El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



sábado, 11 de enero de 2014

Davis y su odisea dialéctica



El jurado delibera sobre el veredicto a un joven acusado de asesinato en 12 hombres sin piedad (12 Angry Men), escrita por Reginald Rose y dirigida por Sidney Lumet. La película se estrenó en 1957.

 En la entrada anterior se habló de los clásicos y se  aportaron  una serie de definiciones de lo que es un clásico dadas por Italo Calvino. Yo dije que mi favorita era esta: “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir” y añadí  que valía tanto para libros como para películas.  12 hombres sin piedad de Sidney Lumet es de 1957, pero todavía no ha terminado de decir lo que tiene que decir, sigue en plena forma, igual de joven y lozana que entonces, es un clásico del cine. Vi la película por primera vez en una pase por televisión hace la torta. A finales de los 90 la volví a ver en la filmoteca, una de esas tardes en las que después de salir de trabajar picaba algo y me metía en la primera sesión sin consultar el programa. Este juego que me traía y me traigo de vez en cuando, lo de ir a la filmo sin consultar la cartelera y tragarme lo que me echen,  me ha hecho descubrir películas estupendas en las que de otra manera no me habría fijado, y redescubrir algunas que tenía prácticamente olvidadas. Volver a ver 12 hombres sin piedad en el cine y en versión original fue un redescubrimiento, pues apenas me acordaba de aquel pase por televisión en aquella indestructible Grundig en blanco y negro que teníamos en casa.
Recuerdo que salí del cine maravillado pensando que el mundo funcionaría bastante mejor si hubiera más tipos como Davis, el personaje que interpreta Henry Fonda. En pocas películas ha estado mejor Fonda, el momento en el que saca del bolsillo una navaja idéntica a la que supuestamente ha utilizado el acusado y la clava encima de la mesa es de lo más emocionante que yo he visto en el cine. 
Twelve Angry Men es un retrato de nuestra sociedad, esos doce hombres tan distintos entre sí  que encerrados en una habitación tienen que decidir si un chico debe ser condenado a la silla eléctrica,  son una representación de lo que somos y de cómo somos.  La película también es una crítica feroz al sistema judicial, y un alegato contra la pena de muerte. La he vuelto a ver en DVD y no ha perdido un ápice de su fuerza.

Lo que más me gusta de esta película, es que es una reivindicación de la razón y el debate frente a esa tendencia tan humana a los prejuicios y a lo visceral, esa tendencia tan común a acomodar la verdad o la justicia a nuestra ideología política, a nuestra circunstancia personal  o a nuestras frustraciones. Lo fácil y natural es el grito, la opinión apresurada,  el puñetazo en la mesa,  el prejuicio, la ignorancia. Lo más difícil es el argumento razonado, el afán de entender,  la reflexión y el espíritu crítico. Qué pena que no se hagan más películas como esta. Genial a todos los niveles, de las que se ven al filo de la butaca de principio a fin,  el guión de Reginald Rose  es soberbio, los actores se salen y la fotografía es maravillosa, esos primeros planos de rostros sudorosos que indagan en la psicología de los personajes no tienen desperdicio. Envidio al que todavía no haya visto esta joya.
 
              


Por cierto,  El programa Estudio 1 de Televisión Española que se emitió entre 1965 y los primeros 80, y que adaptó para la televisión algunos clásicos de la literatura y del teatro, hizo una adaptación de 12 hombres sin piedad estupenda en 1973, debe andar por el archivo de rtve.
-Ficha de la película: 12 hombres sin piedad