Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

Mostrando entradas con la etiqueta Cormac McCarthy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cormac McCarthy. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de abril de 2012

Haciendo los deberes


Siempre que estoy en la capital y voy a la Casa del libro, acabo sintiéndome como un paleto integral, como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, con la boina enroscada hasta las cejas, y la jaula con las gallinas, igual. Aquellos es un carajal de libros, todo muy ordenadito y muy limpio sí, con sus flechas, sus cartelitos, sus plantas y su ascensor, pero un carajal. Jamás he conseguido encontrar sin ayuda el libro que buscaba, intento ser autosuficiente, pero nada, no hay manera, como el que tiene tos, lo mismo. Lo bueno es que hay gente muy profesional allí, y me solucionan la papeleta. He reflexionado sobre esto y otras cosas parecidas que me pasan, perderme y no encontrar lo que busco, y otras que no vienen al caso, y he llegado a la conclusión de que la culpa es de mi caraja permanente, de mi capacidad para perder el contacto y subirme a la parra.
 
La última vez iba con receta…, vengo buscando novela norteamericana de la grande, pero de la de ahora, ya, usted se refiere a David Foster Wallace, Philip Roth, Jonathan Franzen y compañía no, sí, de las que recomienda el Qué leer, los suplementos culturales, y la gente que sabe, cuántas quiere, ponme cuarto y mitad, se lo pongo para tomar o para llevar, mejor para tomar.
Llevaban tiempo recomendándome a Philip Roth, Cormac Maccarthy, Jonathan Franzen y demás, están dando mucho la matraca últimamente con la gran novela norteamericana, incluso rizando el rizo se habla de la nueva gran novela norteamericana. Cada dos o tres años se descuelgan con una, ya ha llegado, esta sí, la definitiva, la gran novela norteamericana, la que refleja los ideales y el modo de vida estadounidense y todo eso. Este fenómeno no es nuevo en EEUU, ya en su día hablaban de Moby Dick de Melville como la gran novela norteamericana, luego del Guardián entre el centeno de Salinger, o de Lo que el viento se llevó o de A sangre fría de Truman Capote, por lo visto era el propio Truman Capote el que lo decía, que la suya era la grande, la definitiva, no tenía abuela el tío.
 
Hay una especie de obsesión entre los escritores norteamericanos por conseguir escribir la gran obra, la gran novela, gorda a ser posible, al estilo del siglo XIX, aunque a lo mejor la obsesión es la de los que venden los libros que escriben los escritores, para entendernos, de los que hacen el marketing y nos ayudan a comprarnos las cosas. Luego vienen los que saben y empiezan con lo de esto es lo que hay que leer, esto es lo saludable para que tus neuronas no tengan colesterol y estén en buena forma. Suele dar un poco de pereza leer lo que te recomiendan, especialmente cuando se ponen plastas, pero al final uno acaba picando. Los clásicos están ahí, son fieles, y nobles, no te van a dejar porque les pongas un poco los cuernos con las más jóvenes. Así que llevo una buena temporada haciendo los deberes, y la verdad es que estoy encantado, Philip Roth es un figura, hay que reconocerlo, de lo mejorcito que he leído últimamente,  empecé con la Trilogía americana, (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana), y una maravilla las tres, un paseo por la realidad norteamericana desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años noventa narrado por Nathan Zuckerman, el personaje central de las tres novelas, y que no es otro que el propio Philip Roth, a esto en la contraportada lo llaman su alter ego y quedan de puta madre. En las novelas de Philip Roth, los personajes ven cumplido el sueño americano, pero el sueño pronto se convierte en la dura realidad, en la vida perra, porque la América idílica por la que habían peleado sus padres y sus abuelos, la del el hombre hecho a sí mismo, la de las oportunidades, la de América para los americanos, se viene abajo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial el maccartismo y la Guerra del Vietnam.
 
Después seguí con La Conjura contra América, que es brutal, es una ficción, Philip Roth nos presenta una historia alternativa en la que un héroe americano de la aviación simpatizante de los nazis es elegido presidente en las elecciones de 1940, así comienza una política de pactos con Hitler que acaba en la persecución de los judíos norteamericanos, suena rocambolesco sí, pero Philip Roth lo hace tan bien que hace que nos parezca perfectamente posible. Estoy a punto de terminar Némesis, su última novela, y muy bien, este tío de momento no defrauda.
Otra que he leído hace poco es la venerada Libertad, de Jonathan Franzen, y la verdad es que es un fiestón, de las de hundirte en el sillón con la lámpara de pie y tirarte cinco horas sin levantar cabeza, si encima fuera llueve y hace un frío de pelotas ahí tenemos la felicidad con la que tanto se estrujan las meninges los filósofos. Libertad es la historia de una familia a lo largo de tres generaciones, si leemos la trilogía de Roth y ésta, tenemos una buena cronología novelada sobre la vida norteamericana desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Aquí se habla de otras guerras, la de Irak y la de Afganistán, sobre el 11 de septiembre, sobre la facilidad que tienen los gobiernos para tomar a los ciudadanos por gilipollas, y de la libertad claro, otro berenjenal filosófico, pero aquí nos hablan de la libertad en sentido político, la que nos dejan tener los de arriba, los que mandan, el estado, la libertad individual eso que obsesiona tanto a los americanos. El libro plantea otra cuestión muy interesante, el tema de la superpoblación, un tema tabú para los políticos. La verdad es que Jonathan Franzen se despacha agusto, hace una buena revisión política y deja muy clara su postura sobre los temas que trata, y hace bien. También le he dado bastante a Cormac Maccarthy, las novelas de Cormac Macarthy se centran principalmente en la América rural, la América profunda, he disfrutado mucho con la Trilogía de la Frontera.
 
Como veis estoy haciendo los deberes, estoy leyendo lo que nos dicen que hay que leer, y encima me gusta. Seguiré dándole a la novela norteamericana, a ver si sale la grande, la definitiva, aunque eso de la definitiva va ser una quimera me parece a mí, y me da en la nariz que va a ser más una cosa de los que venden los libros que de quienes los escriben. Lo importante es escribir buenos libros, buena literatura, y los de Philip Roth, Cormac Maccarthy y Jonathan Franzen, que son los que he leído a mi juicio lo son, lo de las etiquetas mejor dejarlo para dentro de cincuenta años a ver qué pasa. Tiene bemoles que se califique ya a Libertad como la obra maestra de la literatura del siglo XXI, la novela definitiva de la literatura norteamericana, la Guerra y Paz de nuestro siglo, la gran novela norteamericana por fin, cuando apenas lleva un año publicada, lo curioso es que dijeron lo mismo de Correcciones su anterior novela ¿en qué quedamos?.
 
Lo dicho, seguiré dándole a la novela norteamericana y a lo que haga falta, pero sin perder de vista a los clásicos, Cervantes, Pérez Galdós, la Pardo Bazán, Clarín, Dickens, Víctor Hugo y Tolstói entre otros, esos sí que escribieron grandes novelas, y en eso no hay discrepancias. También seguiré leyendo a Antonio Machado, faltaría más. Tampoco perderé de vista a los que pasan más desapercibidos como Fernando Aramburu, tengo ganas de leer su última novela Años lentos, Los peces de la amargura me gustó mucho. Bueno, os dejo que se me está poniendo un muro en la cabeza con tanto libro, además empieza Fraiser que me tiene enganchado, la están reponiendo en la dos, y me parto la caja, el otro día mientras me descojonaba me atraganté con huevo duro y empecé a ponerme azul, estuve a punto de llamar al 112, al final salió.
 
Saludos cordiales.


domingo, 8 de abril de 2012

El estado de naturaleza


Pues esto del estado de naturaleza es un concepto filosófico, a ver como lo explico sin redundar, esto de la redundancia es lo que solemos hacer cuando no tenemos ni idea de algo e intentamos explicarlo, esto pasa mucho con la filosofía, por lo menos a mí, me pasa  ahora y cuando la estudiaba, lo cómodo sería decir que el estado de naturaleza del hombre es cuando el hombre se encuentra en su estado natural y fumarme un puro, el que quiera profundizar que se vaya a la enciclopedia Abbagnano que es lo que he hecho yo para refrescar, porque al fin y al cabo esto es una excusa para hablar de libros y películas, que es de lo que se trata. Pero ya que estudié Humanidades que por lo menos se note un poco, además tuve profesores de filosofía muy buenos en la carrera, Stella Villarmea  y Paco Castilla entre otros. Yo empecé la carrera tarde, con veintiséis, y no sé por qué tenía muy idealizada la universidad y más una facultad de filosofía y letras. Yo pensaba en pasillos llenos de gente hablando de libros muy gordos y  cosas muy sesudas como el existencialismo francés , la filosofía medieval, el positivismo,  el atomismo lógico  o el malestar en la cultura;  pues ayer me apreté de un tirón Las Confesiones de San Agustín, vengo de empalmada  pero mereció la pena, un puntazo el de Hipona, cuando quieras te lo paso, vale cuando termine con el Tractatus logico-philosophicus que está la mar de entretenido, Wittgenstein sabe lo que se hace  me tiene cogido por los huevos…, cosas así. Pero nada de nada, allí cada uno iba a lo suyo, sin embargo tuve suerte, di con una buena promoción, gente estupenda, y con muy buenos profesores, también los había malos, pero de esos no quiero acordarme.
Ya me estoy yendo otra vez, yo quería despachar pronto el marrón del estado de naturaleza y empezar con los libros y las pelis, así que allá voy, aunque seguro que ya os lo sabéis, se os ve gente culta y leída. Por lo visto el estado de naturaleza es la situación en la que nos encontraríamos ante la ausencia del estado y de la sociedad política, sin leyes, sin gobierno y sin policía, viva la Pepa vamos, Sodoma y Gomorra, desmadre a la americana. La cuestión es cómo nos comportaríamos ante esa situación,  cuál sería realmente ese estado natural.  Algunos como Rousseau  pensaban que el hombre es bueno por naturaleza, Locke venía a decir que tranquilos, que no cunda el pánico, que está la ley moral natural que la condición de hombres con uso de razón nos otorga, habría mucho hijoputa suelto claro, pero la cosa estaría equilibrada, la ley natural, y  la razón humana impondrían unos límites.  Hobbes pensaba que en el estado de naturaleza abundarían los cabrones de la peor calaña y estaríamos en estado de guerra permanente, no los buenos por un lado y los malos por otro no, todos contra todos, la cosa según Hobbes sería así; “(…) habrá miedo continuo y peligro de muerte violenta. La vida del hombre será solitaria, pobre, repugnante brutal y corta.”
Todos estaban más o menos de acuerdo en la necesidad de una sociedad política para subsanar ese estado de naturaleza en el que imperaría el caos en mayor o menor medida, la discrepancia estaba en cuál sería el estado ideal y de qué manera se formaría, si de forma natural o por imposición.  Esto es muy a grandes rasgos, más o menos, muy de andar por casa, mi capacidad de síntesis no da para más, ahí tenéis a la Abbagnano.
 
 
Esto  del estado de naturaleza da mucho juego en la literatura y en el cine. Hace poco he leído La carretera y Meridiano de sangre del Norteamericano  Cormac Mccarthy, dicen los que saben que Cormac Mccarthy es el nuevo Faulkner y uno de los mejores escritores que ha dado el siglo XX, pues vale.  Mientras estaba leyendo La Carretera me venía a la memoria el estado de naturaleza que Hobbes describía en su Leviatán y las explicaciones de Paco Castilla en sus clases de Filosofía. La Carretera (hay una adaptación al cine protagonizada por Viggo Mortensen que está muy bien) es una novela futurista, pero muy realista, no es ciencia ficción. 
El contexto al que nos lleva  Mccarthy es el apocalipsis, el fin del mundo, a tomar por saco, todo ha terminado, ni gobierno, ni estado, ni policía, ni recursos, nada, dos supervivientes, un padre y su hijo vagan por las carreteras en busca de comida y agua, ante la escasez de comida muchos recurren al canibalismo, matan y se comen a los que se encuentran, todos se esconden de todos, sobre todo de los más salvajes que son los que más abundan , los que se han pasado la ley moral natural o lo que sea por el forro y no dudan en robar, violar, matar y comerse a los que hace unos meses eran sus compatriotas y sus vecinos. El protagonista intenta convencer a su hijo de que ellos son “de los buenos”, de que ellos jamás harán cosas así pero se mueren de hambre y para sobrevivir tienen que matar. De eso habla este libro, del bien y del mal, de Dios, de la vida, de la muerte y de la maldad, esa maldad que puede estar latente en nosotros y manifestarse en determinadas circunstancias, de todo eso y de otras cosas. 
 En La carretera al menos hay cierta esperanza, una lucecilla al final del túnel, sin embargo Meridiano de Sangre te deja ko, es de los que tienes que parar cada treinta páginas para coger aire, hacía tiempo que no me pasaba eso con un libro, me ha dejado inquieto y llevo dos semanas pensando en él. El libro es críptico, duro, violento, brutal y hasta gore en ciertos momentos, pero a la vez está lleno de belleza. El paisaje es un personaje más, si no el personaje principal en el que se diluyen todos. Una banda de tíos muy malos es contratada  por el gobernador de Chihuahua para acabar con las tribus apaches que abundan en el país. La banda empieza por cumplir su misión con los apaches y después continúa matando a los mismos mejicanos que los contrataron, huir y matar, de eso va este libro.
El estado de naturaleza es una constante en los libros de Cormac Mccarthy, al menos los que he leído, y nunca lo he visto expresado tan claramente como en Meridiano de Sangre, o en La carretera. El hombre ante la ausencia del estado, las leyes y policía, es el mal. En Meridiano de Sangre el contexto es el oeste americano de 1849, la frontera entre EEUU y México, no hay ley, no hay moral, no hay bondad, sólo ambición y dinero al principio, y luego el puro placer de matar. Lo más inquietante es que Macarthy entre líneas nos dice que estos hombres antes de ser asesinos de indios era gente “normal”, gente que había emigrado primero a EEUU, al este, y luego habían seguido hacía el Oeste, hacia la última frontera en busca de oportunidades, en busca de una vida mejor. Los personajes de este libro parecen haber sufrido una involución, de un mundo civilizado han pasado a un mundo salvaje y brutal en  el que la violencia es el rey. Hay una frase que dice así “cuando Dios creó al hombre el diablo estaba a su lado”.  Después de leer Meridiano de Sangre o La carretera, es difícil no pensar en el Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y en la adaptación al cine que hizo Coppola, Apocalypse Now, la mejor película sobre la guerra del Vietnam que se ha rodado jamás, y probablemente la mejor película bélica. Conrad nos habla de un viaje, un viaje hacia la locura y hacia la maldad, hacia el corazón de las tinieblas, donde ya no se sabe si el hombre es hombre o bestia. En Meridiano de sangre, o en La Carretera los personajes ya están allí, ya han llegado, ya están en el estado de naturaleza, en la guerra de todos contra todos. No sé si estoy con Rousseau, con Locke o con Hobbes, no sé si somos más malos que buenos o más buenos que malos, Cormac Mcarthy me ha hecho reflexionar y estoy hecho un lío, menudo berenjenal.
Ahora para desengrasar estoy releyendo El Quijote, pero no cualquier edición no, la de Martín Riquer con ilustraciones de Mingote que Inma me regaló estas navidades. Es mi pequeño homenaje.

Saludos cordiales.