El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



jueves, 19 de abril de 2012

Haciendo los deberes


Siempre que estoy en la capital y voy a la Casa del libro, acabo sintiéndome como un paleto integral, como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, con la boina enroscada hasta las cejas, y la jaula con las gallinas, igual. Aquellos es un carajal de libros, todo muy ordenadito y muy limpio sí, con sus flechas, sus cartelitos, sus plantas y su ascensor, pero un carajal. Jamás he conseguido encontrar sin ayuda el libro que buscaba, intento ser autosuficiente, pero nada, no hay manera, como el que tiene tos, lo mismo. Lo bueno es que hay gente muy profesional allí, y me solucionan la papeleta. He reflexionado sobre esto y otras cosas parecidas que me pasan, perderme y no encontrar lo que busco, y otras que no vienen al caso, y he llegado a la conclusión de que la culpa es de mi caraja permanente, de mi capacidad para perder el contacto y subirme a la parra.
 
La última vez iba con receta…, vengo buscando novela norteamericana de la grande, pero de la de ahora, ya, usted se refiere a David Foster Wallace, Philip Roth, Jonathan Franzen y compañía no, sí, de las que recomienda el Qué leer, los suplementos culturales, y la gente que sabe, cuántas quiere, ponme cuarto y mitad, se lo pongo para tomar o para llevar, mejor para tomar.
Llevaban tiempo recomendándome a Philip Roth, Cormac Maccarthy, Jonathan Franzen y demás, están dando mucho la matraca últimamente con la gran novela norteamericana, incluso rizando el rizo se habla de la nueva gran novela norteamericana. Cada dos o tres años se descuelgan con una, ya ha llegado, esta sí, la definitiva, la gran novela norteamericana, la que refleja los ideales y el modo de vida estadounidense y todo eso. Este fenómeno no es nuevo en EEUU, ya en su día hablaban de Moby Dick de Melville como la gran novela norteamericana, luego del Guardián entre el centeno de Salinger, o de Lo que el viento se llevó o de A sangre fría de Truman Capote, por lo visto era el propio Truman Capote el que lo decía, que la suya era la grande, la definitiva, no tenía abuela el tío.
 
Hay una especie de obsesión entre los escritores norteamericanos por conseguir escribir la gran obra, la gran novela, gorda a ser posible, al estilo del siglo XIX, aunque a lo mejor la obsesión es la de los que venden los libros que escriben los escritores, para entendernos, de los que hacen el marketing y nos ayudan a comprarnos las cosas. Luego vienen los que saben y empiezan con lo de esto es lo que hay que leer, esto es lo saludable para que tus neuronas no tengan colesterol y estén en buena forma. Suele dar un poco de pereza leer lo que te recomiendan, especialmente cuando se ponen plastas, pero al final uno acaba picando. Los clásicos están ahí, son fieles, y nobles, no te van a dejar porque les pongas un poco los cuernos con las más jóvenes. Así que llevo una buena temporada haciendo los deberes, y la verdad es que estoy encantado, Philip Roth es un figura, hay que reconocerlo, de lo mejorcito que he leído últimamente,  empecé con la Trilogía americana, (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana), y una maravilla las tres, un paseo por la realidad norteamericana desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años noventa narrado por Nathan Zuckerman, el personaje central de las tres novelas, y que no es otro que el propio Philip Roth, a esto en la contraportada lo llaman su alter ego y quedan de puta madre. En las novelas de Philip Roth, los personajes ven cumplido el sueño americano, pero el sueño pronto se convierte en la dura realidad, en la vida perra, porque la América idílica por la que habían peleado sus padres y sus abuelos, la del el hombre hecho a sí mismo, la de las oportunidades, la de América para los americanos, se viene abajo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial el maccartismo y la Guerra del Vietnam.
 
Después seguí con La Conjura contra América, que es brutal, es una ficción, Philip Roth nos presenta una historia alternativa en la que un héroe americano de la aviación simpatizante de los nazis es elegido presidente en las elecciones de 1940, así comienza una política de pactos con Hitler que acaba en la persecución de los judíos norteamericanos, suena rocambolesco sí, pero Philip Roth lo hace tan bien que hace que nos parezca perfectamente posible. Estoy a punto de terminar Némesis, su última novela, y muy bien, este tío de momento no defrauda.
Otra que he leído hace poco es la venerada Libertad, de Jonathan Franzen, y la verdad es que es un fiestón, de las de hundirte en el sillón con la lámpara de pie y tirarte cinco horas sin levantar cabeza, si encima fuera llueve y hace un frío de pelotas ahí tenemos la felicidad con la que tanto se estrujan las meninges los filósofos. Libertad es la historia de una familia a lo largo de tres generaciones, si leemos la trilogía de Roth y ésta, tenemos una buena cronología novelada sobre la vida norteamericana desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Aquí se habla de otras guerras, la de Irak y la de Afganistán, sobre el 11 de septiembre, sobre la facilidad que tienen los gobiernos para tomar a los ciudadanos por gilipollas, y de la libertad claro, otro berenjenal filosófico, pero aquí nos hablan de la libertad en sentido político, la que nos dejan tener los de arriba, los que mandan, el estado, la libertad individual eso que obsesiona tanto a los americanos. El libro plantea otra cuestión muy interesante, el tema de la superpoblación, un tema tabú para los políticos. La verdad es que Jonathan Franzen se despacha agusto, hace una buena revisión política y deja muy clara su postura sobre los temas que trata, y hace bien. También le he dado bastante a Cormac Maccarthy, las novelas de Cormac Macarthy se centran principalmente en la América rural, la América profunda, he disfrutado mucho con la Trilogía de la Frontera.
 
Como veis estoy haciendo los deberes, estoy leyendo lo que nos dicen que hay que leer, y encima me gusta. Seguiré dándole a la novela norteamericana, a ver si sale la grande, la definitiva, aunque eso de la definitiva va ser una quimera me parece a mí, y me da en la nariz que va a ser más una cosa de los que venden los libros que de quienes los escriben. Lo importante es escribir buenos libros, buena literatura, y los de Philip Roth, Cormac Maccarthy y Jonathan Franzen, que son los que he leído a mi juicio lo son, lo de las etiquetas mejor dejarlo para dentro de cincuenta años a ver qué pasa. Tiene bemoles que se califique ya a Libertad como la obra maestra de la literatura del siglo XXI, la novela definitiva de la literatura norteamericana, la Guerra y Paz de nuestro siglo, la gran novela norteamericana por fin, cuando apenas lleva un año publicada, lo curioso es que dijeron lo mismo de Correcciones su anterior novela ¿en qué quedamos?.
 
Lo dicho, seguiré dándole a la novela norteamericana y a lo que haga falta, pero sin perder de vista a los clásicos, Cervantes, Pérez Galdós, la Pardo Bazán, Clarín, Dickens, Víctor Hugo y Tolstói entre otros, esos sí que escribieron grandes novelas, y en eso no hay discrepancias. También seguiré leyendo a Antonio Machado, faltaría más. Tampoco perderé de vista a los que pasan más desapercibidos como Fernando Aramburu, tengo ganas de leer su última novela Años lentos, Los peces de la amargura me gustó mucho. Bueno, os dejo que se me está poniendo un muro en la cabeza con tanto libro, además empieza Fraiser que me tiene enganchado, la están reponiendo en la dos, y me parto la caja, el otro día mientras me descojonaba me atraganté con huevo duro y empecé a ponerme azul, estuve a punto de llamar al 112, al final salió.
 
Saludos cordiales.