El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



jueves, 16 de enero de 2014

A propósito de Salter


"No hay una vida completa. Hay sólo fragmentos. Hemos nacido para no tener nada, para que todo se nos escurra entre los dedos. Y, sin embargo, esta pérdida, este diluvio de encuentros, luchas, sueños...hay que ser irreflexivo, como una tortuga. Hay que ser resuelto, ciego. Porque cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, he aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como tirar piedras al mar. Hemos tenido hijos, pensó; nunca podremos no tener hijos. Hemos sido mesurados, jamás sabremos lo que es derrochar nuestra vida..."
 
Años luz. James Salter.
 
En lo que a literatura se refiere, 2013 ha sido un buen año, he leído mucho y de todo, y he descubierto autores extraordinarios. Uno de ellos ha sido James Salter. Lo descubrí  antes del verano y desde entonces he leído todo lo que he ido encontrando de él. De Juego y distracción,  de Quemar los días y de La última noche ya  hable aquí en un par de entradas hace unos meses. Tenía muchas ganas de leer Años luz, pero por más que la busqué no la encontré por ninguna parte, estaba descatalogada y tampoco di con ella en las bibliotecas públicas que me pateé. Estas navidades en una parada en Casa del libro la encontré, resulta que Salamandra la ha reeditado recientemente, me llevé una gran alegría. Es sorprendente que a James Salter le llegara el reconocimiento con 70 años, que novelas como Juego y distracción y Años luz, publicadas en 1967 y 1975 pasaran en su día sin pena ni gloria, apenas se vendieron un par de miles de ejemplares en todo Estados Unidos.  
 
 

Años luz cuenta la historia de los Berland, un matrimonio que vive entre Manhattan y Nueva York, donde tienen una casa junto al río Hudson. Tienen dos hijas encantadoras, un perro y un precioso jardín. Han cumplido eso que llamaban el sueño americano. Esto es lo de fuera, lo que los demás ven, Salter nos habla sobre lo de dentro, sobre lo devastador que puede ser el paso del tiempo para una relación de pareja, sobre eso que nadie sabe muy bien qué coño es pero que todos nos empeñamos en buscar aunque sospechemos que no existe, la puñetera felicidad, y sobre lo desgraciados que nos puede hacer esa búsqueda. El tema no es nuevo claro, pero como ya dije cuando hablé de Juego y distracción, lo que agarra de Salter es su prosa, su mirada, y su capacidad para llegar donde otros ni se acercan, los recovecos del alma humana. Maravillosa novela, de las que se leen en una noche o en dos tardes y dejan poso.
Después de leer Años luz me he quedado con más ganas de Salter y he vuelto a leer del tirón los relatos de La última noche. Rodrigo Fresán dijo en El País que leer a Salter deja la sensación de haber paladeado un clásico atemporal. Creo que tiene razón. James Salter ya está entre mis clásicos de ahora, junto a Roth, MacCarthy, Muñoz Molina, Chirbes o Juan Marsé.
-Años luz. James Salter. Publicaciones y ediciones Salamandra. 381 páginas. 19 euros. La presto.