El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



domingo, 8 de abril de 2012

El estado de naturaleza


Pues esto del estado de naturaleza es un concepto filosófico, a ver como lo explico sin redundar, esto de la redundancia es lo que solemos hacer cuando no tenemos ni idea de algo e intentamos explicarlo, esto pasa mucho con la filosofía, por lo menos a mí, me pasa  ahora y cuando la estudiaba, lo cómodo sería decir que el estado de naturaleza del hombre es cuando el hombre se encuentra en su estado natural y fumarme un puro, el que quiera profundizar que se vaya a la enciclopedia Abbagnano que es lo que he hecho yo para refrescar, porque al fin y al cabo esto es una excusa para hablar de libros y películas, que es de lo que se trata. Pero ya que estudié Humanidades que por lo menos se note un poco, además tuve profesores de filosofía muy buenos en la carrera, Stella Villarmea  y Paco Castilla entre otros. Yo empecé la carrera tarde, con veintiséis, y no sé por qué tenía muy idealizada la universidad y más una facultad de filosofía y letras. Yo pensaba en pasillos llenos de gente hablando de libros muy gordos y  cosas muy sesudas como el existencialismo francés , la filosofía medieval, el positivismo,  el atomismo lógico  o el malestar en la cultura;  pues ayer me apreté de un tirón Las Confesiones de San Agustín, vengo de empalmada  pero mereció la pena, un puntazo el de Hipona, cuando quieras te lo paso, vale cuando termine con el Tractatus logico-philosophicus que está la mar de entretenido, Wittgenstein sabe lo que se hace  me tiene cogido por los huevos…, cosas así. Pero nada de nada, allí cada uno iba a lo suyo, sin embargo tuve suerte, di con una buena promoción, gente estupenda, y con muy buenos profesores, también los había malos, pero de esos no quiero acordarme.
Ya me estoy yendo otra vez, yo quería despachar pronto el marrón del estado de naturaleza y empezar con los libros y las pelis, así que allá voy, aunque seguro que ya os lo sabéis, se os ve gente culta y leída. Por lo visto el estado de naturaleza es la situación en la que nos encontraríamos ante la ausencia del estado y de la sociedad política, sin leyes, sin gobierno y sin policía, viva la Pepa vamos, Sodoma y Gomorra, desmadre a la americana. La cuestión es cómo nos comportaríamos ante esa situación,  cuál sería realmente ese estado natural.  Algunos como Rousseau  pensaban que el hombre es bueno por naturaleza, Locke venía a decir que tranquilos, que no cunda el pánico, que está la ley moral natural que la condición de hombres con uso de razón nos otorga, habría mucho hijoputa suelto claro, pero la cosa estaría equilibrada, la ley natural, y  la razón humana impondrían unos límites.  Hobbes pensaba que en el estado de naturaleza abundarían los cabrones de la peor calaña y estaríamos en estado de guerra permanente, no los buenos por un lado y los malos por otro no, todos contra todos, la cosa según Hobbes sería así; “(…) habrá miedo continuo y peligro de muerte violenta. La vida del hombre será solitaria, pobre, repugnante brutal y corta.
Todos estaban más o menos de acuerdo en la necesidad de una sociedad política para subsanar ese estado de naturaleza en el que imperaría el caos en mayor o menor medida, la discrepancia estaba en cuál sería el estado ideal y de qué manera se formaría, si de forma natural o por imposición.  Esto es muy a grandes rasgos, más o menos, muy de andar por casa, mi capacidad de síntesis no da para más, ahí tenéis a la Abbagnano.
 
 
Esto  del estado de naturaleza da mucho juego en la literatura y en el cine. Hace poco he leído La carretera y Meridiano de sangre del Norteamericano  Cormac Mccarthy, dicen los que saben que Cormac Mccarthy es el nuevo Faulkner y uno de los mejores escritores que ha dado el siglo XX, pues vale.  Mientras estaba leyendo La Carretera me venía a la memoria el estado de naturaleza que Hobbes describía en su Leviatán y las explicaciones de Paco Castilla en sus clases de Filosofía. La Carretera (hay una adaptación al cine protagonizada por Viggo Mortensen que está muy bien) es una novela futurista, pero muy realista, no es ciencia ficción. 
El contexto al que nos lleva  Mccarthy es el apocalipsis, el fin del mundo, a tomar por saco, todo ha terminado, ni gobierno, ni estado, ni policía, ni recursos, nada, dos supervivientes, un padre y su hijo vagan por las carreteras en busca de comida y agua, ante la escasez de comida muchos recurren al canibalismo, matan y se comen a los que se encuentran, todos se esconden de todos, sobre todo de los más salvajes que son los que más abundan , los que se han pasado la ley moral natural o lo que sea por el forro y no dudan en robar, violar, matar y comerse a los que hace unos meses eran sus compatriotas y sus vecinos. El protagonista intenta convencer a su hijo de que ellos son “de los buenos”, de que ellos jamás harán cosas así pero se mueren de hambre y para sobrevivir tienen que matar. De eso habla este libro, del bien y del mal, de Dios, de la vida, de la muerte y de la maldad, esa maldad que puede estar latente en nosotros y manifestarse en determinadas circunstancias, de todo eso y de otras cosas. 
 En La carretera al menos hay cierta esperanza, una lucecilla al final del túnel, sin embargo Meridiano de Sangre te deja ko, es de los que tienes que parar cada treinta páginas para coger aire, hacía tiempo que no me pasaba eso con un libro, me ha dejado inquieto y llevo dos semanas pensando en él. El libro es críptico, duro, violento, brutal y hasta gore en ciertos momentos, pero a la vez está lleno de belleza. El paisaje es un personaje más, si no el personaje principal en el que se diluyen todos. Una banda de tíos muy malos es contratada  por el gobernador de Chihuahua para acabar con las tribus apaches que abundan en el país. La banda empieza por cumplir su misión con los apaches y después continúa matando a los mismos mejicanos que los contrataron, huir y matar, de eso va este libro.
El estado de naturaleza es una constante en los libros de Cormac Mccarthy, al menos los que he leído, y nunca lo he visto expresado tan claramente como en Meridiano de Sangre, o en La carretera. El hombre ante la ausencia del estado, las leyes y policía, es el mal. En Meridiano de Sangre el contexto es el oeste americano de 1849, la frontera entre EEUU y México, no hay ley, no hay moral, no hay bondad, sólo ambición y dinero al principio, y luego el puro placer de matar. Lo más inquietante es que Macarthy entre líneas nos dice que estos hombres antes de ser asesinos de indios era gente “normal”, gente que había emigrado primero a EEUU, al este, y luego habían seguido hacía el Oeste, hacia la última frontera en busca de oportunidades, en busca de una vida mejor. Los personajes de este libro parecen haber sufrido una involución, de un mundo civilizado han pasado a un mundo salvaje y brutal en  el que la violencia es el rey. Hay una frase que dice así “cuando Dios creó al hombre el diablo estaba a su lado”.  Después de leer Meridiano de Sangre o La carretera, es difícil no pensar en el Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y en la adaptación al cine que hizo Coppola, Apocalypse Now, la mejor película sobre la guerra del Vietnam que se ha rodado jamás, y probablemente la mejor película bélica. Conrad nos habla de un viaje, un viaje hacia la locura y hacia la maldad, hacia el corazón de las tinieblas, donde ya no se sabe si el hombre es hombre o bestia. En Meridiano de sangre, o en La Carretera los personajes ya están allí, ya han llegado, ya están en el estado de naturaleza, en la guerra de todos contra todos. No sé si estoy con Rousseau, con Locke o con Hobbes, no sé si somos más malos que buenos o más buenos que malos, Cormac Mcarthy me ha hecho reflexionar y estoy hecho un lío, menudo berenjenal.
Ahora para desengrasar estoy releyendo El Quijote, pero no cualquier edición no, la de Martín Riquer con ilustraciones de Mingote que Inma me regaló estas navidades. Es mi pequeño homenaje.

Saludos cordiales.