El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



lunes, 4 de junio de 2012

Los libros, la antena, y los tocapelotas


Brujuleando por internet he encontrado una entrevista que le hicieron a  Philip Roth en 2008 a raíz de la publicación de su libro Sale el espectro. El titular dice así: “Las pantallas nos han derrotado". Las pantallas del ordenador, del cine y de la televisión, han ganado la batalla a los libros y a los escritores, dice el novelista. Pero no se queda ahí la cosa, Philip Roth afirma en esta entrevista que dentro de unos años leer será un hábito de culto, la solución no es el venerado libro electrónico, el problema es que el hábito de la lectura se ha perdido “Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal.”
Me pregunto si tendrá razón Philip Roth, si leer será dentro de veinte años cosa de cuatro frikis, si serán los libros dentro de veinte años algo retro o vintage, como las vespas, los relojes digitales, o los discos de vinilo ahora. Si la gente prestará cada vez más atención a las pantallas, a los formatos más entretenidos, y menos a la letra impresa. Parece que sí. En 2012 las ventas de libros cayeron  en España un 23%.  Las ventas de ebook,s no terminan de despegar, por lo visto se venden más cacharros para leer que descargas de libros, probablemente  porque se piratean más de los que se compran. Quién paga por algo que sale gratis,  cuatro pringaos. El libro electrónico fue un invento alabado por la industria editorial, que veía en el posibilidades para ampliar mercado. Parece que les ha salido el tiro por la culata.
Últimamente hay debates encendidos en la red con esto del libro electrónico, partidarios y detractores se zurran a base de bien desde sus teclados, intentando imponerse  los unos a los otros.  Creo que es absurdo  plantear el debate en sí o no, en blanco o en negro, probablemente  ambos formatos convivirán.  Aunque pienso que  el libro electrónico es otra de tantas cosas que nos venden como imprescindibles y no lo son en absoluto. Además probablemente Philip Roth tenga razón, si el hábito de lectura se ha perdido da igual el formato. Yo creo que lo del libro electrónico es una moda pasajera, el aparato que sirve sólo para leer desaparecerá, y la gente optará por otros dispositivos que ya existen en los que además de leer puedes navegar,  compartir fotos,  y todo lo demás.  ¿Han ganado la batalla las pantallas a los escritores, a los libros?, claro.

Este cuadro se llama El Lector, es de Iman Maleki, un pintor iraní.

Me hace mucha gracia como algunos usuarios del ebook intentan convencer a los que no lo somos de que estamos equivocados, de que el  libro electrónico nos cambiará la vida. Este es un buen ejemplo de un tipo de personas con las que me tropiezo a menudo últimamente, son los que saben lo que te conviene, están por todas partes, son legión. Me refiero a los que piensan que lo que es bueno para ellos, es bueno para el prójimo, y que el prójimo no podrá vivir sin eso que para ellos es imprescindible. Son los que tienen siempre en la boca el “tienes que hacer”, “deberías”, “lo normal sería que”, para entendernos, hablo del buen samaritano tocapelotas, el que acude a salvarte sin que te hayas tirado a las piscina siquiera.

Yo he tenido varios encuentros con tocapelotas del ebook (no digo que todos los usuarios del ebook sean tocapelotas en busca de prosélitos, pero sí digo que muchos de los usuarios de ebook que he conocido lo son),   la  cosa suele ser más o menos así:  ¿Dónde vas con ese tocho infeliz…?, ¿cuántos te caben en la mochila…?, suelo llevar un par de ellos, pues yo aquí llevo veinte mil, y me caben otros tantos, deberías comprarte uno…, ya, eres un suertudo por poder llevar tanta sabiduría encima sin que ocupe lugar, suertudo no, listo, más listo que tú…, ya…, ¿cuántos libros tienes en casa a ver? , pues nunca los he contado, ¿cuántos a ver, mil, dos mil, cinco mil…?, no sé, alrededor de cuatrocientos más o menos, eso son pocos para un ebook y muchos para una casa, yo aquí en la mano llevo veinte mil, y me caben otros tantos, los libros son un incordio ocupan sitio, cogen polvo, ya…, ¿y qué vas a hacer cuando no te quepan más libros en tu casa pequeña?, irme a ikea y comprarme otra billy…, ¿y cuando no te quepan más billys en tu pequeña casa…?, pues lo que suelo hacer, ir a la biblioteca municipal…, qué antiguo suena eso de la biblioteca municipal tío, es poco molón… ¿quedan?, sí, todavía quedan…, ya, te convendría comprarte un ebook por cien euros para poder descargarte  los libros gratis, a ver… ¿cuánto te ha costado el tocho ese que llevas…?, este es que es una edición buena en tapa dura y …, ¿cuááááánnnto?…, veinticinco euros pero en bolsillo lo tienes por doce, menudo pringao estás hecho (colleja paternal, condescendiente, de las que joden), ese lo tengo yo aquí gratis, ya…., tienes razón tío…, tú ganas… quédate con el bollycao, soy un pringao, un nostálgico, un friky. Esto me pasaba al principio, ahora cuando les veo venir sacando pecho, la sonrisa de oreja a oreja y el chirimbolo en la mano, les digo que me dejen en paz y que se lo metan por donde termina la espalda, a ver si pita. Mano de santo. 
Yo no le veo las ventajas al chisme para leer, para mí son todo pegas.  El artilugio no pesa, está frío y no huele a nada. En una descarga no te encuentras billetes de metro dentro, o calendarios con tías en pelotas. Encontré uno dentro de un ejemplar de Madame Bobary que  saqué de la biblioteca, (uno de esos en los que la titi lleva pintada la ropa interior y cuando la mojas con saliva desaparece, la ropa interior digo, perdón por la guarrada),  o postales, o flores secas, o fotos, o cartas. Tampoco los puedes dedicar de puño y letra, o subrayarlos a lápiz, o anotar en los márgenes, o utilizarlos para calzar una mesa. Que te regalen una descarga de Los Miserables te tiene que dejar muy frío, o que te la presten, ¿se puede prestar una descarga?.  Yo no necesito llevar veinte mil libros encima, ni mil, ni quinientos, con los que tengo me sobran, no me compro todo los libros que leo, sólo algunos. Tiro mucho de biblioteca, soy socio de todas las bibliotecas que hay en Alcalá, también tengo amigos y familiares que me los prestan. Las ventajas que ven los usuarios del ebook, para mí ya existen, bibliotecas, ediciones de bolsillo y librerías de viejo.
  Últimamente estoy un poco tristón, bueno, tristón y cabreado, parece que el cierre de las  bibliotecas de Cajamadrid tiene toda la pinta de confirmarse. Llevo acudiendo a la biblioteca de Cajamadrid de la Calle Libreros veinte años, tienen un buen fondo de libros y películas, buen servicio y  gente estupenda. No quiero hablar de política ni de economía, me sienta mal. Cuesta entender como no puede haber pasta para mantener una biblioteca mientras el gobierno inyecta 20.000 millones de dinero público para salvar un banco. Que cierre una biblioteca por falta de dinero me parece algo muy triste, un mal síntoma de los tiempos que corren, porque las bibliotecas educan, forman a las personas.  Un país en el que la educación no es lo prioritario pinta muy mal.
Miguel Barceló: Bibliothéque Avec Poe, 1983.

 El otro día hablaba con un amigo del habito de la lectura, cómo se coge, cómo se lo fomentas a un chaval sin obligarle, si le obligas estás jodido, me decía mi amigo. No lo sé, no tengo hijos, me imagino que será una cosa de las casas y de las escuelas. Cómo le inculcas a un chaval que deje de jugar a la play, o de chatear con el tuenti para que agarre un libro, cosa difícil. Imagino que antes era más fácil, no había play, ni ordenador, y en la televisión sólo había dos canales. A mí no me inculcaron nada, en mi casa había libros y yo veía a mi padre leer, un día sentí curiosidad y abrí uno, no hubo más. En estos tiempos como dice Philip Roth no llega la señal, han cortado la antena. Creo que a pesar de las pantallas, seguirá habiendo libros, y bibliotecas, aunque cada vez menos claro. Leer libros acabará siendo un hobby minoritario, si es que no lo es ya.
Ayer fui a la biblioteca a  devolver Sangre a borbotones de Rafael Reig , hacía tiempo que no me reía a carcajadas con una novela, en Sangre a borbotones hay  ciencia ficción, novela negra y western, cosas que me gustan mucho, todo adobado con mucho sentido del humor y regado con mucho whisky. Todavía no he leído Todo está perdonado, su última novela,  pero caerá.  También he leído Año lentos de Fernando Aramburu, la vida de una familia de clase trabajadora en el San Sebastián de los años sesenta, un libro muy recomendable.
Ahora llevo unos  días con la  Narrativa completa de Edgar Allan Poe que  Inma me regaló  por mi cumpleaños, me quiere. El libro pesa y huele a nuevo, a papel y a tinta recién impresa. Cuando lo tengo entre las manos pienso en otras ventajas del libro tradicional. Los libros de papel no están sometidos a la obsolescencia programada, ni se quedan sin batería. Cuánta vida tiene un libro electrónico, cuánto tarda en averiarse o en quedarse obsoleto, ¿tres años, cuatro, cinco?. En casa tengo libros que han leído mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo, y que dentro de treinta años seguirán ahí, después de haberse leído otras tantas veces. Cuando yo la palme, acabarán en casa de mis sobrinos, o en alguna librería de viejo, o en una mesa de la Cuesta de Moyano, o en casa de algún friki nostálgico.