Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

domingo, 17 de junio de 2012

La guerra, madre: la guerra.

Este es Marte, el dios de la guerra. El cuadro lo
pintó Diego Velázquez en 1640, y está en El Prado
El otro día tomando copas con amigos, salió el tema del Cine Bélico. Cada uno habló de sus preferidas, y empezamos con las listas; las cinco mejores, las diez mejores,  las mejores sobre la primera y la Segunda Guerra Mundial, las mejores sobre la Guerra de Vietnam, las mejores sobre guerras más actuales. Entre las que comentamos salió La cruz de hierro de Sam Peckinpah, yo la ponía por encima de Salvar al soldado Ryan de Spielberg, ahí se armó el carajal, se formaron dos bandos, los unos y los otros, (esto es muy español) y estuvo la cosa muy divertida. Es cierto que las escenas de los combates de La cruz de hierro son bastante salchicheras en comparación con las de la laureada  Salvar al Soldado Ryan. De hecho  desde que vimos en los cines la espectacular  escena del desembarco de Normandía, todo el Cine Bélico se quedó como acartonado y viejo en cuanto al realismo a la hora de recrear  los combates, incluso las mejores a su lado se han quedado planas y teatrales. Pero el realismo y los efectos especiales no lo son todo en las películas de guerra.
La cruz de hierro tiene todos los ingredientes del cine de Peckinpah; la violencia, la cámara lenta, los perdedores, la sangre, las chicas en pelotas y el whisky. Sam Peckinpah se bebía hasta el agua de  los floreros, el alcohol  fue  una constante en su vida y en sus películas, además solía pasarse los cánones y las buenas costumbres por el forro, esto hizo que tuviera siempre una relación difícil con la industria y el público en general, que le  amaba y  le odiaba a partes iguales. Se llevaba a matar con los productores, que le cortaban las películas en el último momento. Pekinpah murió casi olvidado en 1984, con cincuenta y nueve  años, su cuerpo no aguantó  las cantidades industriales de alcohol y cocaína que consumió durante buena parte de su vida. Nos dejó un buen puñado de películas, entre las que se encuentran joyas como Grupo Salvaje, Pat Garret  y Billy the Kid, o La cruz de hierro. En La cruz de hierro no estamos en el oeste, o en la frontera de México, si no en el frente oriental, durante el último período de la Segunda Guerra mundial, donde un escuadrón de soldados alemanes se enfrenta al ejército ruso. El Cabo Steiner (James Coburn) es el mejor soldado de su escuadrón, un líder venerado por sus compañeros, y apreciado por los oficiales por su valor e iniciativa. Al escuadrón se incorpora el Capitán Stranszky ( Maximiliam Schell), un oficial de cuna de origen prusiano, estirado y clasista, que busca  ganar la ansiada Cruz de Hierro sin ensuciarse demasiado el uniforme. El Cabo Steiner ya tiene esta condecoración, pero no le da ningún valor. Steiner y el resto de la tropa no combaten por Alemania, ni por los ideales, ni por La Cruz de Hierro, luchan por sobrevivir, matan para que no les maten. 
Steiner es un valiente porque no tiene nada que perder, probablemente sería un don nadie, un perdedor,  un muerto de hambre cuando La Wehrmacht  le reclutó para ir a combatir, y lo seguirá siendo cuando termine el conflicto. Está asqueado de la guerra, de los oficiales y del uniforme, sin embargo en la guerra es un tipo importante y respetado, por eso renuncia a un permiso después de ser herido en combate, nada ni nadie le espera fuera de aquel horror. El estirado Capitán Stransky  es un cobarde, probablemente porque tiene mucho que perder; su estatus, su mansión en Austria, su destino dorado en la Francia ocupada y la vuelta a casa luciendo La Cruz de Hierro en la pechera. El guión de esta película  está lleno de frases memorables, “ yo le enseñaré donde crecen las cruces de hierro”, le dice el Cabo Steiner al Capitán Stransky  al final de la película…, quieres la baratija, ven conmigo a combatir, te vas a enterar de los que es la guerra…Peckinpah da su visión personal de la guerra, mostrando el horror y la violencia sin concesiones, y denunciando su origen clasista. La tropa que está en primera línea de combate es carne de cañón, mientras en la retaguardia y en casa, oficiales y políticos se llevan los laureles. La cruz de hierro es un peliculón muy recomendable para los amantes del Cine Bélico, y del cine en general.

El Cabo Steiner,(James Coburn), se presenta ante el Capitán Stranszky,(Maximiliam Schell), recién incorporado al escuadrón. El estirado Stranszky, a su pesar, ya ha ensuciado su flamante uniforme, al tener que tirarse al barro para protegerse de un obús.
En el Cine Bélico hay dos tendencias,  por un lado están las más patrioteras  y panfletarias, las que se utilizaban para elevar la moral, o para justificar el conflicto, como propaganda. Estas inciden en aspectos como el valor, la victoria,  el compañerismo, el heroísmo y el honor, entendiendo la guerra como un mal necesario, como un sacrificio para alcanzar la  paz o mantenerla.  Por otro, están las que denuncian los horrores de la guerra, y ponen el dedo en el lado más salvaje y oscuro que despierta en el ser humano; la violencia justificada, la muerte, la crueldad, y las secuelas que deja en los hombres y en las sociedades que las sufren. Estas plantean la guerra como algo absurdo e innecesario.  La cruz de hierro fue de las primeras que siguieron esta tendencia de una manera clara y contundente, tendencia que años más tarde seguirían las centradas en La Guerra del Vietnam, casi otro género dentro del Cine Bélico.
A mí mientras sean buenas me gustan de los dos tipos, el Cine Bélico ante todo es espectáculo, luego está el tono de cada peli y la reflexión que haga cada cual. Objetivo Birmania de Raoul Walsh, rodada en 1942 para elevar la moral de los americanos durante la Segunda Guerra Mundial, es panfletaria y patriotera claro, pero es un peliculón, y está considerada como una de las mejores películas bélicas que se han rodado jamás. Una de mis preferidas junto a  La Cruz de Hierro es No eran imprescindibles de John Ford, protagonizada por John Wayne. Patton, también está muy bien, el discurso inicial no tiene desperdicio, ¿belicista o antibelicista?, yo la he visto varias veces y no lo tengo claro. Otra muy buena es El día más largo, que recrea minuciosamente el desembarco de Normandía. Las que más abundan son las que tratan la Segunda Guerra Mundial, sobre la primera hay menos. La que más me gusta de las que he visto es Senderos de Gloria de Kubrick, esta es antibelicista sin tapujos, genial Kirk Douglas, genial ese plano secuencia del general pasando revista en las trincheras, Kubrick era un figura, que os voy a contar. Luego están las más recientes, a mí la que más me gusta de las que se han hecho en los últimos diez o quince años sobre la Segunda Guerra Mundial, es La delgada línea roja, de Terrence Malick.  
El cine sobre la Guerra del Vietnam es casi un género aparte, se han hecho muchas películas, la mayoría se recrean en el horror y  el error que supuso aquella guerra,  en el sinsentido y la pesadilla. Las mejores para mí, Apocalypse Now de Coppola, y La chaqueta metálica de Stanley Kubrick, otra vez Kubrick. También las hay sobre conflictos más actuales; los Balcanes, el golfo, Irak o Afganistán.
Bueno, y ya que estamos con las de guerra, por qué no hablar de las películas sobre la nuestra, sobre La Guerra Civil Española…qué pereza, a mí no me ha gustado ninguna de las que he visto, malos muy malos y buenos muy buenos, maniqueísmo ramplón es lo que yo he encontrado en la mayoría, ¿tan malos eran los malos y tan buenos los buenos?, ¿todos los del bando de los buenos eran tan buenos, y todos los del bando de los malos eran tan malos?.  La Vaquilla es la única que me hace gracia, será porque es una comedia claro. Sobre nuestra Guerra civil, hay mejores novelas que películas, algunas hasta hace poco desconocidas como Días de llamas de Juan Iturralde. Homenaje a Cataluña de Orwell también está muy bien, o Madrid de corte a checa  de Agustín de Foxá, o La noche de los tiempos de Muñoz Molina, ésta más reciente.
Imagino que desde que el hombre es hombre se zurra a base de bien por unas cosas y otras. Al principio nos daríamos de garrotazos por la caza, por el fuego o por las mujeres. Ahora nos liamos a misilazos, por el petróleo, por la religión, por el poder, por las fronteras y todo lo demás. ¿La guerra justa?, menudo berenjenal, ¿cuándo es legítimo el uso de la violencia?, políticos, filósofos, teólogos y juristas llevan siglos estrujándose las meninges con la cuestión. Parece que ante la creencia general, ultimamente nos zurramos menos que antes, parece que somos menos violentos y más civilizados, lo que pasa es que ahora, lo mucho o poco que nos matamos, lo vemos a diario por la televisión mientras nos apretamos un cocido. Mientras haya hombres habrá guerras, eso está claro, y mientras haya guerras habrá cine bélico, y novelas, y libros de poemas sobre la guerra. Estos días he estado releyendo Viento del pueblo de Miguel Hernández,  uno de los poemas que más me gustan de este libro, es “La guerra, madre”, os lo pongo aquí, a ver qué os parece. Ah, y no os olvidéis de ver La cruz de hierro.

LA GUERRA, MADRE

La guerra, madre: la guerra.
Mi casa sóla y sin nadie.
Mi almohada sin aliento.
La guerra, madre: la guerra.

La vida, madre: la vida.
La vida para matarse.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.
Mi corazón sin compaña.
La guerra, madre: la guerra.

¿Quién mueve sus hondos pasos
en mi alma y en mi calle?
Cartas moribundas, muertas.
La guerra madre:la guerra.
Cartas moribundas, muertas.
La guerra, madre: la guerra.

Miguel Hernandez. Viento del pueblo, poesía en la guerra.

lunes, 4 de junio de 2012

Los libros, la antena, y los tocapelotas


Brujuleando por internet he encontrado una entrevista que le hicieron a  Philip Roth en 2008 a raíz de la publicación de su libro Sale el espectro. El titular dice así: “Las pantallas nos han derrotado". Las pantallas del ordenador, del cine y de la televisión, han ganado la batalla a los libros y a los escritores, dice el novelista. Pero no se queda ahí la cosa, Philip Roth afirma en esta entrevista que dentro de unos años leer será un hábito de culto, la solución no es el venerado libro electrónico, el problema es que el hábito de la lectura se ha perdido “Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal.”
Me pregunto si tendrá razón Philip Roth, si leer será dentro de veinte años cosa de cuatro frikis, si serán los libros dentro de veinte años algo retro o vintage, como las vespas, los relojes digitales, o los discos de vinilo ahora. Si la gente prestará cada vez más atención a las pantallas, a los formatos más entretenidos, y menos a la letra impresa. Parece que sí. En 2012 las ventas de libros cayeron  en España un 23%.  Las ventas de ebook,s no terminan de despegar, por lo visto se venden más cacharros para leer que descargas de libros, probablemente  porque se piratean más de los que se compran. Quién paga por algo que sale gratis,  cuatro pringaos. El libro electrónico fue un invento alabado por la industria editorial, que veía en el posibilidades para ampliar mercado. Parece que les ha salido el tiro por la culata.
Últimamente hay debates encendidos en la red con esto del libro electrónico, partidarios y detractores se zurran a base de bien desde sus teclados, intentando imponerse  los unos a los otros.  Creo que es absurdo  plantear el debate en sí o no, en blanco o en negro, probablemente  ambos formatos convivirán.  Aunque pienso que  el libro electrónico es otra de tantas cosas que nos venden como imprescindibles y no lo son en absoluto. Además probablemente Philip Roth tenga razón, si el hábito de lectura se ha perdido da igual el formato. Yo creo que lo del libro electrónico es una moda pasajera, el aparato que sirve sólo para leer desaparecerá, y la gente optará por otros dispositivos que ya existen en los que además de leer puedes navegar,  compartir fotos,  y todo lo demás.  ¿Han ganado la batalla las pantallas a los escritores, a los libros?, claro.

Este cuadro se llama El Lector, es de Iman Maleki, un pintor iraní.

Me hace mucha gracia como algunos usuarios del ebook intentan convencer a los que no lo somos de que estamos equivocados, de que el  libro electrónico nos cambiará la vida. Este es un buen ejemplo de un tipo de personas con las que me tropiezo a menudo últimamente, son los que saben lo que te conviene, están por todas partes, son legión. Me refiero a los que piensan que lo que es bueno para ellos, es bueno para el prójimo, y que el prójimo no podrá vivir sin eso que para ellos es imprescindible. Son los que tienen siempre en la boca el “tienes que hacer”, “deberías”, “lo normal sería que”, para entendernos, hablo del buen samaritano tocapelotas, el que acude a salvarte sin que te hayas tirado a las piscina siquiera.

Yo he tenido varios encuentros con tocapelotas del ebook (no digo que todos los usuarios del ebook sean tocapelotas en busca de prosélitos, pero sí digo que muchos de los usuarios de ebook que he conocido lo son),   la  cosa suele ser más o menos así:  ¿Dónde vas con ese tocho infeliz…?, ¿cuántos te caben en la mochila…?, suelo llevar un par de ellos, pues yo aquí llevo veinte mil, y me caben otros tantos, deberías comprarte uno…, ya, eres un suertudo por poder llevar tanta sabiduría encima sin que ocupe lugar, suertudo no, listo, más listo que tú…, ya…, ¿cuántos libros tienes en casa a ver? , pues nunca los he contado, ¿cuántos a ver, mil, dos mil, cinco mil…?, no sé, alrededor de cuatrocientos más o menos, eso son pocos para un ebook y muchos para una casa, yo aquí en la mano llevo veinte mil, y me caben otros tantos, los libros son un incordio ocupan sitio, cogen polvo, ya…, ¿y qué vas a hacer cuando no te quepan más libros en tu casa pequeña?, irme a ikea y comprarme otra billy…, ¿y cuando no te quepan más billys en tu pequeña casa…?, pues lo que suelo hacer, ir a la biblioteca municipal…, qué antiguo suena eso de la biblioteca municipal tío, es poco molón… ¿quedan?, sí, todavía quedan…, ya, te convendría comprarte un ebook por cien euros para poder descargarte  los libros gratis, a ver… ¿cuánto te ha costado el tocho ese que llevas…?, este es que es una edición buena en tapa dura y …, ¿cuááááánnnto?…, veinticinco euros pero en bolsillo lo tienes por doce, menudo pringao estás hecho (colleja paternal, condescendiente, de las que joden), ese lo tengo yo aquí gratis, ya…., tienes razón tío…, tú ganas… quédate con el bollycao, soy un pringao, un nostálgico, un friky. Esto me pasaba al principio, ahora cuando les veo venir sacando pecho, la sonrisa de oreja a oreja y el chirimbolo en la mano, les digo que me dejen en paz y que se lo metan por donde termina la espalda, a ver si pita. Mano de santo. 
Yo no le veo las ventajas al chisme para leer, para mí son todo pegas.  El artilugio no pesa, está frío y no huele a nada. En una descarga no te encuentras billetes de metro dentro, o calendarios con tías en pelotas. Encontré uno dentro de un ejemplar de Madame Bobary que  saqué de la biblioteca, (uno de esos en los que la titi lleva pintada la ropa interior y cuando la mojas con saliva desaparece, la ropa interior digo, perdón por la guarrada),  o postales, o flores secas, o fotos, o cartas. Tampoco los puedes dedicar de puño y letra, o subrayarlos a lápiz, o anotar en los márgenes, o utilizarlos para calzar una mesa. Que te regalen una descarga de Los Miserables te tiene que dejar muy frío, o que te la presten, ¿se puede prestar una descarga?.  Yo no necesito llevar veinte mil libros encima, ni mil, ni quinientos, con los que tengo me sobran, no me compro todo los libros que leo, sólo algunos. Tiro mucho de biblioteca, soy socio de todas las bibliotecas que hay en Alcalá, también tengo amigos y familiares que me los prestan. Las ventajas que ven los usuarios del ebook, para mí ya existen, bibliotecas, ediciones de bolsillo y librerías de viejo.
  Últimamente estoy un poco tristón, bueno, tristón y cabreado, parece que el cierre de las  bibliotecas de Cajamadrid tiene toda la pinta de confirmarse. Llevo acudiendo a la biblioteca de Cajamadrid de la Calle Libreros veinte años, tienen un buen fondo de libros y películas, buen servicio y  gente estupenda. No quiero hablar de política ni de economía, me sienta mal. Cuesta entender como no puede haber pasta para mantener una biblioteca mientras el gobierno inyecta 20.000 millones de dinero público para salvar un banco. Que cierre una biblioteca por falta de dinero me parece algo muy triste, un mal síntoma de los tiempos que corren, porque las bibliotecas educan, forman a las personas.  Un país en el que la educación no es lo prioritario pinta muy mal.
Miguel Barceló: Bibliothéque Avec Poe, 1983.

 El otro día hablaba con un amigo del habito de la lectura, cómo se coge, cómo se lo fomentas a un chaval sin obligarle, si le obligas estás jodido, me decía mi amigo. No lo sé, no tengo hijos, me imagino que será una cosa de las casas y de las escuelas. Cómo le inculcas a un chaval que deje de jugar a la play, o de chatear con el tuenti para que agarre un libro, cosa difícil. Imagino que antes era más fácil, no había play, ni ordenador, y en la televisión sólo había dos canales. A mí no me inculcaron nada, en mi casa había libros y yo veía a mi padre leer, un día sentí curiosidad y abrí uno, no hubo más. En estos tiempos como dice Philip Roth no llega la señal, han cortado la antena. Creo que a pesar de las pantallas, seguirá habiendo libros, y bibliotecas, aunque cada vez menos claro. Leer libros acabará siendo un hobby minoritario, si es que no lo es ya.
Ayer fui a la biblioteca a  devolver Sangre a borbotones de Rafael Reig , hacía tiempo que no me reía a carcajadas con una novela, en Sangre a borbotones hay  ciencia ficción, novela negra y western, cosas que me gustan mucho, todo adobado con mucho sentido del humor y regado con mucho whisky. Todavía no he leído Todo está perdonado, su última novela,  pero caerá.  También he leído Año lentos de Fernando Aramburu, la vida de una familia de clase trabajadora en el San Sebastián de los años sesenta, un libro muy recomendable.
Ahora llevo unos  días con la  Narrativa completa de Edgar Allan Poe que  Inma me regaló  por mi cumpleaños, me quiere. El libro pesa y huele a nuevo, a papel y a tinta recién impresa. Cuando lo tengo entre las manos pienso en otras ventajas del libro tradicional. Los libros de papel no están sometidos a la obsolescencia programada, ni se quedan sin batería. Cuánta vida tiene un libro electrónico, cuánto tarda en averiarse o en quedarse obsoleto, ¿tres años, cuatro, cinco?. En casa tengo libros que han leído mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo, y que dentro de treinta años seguirán ahí, después de haberse leído otras tantas veces. Cuando yo la palme, acabarán en casa de mis sobrinos, o en alguna librería de viejo, o en una mesa de la Cuesta de Moyano, o en casa de algún friki nostálgico.

domingo, 27 de mayo de 2012

Travis


Una de las escenas que más me gustan de Taxi Driver es la del vendedor, el tipo que consigue  lo que quieras. Una magnum 44, todo tipo de drogas y hasta un cadillac nuevecito tapizado en rosa. El encuentro en la habitación del hotel en el que Andy, el fácil,  le enseña a Travis el arsenal de pistolas, no tiene desperdicio, Andy parece un comercial que haya ido a su casa a venderle una aspiradora. Travis se queda con todo claro, con la magnum, con el 38, con la 25 y con la 380, menudo figura. Luego está la mítica escena de Travis hablando sólo frente al espejo, el “¿hablas conmigo, me lo dices a mí?”. Esta escena chocó bastante, porque detrás del espejo estaban los espectadores sentados en las butacas  de la sala de cine, así que era como si Travis hablara con todos y cada uno de ellos. Eso no había pasado antes en el cine. La escena del primer encuentro entre Travis y el chuloputas Sport también está muy bien, o el interminable plano del vaso de agua con la aspirina efervescente que acaba en un zoom, o el plano secuencia desde arriba y hacia atrás de la escena del crimen al final de la película, o la música de Bernard Herrmann, ese saxo y ese tambor que marcan el ritmo de la historia.
Los chavales. Paul Schrader, escribe el guión, basándose en una crisis personal. Martin Scorsese dirige la película, y Robert de Niro la protagoniza. Poco se puede decir que no se haya dicho de la interpretación de De Niro, espectacular, genial, acojonante, es repetirse.
Gente joven,(Paul Schrader escribe la película, Martin Scorsese la dirige, y Robert de Niro la interpreta), poca pasta, y mucho talento, el resultado; una de las mejores películas de la historia del cine, los que hacen las listas, la suelen meter entre las diez primeras, junto a Casablanca,  Ciudadano kane, o El Padrino.
Atención pregunta: Taxi Driver fue candidata al óscar a mejor película en 1976, ¿sabéis quién se llevo finalmente la estatuilla?……………….redoble de tambor…………………¡¡¡¡ROCKY!!!!. La historia del cine está llena de estas cosillas. El tiempo, que es justo y sabio, suele poner las cosas en su sitio, a la gente, a los libros,  y a las películas. Taxi Driver sigue tan fresca o más que en 1976, Rocky, película muy digna en su momento, a estas alturas está bastante pocha.

Siempre se ha dicho que Taxi Driver está muy influida por Centauros del desierto  de John Ford. Es verdad que sus protagonistas Travis y Ethan se parecen mucho, los dos son tipos solitarios y atormentados , veteranos de guerra, y de ninguno de los dos sabemos nada, ni siquiera de donde vienen.  Ethan surge en el horizonte, entre el polvo del desierto de Tejas en 1868, y Travis surge entre el humo de las alcantarillas de la ciudad de Nueva York en 1976. Centauros del desierto es un western, y Taxi Driver en cierto modo también, un western urbano, en el que la diligencia es el taxi, los espacios  abiertos  la Nueva York de mediados de  los 70, y el peligro la gente, la sociedad misma.
En 1976 acaba de terminar La Guerra del Vietnam, el movimiento hippie y la contracultura son algo residual. El eslogan paz y amor se lo han merendado  los traficantes de drogas, las bandas callejeras, la prostitución,  la violencia y la inseguridad ciudadana. Nueva York en 1976 es territorio hostil para un veterano del Vietnam del medio oeste, poco cualificado, tímido, solitario y con tendencia a la paranoia como Travis. Para ocupar el tiempo y combatir el insomnio, consigue un trabajo como taxista. Travis se ofrece para hacer cualquier turno en cualquier lugar incluso en Harlem y el Bronx los barrios más chungos, a la hora que sea y donde sea, le dice al encargado. Desde su Taxi, Travis observa a esa sociedad, a esa fauna, que le rechaza y le mantiene al margen.
  La primera vez que vi Taxi Driver tendría dieciséis años, la vi en vídeo en casa de un amigo, y no entendí lo que le pasaba a Travis, un tío al que se le cruza el cable, un pirado sin más. Cuando la vi con treinta ya empecé a entenderle mejor. Travis como le dice  Betsy  en su primera cita, es pura contradicción. Es un puritano, pero frecuenta los cines porno, detesta las drogas, pero las toma, es un solitario convencido, pero a la vez hace por integrarse de alguna manera. Travis busca al fin y al cabo lo que buscamos todos, un hueco, ser escuchado, ser respetado, tener amigos, conocer a una chica y llevarla al cine, que la gente le tenga en consideración, hacer algo con su vida.  Probablemente por eso  el personaje de Travis conecta tan bien con el público, porque de alguna forma  todos nos hemos sentido rechazados alguna vez, o solos, o incomprendidos. Quién no ha sentido alguna vez eso que llaman vacío vital.  Travis a la vez que se recrea en su soledad, hace por salir de ella, pero es un tipo raro, la gente le rehúye y no le escucha. Le pide  ayuda a su compañero de la parada de Taxis, está empezando a tener ideas malas en la cabeza, está asqueado. Su compañero le despacha con filosofía de barrio, cuartelera y barata, yo no soy Bertrand Russell le dice, otra escena memorable, es lo que hay Travis, son lentejas, las gallinas que entran por las que salen, así es la vida, no la puedes cambiar, echa un polvo, emborráchate. Pobre Travis.
El corte de pelo a lo mohicano de Travis es el punto de no retorno.
En esta película hay muchos temas, la sociedad, los prejuicios, la religión, el rechazo, el desquiciamiento, el vacío existencial,  y sobre todo la soledad, la soledad que más duele, la que se siente en una gran ciudad en la que estamos rodeados de gente. Mientras Travis se pudre en su cuchitril, la vida sigue fuera para millones de personas.

Lo que desconcertó al público y a la crítica fue la  catarsis final de Travis, la matanza, la sangre a borbotones. Tan brutal era la escena para la época, que dicidieron desaturar el color para minimizarla y que pudiera pasar la censura. Surgió la misma polémica que con La naranja mecánica de Kubrick en 1971, la película incitaba a la violencia y difundía el mensaje de que la violencia es la respuesta a nuestras frustraciones, la violencia genera violencia y todo lo demás.
A finales de los 60 y durante la década de los 70, la violencia empezó a ser cada vez más explícita en el cine, aparecieron los disparos a quemarropa, los sesos salpicando la pared, y los tiroteos salvajes. Esto, unido al gusto por los perdedores y  los antihéroes alimentó la controversia. Los directores afirmaban que la violencia y el pesimismo de sus películas eran un reflejo  de la sociedad de su tiempo, y tenían razón, la violencia estaba y está todos los días en la calle y en los telediarios, por qué no recrearla en el cine, por qué ser hipócrita y meterla debajo de la alfombra. En cada gran ciudad hay tipos como Travis, por  qué no hablar de ellos.  La guinda la puso un pirado que tiroteó al presidente de EEUU Ronald Reagan en 1981, y declaró que estaba obsesionado con Taxi Driver.
El epílogo de la película en el que aparece un Travis supuestamente rehabilitado y elevado a héroe popular, también desconcertó. Travis es un enfermo, pero ¿y la sociedad que le saca en portada y le convierte en una celebridad?, quién es el cuerdo y quién es el loco, o es el epílogo un sueño, un delirio, lo que le gustaría a Travis que hubiera ocurrido. Acabo de volver a verla y aquí estoy, como Travis, hablando conmigo mismo, tranquis, no me he pelado a lo mohicano ni me he comprado una Magnum 44. Estoy en el lado de los cuerdos, o eso creo... Ahí está la peli, meterla en el DVD, y darle al play, verla con vuestras novias, o con vuestros novios, o con vuestros maridos o vuestras mujeres, o con los amiguetes mientras os tomáis unos cubalibres. Lo mejor del cine en casa es que te puedes tomar un pelotazo en compañía mientras ves este peliculón, luego lo habláis a ver qué os parece. Un saludo. 

 “Mi vida se basa en la convicción de que la soledad no es algo extraño ni fuera de lo común, si no la inevitable realidad de la existencia humana”
Thomas Wolfe. El hombre solitario de Dios.

domingo, 20 de mayo de 2012

Dickenslandia


Leyendo un artículo sobre el bicentenario de Charles Dickens, me he enterado de que hace tres años abrieron cerca de Londres un parque temático llamado Dickens World, un Dickenslandia que recrea el viejo Londres victoriano de las novelas del célebre escritor. Con sus calles, sus chabolos, su río pestilente, su niebla, sus efectos especiales y sus actores disfrazados de Oliver Twist, el viejo Fagin, Scrooge, y los Cooperfield. Sin olvidar a policías, raterillos, condenados, rameras, y otra gente de mal vivir que tanto le gustaba a Dickens meter en sus novelas. Tampoco faltan los números musicales,  los restaurantes y las tiendas de merchandising claro. Lo venden como la inolvidable experiencia de entrar en el universo Dickens.  La inversión fue de 80 millones de libras, un pastizal que ya habrán amortizado, porque el parque por lo visto se peta.
La apertura del parque tuvo su controversia como os podéis imaginar. Por un lado estaban los puristas, los escritores, los profesores de literatura, los intelectuales, la gente de letras en general. Estos hablaban de una banalización del escritor y su obra, y acusaban a los magnates de la industria del entretenimiento de fomentar lo superficial lo vulgar y lo mediocre. Por otro, los magnates de la industria del entretenimiento, argumentaban que era una buena forma de acercar la figura de Dickens al público en general, no sólo a los niños, (en esto del público en general insistían bastante), y acusaban a los puristas de esnobs, elitistas, culturetas, pedantes y otras lindezas por el estilo. Probablemente tienen razón, el tema tampoco es como para rasgarse las vestiduras. Mientras no sustituyan las bibliotecas por parques temáticos de escritores la cosa no es tan grave ¿os imagináis un Cervantesworld o un Galdoslandia?, mejor no dar ideas.

Esto me ha recordado un libro muy recomendable titulado "El estilo del mundo" en el que Vicente Verdú habla entre otras cosas de la industria del entretenimiento, y de esa consigna tan de moda que es "divertirse hasta morir". Verdú lo llama infantilización de la cultura, esa tendencia cada vez mayor de fusionar cultura con entretenimiento y diversión a tope. Para qué leer las novelas de Dickens, si puedes vivirlas y sentirlas todas juntas en cartón piedra durante unas horas. Leer es aburrido, Dickenslandia es entretenido, y además rápido. Porque de lo que se trata es de sentir y emocionarse sin comerse el tarro, sin que nos masquen la chapa, sin tener que leerse un tocho de seiscientas páginas, leer cansa, reflexionar es agotador.
Me pregunto qué sentido tiene viajar a Dickenslandia, pudiendo leer y releer en casa las novelas de Dickens. Yo no cambio un día pagado en Dickenslandia por una tarde en el sillón de mi casa leyendo David Cooperfield.  Seguro que por el precio de una entrada te puedes comprar en bolsillo, OliverTwist, David Cooperfield, Grandes esperanzas y Canción de navidad. Y si te vas a la biblioteca municipal del barrio te sale el viaje gratis. Además Dickens lo ponía  fácil, era un seductor, sabía cómo atraparte desde la primera página con sus personajes y sus tramas. Sus novelas están escritas con sencillez pero sin ser simples o superficiales. Dickens es de los que no necesita ponerse críptico para profundizar. Es cierto que se pone demasiado sentimental a veces, pero yo soy un sentimental y eso me gusta. Sus novelas están llenas de humor y fina ironía, este recurso lo utilizaba Dickens para denunciar  la injusticia social de la Inglaterra victoriana que le toco vivir. Oliver Twist es una novela sobre los olvidados, sobre los suburbios, sobre el sumidero de la ciudad de Londres.

Aquí Dickens en su escritorio pegando una cabezadita. El cuadro se llama "Dickens´s  Dream" y lo pintó un tal William Buss en 1870. Mola.

Con Dickens pasa como con Galdós. Cuando uno lee Oliver Twist o Fortunata y Jacinta,  parece como si tuvieran una maqueta del Londres o del Madrid de su tiempo  junto al escritorio, con la gente a escala y todo. Una maqueta a la que se acercaran de vez en cuando mientras escribían para ver qué pasaba por las calles de la ciudad, y en la que pudieran  levantar los tejados de las casas para ver lo que ocurría en las cocinas, en las buhardillas, en los cuchitriles, en los salones, en las tabernas y en los cafés. Para ver lo que le pasaba a la gente en su día a día, en su vida cotidiana. Dickens, como Galdós, escribía sobre la gente, sobre lo que les pasaba por dentro y por fuera.
Muchas novelas de Dickens se han llevado al cine. Yo me quedo con la adaptación de David Cooperfield de George Cukor, creo que es de 1935, y con la de Oliver Twist de David Lean que es de 1948, la adaptación de Roman Polanski de 2005 también está muy bien. Luego está Los Olvidados, que yo la veo como un Oliver Twist pero a la manera de Buñuel claro, qué gran película.
 Yo empecé mal con Dickens porque leí Oliver Twist en una edición traducida bastante mala. Fue cuando descubrí que una mala traducción puede joder  un gran libro, y que los que no sabemos idiomas y nos gusta leer tenemos que estar al loro con lo de las traducciones, o eso o aprender idiomas claro, yo llevo aprendiendo inglés treinta años y no paso del nivel medio, dentro del nivel medio hay un margen de cojones ya sabéis, yo estoy al principio, lamentable.

El año pasado me regalé David Cooperfiled de la editorial Alba, traducida por Marta Salís, con las ilustraciones originales de Phiz. Un lujo, me costó 38 eurazos, más o menos lo que debe costar entrar en el Dickenslandia de cartón piedra. Leer David Cooperfiled hundido en el sillón, eso sí que es vivir a Dickens. Lo tengo aquí, es un buen tocho, el primer capítulo  empieza así…
















¿A que es difícil dejar de leer un libro que empieza así?, esto no lo supera el Dickenslandia con su cartón piedra.




sábado, 12 de mayo de 2012

Los Ángeles 2019

Acabo de ver otra vez Blade Runner, he visto la versión comercial, la que se estrenó en los cines en 1982 con el final feliz y la voz off impuestos al director por los productores. A mí me gusta la voz en off, hace que la película se funda más todavía con el cine negro. Sin embargo el final feliz no me gusta nada, almíbar a cascoporro, me sobra, siempre que veo esta versión la paro cuando Deckard y Rachel entran en el ascensor (así acaba el montaje final del director), y me pongo los créditos con la música de Vangelis. Todavía zumban en mi cabeza las palabras que dice el replicante Roy antes de morir.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión…, he visto rayos c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momento se perderán como lágrimas en la lluvia…, es hora de morir…”
La crítica le dio bastante caña a Blade Runner cuando se estrenó en 1982, la vapulearon, Ridley Scott no sabía ni por dónde le venían. Al público tampoco le gusto nada la película, la gente se aburrió, esperaban al Ridley Scott de Alien, y al Harrison Ford de La guerra de galaxias y En busca del arca perdida…. Harry, estás un poco flojo en esta tío, llevamos una hora de peli y sólo te has cargado a uno, y encima lloriqueas…saca el látigo de una puta vez, salta por una ventana, que salga un bicho y se coma a alguien…, pero nada de eso. Blade Runner era lenta y tenía poca acción. El tiempo la fue poniendo en su sitio, y con los años se ha convertido en una película de culto. Algunas obras maestras es lo que tienen, que necesitan reposo y una buena digestión. Blade Runner hay que verla en el cine al menos una vez, porque está llena de pequeños detalles que son importantes, y en el pantallote es donde mejor se aprecian. En La Filmoteca la suelen poner una vez al año, estar atentos al programa.

Lo que más me gusta de esta película es el futuro de contrastes que plantea. El mundo del  futuro según Blade Runner, es un lugar decadente y polucionado. La tecnología ha avanzado tanto que se han conquistado otros planetas, y hay colonias en el mundo exterior trabajadas por replicantes, robots fabricados por los humanos. En Los Ángeles en 2019 los coches vuelan, pero hay limpiabotas, periódicos, gente que va en bicicleta, y puestos de comida en la calle, incluso aparece un cadillac. Se mezcla lo sofisticado con lo tradicional, el atuendo futurista, con el estilo años veinte, o los edificios hiperinteligentes con un mercado que podría estar sacado de una película medieval. El barrio chino que aparece es muy parecido al que vemos en Chinatwon, o en las películas negras de los años cincuenta. Es un mundo usado, curtido y viejo, como de tercera mano, donde lo nuevo se ha construido sobre lo antiguo, y esto, que tiene su lógica, contrasta y rompe moldes con el futuro que hasta entonces planteaba el cine de ciencia ficción, un futuro limpio, aséptico y sideral, en el que la gente comía píldoras y vestía con monos plateados llenos de cremalleras.


En el mundo de Blade Runner no hay un puñetero árbol, no hay parques, sólo fábricas, refinerías, anuncios publicitarios y luces de neón por todas partes. El cambio climático ha mandado todo al carajo y ha dejado una lluvia ácida, un calabobos constante. Todo el que ha podido se ha ido a vivir a las colonias del mundo exterior donde la publicidad promete una nueva vida llena de oportunidades. En el año 2019 la ciudad de Los Ángeles es el arrabal, sólo quedan cuatro mataos. Perdedores y fracasados; blade runners, policías, pandilleros, punkis, asiáticos, hare krishnas, enfermos, enanos disfrazados armados con lunchacos, replicantes fugados y viandantes protegiéndose de la lluvia con paraguas fluorescentes. En la tierra queda gente como Deckard, un blade runner renegado, un ex policía divorciado encargado de retirar (matar) a replicantes díscolos. Blade Runner es ciencia ficción, pero también es cine negro, por eso me gusta tanto. Deckard es el estereotipo del detective que nació con el Halcón Maltés. Un tipo frío, solitario, desarraigado y cínico, que lo primero que hace cuando llega a su apartamento, donde no le espera nadie hasta que conoce a Rachel, es ponerse un vaso de whisky, y luego otro, mientras la luz se filtra a través de las persianas venecianas. Deckard también lleva gabardina y habla consigo mismo, lo único que le falta es fumar y encender las cerillas con una mano. Y luego está Rachel, la replicante, que con su peinado y vestimenta también nos recuerda a las heroínas de las películas del cine negro.

Pero Blade Runner no sólo me gusta por esto que cuento, también me gusta porque trata un tema tan humano como el miedo a morir. La muerte, a la que nos vamos acercando según nos paren nuestras madres, es una de los temas de este peliculón. La muerte es la obsesión de los androides de Blade Runner. En esta película, los replicantes, los robots que el hombre ha construido para hacernos la vida más fácil, son más humanos que los humanos, han desarrollados emociones, empiezan a hacerse las mismas preguntas que nos hacemos nosotros, y quieren vivir más, quieren más vida, por eso vuelven a la tierra en busca de su creador, un ingeniero de genética. En Blade Runner los robots creados por el hombre son mejores que los mismos hombres, no sólo en fortaleza y eficacia a la hora de trabajar, si no en valores, la relación entre los replicantes está basada en la solidaridad, y no en el individualismo como la de los humanos. Sobre la controversia (algunos hablan de maniobra comercial) de si Deckard es un replicante o no, yo lo tengo claro, vean y juzguen. 

Una de las preguntas que uno se suele hacer cada vez que ve esta película es ¿qué nos hace humanos?, ¿en qué nos diferenciamos de los replicantes? La película tiene mútiples lecturas, cada vez que uno la ve salen cosas nuevas, enfoques diferentes. Sobre Blade Runner se han escrito muchos libros y guías que analizan la película fotograma a fotograma, hay hasta tesis doctorales. Es una película que invita al debate y a la reflexión, probablemente por eso su aparición en pleno auge de los taquillazos y del cine del entretenimiento fue un fracaso total. Entre el héroe descamisado Indiana Jones pegando latigazos a gogó, y el antihéroe en gabardina Deckard comiéndose el tarro y hablando consigo mismo, la gente se quedó con el héroe claro, dónde va a parar. A lo mejor queda por ahí alguien con suerte que todavía no ha visto Blade Runner, y pueda disfrutar por primera vez de la potencia de las imágenes de ese mundo del futuro. No esperéis grandes tiroteos ni persecuciones a toda leche. Dejaros cautivar por ese fiestón visual, por esa banda sonora, por esa japonesa que os mira y os sonríe desde el anuncio publicitario, por esa historia de amor, y por los diálogos, por esas frases que son sentencias.
Como siempre Blade Runner me ha dejado pensativo, como siempre empiezo a hacerme las mismas preguntas que se hacen los replicantes..., de dónde vengo..., a dónde voy..., cuánto tiempo me queda…

jueves, 3 de mayo de 2012

Delibes


Leer es releer así que llevo unos días dándole a Miguel Delibes. Últimamente estoy teniendo suerte, cada vez que me estrujo a leer en el sillón, en la calle llueve, graniza y hace frío. Ayer cuanto más llovía más disfrutaba yo de El camino , de la vida en ese pueblo de Castilla vista a través de los ojos de un niño. Delibes te cogía la vida de un pueblo, o la vida de un cazador, o la de un emigrante, o la de un jubilado, la metía en doscientas páginas y le salía una novela, además lo hacía sin ponerse denso ni críptico, sin cosméticas ni carambolas estilísticas, con un lenguaje sencillo y directo, escribiendo como se habla sobre la naturaleza, el hombre, la niñez, el amor, la muerte y la lucha por la vida. Delibes escribía sobre los desheredados, sobre los perdedores, sobre los incompletos, sobre la España rural, o sobre los que habían cogido un tren y dejado el terruño con una maleta para establecerse en la capital. De la gente sencilla, de el hombre común, de lo que fuimos y somos en definitiva, de eso nos hablan los libros de Miguel Delibes .Los que no tenemos pueblo, los urbanitas, le debemos a Delibes el saber cómo se vivía en una aldea castellana en los años cuarenta. Las novelas de Delibes tratan de un mundo que ya no existe pero que no debemos olvidar.
Delibes era un figura haciendo personajes, te bordaba a un niño, o a un cura, o a un tonto de pueblo, o a un bedel, o a un señorito, o a un catedrático de instituto, o a una viuda que habla con su marido muerto, o a un jubilado. Cuando te encuentras con estos personajes, sabes que esa gente ha existido en alguna parte, y en algún momento. Muchos nos iniciamos en esto de leer novelas con las de Miguel Delibes, El camino fue la primera novela que leí con diez u once años, antes de eso la Biblia infantil ilustrada, los libros de la edición Barco de vapor, los tebeos de Joyas literarias y poco más. Los que no habéis leído nunca este libro sois gente suertuda, no sabéis que gran oportunidad tenéis de ser felices durante cuatro horas, además seguro que lo tenéis por casa, rara es la casa española que no tenga una novela de Delibes en alguna estantería. Yo pagaría por poder leer otra vez El camino por primera vez,  aunque siempre me emociono como la primera vez cuando vuelvo a leerlo. El camino es una novela coral llena de personajes inolvidables un libro sobre la infancia, sobre la naturaleza, y sobre la muerte, pero sobre todo es una novela sobre el destino, sobre el destino impuesto.
 El Mochuelo, Germán el Tiñoso, Roque el Moñigo, o Paco el bajo y el Azarías, o el señor Cayo, o Eloy, la Desi y el Picaza, los personajes de las novelas de Delibes forman parte del imaginario popular. El Camino, Las ratas,La hoja roja, Los santos inocentes, El disputado voto del señor Cayo, Cinco horas con Mario, Diario de un cazador,Diario de un emigrante, El hereje..., novelas cortas en su mayoría, pero grandes en su contenido, en lo que nos transmiten.
 Varios libros de Delibes han sido llevados el cine con más o menos gloria, la adaptación más conocida y la mejor es la de Los santos inocentes dirigida por Mario Camus. Delibes cuenta en una entrevista que Paco Rabal le compró a un tonto de pueblo el traje que lleva en la película para interpretar al Azarías, se lo compró y tal cual se lo puso, lleno de mierda y de costurones, y la verdad es que le queda como un guante. El "milana bonita" del Azarías es casi tan popular como el "candemor" de Chiquito de la Calzada. Gran libro y gran película Los santos inocentes. La película como el libro es dura, la relación entre criados y señores en un cortijo de Extremadura, una relación basada en la crueldad, el dominio y la explotación, inolvidables Juan Diego en el papel de señorito, y Alfredo Landa en el de criado, en el de el perro fiel que recoge solícito las perdices que caza su amo, inolvidables todos, cada uno en su papel. Un peliculón, de las que te dejan seco, no la veáis un Domingo por la tarde, no la mezcléis con alcohol y antidepresivos, es dura, triste, sórdida e incómoda, probablemente lo que nos incomoda y nos inquieta es que nos habla de una España real, estas cosas pasaban aquí no hace muchos años.
De Delibes se ha dicho todo ya, y todo bueno, lo mejor es leerle y disfrutar. Ahora para terminar con mi homenaje, estoy con La hoja roja, otra gran novela de doscientas páginas, humana y emocionante. Y así hasta dentro de dos o tres años que vuelva a tropezarme con él en la estantería. Los clásicos es lo que tienen, son nobles y agradecidos, ya sabes lo que vas a sentir cuando vuelvas a leerlos, pero da lo mismo, siempre volvemos a ellos, o al revés. Delibes murió en 2010, y repasando artículos y necrológicas he encontrado una frase de las buenas, bueno la verdad es que he encontrado muchas, pero esta me ha gustado especialmente, la dijo en su discurso de ingreso en la Real Academia Española;“hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble.”. Delibes matiza, no se trata de volver al surco y al terruño, a la España miserable, si no de parar y preguntarnos a dónde vamos y cómo con tanto avance sin control. El discurso es de 1975 y mucho de lo que Delibes vaticina en él se ha convertido en una realidad lamentable.


jueves, 26 de abril de 2012

Indios y vaqueros


Recuerdo la primera vez que vi una de vaqueros, fue Raíces profundas de George Stevens, en la televisión claro, un sábado por la tarde. Cuando los que ahora frisamos los cuarenta tacos éramos críos, los sábados por la tarde veíamos lo que echaban, Jackie y Nuca o Mazinger z y después en Primera sesión en la primera cadena, a eso de las cuatro, una de vaqueros. A mi casa la tele en color llegó tarde, mi padre era de la mentalidad de antes, las cosas se cambian cuando se rompen, y aquella Grundig en blanco y negro era dura de cojones. Así que la primera vez que vi Raíces profundas, Robin de los bosques, o El Halcón y la flecha, las vi en blanco negro, mi padre para consolar nos decía que todas las películas antiguas eran en blanco y negro, y yo me lo creí claro. El chasco me lo llevé cuando fui a pasar el sábado a casa de un amigo que acababa de estrenar tele, y descubrí que Raíces profundas era en color, aquello fue como abrir un álbum de cromos, una maravilla, el technicolor es lo que tiene. Entonces empecé con el sabotaje, me dedicaba a encenderla y apagarla apretando y soltando el botón muy rápido, pero nada, aquel trasto estaba bien pensado y hecho para durar, así que estuve condenado al blanco y negro unos añitos más. Cuando llegó la tele en color con mando aquello fue el no va más, luego vino la revolución con la llegada del vídeo, fue como entrar en la cuarta dimensión, pura ciencia ficción, estábamos flipando, como los simios de 2001 en una odisea en el espacio cuando encuentran el monolito, lo mismo. Creo que el hecho de que siempre vaya un paso por detrás en esto de las nuevas tecnologías tiene mucho que ver con esto que cuento.
Con el western pasa como con el Cine negro, la mayoría de las veces sabes lo que va a pasar desde el primer fotograma, pero da igual, lo importante es el cómo el cuándo el dónde y el por qué, en el western lo importante es el dónde, porque en las del oeste el paisaje, el territorio por explorar, la última frontera es el protagonista principal. Luego tenemos la caravana de colonos, el vadeo de un río, la diligencia desbocada acosada por los indios, el pistolero errante, la fiebre del oro, el Séptimo de caballería, los ganaderos en conflicto con los granjeros, la llegada del ferrocarril y la ciudad sin ley. El hombre en tierra salvaje, eso da mucho juego.
Las del oeste cuentan la historia de la formación y el desarrollo de los EEUU durante el siglo XIX, centrándose en la exploración y conquista de los territorios occidentales, la primera frontera fueron los Apalaches, y de ahí hasta Oregón o California, la cosa duró más o menos un siglo de 1803 a 1905. El Western cuenta la historia a su manera claro, con conservantes, colorantes y potenciadores del sabor, con su mitología, su folclore, su ingenuidad, su ausencia de rigor histórico, y el escamoteo de los episodios más lamentables, como las matanzas de indios o el impacto ecológico, en las del oeste, la épica y la leyenda superan a la realidad en la mayoría de las ocasiones, sobre todo en la primera etapa del género. Moraleja, la historia se estudia en los libros y en los documentales, al cine se va soñar, a desconectar de la realidad, a vivir otras vidas.
 
Centauros del desierto (The Seachers). John Ford. 1956
 
La historia del cine del oeste es corta pero ancha. Lo que empezó como la exaltación pura y dura fue evolucionando hacia temas más comprometidos y trascendentales, la cuestión india, el racismo, el poder, la venganza, y la redención, insistiendo especialmente en la psicología de los personajes y dotándoles de mayor fuerza, de la exaltación a la reflexión, así desde 1903 con Asalto y robo de un tren de Edwin S. Porter hasta 1992 con Sin perdón de Clint Eastwood. Algunos piensan que el western clásico está muerto desde que en 1969 apareció Easy Rider, Easy Rider es un western pero con motos en lugar de caballos, y los que las montaban no eran vaqueros o pistoleros, si no hippies, y no iban en busca de nuevas tierras, si no de la libertad y de los paraísos artificiales. Menudo fiestón que se pegan los chavales en Nueva Orleans.
A finales de los sesenta empezó la desmitificación, el western crepuscular recreaba el final de una época, los tiempos cambian, llegan las leyes y el ferrocarril a las ciudades donde antes sólo se llegaba a caballo, los pistoleros a sueldo y los bandoleros que antes campaban a sus anchas ahora son perseguidos y no encuentran su lugar, pero no se resignan, un tiempo que termina, y otro que llega, Grupo Salvaje y Pat Garret y Billy de Kid de Sam Peckinpah indagan en esto y son de lo mejorcito de esta época, también Clint Eastwood daba guerra con Infierno de cobardes y El fuera de la ley, pero poco más, la cosa estaba muy malita para las del oeste, las policiacas y las de acción se llevaron el gato al agua. El spaguetti merece artículo aparte, lo mejor la Trilogía del dólar de Sergio Leone. Luego en los ochenta hubo sorpresas puntuales como El jinete pálido de Clint Eastwood, y Silverado de Lawrence Kasdan.
A principios de los noventa la cosa se vino arriba con Bailando con lobos de Kevin Costern y Sin perdón de Clint Eastwood, lo de Sin perdón fue una locura, a los críticos se les hizo el culo pepsicola, la flor y nata de la intelectualidad se derritió con esta película, la crema de la crítica convirtió a Sin perdón en una película de culto en cuestión de meses. Lo curioso es que eran los mismos esnobs que siempre habían mirado por encima del hombro a Clint Eastwood y a las películas del oeste, los mismos que habían, ninguneado a El jinete pálido y Al fuera de la ley (ya está el abuelo cebolleta de Clint mascando la chapa con el oeste) las dos a la altura de la laureada. Sin perdón es una película sobre la violencia y sobre la redención, es un pedazo de western pero a la vez es el anti western, es de las que no se pueden contar porque no sale, hay que verla, la escena final es el Corazón de las tinieblas de Conrad.
Después de eso Open Range de Kevin Costner, Valor de ley de los hermanos Cohen y poca cosa más he visto, se aceptan recomendaciones. Valor de ley es un remake de un western de Henry Hathaway protagonizado por John Wayne en 1969, al que ese año por fin le dieron el óscar. La de los Cohen es un peliculón, no le falta de nada, y tiene una banda sonora espectacular, pero yo por respeto a John Wayne me quedo con la del 69.
Lo de mis favoritos va por días, (mis favoritas de las que he visto) unos días es Raíces Profundas y otro es Johny Guitar, uno de los pocos westerns, si no el único protagonizado por mujeres, y a la semana siguiente, Horizontes lejanos, Pasión de los fuertes, o Pat Garret y Billy de Kid, o Grupo salvaje, o Sin perdón, o Estación comanche, hoy es Centauros del desierto. Los grandes directores; John Ford, Anthony Mann, Howard Hawks, Sam Peckinpah, Sergio Leone, Bud Boetticher y alguno más que seguro me queda por descubrir, lo de Bud Boetticher tiene más mérito, porque era director b, y hacía películas por cuatro duros en tres semanas, y encima eran buenas buenas.
Ayer volví a ver Centauros del desierto de John Ford, pero no en casa en la tele de 40 con las persianas bajadas, no, la vi en la Filmoteca, en el pantallote, en la fila 2 de la sala 1. Era la sesión de las diez, pensé que habría cuatro frikis gafapastas y conmigo cinco, pues no, la sala se llenó, había mucha gente joven, chavales de veinte años, silencio total durante las dos horas de película, ni un murmullo, ni un crunchi crunchi palomitas. Todavía estoy allí con Ethan en Monument Valley.

jueves, 19 de abril de 2012

Haciendo los deberes


Siempre que estoy en la capital y voy a la Casa del libro, acabo sintiéndome como un paleto integral, como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, con la boina enroscada hasta las cejas, y la jaula con las gallinas, igual. Aquellos es un carajal de libros, todo muy ordenadito y muy limpio sí, con sus flechas, sus cartelitos, sus plantas y su ascensor, pero un carajal. Jamás he conseguido encontrar sin ayuda el libro que buscaba, intento ser autosuficiente, pero nada, no hay manera, como el que tiene tos, lo mismo. Lo bueno es que hay gente muy profesional allí, y me solucionan la papeleta. He reflexionado sobre esto y otras cosas parecidas que me pasan, perderme y no encontrar lo que busco, y otras que no vienen al caso, y he llegado a la conclusión de que la culpa es de mi caraja permanente, de mi capacidad para perder el contacto y subirme a la parra.
 
La última vez iba con receta…, vengo buscando novela norteamericana de la grande, pero de la de ahora, ya, usted se refiere a David Foster Wallace, Philip Roth, Jonathan Franzen y compañía no, sí, de las que recomienda el Qué leer, los suplementos culturales, y la gente que sabe, cuántas quiere, ponme cuarto y mitad, se lo pongo para tomar o para llevar, mejor para tomar.
Llevaban tiempo recomendándome a Philip Roth, Cormac Maccarthy, Jonathan Franzen y demás, están dando mucho la matraca últimamente con la gran novela norteamericana, incluso rizando el rizo se habla de la nueva gran novela norteamericana. Cada dos o tres años se descuelgan con una, ya ha llegado, esta sí, la definitiva, la gran novela norteamericana, la que refleja los ideales y el modo de vida estadounidense y todo eso. Este fenómeno no es nuevo en EEUU, ya en su día hablaban de Moby Dick de Melville como la gran novela norteamericana, luego del Guardián entre el centeno de Salinger, o de Lo que el viento se llevó o de A sangre fría de Truman Capote, por lo visto era el propio Truman Capote el que lo decía, que la suya era la grande, la definitiva, no tenía abuela el tío.
 
Hay una especie de obsesión entre los escritores norteamericanos por conseguir escribir la gran obra, la gran novela, gorda a ser posible, al estilo del siglo XIX, aunque a lo mejor la obsesión es la de los que venden los libros que escriben los escritores, para entendernos, de los que hacen el marketing y nos ayudan a comprarnos las cosas. Luego vienen los que saben y empiezan con lo de esto es lo que hay que leer, esto es lo saludable para que tus neuronas no tengan colesterol y estén en buena forma. Suele dar un poco de pereza leer lo que te recomiendan, especialmente cuando se ponen plastas, pero al final uno acaba picando. Los clásicos están ahí, son fieles, y nobles, no te van a dejar porque les pongas un poco los cuernos con las más jóvenes. Así que llevo una buena temporada haciendo los deberes, y la verdad es que estoy encantado, Philip Roth es un figura, hay que reconocerlo, de lo mejorcito que he leído últimamente,  empecé con la Trilogía americana, (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana), y una maravilla las tres, un paseo por la realidad norteamericana desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años noventa narrado por Nathan Zuckerman, el personaje central de las tres novelas, y que no es otro que el propio Philip Roth, a esto en la contraportada lo llaman su alter ego y quedan de puta madre. En las novelas de Philip Roth, los personajes ven cumplido el sueño americano, pero el sueño pronto se convierte en la dura realidad, en la vida perra, porque la América idílica por la que habían peleado sus padres y sus abuelos, la del el hombre hecho a sí mismo, la de las oportunidades, la de América para los americanos, se viene abajo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial el maccartismo y la Guerra del Vietnam.
 
Después seguí con La Conjura contra América, que es brutal, es una ficción, Philip Roth nos presenta una historia alternativa en la que un héroe americano de la aviación simpatizante de los nazis es elegido presidente en las elecciones de 1940, así comienza una política de pactos con Hitler que acaba en la persecución de los judíos norteamericanos, suena rocambolesco sí, pero Philip Roth lo hace tan bien que hace que nos parezca perfectamente posible. Estoy a punto de terminar Némesis, su última novela, y muy bien, este tío de momento no defrauda.
Otra que he leído hace poco es la venerada Libertad, de Jonathan Franzen, y la verdad es que es un fiestón, de las de hundirte en el sillón con la lámpara de pie y tirarte cinco horas sin levantar cabeza, si encima fuera llueve y hace un frío de pelotas ahí tenemos la felicidad con la que tanto se estrujan las meninges los filósofos. Libertad es la historia de una familia a lo largo de tres generaciones, si leemos la trilogía de Roth y ésta, tenemos una buena cronología novelada sobre la vida norteamericana desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Aquí se habla de otras guerras, la de Irak y la de Afganistán, sobre el 11 de septiembre, sobre la facilidad que tienen los gobiernos para tomar a los ciudadanos por gilipollas, y de la libertad claro, otro berenjenal filosófico, pero aquí nos hablan de la libertad en sentido político, la que nos dejan tener los de arriba, los que mandan, el estado, la libertad individual eso que obsesiona tanto a los americanos. El libro plantea otra cuestión muy interesante, el tema de la superpoblación, un tema tabú para los políticos. La verdad es que Jonathan Franzen se despacha agusto, hace una buena revisión política y deja muy clara su postura sobre los temas que trata, y hace bien. También le he dado bastante a Cormac Maccarthy, las novelas de Cormac Macarthy se centran principalmente en la América rural, la América profunda, he disfrutado mucho con la Trilogía de la Frontera.
 
Como veis estoy haciendo los deberes, estoy leyendo lo que nos dicen que hay que leer, y encima me gusta. Seguiré dándole a la novela norteamericana, a ver si sale la grande, la definitiva, aunque eso de la definitiva va ser una quimera me parece a mí, y me da en la nariz que va a ser más una cosa de los que venden los libros que de quienes los escriben. Lo importante es escribir buenos libros, buena literatura, y los de Philip Roth, Cormac Maccarthy y Jonathan Franzen, que son los que he leído a mi juicio lo son, lo de las etiquetas mejor dejarlo para dentro de cincuenta años a ver qué pasa. Tiene bemoles que se califique ya a Libertad como la obra maestra de la literatura del siglo XXI, la novela definitiva de la literatura norteamericana, la Guerra y Paz de nuestro siglo, la gran novela norteamericana por fin, cuando apenas lleva un año publicada, lo curioso es que dijeron lo mismo de Correcciones su anterior novela ¿en qué quedamos?.
 
Lo dicho, seguiré dándole a la novela norteamericana y a lo que haga falta, pero sin perder de vista a los clásicos, Cervantes, Pérez Galdós, la Pardo Bazán, Clarín, Dickens, Víctor Hugo y Tolstói entre otros, esos sí que escribieron grandes novelas, y en eso no hay discrepancias. También seguiré leyendo a Antonio Machado, faltaría más. Tampoco perderé de vista a los que pasan más desapercibidos como Fernando Aramburu, tengo ganas de leer su última novela Años lentos, Los peces de la amargura me gustó mucho. Bueno, os dejo que se me está poniendo un muro en la cabeza con tanto libro, además empieza Fraiser que me tiene enganchado, la están reponiendo en la dos, y me parto la caja, el otro día mientras me descojonaba me atraganté con huevo duro y empecé a ponerme azul, estuve a punto de llamar al 112, al final salió.
 
Saludos cordiales.


viernes, 13 de abril de 2012

El sombrero la pistola y la mujer fatal.


Todo  empezó hace  un par de días cuando vi Atraco al furgón blindado, una joya del Cine negro de serie b de 67 minutos. Es increíble lo que se hacía en 1950 con cuatro perras,  ésta le lame la oreja a Oceans eleven todos los días de la semana, no hay guapos, ni efectos especiales, ni color, pero está el ingenio de la poca pasta, la agudeza del hambre, y la imaginación del esto es lo que hay  toma cuatro duros y haz una peli que sea buena, ¡ah!  y date prisa. Resulta curioso que muchas de las grandes películas de la historia del cine sean películas de bajo  presupuesto rodadas  entre 1930 y 1960, sobre todo en los géneros del Cine negro, el Western y la Ciencia ficción.
Después de Asalto al furgón blindado, me puse Perdición, y ya que el día siguiente lo tenía libre seguí con Forajidos, Laura, Rififí, Atraco perfecto ,Los sobornados, La jungla de asfalto y Más dura será la caída. Para entendernos, he entrado en un bucle del que no puedo salir, he perdido el contacto con la realidad, cuando llegue mi novia  me habrá crecido la barba, el sombrero y la gabardina, le abriré la puerta con un cigarro en la boca, y un vaso de whisky en la mano. La casa estará en penumbra, con la poca luz que se filtre a través de las persianas y con humo de tabaco flotando en el aire.  El Cine negro es lo que tiene, que es negro, y eso nos gusta, nos llama la atención, incluso nos da cierta envidia, ya sabéis, el margen de la ley, el arrabal, la supervivencia, el crimen, el atraco, el gangster, el detective privado, y  la mujer fatal claro…, la rubia  de piernas largas por la que hasta el tipo más duro y más malo pierde el culo, la pasta e incluso la vida.


Esto de los géneros es un berenjenal, ni los que saben, ponen nombres y escriben los libros se aclaran. Para orientar un poco dicen que la cosa la empezó John Huston en 1941 con el Halcón Maltés, que fue la que creó el estereotipo del detective privado con sombrero,  gabardina y cigarro en la boca, el tipo duro, amoral, desarraigado, cínico, seco y cortante que habla consigo  mismo. Qué bien fumaba Bogart, acojonante, y cómo encendía las cerillas el tío, mira que lo he intentado y no hay manera, lo de las cerillas digo, bueno y lo de fumar también, pero no me sale, yo creo que me falta carácter.
Al cine negro lo parieron las novelas de detectives, crímenes y sucesos, El Halcón Maltes y muchas otras están basadas en esta literatura, luego llegó uno de los que ponen nombres y dijo filmnoir, y ya está, el Cine negro. Lo que en principio fueron películas de detectives, luego fue cine policíaco o cine de gangsters. Los géneros se mezclaban, pero todas las películas  se desarrollaban  en el mismo contexto, la gran ciudad, la prohibición, la gran depresión  y la Segunda Guerra Mundial, terreno abonado para los “malos” y los perdedores que se abren camino encima del ring o haciendo de machacas del capo de turno. Todas tienen elementos en común, la voz en off, el flashback, el claro oscuro, las sombras, el tenebrismo (lo llaman “Iluminación influenciada por el expresionismo alemán”), el asfalto mojado, la niebla, la noche, y todo lo demás. Todo esto protagonizado por el detective, que podía ser privado, de la policía o de una compañía de seguros, o el gangster, y la mujer fatal como no , el rubión de largas piernas con medias de rejilla, la cabaretera, la mujer del jefe, la mantis religiosa, la ruina del protagonista, su perdición. A veces la mujer fatal tiene pinta de mosquita muerta, mirada inocente y cara de no haber roto un plato, esas suelen ser las peores, que se lo digan a Robert Mitchun en Cara de ángel. Una de las cosas que más me gustan del Cine negro es la voz en off, esto de hablar con uno mismo es muy humano, yo también hablo mucho conmigo mismo, pero yo lo hago en voz alta, en on, tengo mucho que decirme, ya sabéis lo que decía Machado “quien habla sólo espera hablar a Dios un día”, quién sabe.
Los puristas dicen que el Cine negro termina en 1958 con Sed de mal de Orson Wells, Sed de mal tiene el mejor arranque que he visto en una película, un plano secuencia de cuatro minutos brutal, de los que se estudian en las escuelas de cine, iros a youtube y poner Sed de mal plano secuencia, vais a flipar. La llegada del color mató en parte al cine negro clásico, hay varias que están muy bien, Adiós Muñeca es de los setenta y es un peliculón, también  Chinatwon, las dos muy fieles al canon de los cuarenta y los cincuenta, pero ya no es lo mismo, las sombras ya no son tan sombras, ni el humo tan humo, la policromía es lo que tiene, yo las veo más como homenajes al cine negro, son muy buenas pero se nota ese aire impostado y teatral, esa recreación.  Posiblemente los puristas tengan razón y el Cine negro clásico terminó con el blanco y negro. Con el color se siguieron haciendo películas  policíacas y de gangsters, “A quemarropa”, “Bonnie and clyde” y “Harry el sucio” entre otras, en éstas ya la sangre se veía claramente,  hasta entonces el disparo y el muerto no se mostraban en el mismo plano, ahora los muertos empezaban a caer en la misma toma y los tiroteos eran salvajes. Y la saga de El Padrino, la mejor película que se ha hecho sobre la mafia. Luego están las más recientes, los que ponen nombres  no se estrujaron mucho las meninges y las llaman películas neo negras, ya sabéis las de los Cohen y Tarantino. Los Cohen debutaron con un peliculón tan negro tan negro que casi no se nota el color Sangre fácil. Reservoirdogs y Pulp Ficcion también son películas muy fieles a los clásicos del Cine negro, innovan y rompen moldes claro, pero no son muy diferentes a las de atracos  o gangsters de antes. Muerte Entre las Flores es una obra maestra, los Cohen son unos figuras haciendo cine de género, hacen una de gangsters y la bordan, hacen una comedia y la bordan, El gran Lebowsky es genial, y hacen un western y lo bordan.  Libros sobre Cine negro hay muchos, el último que he leído ha sido El Cine negro de Víctor Arribas, y está muy bien, además tiene unas fotos muy chulas. Ahora mientras escribo esto tengo puesta en mi tele grande  La senda tenebrosa, cuando termine encenderé las luces subiré las persianas y ventilaré un poco, luego pondré las noticias y conectaré con la realidad, con ésta digo, ya sabéis, con la del paro, la crisis, los recortes, los políticos corruptos, la prima de riesgo, y la madre que los parió a todos.
Saludos cordiales