El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



lunes, 14 de octubre de 2013

Thomas Bernhard, el aguafiestas.

 
 
 
"En casa, yo insinuaba lo que veía, pero como siempre, cuando se comunica a las personas algo horroroso y algo espantoso y algo inhumano y algo totalmente atroz, no me creían, no querían oírlo y calificaban de mentira, como han hecho siempre, la espantosa verdad. Pero no hay que  cesar de decirles la verdad, y las observaciones horrorosas y espantosas que se hacen no deben callarse en ningún caso ni tampoco falsificarse siquiera. Mi tarea sólo puede ser comunicar mis observaciones, da igual cuál sea su efecto, siempre las observaciones que me parezcan dignas de ser comunicadas, contar lo que veo, o lo que, en mi recuerdo, veo todavía hoy cuando, como ahora, miro treinta años atrás, muchas cosas no están ya claras, otras están supernítidas, como si hubieran ocurrido ayer. Para salvarse, aquellos a los que se habla no creen, y a menudo no creen ni lo más natural. El hombre no se deja aguar la fiesta por el aguafiestas. Durante toda mi vida he sido uno de esos aguafiestas, como me calificaban siempre mis parientes; ya mi madre, hasta donde puedo recordar, me llamaba aguafiestas, mi tutor, mis hermanos, siempre fui un aguafiestas, con cada aliento, con cada línea que escribo. Mi existencia, durante toda mi vida, ha molestado siempre. Siempre he molestado, y siempre he irritado. Toda mi vida como existencia no es otra cosa que un molestar y un irritar ininterrumpidos. Al llamar la atención sobre hechos que molestan e irritan. Unos dejan a las personas en paz, y otros, y entre esos otros me encuentro, molestan e irritan."

Thomas Bernhard. El sótano.
 
 
Me habían dicho que leer a Bernhard tenía sus riesgos, que sus libros podían cambiar la vida de las personas que los leían, o al menos, hacerles replanteársela. Por lo que llevo leído de Thomas Bernhard puedo afirmar que es uno de esos escritores que le hacen a uno tambalearse continuamente, sus párrafos son cañonazos que destrozan verdades asumidas, tópicos y lugares comunes. La libertad de Bernhard para afirmar ciertas cosas asombra, sobre todo en estos tiempos en los que la cultura del eufemismo y  la corrección política se ha impuesto llegando a niveles casi dictatoriales. El miedo a ofender se ha convertido en una obsesión que hace que se evite, cayendo en la ridiculez y en el absurdo, llamar a las cosas por su nombre. Otra alergia de nuestro tiempo que señala Bernhard  es la alergia a las crudas realidades, a las verdades incómodas, la costumbre de no querer ver, de mirar hacia otro lado,  de edulcorar la realidad o evitarla  cuando duele o molesta. Para confirmar esto solo hay que ver en lo que se han convertido los informativos que se emiten en televisión: programas de variedades en los que se mezcla y se confunde todo; fútbol, actualidad política, moda, guerras, alta cocina, miseria, ricos y famosos, crisis económica e información meteorológica; en  invierno hace frío, en verano hace calor, en otoño llueve,  y en primavera hay polen por un tubo,  qué notición.  La montonera superficial con la que nos chorrean los informativos, tapa y disimula la información verdaderamente importante. Curiosamente este mismo sábado he sido una vez más testigo y víctima de esta tendencia a la banalización de nuestros medios de comunicación, en este caso de nuestra televisión pública, que ha mandado a las catacumbas de la franja horaria televisiva Informe semanal (de las derivas de la cadena pública en función del gobierno de turno hablamos otro día), para colocar un concurso de aspirantes a David Bisbal y así competir en horario de máxima audiencia con los programas de telecaca de algunas televisiones privadas. La cultura del entretenimiento es lo que tiene, que es muy entretenida, primero divertir y ya veremos cuándo y cómo informamos, es el lema de estos tiempos "Divertirse hasta morir".  Como dice Thomas Bernhard "El hombre no se deja aguar la fiesta por el aguafiestas”. Así nos va  claro.
 
He empezado con los relatos autobiográficos de Bernhard: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño,  me los terminé anoche y cuando apagué la luz me costó conciliar el sueño. En estos días dedicados a Bernhard no he dejado de pensar en Bernhard y en lo que he leído en los libros de Bernhard. Desde hoy pongo a los libros de Thomas  Bernhard en busca y captura, los buscaré en las bibliotecas públicas, en las librerías, en las tiendas de libros de segunda mano y debajo de las piedras. Ya tengo Corrección esperándome en la mesilla, me pondré con él en cuanto publique esta entrada.
 
 
 
 
Thomas Bernhard nació en Heerlen (Países Bajos) en 1931. Su infancia y su adolescencia estuvieron marcadas por  carencias económicas y afectivas  y por  la mala salud.  Bernhard fue un enfermo durante toda su vida. Su abuelo, con el que mantiene una estrecha relación, le inculca la afición por la literatura y la música. A los once años ingresa en un internado en Salzburgo, donde permanece desde 1942 hasta 1947 y en el que sufre los estragos de la educación nacional socialista durante la guerra y los de la educación católica durante la posguerra. En 1947, con dieciséis años, horrorizado y asqueado de los métodos de enseñanza de aquel sórdido colegio toma una decisión radical, camino del internado decide dejar los estudios,  da la vuelta,  acude a una oficina de empleo y se ofrece para trabajar de aprendiz en una tienda de alimentación del barrio más pobre de la ciudad. Esta actitud de ir a contracorriente, “en la dirección opuesta” (frase muy repetida en sus relatos autobiográficos) será una constante en su vida. El trato con las gentes sencillas y el pueblo llano, el contacto con el arrabal, será una experiencia esclarecedora para él. Poco después enferma de una pleuresía y pasa años dando tumbos por sanatorios y hospitales. En 1955 se traslada a Viena con una beca para estudiar música pero finalmente se decide por el teatro, realiza diferentes trabajos de subsistencia, desde cuidador de ancianos a conductor de camión. Comienza a viajar y a escribir poemas, novelas y obras de teatro, empieza a ser conocido, llegan los premios, las  polémicas, los insultos, y los procesos judiciales. En Austria era más famoso por sus polémicas que por sus obras. Se traslada a una pequeña aldea  y vive en un enorme caserío reconstruido por él, allí lleva una vida de eremita. Llega la fama, el reconocimiento y la aceptación. Su salud empeora día a día y cada vez tiene más problemas para poder escribir. En 1989 muere en su piso de Gmunden, Alta Austria, donde se había trasladado en 1965. Su muerte coincide con su consagración como escritor y con el reconocimiento internacional de su obra por  parte incluso de los sectores más conservadores. En su testamento Bernhard sigue aguando la fiesta al personal, prohibe publicar editar y leer públicamente su obra en Austria, país al que ama y odia a partes iguales.
 
Bernhard fue un tocapelotas, una mosca cojonera y un aguafiestas (como el mismo se definía) que escribió sin tapujos sobre el ser humano,  la religión, la política, la educación, la familia, la muerte y otros temas de nuestro tiempo y de todos los tiempos.  Es cierto que exagera,  pero en esa exageración, en esa vehemencia, en  esa provocación deliberada,  se hacen evidentes  las  verdades incómodas que nos empeñamos en ignorar y esconder. Bernhard era libre e independiente, y no se subía  al carro de las indignaciones dirigidas,  las disidencias de moda  o las batallas de partido. No dependía de ningún pesebre para sobrevivir y eso se nota en su literatura. El mérito de Bernhard no está solo en que sus libros provocan y remueven conciencias, también en su estilo, en su prosa adictiva y maravillosa. 
 
 
 
- Thomas Bernhard. Relatos autobiográficos. Anagrama. 2009. 20 euros. 489 páginas.
- Lo libros de Thomas Bernhard son fáciles de encontrar en bibliotecas públicas. Las novelas o relatos autobiográficos mencionados se recogen en la edición que Anagrama publicó en 2009. Antes, la misma editorial publicó estas novelas por separado. Recomiendo la edición de 2009 que los recoge todos juntos.