El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



miércoles, 20 de marzo de 2013

Innisfree





Si hoy me preguntan cuál es la mejor película de la historia del cine digo El hombre tranquilo sin pensármelo, si me lo preguntan el mes que viene ya no sé lo que contestaría pero hoy The quiet man de Ford es la número 1 de mi particular y cambiante lista, y mañana seguro que también. En mi lista suelen estar siempre las mismas, lo que cambia es el orden según las circunstancias. Ayer me sacudí la pereza y me bajé a los madriles a ver la nueva versión remasterizada y restaurada de esta obra maestra, la ponían en los cines Verdi y allí que me fui, a  soñar despierto durante un par de horas. Si cuando la veo en casa en Dvd en la tele grande con las persianas bajadas me emociono y me río, imaginaros verla en el pantallote en alta definición con el Dolby Sourraund y toda la pesca, ha sido como irse de vacaciones. Cuando encendieron las luces tenía una sonrisa de oreja a oreja, y seguí con ella cuando salí de los Verdi y me metí en el metro, y la seguía teniendo cuando me monté en el tren de vuelta a Alcalá de Henares, la gente con la que me crucé debió pensar que iba fumado o que era un tonto feliz. Todavía seguía allí en Innisfree. Qué grande es el cine... Y es que El hombre tranquilo es de esas películas que te arreglan el día, de las que te cambian los paisajes, de las que consiguen contagiarte emoción, entusiasmo y alegría de vivir, un fiestón, un paréntesis en la rutina diaria, un bálsamo, los médicos deberían recetarla para combatir la tristeza y la depresión. Hay momentos mágicos en esta película, como cuando Sean y Mary Kate se ven por primera vez , ese plano medio de Mahureen O´Hara (menuda pelirroja) volviéndose para mirar a John  Wayne, sigue caminando y se vuelve otra vez mientras se aleja hasta que casi desaparece del plano, de fondo suena la música de Víctor Young, el mejor flechazo que yo he visto en el cine, o la escena en la que Sean le ofrece a Mary Kate el agua bendita cuando sale de la iglesia, o cuando después de que le recojan en la estación, Sean para en el puente a admirar el paisaje y evoca las palabras de su madre, estas cosas hace mucho que dejaron de pasar en el cine, ya no se hacen películas así. Sin duda tenía razón Truffaut cuando decía que John Ford era un poeta que nunca hablaba de poesía y un artista que nunca hablaba de arte.
Me sorprendió que en la sala además de carrozas solitarios hubiera gente más joven, chavales de veinte años con sus novias que salieron entusiasmados y con la sonrisa en la cara cuando se encendieron las luces, eso me alegró, me alegró mucho. No voy a hablar de El Hombre tranquilo, se ha dicho y se ha escrito todo ya, la bibliografía es interminable, para qué desguazarla una vez más, para qué contaros el argumento otra vez, además, entiendo que todo el mundo al que le gusta el buen cine la ha visto, de todas formas os dejo abajo un par de enlaces. Tampoco voy a hablar de John Ford, al que ya le pegué un revolcón por aquí hace tiempo. Esta entrada es una invitación, un aviso, una llamada para que no perdáis la oportunidad de ver esta película en versión original (subtitulada al castellano) restaurada y en la gran pantalla, estáis a tiempo, la ponen hasta el viernes de la semana que viene. Como curiosidad comentaros que en enero se editó por primera vez en España la novela de Maurice Whalsh en la que está basada la película, la edición es de Reina Cordelia.
Saludos cordiales.