El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



domingo, 2 de diciembre de 2012

Un hombre viejo


Acabo de terminar “Agonizar en Salamanca” de Luciano. G. Egido. Tenía ganas de leer una biografía sobre Unamuno. Lo poco que había leído sobre su vida había sido a través de artículos y ensayos sobre la Guerra Civil. Esta no es una biografía general, se centra en sus últimos meses de vida y en su controvertido papel durante los primeros meses de la contienda. Desde el levantamiento militar hasta su muerte el día 31 de Diciembre. Unamuno era liberal y republicano, más conservador que progresista, cuando el 18 de Julio de 1936  parte de los militares se sublevan contra la República y comienzan las adhesiones, Unamuno se pone del lado de los militares, en los que veía a los defensores de la cultura occidental y a los salvadores de la polarizada y maltrecha Segunda República. Pronto se dio cuenta de que el bando nacional no sólo se había levantado contra el comunismo, también lo había hecho contra la República y el liberalismo  político. Su desencanto creció a medida que Salamanca se fue llenando de matones, de fusilamientos y de paseos.
El 12 de octubre se celebró en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca (en la que Unamuno había sido restituido como rector por los nacionales después de que el gobierno republicano le destituyera) “El día de la Raza”, es cuando el viejo cascarrabias, harto de estar callado, estalla. Unamuno presidía el acto rodeado de falangistas, autoridades militares, eclesiásticas y civiles de la ciudad en guerra, también le acompañaban la mujer de Franco  Carmen Polo y Millán Astray, fundador de la Legión. Después de escuchar los encendidos discursos de los oradores que intervenían en el acto, Unamuno se levantó y dijo unas palabras. Luciano G. Egido hace una reconstrucción del hecho a partir del testimonio y las notas de varios testigos y de la versión ofrecida por el historiado Hugh Thomas. Las palabras de la intervención de Unamuno en el Paraninfo y la pelotera con Millán Astray son conocidas; “Venceréis pero no convenceréis”, “Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva más no de inquisición”, Millán Astray le interrumpe golpeando la mesa con la mano que le queda “¿Puedo hablar?, ¿puedo hablar?” se levanta e improvisa un discurso vehemente en defensa de la rebelión militar, Unamuno le pisa las palabras y el tono se eleva ante el estupor general, es cuando Millán Astray desgañita su “¡Viva la muerte!” “¡Mueran los intelectuales!” “¡Muera la inteligencia!”, el tono elevado da paso a los gritos, “Os falta razón y derecho en la lucha. Es inútil pediros que penséis en España”. Carmen Polo coge del brazo al viejo profesor y le saca de allí entre gritos, insultos, y amenazas.
Aquella misma tarde Unamuno acude a su tertulia habitual en el casino de la ciudad, donde sus hasta ayer amigos y contertulios le hacen el vacío y le insultan llamándole rojo y traidor. A partir de ese día Unamuno permanece en su casa bajo arresto domiciliario, el 22 de octubre Franco le destituye como rector. Así eran las cosas en España en octubre del 36, o estás conmigo o estás contra mí, o blanco o negro, el pensamiento libre e individual se consideraba ambigüedad y la ambigüedad se pagaba cara. Unamuno se equivocó, metió la pata hasta el corvejón y lo reconoció no sólo en el Paraninfo, también en sus últimas cartas “Qué cándido y qué ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco”. Respecto a su posición, se le puede reprochar ceguera, soberbia y terquedad al principio, luego también intervino el miedo probablemente ¿se le puede reprochar a alguien el miedo en aquellas circunstancias?. Lo que en mi opinión no se le puede reprochar es falta de coherencia con sus ideas. Unamuno era un liberal a la antigua usanza, y no encajaba ni con lo “hunos”  ni con los “hotros”, “La guerra se ha pensado contra el liberalismo no contra el bolchevismo”, “No estoy ni con los fascistas ni con los bolcheviques”. Gran libro, esclarecedor e imprescindible.
 -Agonizar en Salamanca (Unamuno, julio-diciembre de 1936).  Luciano G. Egido. Tusquets. 2006. 304 páginas. 19 eurillos o biblioteca municipal.