El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



domingo, 10 de noviembre de 2013

Historias del ring

El de la foto es Emile Griffit, uno de los mejores boxeadores de la historia. El 24 de Marzo de 1962, en el Madison Square Garden de Nueva York, Griffit se enfrentó al cubano Bennie Paret por el título mundial del peso wélter.  El combate  creó gran expectación y fue televisado  en todo el país. En el duodécimo asalto Griffit arrinconó a Paret  y le propinó  29 golpes seguidos, los últimos 18 en menos de 7 segundos y sin recibir respuesta.  El árbitro cometió el peor error de su carrera al no  parar el combate,  el entrenador del cubano también se equivocó al no tirar la toalla. Paret cayó a la lona como un fardo, entró en coma y murió diez días después.  Griffit ganó el título de campeón del mundo del peso wélter.
 
 
La muerte de Paret causó un gran revuelo en Estados Unidos.   El gobernador de Nueva York  creó una comisión para investigar  la pelea y el boxeo en general.  El árbitro no volvió a dirigir un combate, y la cadena NBC dejó de transmitir combates en directo. Una nube de sospecha y de prejuicios se cernió sobre el boxeo durante años. Tiempo  después se supo que durante el pesaje previo al combate, Paret había llamado “maricón” a Griffit, que llevaba años intentando ocultar su homosexualidad  llevando una doble vida, intentando ocultar su condición sexual en un deporte en el que la hombría estaba por encima de toda duda. En aquellos años y en aquel deporte, salir del armario era ciencia ficción.   Griffit reconoció que  subió al ring muy cabreado, encendido por el insulto,  cuando en el duodécimo encontró la oportunidad y el hueco, descargó su ira contra el cubano.  Emile  Griffit no volvió a ser el mismo después de aquel combate, ni en lo personal ni en lo deportivo, boxeaba con miedo, con miedo a pegar demasiado fuerte, pensó en retirarse, pero solo sabía ganarse la vida con los puños. Años después de aquella pelea,  tras  haber recibido una brutal paliza de manos  de unos  pandilleros a la salida de un bar gay, confesó ser bisexual. La intransigencia moral de la puritana sociedad estadounidense siempre le persiguió.
 En su biografía  declaró:
“Sigo pensando qué extraño es todo. Maté a un hombre y la mayoría de la gente lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo un hombre y para mucha gente eso es un pecado imperdonable que me convierte en una mala persona. Nunca fui a la cárcel, pero he estado preso casi toda mi vida”.
Griffit pasó sus últimos años entre la pobreza y la demencia  provocada por los golpes, sobreviviendo gracias a un subsidio del Consejo Mundial de Boxeo, murió en junio de este año sin saber quién era. A pesar de su palmarés  (logró cinco títulos mundiales)  siempre será recordado por matar a un hombre en el ring y por ser el boxeador gay.
La historia de Griffit  parece un argumento sólido para los que opinan que el boxeo es una salvajada, para los que  afirman que es un deporte violento que invita a la violencia y todo lo demás. A mí el boxeo me gusta mucho, de hecho es el único deporte que me gusta, pero entiendo que haya gente a la que le provoque rechazo. Al fin y al cabo el boxeo consiste en darse de hostias,  por muchas normas, mucha técnica y mucha estrategia  que le pongamos a la cosa, por mucho que un combate de boxeo requiera tanto esfuerzo intelectual  como físico. En cuanto a la violencia yo creo que hay más violencia en otros deportes más tolerados, violencia menos explícita claro, violencia verbal, violencia gestual e incluso racismo.  En ningún deporte he encontrado más respeto por el rival que en el boxeo ¿qué paradoja verdad?, ahí está parte de lo que me embruja del pugilismo. Luego está la épica del arrabal, lo de buscarse un hueco y perseguir el éxito a fuerza de puños. El boxeo siempre ha sido un deporte de pobres en el que además de por el éxito se pelea por la supervivencia y por conseguir un sueño.  Nadie que pueda estudiar ingeniería se hace boxeador.

 Alomejor tienen razón los detractores  del boxeo y ni siquiera es un deporte, el deporte siempre lleva implícito un componente lúdico, y a boxear como profesional no se juega, se juega al fútbol, al golf, o al tenis.  Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión, creo que el boxeo es el deporte más duro que existe, y el más noble,  más que el fútbol, más que el tenis, y más que la fórmula1, incluso más que el ciclismo o el atletismo. Ser campeón del mundo de boxeo es más duro y más difícil que serlo de tenis, de fútbol o de motociclismo. Alomejor el rechazo hacia el boxeo y la semiclandestinidad que sufre en algunos países como el nuestro tienen que ver con ese rechazo a la violencia que se ve,  tan extendido en estos tiempos, con esa alergia a la crudeza. Y también, posiblemente, el rechazo hacia el boxeo tenga que ver con su origen marginal y arrabalero, y con esa otra tendencia también tan de estos tiempos, de esconder y edulcorar todo lo que tenga que ver con la miseria, con la crudeza y con la pobreza.
 
Viendo el documental  sobre Griffit titulado Ring of Fire, y leyendo sobre su triste final, me he acordado de ese maravilloso relato  que  Julio Cortázar (gran aficionado al boxeo) dedicó al popular boxeador argentino Justo Suárez y en el que a modo de monólogo interior, Cortázar narra el pensamiento del boxeador, que relata su ascenso y su caída. Os dejo por aquí algún fragmento y recomiendo su lectura completa.  Igualmente os recomiendo que no perdáis de vista el documental que comparto por aquí y que me ha gustado tanto como When We Were Kings (Cuando éramos reyes) de Leon Gast.
"Todos dijeron que me hubiera convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta. Tienen razón si me quedo hasta los ocho no me agarra tan mal el rubio.(...) Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte pibe. Todo el mundo cobra a la final. La noche del Tani, te acordás pobre Tani, qué biaba. Se veía que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando le fui a saludar al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena leñada. Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y me reía de contento, no me quería reir, te imaginás que no era de él, pobre pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entro los de él, más chatos que cinco´e queso. Pobre Tani. Por qué me acuerdo de él, decime un poco. A lo mejor yo lo miré así al rubio esa noche. (...) Vos crees que tenés la cara de fierro, y en eso te la hacen sonar de una piña. Qué fierro ni qué ocho cuartos."
Julio Cortázar. Torito. "Torito" forma parte del libro de relatos "Final de juego".Relato completo     
Saludos cordiales.