El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



jueves, 17 de abril de 2014

El mundo de ayer, de Stefan Zweig



“Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación  y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobretodo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea. Me he visto obligado a ser testigo indefenso e impotente de la inconcebible caída de la humanidad en una barbarie como no se había visto en tiempos y que esgrimía su dogma deliberado y programático de la antihumanidad. Después de siglos, nos estaban reservadas de nuevo sin declaración de guerra, campos de concentración, torturas, saqueos indiscriminados y bombardeos de ciudades indefensas; bestialidades que las últimas cincuenta generaciones no habían conocido y que ojalá no conozcan las futuras. ”
“En realidad yo, que desde hacía tiempo me había consagrado en cuerpo y alma a la literatura, no estaba interesado en ninguna de las ciencias que se enseñaban con vistas a una carrera, incluso albergaba una secreta desconfianza-que hoy todavía no ha desaparecido-hacia toda actividad académica. Para mí el axioma de Emerson, según el cual los buenos libros sustituyen a la mejor universidad, no ha perdido vigencia, y sigo convencido hasta hoy de que se puede llegar a ser un extraordinario filósofo, historiador, jurista y cualquier otra cosa sin tener que ir a la universidad, ni  si quiera al instituto.”
-El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Stefan Zweig.
 
 
Llevaba años encontrándome  con el nombre de Zweig  en ensayos, novelas y libros de historia sobre el siglo XX. Llevaba años leyendo sobre Zweig y sus memorias, publicadas en España por la editorial Acantilado en 2001, llevaban mucho tiempo recomendándome este libro y tenía muchas ganas de leerlo. De Zweig sólo  había leído Carta a una desconocida, adaptada al cine por Max Ophüls en 1948, y Mendel el de los libros. A raíz de leer el magnífico ensayo de Margaret MacMillan sobre la Gran Guerra (1914 De la paz a la guerra) me picó el gusanillo todavía más porque cita las memorias de Zweig  varias veces.
 Stefan Zewig  nació en Viena en 1881,  en el seno de una familia de la alta burguesía, fue novelista, ensayista, biógrafo, viajero incansable y un gran observador de la realidad de su tiempo, no sólo de la realidad cultural y artística, también de la realidad cotidiana, la que se observa a pie de café o acodado en tascas y bares de mala muerte.  Desde su posición privilegiada fue testigo de los acontecimientos clave del siglo XX. Su narración abarca desde lo que él llama “La edad de oro de la seguridad” anterior a la Primera Guerra Mundial, hasta la llegada del desastre y el horror a partir de la Gran Guerra primero,  y la aparición del fascismo, el  nazismo  y la Segunda Guerra Mundial después. Zweig se relacionó  con la crema de la intelectualidad europea: Rodin, Rilke, Freud, Hoffmansthal, Richard Strauss, Schnitzrle, Rolland y Verhaeren, son sólo algunas de las amistades que cultivó.
El 22 de febrero de 1942, Stefan Zweig se suicidó junto a su esposa Charlotte en la ciudad brasileña de  Petrópolis, donde estaba exiliado desde 1941 y donde terminó de escribir estas memorias. Encontraron a la pareja en la cama, abrazados, en la mesilla de noche había un frasco de veronal. Zweig llevaba toda su vida viajando, primero por placer,  luego huyendo del nazismo. Era judío (por accidente, decía él)  y sus libros fueron prohibidos en la Alemania nazi en 1936. En 1942  estaba convencido de que Alemania ganaría la guerra y de que el nazismo se extendería por todo el planeta, no le gustó el panorama y decidió quitarse de en medio.
El libro es una maravilla, un paseo por la cultura, la política, la historia y la vida europea del siglo XX, sus 550 páginas se leen en tres tardes.  Es cierto que hay un exceso de  nostalgia y benevolencia hacia esa vieja Europa (1870-1914), hacia esa “Edad de oro de la seguridad” que Zweig, desde su posición social, pinta demasiado idílica. No obstante creo que estas memorias son muy recomendables para cualquiera que quiera indagar en la historia del siglo XX.  
Ningún artículo sobre un libro dice más que el libro en cuestión, así que  vayan a la sección de biografía de la biblioteca del barrio, brujuleen por la z y disfruten de esta estupenda autobiografía.