El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



jueves, 3 de mayo de 2012

Delibes


Leer es releer así que llevo unos días dándole a Miguel Delibes. Últimamente estoy teniendo suerte, cada vez que me estrujo a leer en el sillón, en la calle llueve, graniza y hace frío. Ayer cuanto más llovía más disfrutaba yo de El camino , de la vida en ese pueblo de Castilla vista a través de los ojos de un niño. Delibes te cogía la vida de un pueblo, o la vida de un cazador, o la de un emigrante, o la de un jubilado, la metía en doscientas páginas y le salía una novela, además lo hacía sin ponerse denso ni críptico, sin cosméticas ni carambolas estilísticas, con un lenguaje sencillo y directo, escribiendo como se habla sobre la naturaleza, el hombre, la niñez, el amor, la muerte y la lucha por la vida. Delibes escribía sobre los desheredados, sobre los perdedores, sobre los incompletos, sobre la España rural, o sobre los que habían cogido un tren y dejado el terruño con una maleta para establecerse en la capital. De la gente sencilla, de el hombre común, de lo que fuimos y somos en definitiva, de eso nos hablan los libros de Miguel Delibes .Los que no tenemos pueblo, los urbanitas, le debemos a Delibes el saber cómo se vivía en una aldea castellana en los años cuarenta. Las novelas de Delibes tratan de un mundo que ya no existe pero que no debemos olvidar.
Delibes era un figura haciendo personajes, te bordaba a un niño, o a un cura, o a un tonto de pueblo, o a un bedel, o a un señorito, o a un catedrático de instituto, o a una viuda que habla con su marido muerto, o a un jubilado. Cuando te encuentras con estos personajes, sabes que esa gente ha existido en alguna parte, y en algún momento. Muchos nos iniciamos en esto de leer novelas con las de Miguel Delibes, El camino fue la primera novela que leí con diez u once años, antes de eso la Biblia infantil ilustrada, los libros de la edición Barco de vapor, los tebeos de Joyas literarias y poco más. Los que no habéis leído nunca este libro sois gente suertuda, no sabéis que gran oportunidad tenéis de ser felices durante cuatro horas, además seguro que lo tenéis por casa, rara es la casa española que no tenga una novela de Delibes en alguna estantería. Yo pagaría por poder leer otra vez El camino por primera vez,  aunque siempre me emociono como la primera vez cuando vuelvo a leerlo. El camino es una novela coral llena de personajes inolvidables un libro sobre la infancia, sobre la naturaleza, y sobre la muerte, pero sobre todo es una novela sobre el destino, sobre el destino impuesto.
 El Mochuelo, Germán el Tiñoso, Roque el Moñigo, o Paco el bajo y el Azarías, o el señor Cayo, o Eloy, la Desi y el Picaza, los personajes de las novelas de Delibes forman parte del imaginario popular. El Camino, Las ratas,La hoja roja, Los santos inocentes, El disputado voto del señor Cayo, Cinco horas con Mario, Diario de un cazador,Diario de un emigrante, El hereje..., novelas cortas en su mayoría, pero grandes en su contenido, en lo que nos transmiten.
 Varios libros de Delibes han sido llevados el cine con más o menos gloria, la adaptación más conocida y la mejor es la de Los santos inocentes dirigida por Mario Camus. Delibes cuenta en una entrevista que Paco Rabal le compró a un tonto de pueblo el traje que lleva en la película para interpretar al Azarías, se lo compró y tal cual se lo puso, lleno de mierda y de costurones, y la verdad es que le queda como un guante. El "milana bonita" del Azarías es casi tan popular como el "candemor" de Chiquito de la Calzada. Gran libro y gran película Los santos inocentes. La película como el libro es dura, la relación entre criados y señores en un cortijo de Extremadura, una relación basada en la crueldad, el dominio y la explotación, inolvidables Juan Diego en el papel de señorito, y Alfredo Landa en el de criado, en el de el perro fiel que recoge solícito las perdices que caza su amo, inolvidables todos, cada uno en su papel. Un peliculón, de las que te dejan seco, no la veáis un Domingo por la tarde, no la mezcléis con alcohol y antidepresivos, es dura, triste, sórdida e incómoda, probablemente lo que nos incomoda y nos inquieta es que nos habla de una España real, estas cosas pasaban aquí no hace muchos años.
De Delibes se ha dicho todo ya, y todo bueno, lo mejor es leerle y disfrutar. Ahora para terminar con mi homenaje, estoy con La hoja roja, otra gran novela de doscientas páginas, humana y emocionante. Y así hasta dentro de dos o tres años que vuelva a tropezarme con él en la estantería. Los clásicos es lo que tienen, son nobles y agradecidos, ya sabes lo que vas a sentir cuando vuelvas a leerlos, pero da lo mismo, siempre volvemos a ellos, o al revés. Delibes murió en 2010, y repasando artículos y necrológicas he encontrado una frase de las buenas, bueno la verdad es que he encontrado muchas, pero esta me ha gustado especialmente, la dijo en su discurso de ingreso en la Real Academia Española;“hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble.”. Delibes matiza, no se trata de volver al surco y al terruño, a la España miserable, si no de parar y preguntarnos a dónde vamos y cómo con tanto avance sin control. El discurso es de 1975 y mucho de lo que Delibes vaticina en él se ha convertido en una realidad lamentable.