El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



lunes, 28 de enero de 2013

Fe, razón y cine

 Hace poco  coincidí tomando algo con unos amigos de unos amigos que tienen una compañía de teatro en Valladolid y estaban representando en la sala Cuarta pared de Madrid El Juicio de Dayton,  una adaptación libre de la película de Stanley Kramer La herencia del Viento. La obra no tuve oportunidad de ir a verla, pero me han dicho que lo bordan y que ha recibido muy buenas críticas. Estuvimos hablando de la teoría creacionista y de cómo todavía a estas alturas sigue pegando fuerte en algunas zonas de EEUU. Me quedé con la copla, estuve brujuleando y busqué la película, llevaba años sin verla.
 

La herencia del viento (1960), es una adaptación de la obra de teatro de Jerome Lawrence y Robert E, y está basada en uno de los casos más populares de la jurisprudencia norteamericana, en el verano de 1925 en el estado de Tennessee, un iluminado predicador llevó a los tribunales a un profesor por enseñar en sus clases la teoría de la evolución de Darwin, y negar la creación divina tal y como recoge la Biblia. El profesor fue detenido y enchironado por violar la ley del estado, que prohibía a los maestros de las escuelas públicas explicar cualquier teoría de la creación del hombre que se apartase de lo dicho en la Biblia, o sea, explicar a los chavales que el hombre procede de un animal inferior, explicar que no somos el centro del universo, que de hecho ni siquiera somos el culo,  sino un animal más que en lugar de ir a cuatro patas va a dos  y en lugar de ladrar o rebuznar habla y piensa (algunos tienen la habilidad de maltratar estas capacidades convirtiéndolas en ladridos y rebuznos claro), y que no debemos estas cualidades al soplo divino sino a los caprichos de la naturaleza. El juicio fue seguido por los grandes medios de comunicación de la época y tuvo una gran repercusión mediática. La controversia estaba servida. Esto ocurrió hace cuatro días,  en pleno siglo XX.


El abogado defensor Henry Drummond (Spencer Tracy), con una Biblia en una mano y El origen de las especies en la otra.
 
 

La película vista hoy sigue teniendo una fuerza brutal,  el duelo que se da en la sala del juicio entre la fe llevada al extremo, y la razón y la inteligencia, no tiene desperdicio y está lleno de frases para enmarcar, "el fanatismo y la ignorancia desarrollan mucha actividad y necesitan alimentarse" o "La Biblia es un libro. Es un buen libro, pero no el único libro", y es que la película más que un duelo entre ateos y creyentes, es un duelo entre el sentido común y el fanatismo religioso, entre la razón y la fe ciega. Curiosamente en aquel pueblecito del estado de Tennessee en 1925, David es la razón y Goliat el fanatismo. Spencer Tracy representa al abogado del maestro, y está enorme, y Gene Kelly, aunque en  ésta no se pega ningún baile borda el papel de periodista sin escrúpulos en busca de carnaza.
 
Algunos opinan que la película es maniquea, que pinta a los creyentes como cabestros y a los no creyentes como gente razonable. No estoy de acuerdo, la película se basa en un hecho concreto en un momento concreto de la historia de EEUU, y en mi opinión no invita a generalizar, la película denuncia la ignorancia, el fanatismo, y el fundamentalismo religioso al que se llega cuando se lleva la religión y la fe al extremo más extremo de todos los extremos, y aboga por la tolerancia y el respeto a todas las ideas y creencias. Al fin y al cabo todos necesitamos creer en algo, como dice Spencer Tracy al final de la película "todos lo hombres tienen un ideal", "personas, amor, un ideal al que agarrarse..."
 
 La mayoría de los creyentes que conozco son gente razonable con la que se puede hablar abiertamente sobre estos temas, y la mayoría concilian ambas posturas cuando se habla de creacionismo y evolución. En mi opinión el debate entre agnósticos y creyentes es interesante pero no lleva a ninguna parte, porque el tema de Dios es una cuestión de fe, y la fe o se tiene o no se tiene,no es una teoría que se estudia y se aprende,  Dios y la fe no se explican, no hay una ciencia de Dios. Creo que era Kant el que decía que cuestiones como la existencia de Dios y la inmortalidad del alma siguen en el campo de la metafísica porque se llevan debatiendo desde la época de Platón y Aristóteles sin llegar a ningún acuerdo, sin avanzar, sin pasar de la especulación, sin embargo la física, la biología y  las mates están en el campo de la ciencia porque se basan en hechos manifiestos sobre los que se construyen las leyes, por eso la ciencia avanza y los científicos se ponen de acuerdo. Fe y razón, un lío. 

Hace tiempo leí un libro que se titulaba Con Dios o sin Dios, diálogo entre un agnóstico y un creyente. El libro consistía en la correspondencia entre un catedrático de filosofía, agnóstico, y un profesor de teología creyente, no intentaban convencerse el uno al otro,  sino reflexionar sobre sobre su propia postura y la contraria intentando entenderse. A raíz de rever la película lo he estado buscando en casa y no aparece, no hay nada que me joda más que buscar un libro que sabía que tenía por casa y no encontrarlo, cabrea bastante, seguro que me lo dejé en un bar, o en el asiento de algún vagón de metro, o que se lo presté a alguien que ya ni se acuerda de que está cogiendo polvo en su estantería, dónde andarás libro.
 
 La herencia del viento es un peliculón, de las que ponen a trabajar a las neuronas, de las que uno se tira masticando varios días, es lo que tienen los clásicos. Si tenéis la suerte de no haberla visto, no sé a qué estáis esperando. Y si andáis por Valladolid no dejéis de ir al teatro a ver El Juicio de Dayton.
 
Saludos cordiales.

-La herencia de viento. (Inherit the wind). 1960. Stanley Kramer. Guion de Harold Jacob Smith & Ned Young (Teatro: Jerome Lawrence & Robert E. Lee). Música de Ernest Gold. Fotografía de Ernest Laszlo. Se llevó el Oso de Plata y el premio a mejor actor (Fredric March) en el Festival de Berlín de 1960, y estuvo nominada a cuatros oscars.
Reparto: Spencer Tracy, Fredric March, Gene Kelly, Dick York, Claude Akins.