El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



miércoles, 26 de febrero de 2014

Más Chirbes por favor


"Yo que quería ser maestra, que quería enseñar, Piaget, los cursos de Rosa Sensat, la pedagogía activa, todo eso, y que ahora me dedico a engañar. En vez de que encuentren la verdad, empujarlos, empujarlos para que se pierdan por el camino de las mentiras, taparles los ojos y darles vueltas como una peonza hasta que se desorienten, la gallina ciega, que no otra cosa es la publicidad. Si cierro los ojos, aún puedo ver a Carlos en el Paraninfo de la facultad recitando aquellos espantosos poemas contra Franco que componía, "si el aire amenazara la muralla, yo aire fuera; si la voz la suela de la bota amenazara fuera yo sólo voz; si el aire de mi voz tumbara las banderas de la torre del odio, en aire convirtiera yo mis sueños".  Recuerdo los horribles versos de Carlos, que hoy le avergonzarían si se los recitara y que, en cambio, los oyentes del paraninfo le aplaudía a rabiar, porque los consideraban antifranquistas. El antifranquismo era una patente de corso para casi todo. Yo la verdad es que no me avergüenzo de nada de lo que hice. Se lo decía a Carlos, se lo he dicho a Juan. Lo hablo de vez en cuando con Demetrio, quien también está convencido de que no ha abandonado ningún camino, sino que sigue su curso, aunque lo suyo sea aún más patético que lo de los demás. También lleva su desgracia a cuestas Demetrio. Otros paisajes, otros ojos para mirarlos. Fuimos así porque los tiempos eran así, del mismo modo que los niños de hoy son clientes naturales del Corte Inglés desde el día en que nacen, nosotros, con el franquismo de por medio, fuimos clientes naturales de la revolución."
 
Los viejos amigos. Rafael Chirbes.


Hace años leí una entrevista que le hicieron a Rafael Chirbes a raíz de la publicación de Crematorio en la que decía: "La novela que está fuera de la historia no es novela, es lírica". Me gustó mucho esta afirmación porque de alguna manera explica el tipo de novela que me gusta. Los escritores españoles de los últimos años han brincado sobre la realidad social y política, Chirbes es una excepción que agradecemos los que buscamos en la literatura algo más que evasión y entretenimiento.
 
Un grupo de amigos que en los años 60 formaban una célula comunista se reúnen treinta años después. En los 60 eran comunistas, luchaban contra el franquismo y querían cambiar el mundo. Treinta años después el mundo que querían cambiar se los ha tragado, convirtiéndoles en aquello que tanto despreciaban. El idealismo de los veinte se ha convertido en frustración y resignación a los cincuenta. Chirbes hace en Los viejos amigos  una análisis político y existencial de la llamada Generación del desencanto, y el resultado es demoledor. Las novelas de Chirbes dejan huella, le dejan a uno taciturno y tocado durante unos días, y es que Chirbes echa el resto en cada libro que escribe, y hace algo que hacen muy pocos en estos tiempos, realismo despiadado, crónica de nuestro tiempo. Hay novelas y escritores que uno olvida a la semana de haberlos leído, otros, en seguida se convierten en referencia en la biblioteca que uno se va haciendo con los años. El tiempo y las lecturas me han enseñado que esos son los buenos, que esos son los que hay que leer, los que hay que buscar.

-Los viejos amigos. Rafael Chirbes. Anagrama. 2003. 221 páginas. 7.50 euros. Probad en bibliotecas públicas, yo lo encontré.