás. A mí el boxeo me gusta mucho, de hecho es el único deporte que me gusta, pero entiendo que haya gente a la que le provoque rechazo. Al fin y al cabo el boxeo consiste en darse de hostias,  por muchas normas, mucha técnica y mucha estrategia  que le pongamos a la cosa, por mucho que un combate de boxeo requiera tanto esfuerzo intelectual  como físico. En cuanto a la violencia yo creo que hay más violencia en otros deportes más tolerados, violencia menos explícita claro, violencia verbal, violencia gestual e incluso racismo.  En ningún deporte he encontrado más respeto por el rival que en el boxeo ¿qué paradoja verdad?, ahí está parte de lo que me embruja del pugilismo. Luego está la épica del arrabal, lo de buscarse un hueco y perseguir el éxito a fuerza de puños. El boxeo siempre ha sido un deporte de pobres en el que además de por el éxito se pelea por la supervivencia y por conseguir un sueño.  Nadie que pueda estudiar ingeniería se hace boxeador.

 Alomejor tienen razón los detractores  del boxeo y ni siquiera es un deporte, el deporte siempre lleva implícito un componente lúdico, y a boxear como profesional no se juega, se juega al fútbol, al golf, o al tenis.  Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión, creo que el boxeo es el deporte más duro que existe, y el más noble,  más que el fútbol, más que el tenis, y más que la fórmula1, incluso más que el ciclismo o el atletismo. Ser campeón del mundo de boxeo es más duro y más difícil que serlo de tenis, de fútbol o de motociclismo. Alomejor el rechazo hacia el boxeo y la semiclandestinidad que sufre en algunos países como el nuestro tienen que ver con ese rechazo a la violencia que se ve,  tan extendido en estos tiempos, con esa alergia a la crudeza. Y también, posiblemente, el rechazo hacia el boxeo tenga que ver con su origen marginal y arrabalero, y con esa otra tendencia también tan de estos tiempos, de esconder y edulcorar todo lo que tenga que ver con la miseria, con la crudeza y con la pobreza.
 
Viendo el documental  sobre Griffit titulado Ring of Fire, y leyendo sobre su triste final, me he acordado de ese maravilloso relato  que  Julio Cortázar (gran aficionado al boxeo) dedicó al popular boxeador argentino Justo Suárez y en el que a modo de monólogo interior, Cortázar narra el pensamiento del boxeador, que relata su ascenso y su caída. Os dejo por aquí algún fragmento y recomiendo su lectura completa.  Igualmente os recomiendo que no perdáis de vista el documental que comparto por aquí y que me ha gustado tanto como When We Were Kings (Cuando éramos reyes) de Leon Gast.
"Todos dijeron que me hubiera convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta. Tienen razón si me quedo hasta los ocho no me agarra tan mal el rubio.(...) Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte pibe. Todo el mundo cobra a la final. La noche del Tani, te acordás pobre Tani, qué biaba. Se veía que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando le fui a saludar al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena leñada. Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y me reía de contento, no me quería reir, te imaginás que no era de él, pobre pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entro los de él, más chatos que cinco´e queso. Pobre Tani. Por qué me acuerdo de él, decime un poco. A lo mejor yo lo miré así al rubio esa noche. (...) Vos crees que tenés la cara de fierro, y en eso te la hacen sonar de una piña. Qué fierro ni qué ocho cuartos."
Julio Cortázar. Torito. "Torito" forma parte del libro de relatos "Final de juego".Relato completo     
Saludos cordiales.

lunes, 7 de octubre de 2013

El cine y los perdedores

Veredicto final (The Verdict). Sidney Lumet. 1982.


Frank (Paul Newman) es un abogado en horas bajas que desayuna con cerveza y  cena con  whisky, un fracasado, un perdedor y un borracho al que ha abandonado su mujer y  que lleva años sin ganar un caso. Sobrevive a  salto de mata a base de pequeños trabajos. Pero  Frank tiene una virtud que escasea en la profesión y en la vida, es un hombre con principios. Acepta  un caso del que nadie quiere ocuparse: una demanda por  negligencia médica  contra un prestigioso hospital religioso defendido por el bufete de abogados más importante de la ciudad. Esta negligencia médica ha dejado a una joven en estado vegetativo. Veredicto final es uno de los mejores dramas judiciales que yo he visto y la película que más me gusta de Sidney Lumet junto a 12 hombres sin piedad. Creo que en pocas Paul Newman ha estado mejor, y Charlotte Rampling está estupenda.

Inolvidable ese plano que abre la película y que nos muestra a Frank solo en el bar  bebiendo una jarra de cerveza y perdiendo al pinball una bola tras otra. A través de la ventana se deja ver una cruda y fría mañana de invierno. En fin…,los perdedores en el cine, que os voy a contar. Yo soy de los que piensan que Frank acaba cogiendo el teléfono en esa memorable escena final.

Como podéis ver en el vídeo, los perdedores también pueden tener un buen día.


Escena de Veredicto final (Ther Verdict). Sidney Lumet.1982.
from Álvaro Bernal on Vimeo.

Ficha de la película

 
 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Taxi Driver


Robert de Niro y Martin Scorsese durante el rodaje de Taxi Driver. Foto de Steve Schapiro.

La editorial Taschen publicó en febrero un libro sobre Taxi Driver, ilustrado con las fotografías que hizo Steve Schapiro durante el rodaje  y con prólogo de Scorsese. Lo estuve ojeando y manoseando en la librería de El Corte Inglés y la verdad es que el libro es un bombón pero cuesta 50 eurazos, así que me tuve que conformar con olerlo, leerlo y toquetearlo durante  un buen rato antes de devolverlo a la estantería. Se lo pediré a los reyes.  Algunas fotos de las que hizo Schapiro ya las conocía porque se habían publicado ya en otros libros sobre la película, otras no, todas son cojonudas. Salí de la librería sin libro pero con la cabeza llena de esas imágenes del rodaje y de la película, que me sé fotograma a fotograma. Me acordé de la música de Bernard Herrmann, del asfalto mojado de las calles de Nueva York, de las alcantarillas echando humo y de Travis  pudriéndose en su cuchitril y hablando frente al espejo.  Así que cuando llegué a casa bajé las persianas, metí el DVD en el DVD, encendí la tele grande y me volví a calzar Taxi Driver. Sobre Taxi Driver ya lo dije todo aquí (Travis) en una de las primeras entradas de este blog , así que volver al tema sería repetirme. Os dejo una escena que he conseguido recortar con el movie marker  o como se llame y subir a YouTube.

  
                    
 
Entrada sobre Taxi Driver

miércoles, 10 de abril de 2013

Pongamos que hablo de Madrid



Yo pensaba que me había pateado todas las bibliotecas municipales de mi ciudad y resulta que no, que tenía una al lado de mi casa y ni me había enterado. Está en un bajo, en una plaza recóndita, he pasado muchas veces por allí pero si uno no va a tiro hecho ni la ve, sobre todo yo, que además de miope soy  rey del despiste y emperador de la caraja. Si la ves de lejos parece un local cerrado o un cuarto de contadores. El caso es que hace unos días salí a dar un paseo y me tropecé con ella por casualidad, vi salir a unos chavales con mochila y libros y agucé la vista, que alegrón, salir a que te de el aire y descubrir una biblioteca. Entré y solicité el carné, me atendió un tío muy majo y muy profesional. Al principio me pareció pequeña, pero el bibliotecario enseguida me dijo que esa era la zona infantil y que al fondo del pasillo a la derecha había que bajar unas escaleras y luego subirlas para llegar a la sala de adultos (el que hizo los planos debía ir harto de güisqui), allá que me fui a rebuscar un rato. Pocas cosas me gustan más que perder el tiempo en una biblioteca sin rumbo fijo, de poesía a novela de novela a cine y de cine a filosofía y política y tiro porque me toca. Cuando andaba por la sección de novela estuve ojeando unos libros de Juan Madrid. De Juan Madrid leí hace muchos años Días contados, en esta novela se basa la película de Uribe del mismo título. En mi opinión, la película poco a nada tiene que ver con el libro.

Llevaban tiempo recomendándome la novela negra de Juan Madrid. Es curioso que con lo que me gusta el cine negro nunca haya sido muy aficionado a la novela negra actual o nueva novela negra o como lo llamen ahora. Fuera de algunos clásicos que inspiraron luego las grandes películas del cine negro norteamericano no le había dado mucho al tema. Me habían dado mucho la brasa con la novela negra sueca, y también con  Juan  Madrid, tienes que leer los cuentos policíacos o negros (el follón de los géneros)  de Juan Madrid y sus novelas de Toni Romano, un lujo, novela negra de la buena y además producto nacional. Como leas a la Larsson antes de leer a Juan Madrid es pa darte me decían. Ok, tomo nota, me apunto Juan Madrid. Me llevé Días contados para darle otro revolcón, una antología de relatos titulada Un trabajo fácil, y la primera novela de la saga de Antonio Carpintero alias Toni Romano Un beso de amigo. Me lo he pasado teta.

Días contados es una de las novelas más duras y sórdidas que he leído. Antonio es un fotógrafo al que encargan un reportaje que ilustre una guía turística sobre la movida madrileña. Se trata de fotografiar los bares de referencia y a la gente guapa que protagonizó aquello, algo que atraiga al personal "nada de mugre y cutrerío" le advierten en la editorial. La mugre y el cutrerío que quiere evitar la editorial es la que se suele esconder detrás de la prosperidad y el estado de bienestar de las grandes urbes, la que no nos gusta que nos saquen en el telediario mientras nos apretamos un cocido, la que siempre está ahí aunque vaya moviéndose de un barrio a otro. Antonio se instala en una buhardilla de la Plaza del dos de Mayo, es el año 1990, y lo que se encuentra en Malasaña es mugre y cutrerío por un tubo; drogas, delincuencia y prostitución. Son los años duros de la heroína y el sida, el final de una década prodigiosa en la que muchos jóvenes no encontraron su sitio y se quedaron en el camino. Antonio es un tipo ambicioso y piensa que si fotografía ese mundo de miseria, explotación y delincuencia hará el libro de su vida y se convertirá en un fotógrafo de prestigio. Pero la editorial no quiere la cruda realidad, quiere a la gente guapa de la movida.

"Estas fotos dan ganas de vomitar, hay demasiada droga, demasiado pus, demasiada mierda...La gente quiere olvidarse de que todo eso existe. Quiere algo más bonito, no sé, más artístico, más elegante."

La novela es una reflexión sobre la transición, sobre la izquierda burguesa, y sobre el final de una década que nos han vendido como maravillosa. La venerada movida fue pura estética, una cosa muy superficial que hizo en su mayoría gente de buena familia que estaba harta de política y tenía ganas de divertirse. Fue una juerga que duró cuatro años, una juerga sólo para algunos, "la movida fuimos cien personas" se dice en un momento del libro. Es cierto que afloró la creatividad artística y musical, y que surgieron grupos cojonudos, pero en mi opinión se ha sobrevalorado demasiado el tema. Lo que cuenta la novela es la otra cara de la moneda, la otra realidad. Curiosamente el recientemente fallecido José Luis Sampedro asistió a la presentación del libro en 1993 y entre otras cosas dijo:

 "Este libro desmitifica y pone en su sitio una década que no ha sido como nos la han querido hacer ver"







Después de Días contados me calcé en dos tardes la antología de relatos Un trabajo fácil  y la primera novela de la saga de Antonio Carpintero alias Toni Romano Un beso de amigo. He disfrutado como un gorrino en un lodazal. Antonio Carpintero es un  ex boxeador y ex policía que se dedica a resolver asuntos turbios para gente que no puede acudir a la policía, un huele braguetas sin licencia que se mete en líos y se conoce Madrid como la palma de la mano, especialmente el barrio de Malasaña. La novela es un fresco urbano que no tiene desperdicio. Toni Romano es una actualización del detective privado que nació con El Halcón Maltés, y cuela, seguro que han existido y existen tipos así en la urbe madrileña. Novela, negra y  urbana sí, pero también novela social. Esto último es por lo que siempre me han recomendado las novelas de Juan Madrid, lo que los aficionados a este género que conozco han echado de menos en otros autores de novela negra o policíaca, la crónica social.

Las novelas que he leído de Juan Madrid retratan ese mundo del hampa, de la delincuencia y de los buscavidas que ya abordó la picaresca y las novelas de Pío Baroja. El mundo de lo marginal, de los olvidados, siempre ha dado mucho juego en la literatura. Juan Madrid fue periodista de sucesos durante muchos años, ha patrullado lo suyo y se nota que conoce la calle y a la gente, sobre la importancia que ha tenido su experiencia como periodista a la hora de escribir dijo:

 "Soy periodista de sucesos desde hace 20 años, y en mi trabajo viví lo que luego conté en mis historias."

Las novelas de Juan Madrid son una crónica urbana y social de los 80 y los 90. Decía José Luís Sampedro que para conocer una época es mejor una buena novela que un estudio sociológico. Estoy de acuerdo, cuanto más leo más suscribo las palabras de Sampedro, descanse en paz.  Os dejo que voy a comenzar con la segunda novela de la saga de Toni Romano. No perdáis de vista a Juan Madrid, yo no pienso hacerlo. 
Para terminar, ya que le hemos pegado un buen revolcón a Juan Madrid y a su novela negra,  urbana y madrileña, os dejo esta versión que hicieron  Los Porretas del mítico temazo de Joaquín Sabina. Suban el volumen de sus ordenatas y dispónganse a rocanrolear....




¡¡VIVA ELVINO Y EL ROCANROL!!

Saludos cordiales.

-Las novelas de Juan Madrid son fáciles de encontrar en bibliotecas municipales. Los cuentos andan algo dispersos en varias antologías, pero me he enterado de que en 2009 ediciones B publicó los cuentos completos, cuesta 22 euros. No obstante las antologías de relatos de Juan Madrid también abundan en las bibliotecas. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nacidos para perder


La televisión es una gran invento, hay mierda, demasiada probablemente, pero también cosas interesantes, creo que hay bastantes canales para que cada uno se fustigue la neurona  como le plazca, el que quiera peli, tiene pelis, el que quiera fútbol, fútbol, el que quiera tele caca se va a hartar, también hay buenos documentales, series que no están mal y programas concurso que se dejan. Otra cosa son los informativos, antes eran telediarios, ahora los informativos se han convertido en programas de variedades, en los que te cuentan al mismo tiempo que  Cristiano Ronaldo está triste porque le duele el juanete, que Siria ha atacado una aldea rebelde y ha matado a diez niños que estaban jugando, que el nuevo Ferrán Adriá de turno desestructura los huevos fritos con chistorra en vaso de chupito de puta madre, que los niños de Sahel se mueren de hambre, que los triunfitos triunfan, que una familia ha sido desahuciada y que la última colección de un modisto muy moderno es la pera limonera. Todo junto para que las desgracias duelan menos, para que la cosa sea menos dramática y más entretenida, que estamos comiendo hombre. Supongo que la televisión es un reflejo de la sociedad, del mundo en el que habitamos, probablemente no podemos esperar mucho más de ella. También es muy golosa para los que tienen el poder, sean del color que sean, el intento del poder por controlar los medios de comunicación es tan viejo como la imprenta.  Yo me conformaría con que la televisión entretuviera sin embrutecer, divulgara sin adoctrinar, e informara sin desinformar, soñar es gratis claro.
El caso es que ayer haciendo zapping sin rumbo fijo me tropecé con un peliculón que acababa de empezar, Cowboy de medianoche de John Schlesinger, nada menos. Cuando la enganché empezaba a sonar el temazo de Harry Nilsson mientras Joe salía de su apartamento hecho un pincel con su atuendo de cowboy. Me quedé.
Joe Buck vive en un pueblecito de Texas, y es, aparte de un buen tipo, un palurdo, un soñador y un ingenuo. Pero tiene buena planta, y cree que eso, unas botas camperas, una chupa a lo Buffalo Bill y un sombrero tejano, serán más que suficientes para romper bragas a discreción en la ciudad de Nueva York y triunfar como gigoló. Porque lo que quiere Joe, es ser un vividor, vivir de las mujeres..., el tío lo tiene claro, ha echado sus cuentas, "Allí hay muchas mujeres ricas Ralf, te lo piden y te pagan por ello, los hombres son maricas casi todos", le dice  a su compañero cuando va a despedirse del restaurante en el que trabaja como lavaplatos, menudo figura. El bueno y bien dotado de Joe  mete sus pocos bártulos en una maleta y pone rumbo al este dispuesto a cumplir su sueño, pero Joe, aunque no lo sabe, es un perdedor, un hombre sin estrella  que  se estrella al rato de  llegar a la city. Sólo y sin un duro encuentra la compañía de  un grasiento lisiado que se gana la vida como timador y raterillo y que ha contribuido a su propia ruina. La peli aunque invita al descojone en más de una ocasión es dura, sórdida, y al final, conmovedora. Una película sobre la soledad y el desarraigo, pero sobre todo sobre la amistad, y sobre la necesidad , más que de amar, de sentirse querido y cuidado.  Se estrenó en 1969, y es un retrato sobre la sociedad urbana neoyorquina de la época, una sociedad que niega a muchos el manido sueño americano condenándolos a vivir al margen. La contracultura, el hipismo, la psicodelia, la liberación sexual y los estragos de La Guerra del Vietnam están presentes en todo el film. Geniales John Voig  y Dustin Hoffman, sobre todo el primero, en su papel de paleto tejano, de  niño grande  llegado a la gran ciudad, y genial la banda sonora, sobre todo el conocido tema central de la  misma. De lo mejorcito de los sesenta en mi opinión. Tenéis que verla o reverla.
Cuando terminó la peli me quedé pensando en el juego que dan los perdedores en el cine, siempre me han gustado más las películas de antihéroes que de héroes, no sé muy bien por qué. Prefiero al Deckard de Blade Runner que al Indiana Jones de En busca del arca perdida, al Travis de Taxi driver  que al Lorenzo de Arabia de Lawrence de Arabia, y me gusta más Grupo Salvaje que Los siete magníficos. El tema del perdedor ha estado siempre muy presente en la historia del cine, especialmente en el norteamericano que se hizo en los años 60 y 70, el inadaptado, el condenado al fracaso, el malo, el tipo que vive el margen, un filón. El buscavidas, La leyenda del indomable, Taxi driver, El rey del rodeo y ésta son sólo algunos ejemplos. Entre las de perdedores las hay más y menos duras claro, la más dura de las que he visto es con diferencia Leaving Las Vegas, tela.  Con la literatura me pasa lo mismo, dos de mis personajes literarios favoritos son Don Quijote y Jean Valjean, Don Quijote es un héroe pero del fracaso.
Después de Cowboy de medianoche seguí zapeando y me tropecé con uno de tantos programas que se dedican a hacer casquería con la miseria ajena, hablaban de Poli Díaz y del último episodio de su descenso. Hace unos días, Poli Díaz  ingresó en un hospital tras recibir dos navajazos en una reyerta.  La vida del Potro de Vallecas podría ser el guión de varias de las mejores y más duras películas de boxeo que se han hecho. Salido del arrabal, triunfó como boxeador en España y en Europa llegando invicto después de 32 combates a competir por el título de campeón del mundo contra Whitaquer en 1991, todo un acontecimiento deportivo en España, que volvía a sacar al boxeo de la “clandestinidad” y a colocarlo en la actualidad deportiva, la cosa duró poco. Poli perdió a los puntos contra Whitaker en 1991, y desde entonces no ha dejado de caer, se fundió todo lo que había ganado en juergas aliñadas con drogas, mercenarias del sexo y mucho alcohol, cuando se le acabó la pasta y desaparecieron los amigos, se enganchó a la heroína se compró una tienda de campaña y se fue a vivir a Las Barranquillas. Últimamente parecía rehabilitado, pero la delincuencia y las drogas siempre acaban tirando de él. La antítesis de Poli Díaz es Javier Castillejo, que después de ser dos veces campeón del mundo se retiró y vive con su familia del gimnasio que regenta en Parla. Lo que consiguió Javier Castillejo a nivel deportivo es mucho más difícil que lo que  ha conseguido Nadal o los de la roja, sin embargo Castillejo es mejor tratado y considerado en Inglaterra en Alemania o en Francia que en su propio país al que representó siempre con orgullo y nobleza cuando peleaba. Pero en fin, esa es otra historia.
En el cine de boxeo abundan las historias de perdedores, el ascenso y la caída de los condenados al fracaso, el sueño convertido en pesadilla, las historias de campeones en el ring y fracasados en la vida.
Estos días he estado leyendo Tres historias de boxeo, y El gran combate de Jack London, y la verdad es que son una maravilla, Julio Cortázar al que también estoy leyendo a ratos últimamente, era muy aficionado al boxeo y tiene unos relatos cojonudos sobre el pugilismo,  no perdáis de vista Torito, El noble arte o Lucas.
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Os dejo que de tanto hablar de los perdedores me han entrado ganas de  leerme alguna hazaña del perdedor por excelencia; el ínclito, el maravilloso, el invencible,  Don Quijote de la Mancha.



Ficha de Cowboy de medianoche aquí.http://www.filmaffinity.com/es/film906560.html

miércoles, 10 de octubre de 2012

Cine y boxeo

Siempre me ha llamado la atención que el boxeo, un deporte que provoca tanto rechazo, tenga tanta presencia y aceptación en el cine. Algunos dicen que es porque el boxeo es un deporte muy teatral, muy efectista, y esto en la gran pantalla da mucho juego. Probablemente. Supongo que la pantalla y la ficción, por muy realistas que pretendan ser los combates atenúan la crudeza del boxeo, en el cine no podemos oler la sangre y el sudor. A mí las películas sobre boxeo me gustan, el boxeo está muy presente en el cine negro, y el cine negro me encanta. Un género en el que abundan los perdedores, los marginados y los mafiosos, los tipos que no tienen nada que perder y están dispuestos a partirse la jeta por salir del arrabal en el que están metidos poniéndose en manos de gánsters sin escrúpulos y mujeres fatales. También me gustan las películas sobre boxeo porque el boxeo es el único deporte que me llama la atención, el único que no me aburre ver, no puedo decir que sea un aficionado, lo que sé de boxeo lo sé por el cine, por la literatura, por algún documental y por algún combate que veo por la televisión.
 
El boxeo es un deporte muy cinematográfico y muy literario, un deporte sobre el que escritores y artistas de todo tipo han puesto el foco, algo tendrá. A mí me encantan las películas de boxeo, las buenas claro, hay ahí una épica marginal y barriobajera que embruja. No soy muy de listas, siempre me dejo alguna fuera que me gustaría meter, pero voy a hacer una de algunas de las películas de boxeo que más me gustan de las que he visto.

-Toro Salvaje. MartinScorsese.1980. Para mí la mejor película que se ha hecho sobre boxeo, el guión es de Paul Schrader y Mardik Martin. Una maravilla el guión, la fotografía, el montaje y los actores, Robert de Niro  lo borda. Cuando uno ve Toro Salvaje, a ratos tiene la sensación de que está viendo una peli de miedo. El ascenso y la caída de un campeón. Un campeón en el rin, y un bruto en la vida.
 

-Más dura será la caída. Mark Robson.1957.  Esta la acabo de volver a ver, un peliculón, es de 1956, cuando el cine negro daba ya sus últimos coletazos, Bogart es el protagonista y encarna a un veterano periodista que es contratado por un capo para hacer popular a un boxeador sin talento. Cine negro, boxeo y periodismo. El arranque es espectacular.Bogart se sale, es su última película, nada más terminar el rodaje le detectaron un cáncer y murió a los pocos meses. Buena despedida Humphrey.
 

-Cuerpo y alma. Robert Rossen .1947. Todo por la pasta. Te vas a quitar el hambre a guantazos Charlie, vas a salir del charco, es más, te vas a forrar, ya te llegará la factura. Cuanto más subas más gorda será la hostia cuando caigas amigo. Brutal.
 

-Gentleman Jim. Raoul Walsh. 1942. Esta película cuenta a su manera la historia de los inicios del boxeo tal y como lo conocemos hoy, a través de la vida de James. J Corbett el primero que se alzó como campeón del mundo en 1892. De lo mejor de Errol Flynn, y de lo mejor de Walsh.
 

-El ídolo de barro (Champion).1949. Otra de Mark Robson que como tantas indaga en el oscuro mundo del Boxeo de antes. La escena del entrenamiento del campeón ha sido imitada hasta la saciedad. Soberbio Kirk Douglas.
 

-Million Dolar Baby. Clint Estwood.2004. Obra maestra. No la he vuelto a ver desde que la estrenaron en el cine, me dejó seco.
 







-El luchador. Walter Hill.1975. Cine sin florituras, el amigo Charles Bronson era de pocas palabras, pero cuando hablaba lo clavaba "Yo no miro más allá de donde termina la carretera". Las yoyas suenan como en las de Bud Spencer. Un lujo.
 

-Fat City.1972. John huston. Una de las películas más sórdidas que he visto, un homenaje a los perdedores.

-Nadie puede vencerme (The Setup). Robert Wise.1949. De lo mejorcito de la época clásica.

Hay algunas más claro, pero no caben, de las más actuales me quedo con The Boxer (1997), de Jim Sheridan, y con Cinderella Man (2005) de Ron Howard. Se admiten recomendaciones, sobre todo de cine europeo, que he visto menos. Hay un documental que he visto hace poco y me ha encantado Cuando éramos reyes (1996) de Leon Gast, el documental cuenta los días previos al mítico combate por el título entre Mohamed Alí y George Foreman celebrado en Zaire en 1974. Un figura Mohamed Alí, no sólo fue uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, también fue un icono de la contracultura de los 60, gran documental, muy recomendable.


 

Os dejo que voy a ver Marcado por el odio, llevo tiempo sin darle una vuelta.

Saludos cordiales.





domingo, 17 de junio de 2012

La guerra, madre: la guerra.

Este es Marte, el dios de la guerra. El cuadro lo
pintó Diego Velázquez en 1640, y está en El Prado
El otro día tomando copas con amigos, salió el tema del Cine Bélico. Cada uno habló de sus preferidas, y empezamos con las listas; las cinco mejores, las diez mejores,  las mejores sobre la primera y la Segunda Guerra Mundial, las mejores sobre la Guerra de Vietnam, las mejores sobre guerras más actuales. Entre las que comentamos salió La cruz de hierro de Sam Peckinpah, yo la ponía por encima de Salvar al soldado Ryan de Spielberg, ahí se armó el carajal, se formaron dos bandos, los unos y los otros, (esto es muy español) y estuvo la cosa muy divertida. Es cierto que las escenas de los combates de La cruz de hierro son bastante salchicheras en comparación con las de la laureada  Salvar al Soldado Ryan. De hecho  desde que vimos en los cines la espectacular  escena del desembarco de Normandía, todo el Cine Bélico se quedó como acartonado y viejo en cuanto al realismo a la hora de recrear  los combates, incluso las mejores a su lado se han quedado planas y teatrales. Pero el realismo y los efectos especiales no lo son todo en las películas de guerra.
La cruz de hierro tiene todos los ingredientes del cine de Peckinpah; la violencia, la cámara lenta, los perdedores, la sangre, las chicas en pelotas y el whisky. Sam Peckinpah se bebía hasta el agua de  los floreros, el alcohol  fue  una constante en su vida y en sus películas, además solía pasarse los cánones y las buenas costumbres por el forro, esto hizo que tuviera siempre una relación difícil con la industria y el público en general, que le  amaba y  le odiaba a partes iguales. Se llevaba a matar con los productores, que le cortaban las películas en el último momento. Pekinpah murió casi olvidado en 1984, con cincuenta y nueve  años, su cuerpo no aguantó  las cantidades industriales de alcohol y cocaína que consumió durante buena parte de su vida. Nos dejó un buen puñado de películas, entre las que se encuentran joyas como Grupo Salvaje, Pat Garret  y Billy the Kid, o La cruz de hierro. En La cruz de hierro no estamos en el oeste, o en la frontera de México, si no en el frente oriental, durante el último período de la Segunda Guerra mundial, donde un escuadrón de soldados alemanes se enfrenta al ejército ruso. El Cabo Steiner (James Coburn) es el mejor soldado de su escuadrón, un líder venerado por sus compañeros, y apreciado por los oficiales por su valor e iniciativa. Al escuadrón se incorpora el Capitán Stranszky ( Maximiliam Schell), un oficial de cuna de origen prusiano, estirado y clasista, que busca  ganar la ansiada Cruz de Hierro sin ensuciarse demasiado el uniforme. El Cabo Steiner ya tiene esta condecoración, pero no le da ningún valor. Steiner y el resto de la tropa no combaten por Alemania, ni por los ideales, ni por La Cruz de Hierro, luchan por sobrevivir, matan para que no les maten. 
Steiner es un valiente porque no tiene nada que perder, probablemente sería un don nadie, un perdedor,  un muerto de hambre cuando La Wehrmacht  le reclutó para ir a combatir, y lo seguirá siendo cuando termine el conflicto. Está asqueado de la guerra, de los oficiales y del uniforme, sin embargo en la guerra es un tipo importante y respetado, por eso renuncia a un permiso después de ser herido en combate, nada ni nadie le espera fuera de aquel horror. El estirado Capitán Stransky  es un cobarde, probablemente porque tiene mucho que perder; su estatus, su mansión en Austria, su destino dorado en la Francia ocupada y la vuelta a casa luciendo La Cruz de Hierro en la pechera. El guión de esta película  está lleno de frases memorables, “ yo le enseñaré donde crecen las cruces de hierro”, le dice el Cabo Steiner al Capitán Stransky  al final de la película…, quieres la baratija, ven conmigo a combatir, te vas a enterar de los que es la guerra…Peckinpah da su visión personal de la guerra, mostrando el horror y la violencia sin concesiones, y denunciando su origen clasista. La tropa que está en primera línea de combate es carne de cañón, mientras en la retaguardia y en casa, oficiales y políticos se llevan los laureles. La cruz de hierro es un peliculón muy recomendable para los amantes del Cine Bélico, y del cine en general.

El Cabo Steiner,(James Coburn), se presenta ante el Capitán Stranszky,(Maximiliam Schell), recién incorporado al escuadrón. El estirado Stranszky, a su pesar, ya ha ensuciado su flamante uniforme, al tener que tirarse al barro para protegerse de un obús.
En el Cine Bélico hay dos tendencias,  por un lado están las más patrioteras  y panfletarias, las que se utilizaban para elevar la moral, o para justificar el conflicto, como propaganda. Estas inciden en aspectos como el valor, la victoria,  el compañerismo, el heroísmo y el honor, entendiendo la guerra como un mal necesario, como un sacrificio para alcanzar la  paz o mantenerla.  Por otro, están las que denuncian los horrores de la guerra, y ponen el dedo en el lado más salvaje y oscuro que despierta en el ser humano; la violencia justificada, la muerte, la crueldad, y las secuelas que deja en los hombres y en las sociedades que las sufren. Estas plantean la guerra como algo absurdo e innecesario.  La cruz de hierro fue de las primeras que siguieron esta tendencia de una manera clara y contundente, tendencia que años más tarde seguirían las centradas en La Guerra del Vietnam, casi otro género dentro del Cine Bélico.
A mí mientras sean buenas me gustan de los dos tipos, el Cine Bélico ante todo es espectáculo, luego está el tono de cada peli y la reflexión que haga cada cual. Objetivo Birmania de Raoul Walsh, rodada en 1942 para elevar la moral de los americanos durante la Segunda Guerra Mundial, es panfletaria y patriotera claro, pero es un peliculón, y está considerada como una de las mejores películas bélicas que se han rodado jamás. Una de mis preferidas junto a  La Cruz de Hierro es No eran imprescindibles de John Ford, protagonizada por John Wayne. Patton, también está muy bien, el discurso inicial no tiene desperdicio, ¿belicista o antibelicista?, yo la he visto varias veces y no lo tengo claro. Otra muy buena es El día más largo, que recrea minuciosamente el desembarco de Normandía. Las que más abundan son las que tratan la Segunda Guerra Mundial, sobre la primera hay menos. La que más me gusta de las que he visto es Senderos de Gloria de Kubrick, esta es antibelicista sin tapujos, genial Kirk Douglas, genial ese plano secuencia del general pasando revista en las trincheras, Kubrick era un figura, que os voy a contar. Luego están las más recientes, a mí la que más me gusta de las que se han hecho en los últimos diez o quince años sobre la Segunda Guerra Mundial, es La delgada línea roja, de Terrence Malick.  
El cine sobre la Guerra del Vietnam es casi un género aparte, se han hecho muchas películas, la mayoría se recrean en el horror y  el error que supuso aquella guerra,  en el sinsentido y la pesadilla. Las mejores para mí, Apocalypse Now de Coppola, y La chaqueta metálica de Stanley Kubrick, otra vez Kubrick. También las hay sobre conflictos más actuales; los Balcanes, el golfo, Irak o Afganistán.
Bueno, y ya que estamos con las de guerra, por qué no hablar de las películas sobre la nuestra, sobre La Guerra Civil Española…qué pereza, a mí no me ha gustado ninguna de las que he visto, malos muy malos y buenos muy buenos, maniqueísmo ramplón es lo que yo he encontrado en la mayoría, ¿tan malos eran los malos y tan buenos los buenos?, ¿todos los del bando de los buenos eran tan buenos, y todos los del bando de los malos eran tan malos?.  La Vaquilla es la única que me hace gracia, será porque es una comedia claro. Sobre nuestra Guerra civil, hay mejores novelas que películas, algunas hasta hace poco desconocidas como Días de llamas de Juan Iturralde. Homenaje a Cataluña de Orwell también está muy bien, o Madrid de corte a checa  de Agustín de Foxá, o La noche de los tiempos de Muñoz Molina, ésta más reciente.
Imagino que desde que el hombre es hombre se zurra a base de bien por unas cosas y otras. Al principio nos daríamos de garrotazos por la caza, por el fuego o por las mujeres. Ahora nos liamos a misilazos, por el petróleo, por la religión, por el poder, por las fronteras y todo lo demás. ¿La guerra justa?, menudo berenjenal, ¿cuándo es legítimo el uso de la violencia?, políticos, filósofos, teólogos y juristas llevan siglos estrujándose las meninges con la cuestión. Parece que ante la creencia general, ultimamente nos zurramos menos que antes, parece que somos menos violentos y más civilizados, lo que pasa es que ahora, lo mucho o poco que nos matamos, lo vemos a diario por la televisión mientras nos apretamos un cocido. Mientras haya hombres habrá guerras, eso está claro, y mientras haya guerras habrá cine bélico, y novelas, y libros de poemas sobre la guerra. Estos días he estado releyendo Viento del pueblo de Miguel Hernández,  uno de los poemas que más me gustan de este libro, es “La guerra, madre”, os lo pongo aquí, a ver qué os parece. Ah, y no os olvidéis de ver La cruz de hierro.

LA GUERRA, MADRE

La guerra, madre: la guerra.
Mi casa sóla y sin nadie.
Mi almohada sin aliento.
La guerra, madre: la guerra.

La vida, madre: la vida.
La vida para matarse.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.

¿Quién mueve sus hondos pasos
en mi alma y en mi calle?
Cartas moribundas, muertas.
La guerra madre:la guerra.
Cartas moribundas, muertas.
La guerra, madre: la guerra.

Miguel Hernandez. Viento del pueblo, poesía en la guerra.

domingo, 27 de mayo de 2012

Travis


Una de las escenas que más me gustan de Taxi Driver es la del vendedor, el tipo que consigue  lo que quieras. Una magnum 44, todo tipo de drogas y hasta un cadillac nuevecito tapizado en rosa. El encuentro en la habitación del hotel en el que Andy, el fácil,  le enseña a Travis el arsenal de pistolas, no tiene desperdicio, Andy parece un comercial que haya ido a su casa a venderle una aspiradora. Travis se queda con todo claro, con la magnum, con el 38, con la 25 y con la 380, menudo figura. Luego está la mítica escena de Travis hablando sólo frente al espejo, el “¿hablas conmigo, me lo dices a mí?”. Esta escena chocó bastante, porque detrás del espejo estaban los espectadores sentados en las butacas  de la sala de cine, así que era como si Travis hablara con todos y cada uno de ellos. Eso no había pasado antes en el cine. La escena del primer encuentro entre Travis y el chuloputas Sport también está muy bien, o el interminable plano del vaso de agua con la aspirina efervescente que acaba en un zoom, o el plano secuencia desde arriba y hacia atrás de la escena del crimen al final de la película, o la música de Bernard Herrmann, ese saxo y ese tambor que marcan el ritmo de la historia.
Los chavales. Paul Schrader, escribe el guión, basándose en una crisis personal. Martin Scorsese dirige la película, y Robert de Niro la protagoniza. Poco se puede decir que no se haya dicho de la interpretación de De Niro, espectacular, genial, acojonante, es repetirse.
Gente joven,(Paul Schrader escribe la película, Martin Scorsese la dirige, y Robert de Niro la interpreta), poca pasta, y mucho talento, el resultado; una de las mejores películas de la historia del cine, los que hacen las listas, la suelen meter entre las diez primeras, junto a Casablanca,  Ciudadano kane, o El Padrino.
Atención pregunta: Taxi Driver fue candidata al óscar a mejor película en 1976, ¿sabéis quién se llevo finalmente la estatuilla?……………….redoble de tambor…………………¡¡¡¡ROCKY!!!!. La historia del cine está llena de estas cosillas. El tiempo, que es justo y sabio, suele poner las cosas en su sitio, a la gente, a los libros,  y a las películas. Taxi Driver sigue tan fresca o más que en 1976, Rocky, película muy digna en su momento, a estas alturas está bastante pocha.

Siempre se ha dicho que Taxi Driver está muy influida por Centauros del desierto  de John Ford. Es verdad que sus protagonistas Travis y Ethan se parecen mucho, los dos son tipos solitarios y atormentados , veteranos de guerra, y de ninguno de los dos sabemos nada, ni siquiera de donde vienen.  Ethan surge en el horizonte, entre el polvo del desierto de Tejas en 1868, y Travis surge entre el humo de las alcantarillas de la ciudad de Nueva York en 1976. Centauros del desierto es un western, y Taxi Driver en cierto modo también, un western urbano, en el que la diligencia es el taxi, los espacios  abiertos  la Nueva York de mediados de  los 70, y el peligro la gente, la sociedad misma.
En 1976 acaba de terminar La Guerra del Vietnam, el movimiento hippie y la contracultura son algo residual. El eslogan paz y amor se lo han merendado  los traficantes de drogas, las bandas callejeras, la prostitución,  la violencia y la inseguridad ciudadana. Nueva York en 1976 es territorio hostil para un veterano del Vietnam del medio oeste, poco cualificado, tímido, solitario y con tendencia a la paranoia como Travis. Para ocupar el tiempo y combatir el insomnio, consigue un trabajo como taxista. Travis se ofrece para hacer cualquier turno en cualquier lugar incluso en Harlem y el Bronx los barrios más chungos, a la hora que sea y donde sea, le dice al encargado. Desde su Taxi, Travis observa a esa sociedad, a esa fauna, que le rechaza y le mantiene al margen.
  La primera vez que vi Taxi Driver tendría dieciséis años, la vi en vídeo en casa de un amigo, y no entendí lo que le pasaba a Travis, un tío al que se le cruza el cable, un pirado sin más. Cuando la vi con treinta ya empecé a entenderle mejor. Travis como le dice  Betsy  en su primera cita, es pura contradicción. Es un puritano, pero frecuenta los cines porno, detesta las drogas, pero las toma, es un solitario convencido, pero a la vez hace por integrarse de alguna manera. Travis busca al fin y al cabo lo que buscamos todos, un hueco, ser escuchado, ser respetado, tener amigos, conocer a una chica y llevarla al cine, que la gente le tenga en consideración, hacer algo con su vida.  Probablemente por eso  el personaje de Travis conecta tan bien con el público, porque de alguna forma  todos nos hemos sentido rechazados alguna vez, o solos, o incomprendidos. Quién no ha sentido alguna vez eso que llaman vacío vital.  Travis a la vez que se recrea en su soledad, hace por salir de ella, pero es un tipo raro, la gente le rehúye y no le escucha. Le pide  ayuda a su compañero de la parada de Taxis, está empezando a tener ideas malas en la cabeza, está asqueado. Su compañero le despacha con filosofía de barrio, cuartelera y barata, yo no soy Bertrand Russell le dice, otra escena memorable, es lo que hay Travis, son lentejas, las gallinas que entran por las que salen, así es la vida, no la puedes cambiar, echa un polvo, emborráchate. Pobre Travis.
El corte de pelo a lo mohicano de Travis es el punto de no retorno.
En esta película hay muchos temas, la sociedad, los prejuicios, la religión, el rechazo, el desquiciamiento, el vacío existencial,  y sobre todo la soledad, la soledad que más duele, la que se siente en una gran ciudad en la que estamos rodeados de gente. Mientras Travis se pudre en su cuchitril, la vida sigue fuera para millones de personas.

Lo que desconcertó al público y a la crítica fue la  catarsis final de Travis, la matanza, la sangre a borbotones. Tan brutal era la escena para la época, que dicidieron desaturar el color para minimizarla y que pudiera pasar la censura. Surgió la misma polémica que con La naranja mecánica de Kubrick en 1971, la película incitaba a la violencia y difundía el mensaje de que la violencia es la respuesta a nuestras frustraciones, la violencia genera violencia y todo lo demás.
A finales de los 60 y durante la década de los 70, la violencia empezó a ser cada vez más explícita en el cine, aparecieron los disparos a quemarropa, los sesos salpicando la pared, y los tiroteos salvajes. Esto, unido al gusto por los perdedores y  los antihéroes alimentó la controversia. Los directores afirmaban que la violencia y el pesimismo de sus películas eran un reflejo  de la sociedad de su tiempo, y tenían razón, la violencia estaba y está todos los días en la calle y en los telediarios, por qué no recrearla en el cine, por qué ser hipócrita y meterla debajo de la alfombra. En cada gran ciudad hay tipos como Travis, por  qué no hablar de ellos.  La guinda la puso un pirado que tiroteó al presidente de EEUU Ronald Reagan en 1981, y declaró que estaba obsesionado con Taxi Driver.
El epílogo de la película en el que aparece un Travis supuestamente rehabilitado y elevado a héroe popular, también desconcertó. Travis es un enfermo, pero ¿y la sociedad que le saca en portada y le convierte en una celebridad?, quién es el cuerdo y quién es el loco, o es el epílogo un sueño, un delirio, lo que le gustaría a Travis que hubiera ocurrido. Acabo de volver a verla y aquí estoy, como Travis, hablando conmigo mismo, tranquis, no me he pelado a lo mohicano ni me he comprado una Magnum 44. Estoy en el lado de los cuerdos, o eso creo... Ahí está la peli, meterla en el DVD, y darle al play, verla con vuestras novias, o con vuestros novios, o con vuestros maridos o vuestras mujeres, o con los amiguetes mientras os tomáis unos cubalibres. Lo mejor del cine en casa es que te puedes tomar un pelotazo en compañía mientras ves este peliculón, luego lo habláis a ver qué os parece. Un saludo. 

 “Mi vida se basa en la convicción de que la soledad no es algo extraño ni fuera de lo común, si no la inevitable realidad de la existencia humana”
Thomas Wolfe. El hombre solitario de Dios.