El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



martes, 19 de febrero de 2013

Gatsby


Ayer  me dijeron "te va a dar algo de tanto leer, eso no puede ser bueno" y me acordé de cómo a  Don Quijote se le fue la pinza por pasar las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio leyendo libros de caballerías. Contaba Julio Cortázar en una entrevista,  que cuando era niño su madre le llevó al médico porque no paraba de leer y no jugaba con otros niños, el médico le recomendó leer menos y hacer más lo que hacen los niños,  leer menos y vivir más para equilibrar un poco la cosa. Durante  el renacimiento, con la obsesión por leer  los clásicos antiguos más de uno la palmó del mucho leer y el poco dormir, y  creo que fue Borges el que dijo con cierta nostalgia aquello de "Es más lo que he leído que lo que he vivido". Lo mío no es preocupante como lo de Cortázar o lo de Borges, que leía libros de metafísica con ocho años, menudo figura, lo mío es una cosa más de andar por casa, más amateur, más de estos tiempos, además no fui lector precoz, empecé a leer a saco a los veinte años, y a diferencia del bueno de Alonso Quijano sólo pierdo el contacto con la realidad a ratos, y lo hago con premeditación, voy a perder el contacto con la realidad, y me pongo una peli o dos, voy a perder el contacto con la realidad, y me tiro toda la tarde leyendo, pero siempre vuelvo, cierro el libro, saco el dvd del dvd ,salgo de la sala de cine, y pongo el telediario o me voy a beber cerveza fría con los amigos o a buscar a mi novia o a currar, a vivir en definitiva, a veces dan ganas de no salir, de quedarse atrapado en la ficción, aunque la ficción, muchas veces, en lugar de evadirnos de la realidad nos hace tomar conciencia de ella  claro.

El caso es que hace unos días me regalé la edición con ilustraciones de El gran Gatsby que ha editado sextopiso, y me he tirado dos tardes en los años veinte, en la costa este de los Estados Unidos, en Nueva York, en la era del jazz, en la época del contrabando de alcohol, de los gánsteres, de los tiroteos,  de la ostentación, de las grandes fiestas  y de los millonarios frívolos obsesionados con amasar y fundir fortunas, luego llegó el crack del 29 y los ricachos lo perdieron todo de un día para otro, algunos se lanzaron al vacío desamparados por su nueva condición de pobres,  los pobres de toda la vida empezaron a morirse de hambre en sus granjas a causa de la gran depresión. Pero esa es otra historia.

Lo único que sabemos de Gatsby cuando arranca la novela, es que tiene un casoplón enorme en Long Island en el que organiza congas fastuosas a las que acude media ciudad de Nueva York con su amante, actores y actrices con sus amantes,  corredores de bolsa con sus amantes, contrabandistas con sus amantes, cantores de jazz con sus amantes,  y jugadores de polo con sus amantes, la flor y nata de la city con sus amantes,  la puerta siempre está abierta, no hace falta invitación, sólo hay que ir y entrar. Nadie sabe si Gatsby es un millonario de cuna, un gánster,  un nuevo rico, un espía, un héroe de guerra o un Dorian Gray con el retrato podrido en la buhardilla, la gente se pregunta por curiosidad, quién es este tío, de dónde ha salido,  aunque  lo importante es que el tal Gatsby da unas fiestas cojonudas.
El Gran Gatsby es el retrato de una sociedad obsesionada por el dinero, una sociedad injusta y materialista,  también es una historia de amor, pero sobre todo es la historia de un perdedor, de un buen tipo que no tiene nada y se enamora de una mujer guapa, rica y frívola, una mujer cuya voz suena a dinero.
Scott Fitzzgerald siempre estuvo fascinado por el universo de los ricos, al final de su vida escribió esto  sobre el mítico personaje de Jay Gatsby:

"Es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad rica, un joven pobre en una escuela de ricos, un muchacho pobre en un club de estudiantes ricos, en Princeton. Nunca pude perdonarles a los ricos el ser ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Todo el sentido de Gatsby es la injusticia que impide a un joven pobre casarse con una muchacha que tiene dinero. Este tema se repite en mi obra porque yo lo viví".


Fitzgerald escribió la novela en 1924, y cuentan por ahí que cuando la terminó, llamó a su editor y le dijo "He escrito la mejor novela de los Estados Unidos" y se fumó un puro (lo del puro es cosa mía), parece que no anduvo descarriado el amigo Francis, siempre que se habla de la gran novela americana aparece ésta junto con El guardian entre el centeno, A sangre fría o Moby Dick entre otras.  No soy muy partidario de destripar novelas, sobre todo los clásicos, de los que ya se ha hablado hasta el aburrimiento, ya lo decía Italo Calvino “Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima”, así que ya está bien de polvo y al lío. Ojalá pudiera volver a leer esta novela por primera vez.






Saludos cordiales.

-La mejor edición en castellano de El Gran Gatsby, en mi opinión, es la de Anagrama, traducida por Justo Navarro, está en bolsillo por 7,90 eurillos. No tendréis problema para encontrarlo en bibliotecas municipales. La edición ilustrada de sextopiso de la que hablo también está traducida por Justo Navarro, y lleva unas ilustraciones muy chulas de Jonny Ruzzo, cuesta 20 eurazos.






viernes, 8 de febrero de 2013

Andanzas librescas


Brujuleando hace unos días en la librería de un centro comercial, me enteré de que uno de los libros más vendidos de España es el de un presentador de televisión, para más señas el del presentador del programa más cutre, casposo y salchichero de la televisión patria. Al principio me llamó la atención que uno de los libros más vendidos en  España (el número 1 durante algunas semanas), no fuera el de alguien que se dedica a la literatura, el de un escritor bueno, malo o regular que escribe libros buenos, malos o regulares, sino el de un  presentador de televisión que presenta el programa  más cutre y embrutecedor de la tele española. Enseguida caí en que es normal que uno de los libros más vendidos en España sea el del presentador del programa de telecaca más exitoso de la televisión nacional, la cosa es de una lógica aplastante, el caso es que al final acabó llamándome la atención que aquello me llamara la atención.
Por lo que leí en la contraportada, el presentador de marras cuenta en el libro su peripecia vital, su lucha por la vida, la peripecia del presentador consiste en su llegada a Madrid para trabajar como periodista y su ascenso a la cumbre de la telebasura. El libro se vende como rosquillas.

¿Se ha vendido la literatura al marketing y a la industria del entretenimiento?, ya te digo…la literatura también se ha sumado desde hace tiempo a esa consigna de la que hablaba  Vicente Verdú en su ensayo El estilo del mundo y que es “Divertirse hasta morir”, y a esa banalización del arte y la literatura  de la que habla Vargas Llosa en La civilización del espectáculo, y que pone el entretimiento puro y duro, el pasarlo teta, el usar y tirar, por encima de todas las cosas. La cultura no vende, es un coñazo, hay que ponerle salsa para que la gente trague, la calidad queda en último plano, primero entretener, divertir, pasarlo chupi. La idea es conectar con el espectador en el caso del cine y con el lector si hablamos de literatura, que se ría cuando se tiene que reír que llore cuando tiene que llorar y que se emocione cuando toca, si esto lo aliñan con un poco de folleteo miel sobre hojuelas, cuidado con mascar la chapa, cuidado con ponerles en un aprieto, cuidado con incomodarles con crudas realidades,  cuidado con sacarles del esquema planteamiento-nudo-desenlace,  cuidado con hacerles pensar más de la cuenta, se aburrirán, cuidado con hacerles reflexionar, se cansan y no vuelven. ¿Os acordáis de Dickenslandia?. No digo que esté mal que el cine y la literatura busquen entretener, de hecho es recomendable que lo hagan, lo que mosquea es que de un tiempo a esta parte busquen única y exclusivamente eso, o que la mayoría busque exclusivamente eso en la literatura y en el cine.
El tema tiene miga porque abre un debate que obliga a preguntarse qué es la cultura, o qué es el arte, menudo lío, o qué era antes y en qué se ha convertido ahora,  o a distinguir entre alta cultura y cultura popular o cultura de masas, el carajal está servido.  Un tema interesante y polémico al mismo tiempo.
Pero estábamos en la librería del centro comercial. Después de enredar un rato por los más vendidos seguí brujuleado y me encontré con Aquel domingo un libro de Jorge Semprún. Llevaban tiempo recomendándome los libros de Jorge Semprún, sobre todo cuando salía el tema de la Segunda Guerra Mundial, de la guerra civil española, del nazismo o el comunismo. No había leído nada de Semprún,  cosas sobre él sí, entrevistas y documentales sobre su vida. Estuve ojeando la contraportada de Aquel domingo y me resultó más interesante que la del pelotazo editorial del presentador supersónico. De hecho,  por lo que he leído la peripecia vital de Jorge Semprún es bastante más interesante que la de la estrella televisiva,  porque Jorge Semprún fue testigo y partícipe de algunos episodios clave de la historia del siglo XX.
He disfrutado mucho con este libro, Aquel domingo no es una novela, es un libro de memorias. Un viaje desordenado que hace Semprún por su propia memoria, en el que reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la supervivencia, sobre el nazismo y el comunismo, sobre política, literatura y filosofía. Semprún parte del recuerdo de un Domingo de Diciembre de 1944  en el campo de concentración de Buchenwald, en el que fue hecho prisionero  durante la ocupación alemana por pertenecer a la resistencia francesa. Partiendo de este recuerdo Semprún pasea por su memoria, habla y reflexiona sobre su militancia en el partido comunista, sobre su vida clandestina, sobre su condición de preso privilegiado en Buchenwald, sobre el marxismo,  sobre lo parecidos que son los regímenes totalitarios de uno y otro color, sobre el siglo XX en definitiva.
 Leyendo “Aquel domingo” de Jorge Semprún me acordé de  Vida y destino de Vasili Grossman, un libro que leí hace tiempo y al que he vuelto ahora, Vasili Grossman fue un escritor y periodista ruso. Apoyó la revolución de 1917, y fue testigo como correponsal de guerra soviético durante la II Guerra Mundial, de las atrocidades de los nazis y de las del régimen de Stalin. El libro es consecuencia de esa experiencia vivida. Grossman intentó publicar Vida y destino a principios de los sesenta pero no le dejaron claro, la KGB destruyó el manuscrito, por suerte había más copias.
Vida y destino es una novela monumental, bueno,  no sólo es una novela,  también es un análisis político de la primera mitad del siglo XX, esta novela de Vasili Grossman, y las memorias de Jorge Semprún se reafirman en una misma idea, una idea que todavía sigue creando polémica:  nazismo y comunismo, aun partiendo de orígenes y tradiciones distintas, tienen  mucho en común y comparten un concepto, totalitarismo. Ambos fueron utopías totalitarias que aplastaron seres humanos con la promesa del paraíso en la tierra. Los que tengáis interés por la historia del siglo XX, no perdáis de vista Vida y destino, ni Aquel domingo de Jorge Semprún.
Os dejo, que esto se alarga y empieza en la tele un peliculón, Taxi driver, nada menos.

 Saludos cordiales.

-Os dejo un artículo sobre la vida y la obra de Jorge Semprún.
 http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/1733/Semprun_toda_una_vida_a_traves_de_su_obra
- Aquel domingo. Jorge Semprún. Tusquets (colección andanzas). 1999. 445 páginas. 20 euros. Los libros de Semprún son fáciles de encontrar en bibliotecas municipales.
- Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Guttemberg. 2007. 1104 páginas. 24,70. Hay una edición en bolsillo por 12,30 euros. Vida y destino es larga y dura de leer, en mi opinión es de las que entran mejor en invierno, tirado en el sillón al calor de la calefacción y la lámpara de pie mientras fuera llueve y hace frío,  que en verano tirado en la hamaca mientras el sol nos fríe la quijotera. Es sólo una sugerencia.
El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción. Vicente Verdú. Anagrama. 2003. 9,90 euros.
-La civilización del espectáculo. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2012. 16,60 euros.

sábado, 2 de febrero de 2013

Las manos sobre la ciudad


Haciendo zapping hace unos días me tropecé con una peli de la que nada sabía  y que tenía muy buena pinta, estaba empezada ya, y sólo vi una escena en la que un tipo recibía a otro en su casa, pasan a un despacho, parecen peces gordos por la ropa, por la casa y por las cosas de las que hablan; “quiero pedirle que retire mi candidatura a las elecciones” “me niego a  estar en la misma lista  con Nottola” “la investigación determina que medio ayuntamiento debería ir a la cárcel” “ no puedo hacer como si no pasa nada y quedarme sentado al lado de Nottola” “el problema no se plantea en términos morales” “es indispensable tenerlo de nuestra parte, hay que pensar en la mayoría” “la opinión pública la creamos nosotros” “¿un cigarrillo?”  ”un gran partido puede absorver muchos Nottolas” “en política la indignación moral no hace falta, el único error grave es ser vencido”… aquí hay tuétano del bueno pensé, me fui a la información y tomé nota, ésta la busco y me la veo de  pe a  pa en cuanto tenga un rato.
La película era Las manos sobre la ciudad de Francesco Rosi, y trata de un tema tan viejo como el estado y tristemente muy de actualidad,  la corrupción política. El argumento seguro que os  resulta familiar.
Nápoles, años  sesenta, Nottola además de ser concejal del ayuntamiento, es un magnate del negocio inmobiliario y propietario de  la mayor empresa constructora de la ciudad. Nottola es miembro de  todas la comisiones encargadas de emitir licencias relacionadas con la construcción. Respaldado por otros concejales Nottola se dedica a la especulación. Las  licencias emitidas a favor de Nottola se pasan por el escroto los plazos, los trámites, la normativa y la seguridad que se  le suele exigir a cualquier paisano que quiera hacer una cochera en el patio de su casa. Una de las promociones de Nottola provoca el derrumbe de un edificio adyacente matando a tres  personas. Se demuestra que la negligencia y el pase  por la  entrepierna de las medidas de seguridad han provocado  el derrumbe. ¿Se irá de rositas  el potentado Nottola?,  ¿a que os suena?, de  hecho esta música ha sonado casi todos los días en los programas de variedades (antes boletines informativos) de los últimos tiempos. La película es un retrato a escala de la realidad de muchos países capitalistas, especialmente del nuestro. Vamos que se podría titular perfectamente “España; ladrillo y trinque”. Lo que cuenta la película es lo que ha estado pasando por aquí en los últimos cuarenta  años. Las consecuencias de ésto ya las sabéis, pisos de 70 metros por trescientos mil euros en los  que se escucha en Dolby Surround la jodienda y las pedorretas matutinas del vecino, hipotecas a perpetuidad, viviendas sobrevalorados, deshaucios y lo que te rondaré morena. La banca y las promotoras amparadas por los políticos  consiguieron convertir la vivienda en uno de los mayores problemas  de  la  sociedad española, porque inculcaron al personal  su filosofía, que la vivienda no era un derecho constitucional por el que los poderes públicos tenían que velar para evitar abusos, sino un producto con el que especular, como el oro o el petróleo, el más  tonto hacía relojes.
 
Rod Steiger interpreta al corrupto Nottola.
La película no se queda sólo en el tema de la especulación inmobiliaria (el ladrillo es una arista más de la corrupción política)  es una crítica feroz, un guantazo a la clase política que convierte la democracia en una patraña cuando en lugar de trabajar por el interés común trabaja por el interés personal, siendo capaz (entre otras cosas) de aliarse con el adversario político para mantenerse en el poder. Seguro que hay políticos honrados, gente que está en política por vocación y no para medrar y hacerse rica, yo pensaba que eran la mayoría, esta película y la cruda realidad no invitan al optimismo en este sentido. De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que nos toman por gilipollas cada vez que les veo por la televisión o les escucho por la radio, o cuando leo lo que dicen en los periódicos, también pienso que nos toman por gilipollas cuando voy a echarle gasolina al coche o cuando me llega a casa la factura de la luz, cada vez veo más distancia entre ellos y nosotros. Imagino que es lo que pasa cuando se pone la economía por encima de la política y el interés general.
Las manos sobre la ciudad tiene una gran fuerza realista, los personajes que aparecen en esta película italiana de 1963 no son una caricatura, son reales, gente así campa a sus anchas por los ayuntamientos y el parlamento español.
Películas como ésta son necesarias, porque el cine, aparte de para entretener , aparte de para hacernos vivir otras vidas y probar otros nombres, aparte de para hacernos soñar y evadir de la realidad, sirve (cada vez menos) para hacernos tomar conciencia de ella. Películas como ésta hacen mucha falta.



Saludos Cordiales.

- Las manos sobre la ciudad (Le Mani sulla città). Francesco Rosi. 1963. El guión es de Francesco Rosi, Raffaele La Capria, y Enzo Provenzale. La música de Piero Piccioni, y la fotografía en blanco y negro de Gianni Di Venanzo. Los actores están todos muy bien, especialmente Rod Steiger que se sale como de costumbre, Rod Steiger es un pedazo de actor que casi siempre ha intrepretado papeles acorde con su corpulencia, el tipo duro, el capo, el violento. Difícil olvidar sus interpretaciones en películas como En el calor de la noche, o Al Capone. Las manos sobre la ciudad se llevó el Leon de oro a mejor película en el Festival de Venecia de 1963. En youtube habita en versión original para los que andéis sobrados de Italiano, en internet se comparte una copia regulera subtitulada al español, y en amazon la teneís original por 4,95 eurillos.