Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
Un misterioso sol amanecía.

José Hierro

lunes, 2 de septiembre de 2013

Un sueño


En  Junio de 1964, tres activistas del Movimiento por los Derechos Civiles que formaban parte del grupo de voluntarios del Verano de la libertad, acuden a un pueblo del estado de  Mississppi en Estados Unidos para concienciar a los ciudadanos negros de la necesidad de registrase para poder  ejercer el derecho a voto. James Chancy, Andrew Goodman y Michael Schwerner,  eran miembros del Consejo de Organizaciones Federadas, una asociación que reunía a varias organizaciones que luchaban por la igualdad de derechos de los afroamericanos. La hostilidad con la que  racistas sureños recibieron a los miembros del  COFO fue enorme. La  noche del 21 de Junio, los tres activistas, dos blancos y uno de color, son detenidos por  el sheriff local por exceso de  velocidad y trasladados hasta dependencias  policiales donde permanecen hasta  las  diez de  la noche, momento en el que son puestos en libertad y desaparecen sin dejar rastro. A los  44 días de  la desaparición son encontrados los tres  cadáveres de los activistas en un terraplén de una granja de la zona con señales de haber sido golpeados y ejecutados a tiros. Las  investigaciones  del FBI concluyeron que tras ser liberados habían sido  perseguidos  por miembros del ku klux klan y por  el ayudante del  sheriff. Tras alcanzarles y obligarles  a  detener el coche fueron linchados y asesinados.
 
 
El caso causó una gran conmoción en Estados Unidos y recrudeció  aún más  los problemas raciales de la  sociedad  norteamericana. En estos  hechos se  basa la  gran película  que Alan  Parker  dirigió en 1988.  Recuerdo lo que  me impactó esta película cuando la vi siendo un adolescente, me  he acordado de Arde Mississippi estos días  en la playa, mientras leía debajo de la sombrilla un artículo sobre el  50 aniversario de uno  de  los  discursos más  célebres y hermosos del siglo XX, el que dio  el reverendo  Martin Luther King, líder del Movimiento por  los Derechos Civiles, el 28 de agosto de 1963 en Washington.  El 28 de  Agosto de 1963 unas  300.000 personas, la  mayoría  de  raza negra, se  congregaban en la explanada que  separa el edificio de homenaje a Lincoln del obelisco que recuerda a George Washington para seguir la  marcha sobre  Washington por el trabajo y la  libertad. 
Un siglo antes  de ese día, en 1863, el presidente Abraham Lincoln declaraba libres a  los esclavos de los 10 estados  confederados, todavía no había terminado la guerra civil.  Al año siguiente  el congreso aprueba la  enmienda  número 13 de la constitución que prohíbe la esclavitud. Pero en 1963  un siglo después de  aquello  los negros eran discriminados y segregados en colegios, hoteles, restaurantes y autobuses, su vida diaria estaba separada de  la de los blancos. No tenían derecho a votar, y el matrimonio entre negros y blancos estaba prohibido. En los años cincuenta los asesinatos de negros a manos de  blancos por cuestiones  racistas no eran algo fuera de lo común, y en muchos estados del sur no se  castigaba a los culpables. Así estaban las cosas hace cincuenta  años  en el país que parió la  democracia liberal. Ser  negro  en  los  USA en 1963 era estar condenado al racismo, al gueto y a la miseria, sobre todo en el sur.
 
Arde Mississippi. Alan Parker. 1988.

 
 A principios de 1950, la población afroamericana harta de los abusos empieza  a  organizarse, nace el Movimiento por los Derechos Civiles. En 1955 la costurera negra Rosa Parks se sube a un autobús en Montgomery (Alabama) y se sienta delante. En la  siguiente parada un blanco se sube y la obliga a levantarse y cederle  su asiento  como manda la ley, la Parks le dice al hombre blanco  que naranjas y se  monta el carajal, el conductor interviene y recomienda a la Parks ceder el sitio, es la ley, si no se levanta tendrá que llamar a la policía, pues llámala, Rosa Parks es  detenida y pasa la noche en el calabozo. Al  día  siguiente comienza uno de los momentos clave de la lucha por los  derechos civiles, los negros dejan de utilizar el autobús y se organizan en coches  compartidos o caminan incluso veinte kilómetros  diarios para acudir al trabajo, los taxistas negros como apoyo  al boicot cobran la misma tarifa que los autobuses. El boicot  se alargó durante un año y provocó graves pérdidas en la  empresa de transportes, finalmente la Corte Suprema de Justicia declaró incosntitucionales las leyes  que exigían la segregación en los autobuses de Montgomery.
El 28 de agosto de 1963, el reverendo Martin Luther King fue  el último hablar, empezó leyendo un discurso preparado, mencionando la coincidencia de la marcha con la fecha de conmemoración de los 100 años de la Proclamación de  Emancipación de los esclavos “Pero 100 años después, el negro aún no es libre (...)El negro vive en una  isla solitaria de pobreza en medio de un inmenso  océano de prosperidad material”   al  rato suelta los papeles y  empieza a improvisar utilizando la mítica frase “I  have a  dream” que repitió hasta nueve veces  “Sueño que mis  cuatro pequeños hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de  su piel, sino por los  rasgos de su personalidad” .El  discurso no tiene desperdicio.

Martin Luther King el día de su famoso discurso en Washington 
 
Algunos líderes afroamericanos como Malcolm X, con un discurso más  radical  partidario de la  acción violenta y de la supremacía negra criticaron y restaron importancia a la marcha y a las palabras de King, pero un año  después se aprobó la Ley de  Derechos Civiles, y en 1966 se  terminó con la discriminación en el ejercicio del  sufragio. En la  actualidad la persona de  más  peso en los medios de comunicación norteamericanos es  una mujer negra, Oprah Winfrey, y el presidente es un hombre  negro, probablemente mucho más  de lo que soñó el reverendo aquel día de  1963. El discurso de Luther King sirvió para remover conciencias y generar debate, y también para cambiar la historia. Cincuenta años después de  aquel discurso la discriminación legal es  historia en Estados unidos, y la situación de los afroamericanos está a años luz de la de 1963, pero  los  prejuicios y el racismo (no hay ley que acabe con eso) continúan, también la desigualdad entre blancos y negros. El activismo de King no se limitó a reivindicar los derechos de los afroamericanos, siempre estuvo con los pobres,  luchando por la justicia social. El legado del reverendo continúa y su discurso aún sigue vivo y vigente en muchos aspectos.
Martin Luther King fue acosado durante años por el FBI y acusado por su director J.Edgar Hoover de ser comunista. En aquello años de la guerra fría  la paranoia anticomunista estadounidense hacía ver en el trasfondo de cualquier protesta social una conspiración bolchevique. Luther King siempre negó ser comunista o tener ninguna relación con el Partido Comunista, incluso se tomó la cosa con cierta guasa.
 
“Hay tantos comunistas en nuestro movimiento de libertades como esquimales en Florida”.  
Es  recomendable acercarse a figuras como la de Luther King  para comprender que los derechos no vienen del cielo, que ha habido gente que ha sido  encarcelada, torturada, incluso asesinada mientras peleaba por conseguirlos.  A  veces estamos tan metidos en la inmediatez de la actualidad que olvidamos echar  la vista atrás, entender la historia reciente y no tan reciente, comprender lo que  pasó  ayuda a comprender lo que pasa.

En mi opinión hay un aspecto que añade mérito a la figura de Martin Luther King, su apelación constante a la no violencia, siempre defendió que la violencia era el veneno de  cualquier protesta social, y como ha demostrado la historia en múltiples ocasiones tenía razón.
“Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de  libertad bebiendo de la copa de la amargura  y el odio” 

Cuando en Noviembre  de  ese mismo año de 1963 asesinaron a Kenedy, mientras se dirigía  al funeral, Martin Luther King le dijo a uno de  sus  colaboradores “si  han podido matar  al presidente, yo no llegaré  a los cuarenta”. Lamentablemente el reverendo acertó. En abril de 1968 recibió un disparo mortal de  un supremacista cuando  se  encontraba apoyando una huelga de basureros.
Os  invito a acercaros a la figura de Martin Luther King, os animo a que leáis el discurso completo y a que dediquéis 16 minutos al vídeo, y ya que estáis a pegarle un revolcón a Arde Mississippi, y de paso no perdáis de vista Matar a un ruiseñor de Harper Lee y la gran adaptación al cine que hizo Robert Mulligan de la novela.
 Ah, y no perdáis el tiempo odiando. Saludos cordiales.