El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



martes, 10 de julio de 2012

Españoladas

La última vez que estuve en la filmoteca fui a ver una de John Ford que ponían en la sesión de las diez. Llegué con tiempo y como iba sólo y no llevaba libro, me metí en el pase anterior. Ponían una española, Surcos, dirigida por José Antonio Nieves Conde en 1951. Antes de que empezara la proyección estuve ojeando el programa, no me sonaba ningún actor, no había ninguno de los conocidos de la época, el único nombre que reconocí al instante fue el de Marujita Díaz…, pufffff, el resoplido fue instintivo, españolada de manual pensé, coplas a gogó, ventanas enrejadas con geranios, sombreros cordobeses, faralaes, guitarras, toreros y todo lo demás. A punto estuve de levantarme y hacer tiempo en la barra del bar tomando cervezas hasta que empezara Centauros del desierto pero en ese momento se apagaron las luces y empezaron los títulos de crédito, además estaba en mitad de una fila y no era plan levantarme y dar por saco al personal. Pues nada a tragarme el sapo, a comerme la españolada con patatas fritas, con lo bien que estaría yo ahora en la barra con una Mahou cinco helada en la mano. Menos mal que me quedé, recibí dos lecciones, una de buen cine, y otra de la vida, los prejuicios no son buenos, te puedes perder muchas cosas si te dejas llevar por ellos, buena gente, buenos libros, y buenas películas. Yo siempre les planto cara, pero a veces son duros de pelar los cabritos, hay que estar alerta, aquel día casi me joden un peliculón.
Surcos cuenta la historia de una familia que se traslada del campo a la ciudad en busca de una vida mejor, dejan el terruño, la subsistencia pura y dura, para establecerse en Madrid y gozar de las supuestas mieles de la vida urbana. La película es un retrato fiel y realista de la España de finales de los años cuarenta, una España deprimida económicamente, sórdida, machista y resignada. La familia pronto se encuentra con la dura realidad, vivir en los madriles no es como les habían contado. En el pueblo, aunque hubiera miseria al menos había solidaridad, la gente se ayudaba, en la gran urbe no, aquí cada uno va a lo suyo, el individualismo campa a sus anchas, si hay que pisarle la cabeza al vecino para ganarse el pan no hay ningún problema. En Surcos, hay folclore pero poco, el cameo de Marujita Díaz cantándose una copla y poco más, la película es dura y trata temas que no era habitual ver en el cine español de la época; el mercado negro, el desempleo y la prostitución,  la lucha por la vida en una España muy chunga para la mayoría. En Surcos hay una escena de una pelea encima de un camión de patatas en marcha que no tiene nada que envidiarle a la de En busca del arca perdida, Indiana Jones pelea con los nazis por el Arca de la Alianza y gana, claro. Pepe pelea por un saco de patatas con los dueños del camión y pierde. Indiana es un héroe de ficción. Pepe es un tipo de carne y hueso que se quita el hambre a guantazos.  Surcos es un peliculón que me agenciaré en cuanto la vea en Dvd.
Imagen de una escena de Surcos

A raíz de ver Surcos, llevo una temporada dándole al cine español de antes, al que se hizo entre los años treinta y mediados de los sesenta y que nos enseña cómo se vivía en los pueblos y en las ciudades en la España en blanco y negro del franquismo. Españoladas que en su mayoría abundaban en el folclore o en la comedia buscando entretener al personal, algunas de ellas muy buenas. Otras, además de meter una copla, una sevillana, o un torero, denunciaban con disimulo y sorteando la censura, aspectos incómodos de la realidad española de la época. En esos años se hicieron verdaderas obras maestras en el cine español, películas a reivindicar que no estaría mal que se las pusieran a los chavales en los institutos, así se harían una idea de cómo se vivía en España hace sesenta años. Estas cosas antes las contaban los abuelos, pero como dijo el gran Miguel Delibes, “la televisión ha sustituido al abuelo como contador de historias”, ahora en lugar de escuchar al abuelo, lo sentamos con los chavales a ver la tele.
Muerte de un ciclista, Calle Mayor, Historias de la radio, Surcos, Atraco a las tres, Plácido, Viridiana, El verdugo, y Bienvenido Míster Marshall son algunas de las que he vuelto a ver últimamente. Ayer me puse Placido y El verdugo de Berlanga. He leído libros, y he visto muchos documentales y películas sobre la pena de muerte pero es en El verdugo, una comedia española, donde siempre  he encontrado el mayor y el mejor alegato contra la pena capital. Gran director Berlanga, a la altura de los grandes cineastas norteamericanos de la época, pero en España claro, con pocos medios y con la censura. Las películas de Berlanga tratan de gente que busca medrar de alguna manera. Los habitantes de Villar del Río en Bienvenido, creen que los americanos les van a solucionar la vida, y les piden cosas; una vaca, un tractor, un traje para los Domingos, una pareja de mulas, una azada…gente ambiciosa. Plácido se compra un motocarro a plazos para mejorar en el negocio y tener autonomía, y José Luis, en El verdugo, lo que quiere es un puesto fijo, un piso y casarse.  En las películas de Berlanga, como en la vida, siempre se interpone algo entre nosotros y lo que queremos conseguir.
Imagen de la escena final de El verdugo, dirigida por Luis García Berlanga en 1963

A finales de los sesenta, con el turismo y el desarrollo económico llegó el despiporre, el destape y el landismo. Alfredo Landa fue el estereotipo del macho ibérico, feo, achaparrado, con las piernas arqueadas y pelo  en el pecho, las suecas se lo rifaban claro, os recomiendo que volváis a ver “Manolo la Nuit”. Muchos reniegan de este cine, incluso del anterior, por casposo y machista, españoladas que exageraban y desvirtuaban el carácter español abundando en los tópicos, es lo que suelen alegar, lo malo es que suelen meter a todas en el mismo saco. Entre lo más casposo, aparecieron peliculones como El espíritu de la colmena y Cría cuervos.  Alfredo Landa nunca renegó del landismo y el destape, al contrario, siempre se sintió orgulloso de estas películas. Luego cuando hizo El crack, El bosque animado, y Los santos inocentes a Alfredo Landa le perdonaron lo del landismo. Qué gran actor dijeron.
 Conozco gente que no ve cine español por real decreto autoimpuesto. Allá cada uno, yo veo lo que me echen, si me parece bueno repito y si no, pues no. Creo que el cine español es igual de bueno o malo que cualquiera, se hacen películas buenas y películas malas, es verdad que llevo mucho tiempo sin ver una película española que me parezca realmente buena, pero lo mismo me pasa con las americanas y con el cine en general.
La semana que viene seguiré con las más actuales, las que se hicieron después de la transición, Los Santos Inocentes, El crack, Amanece que no es poco, El bosque animado…, y así hasta las más recientes, con las más recientes ando un poco perdido, así que se admiten recomendaciones.
Os dejo que empieza Curro Jiménez, me han quitado Fraiser, y me han puesto Curro Jiménez, pues muy bien, de niño me encantaba y me he enganchado, menudos bocatas que se aprieta el Algarrobo, que tío.
Saludos cordiales.