El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



sábado, 12 de mayo de 2012

Los Ángeles 2019

Acabo de ver otra vez Blade Runner, he visto la versión comercial, la que se estrenó en los cines en 1982 con el final feliz y la voz off impuestos al director por los productores. A mí me gusta la voz en off, hace que la película se funda más todavía con el cine negro. Sin embargo el final feliz no me gusta nada, almíbar a cascoporro, me sobra, siempre que veo esta versión la paro cuando Deckard y Rachel entran en el ascensor (así acaba el montaje final del director), y me pongo los créditos con la música de Vangelis. Todavía zumban en mi cabeza las palabras que dice el replicante Roy antes de morir.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión…, he visto rayos c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momento se perderán como lágrimas en la lluvia…, es hora de morir…”
La crítica le dio bastante caña a Blade Runner cuando se estrenó en 1982, la vapulearon, Ridley Scott no sabía ni por dónde le venían. Al público tampoco le gusto nada la película, la gente se aburrió, esperaban al Ridley Scott de Alien, y al Harrison Ford de La guerra de galaxias y En busca del arca perdida…. Harry, estás un poco flojo en esta tío, llevamos una hora de peli y sólo te has cargado a uno, y encima lloriqueas…saca el látigo de una puta vez, salta por una ventana, que salga un bicho y se coma a alguien…, pero nada de eso. Blade Runner era lenta y tenía poca acción. El tiempo la fue poniendo en su sitio, y con los años se ha convertido en una película de culto. Algunas obras maestras es lo que tienen, que necesitan reposo y una buena digestión. Blade Runner hay que verla en el cine al menos una vez, porque está llena de pequeños detalles que son importantes, y en el pantallote es donde mejor se aprecian. En La Filmoteca la suelen poner una vez al año, estar atentos al programa.

Lo que más me gusta de esta película es el futuro de contrastes que plantea. El mundo del  futuro según Blade Runner, es un lugar decadente y polucionado. La tecnología ha avanzado tanto que se han conquistado otros planetas, y hay colonias en el mundo exterior trabajadas por replicantes, robots fabricados por los humanos. En Los Ángeles en 2019 los coches vuelan, pero hay limpiabotas, periódicos, gente que va en bicicleta, y puestos de comida en la calle, incluso aparece un cadillac. Se mezcla lo sofisticado con lo tradicional, el atuendo futurista, con el estilo años veinte, o los edificios hiperinteligentes con un mercado que podría estar sacado de una película medieval. El barrio chino que aparece es muy parecido al que vemos en Chinatwon, o en las películas negras de los años cincuenta. Es un mundo usado, curtido y viejo, como de tercera mano, donde lo nuevo se ha construido sobre lo antiguo, y esto, que tiene su lógica, contrasta y rompe moldes con el futuro que hasta entonces planteaba el cine de ciencia ficción, un futuro limpio, aséptico y sideral, en el que la gente comía píldoras y vestía con monos plateados llenos de cremalleras.


En el mundo de Blade Runner no hay un puñetero árbol, no hay parques, sólo fábricas, refinerías, anuncios publicitarios y luces de neón por todas partes. El cambio climático ha mandado todo al carajo y ha dejado una lluvia ácida, un calabobos constante. Todo el que ha podido se ha ido a vivir a las colonias del mundo exterior donde la publicidad promete una nueva vida llena de oportunidades. En el año 2019 la ciudad de Los Ángeles es el arrabal, sólo quedan cuatro mataos. Perdedores y fracasados; blade runners, policías, pandilleros, punkis, asiáticos, hare krishnas, enfermos, enanos disfrazados armados con lunchacos, replicantes fugados y viandantes protegiéndose de la lluvia con paraguas fluorescentes. En la tierra queda gente como Deckard, un blade runner renegado, un ex policía divorciado encargado de retirar (matar) a replicantes díscolos. Blade Runner es ciencia ficción, pero también es cine negro, por eso me gusta tanto. Deckard es el estereotipo del detective que nació con el Halcón Maltés. Un tipo frío, solitario, desarraigado y cínico, que lo primero que hace cuando llega a su apartamento, donde no le espera nadie hasta que conoce a Rachel, es ponerse un vaso de whisky, y luego otro, mientras la luz se filtra a través de las persianas venecianas. Deckard también lleva gabardina y habla consigo mismo, lo único que le falta es fumar y encender las cerillas con una mano. Y luego está Rachel, la replicante, que con su peinado y vestimenta también nos recuerda a las heroínas de las películas del cine negro.

Pero Blade Runner no sólo me gusta por esto que cuento, también me gusta porque trata un tema tan humano como el miedo a morir. La muerte, a la que nos vamos acercando según nos paren nuestras madres, es una de los temas de este peliculón. La muerte es la obsesión de los androides de Blade Runner. En esta película, los replicantes, los robots que el hombre ha construido para hacernos la vida más fácil, son más humanos que los humanos, han desarrollados emociones, empiezan a hacerse las mismas preguntas que nos hacemos nosotros, y quieren vivir más, quieren más vida, por eso vuelven a la tierra en busca de su creador, un ingeniero de genética. En Blade Runner los robots creados por el hombre son mejores que los mismos hombres, no sólo en fortaleza y eficacia a la hora de trabajar, si no en valores, la relación entre los replicantes está basada en la solidaridad, y no en el individualismo como la de los humanos. Sobre la controversia (algunos hablan de maniobra comercial) de si Deckard es un replicante o no, yo lo tengo claro, vean y juzguen. 

Una de las preguntas que uno se suele hacer cada vez que ve esta película es ¿qué nos hace humanos?, ¿en qué nos diferenciamos de los replicantes? La película tiene mútiples lecturas, cada vez que uno la ve salen cosas nuevas, enfoques diferentes. Sobre Blade Runner se han escrito muchos libros y guías que analizan la película fotograma a fotograma, hay hasta tesis doctorales. Es una película que invita al debate y a la reflexión, probablemente por eso su aparición en pleno auge de los taquillazos y del cine del entretenimiento fue un fracaso total. Entre el héroe descamisado Indiana Jones pegando latigazos a gogó, y el antihéroe en gabardina Deckard comiéndose el tarro y hablando consigo mismo, la gente se quedó con el héroe claro, dónde va a parar. A lo mejor queda por ahí alguien con suerte que todavía no ha visto Blade Runner, y pueda disfrutar por primera vez de la potencia de las imágenes de ese mundo del futuro. No esperéis grandes tiroteos ni persecuciones a toda leche. Dejaros cautivar por ese fiestón visual, por esa banda sonora, por esa japonesa que os mira y os sonríe desde el anuncio publicitario, por esa historia de amor, y por los diálogos, por esas frases que son sentencias.
Como siempre Blade Runner me ha dejado pensativo, como siempre empiezo a hacerme las mismas preguntas que se hacen los replicantes..., de dónde vengo..., a dónde voy..., cuánto tiempo me queda…