El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



martes, 11 de junio de 2013

El banquete de los genios


De pie, desde la izquierda, Robert Mulligan (Matar a un ruiseñor), William Wyler (Ben-Hur), George Cukor (La costilla de Adán), Robert Wise (Marcado por el odio), Jean Claude Carriére y Serge Silberman. Sentados, desde la izquierda, Billy Wilder (El apartamento), George Stevens (Raíces profundas) Luis Buñuel (Viridiana), Alfred Hitchcock (Vértigo) y Rouben Mamoulian (La reina Cristina de Suecia). John Ford (El hombre tranquilo), que asistió al encuentro, se marcho antes de que se tomara la fotografía. Fritz Lang (Metrópolis) estaba invitado pero no pudo acudir debido a su delicado estado de salud.
 
 
Los Ángeles, Noviembre de 1972, Luis Buñuel se encuentra participando en el Festival Internacional de Cine de la ciudad californiana, el Filmex, donde se proyecta El discreto encanto de la burguesía. George Cukor invita a Buñuel a comer en su espectacular mansión de Hollywood. Cukor le dice que comerán en compañía de unos amigos sin dar más explicaciones. Buñuel no conoce de nada a Cukor y se extraña de la invitación, pero acepta. Acude acompañado de Serge Silberman y Jean Claude Carriére, respectivamente productor y guionista de El discreto encanto de la burguesía, también le acompaña su hijo Rafael.  Buñuel y sus acompañantes son los primeros en llegar, al rato aparece John Ford bastante cascao y machacado por el cáncer, Ford saluda a Buñuel, se sienta a su lado en un sofá y  manifiesta al de Calanda su alegría por su regreso a Hollywood, Buñuel se sorprende de que Ford sepa de él "Creía que ignoraba de mi existencia" dice Buñuel respecto a Ford en sus memorias. Ford bromeando o chocheando le habla a Buñuel de un gran western que estaba preparando. En ese momento aparece, rechoncho, sonrosado y arrastrando los pies Alfred Hitchcock que se acerca entusiasmado a saludar a Buñuel, hablan de Tristana y de El discreto encanto de la burguesía, por la que Buñuel gana el óscar meses después.
 
 Los invitados siguen llegando;  Robert Mulligan, William Wyller, Robert Wise, Billy Wilder, Rouben Mamoulian y George Stevens. Firtz Lang está invitado pero no puede acudir debido a su delicado estado de salud.  John Ford, muy enfermo, se marcha antes de que termine la comida y de que se tome la famosa  fotografía, se despide de Buñuel con un abrazo, cuando se aleja  Buñuel dice "este se nos va", Ford murió nueve meses después.  La comida organizada por Cukor fue un reconocimiento por parte de los directores de Hollywood a Luis Buñuel y a su obra.
En torno a esta comida y a la mítica foto que allí se tomó y que  representa el fin de la época dorada de Hollywood iniciada con el cine mudo, gira el nuevo libro de Manuel Hidalgo "El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel.". Hidalgo repasa la vida y la obra de cada uno de los participantes y profundiza en la vida y en el cine de el gran director aragonés.
 
Entre las muchas anécdotas del encuentro, cuenta Manuel Hidalgo que en un momento de la comida George Stevens director de uno de los mejores westerns de la historia del cine (Raíces profundas) propone un brindis; "A pesar de nuestras diferencias de lengua, de origen, de opiniones, de estilo y de gustos, bebo por lo que nos reúne aquí". Buñuel se suma al brindis diciendo "Bebo pero me quedan dudas". Buñuel marca distancias, probablemente Luis Buñuel, comunista y ateo,  no se sintiera del todo en su salsa entre tantos liberales, (unos más progresistas otros más conservadores) muchos de ellos católicos. Y es que Buñuel, que siempre tuvo una relación distante y ambivalente con EEUU y Hollywood,  poco tenía que ver con los directores que allí había, de algunos probablemente no había visto ninguna de sus películas.
Buñuel se sentía cómodo con el calificativo de artista o autor que algunos empezaron a utilizar años antes, primero para señalar a directores europeos y luego estadounidenses, él se sentía un creador dueño de todo el proceso cinematográfico. El resto de directores allí reunidos entendían el cine como un oficio, como un trabajo, algo más técnico que artístico. De hecho la mayoría  no se sentían identificados con la figura del director-artista o creador. Cuando le preguntaron sobre esta cuestión  a John Ford en 1961 dijo: "Bueno, se trata de un supuesto que no puedo aceptar, nunca lo he creído",  "Nunca he pensado en lo que estaba haciendo en términos de arte (...) para mí siempre se trataba de un trabajo por hacer con el que disfrutaba inmensamente y nada más", y nada menos.
 
Sobre  este y otros temas, habla, reflexiona y especula este estupendo ensayo de Manuel Hidalgo.  Imprescindible para cinéfilos. No lo perdáis de vista.
 
 
 

Saludos cordiales.
 
 
- El banquete de los genios. Un Homenaje a Luis Buñuel. Manuel Hidalgo. Editorial Península. 2013. 345 páginas. 23 euros con 50. Lo presto.