El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



viernes, 13 de diciembre de 2013

Peckinpah: sangre, talento y whisky.

Kris Kristofferson (Billy the Kid) y James Coburn (Pat Garrett) en Pat Garrett y Billy
 the Kid de Sam Peckinpah. 1973.
 
Cuando se trata sobre  el western crepuscular  es inevitable  hablar de  Grupo salvaje, La balada de Cable Hogue y Pat Garrett  y Billy the Kid, las  tres películas de Sam Peckinpah  que marcan el final de un género que lleva muriendo desde finales de los 50 pero que no acaba de estirar la pata. Parecía que Pat Garrett y Billy the  Kid iba a ser  el último  gran western, pero veinte años después llegó Sin perdón y resucitó el género, el personal se volvió loco y los críticos que llevaban años vapuleando a Clint Eastwood  se derritieron.  Sin perdón se convirtió en un clásico en cuestión de meses, y ya está entre las mejores películas de la historia del cine. Conozco a gente que se aficionó a las de vaqueros gracias a esta película.  Como decía, siempre se habla de Peckinpah a la hora de hablar del final del western, sus películas tratan de tipos atrapados entre dos épocas:  el viejo oeste de los espacios abiertos en el que la ley no existía,  y la llegada de la civilización con el ferrocarril como metáfora del avance del capitalismo. Yo creo que muchos de los temas que explotó Peckinpah ya están en El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford, en esta película el viejo maestro ya nos anuncia que la cosa se acaba. Ford era un viejo artesano curtido en el cine mudo, y Peckinpah un joven con mucho talento curtido en la televisión. Peckinpah reformuló el género y lo llenó de perdedores, movimientos de cámara, tiroteos sangrientos a cámara lenta, chicas en pelotas y litros de alcohol, regalando a los amantes del género  un puñado de westerns cargados de violencia y belleza a partes iguales.  
Ayer volví a ver Pat Garrett y Billy the Kid. En esta película Peckinpah aborda la historia de Pat Garrett y Billy el niño mezclando realidad y leyenda. Un western cargado de romanticismo y melancolía, en el que la maravillosa música de Bob Dylan eleva todavía más el tono de cantar de gesta de la película.  El Pat Garrett y Billy the  Kid de Peckinpah es un poema visual, una balada acompañada de una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, en la que destaca una de las grandes canciones del siglo XX, Knockin ´On Heaven´s Door (Llamando a las puertas del cielo), por cierto, Bob Dylan además de componer la música interpretó un papel en la película.
Billy y Pat son viejos amigos y  compañeros de banda, pero los tiempos cambian y el oeste en el que robaron y asesinaron impunemente se está acabando, ha llegado el ferrocarril, han llegado los inversores, ha llegado la ley, se acabó lo de hacer lo que a cada uno le salga de las pelotas. Pat se adapta a los tiempos y se convierte en Sheriff, Billy pretende seguir haciendo lo que le sale de las pelotas “Los tiempos están cambiando”, dice Pat a Billy para justificar su nueva condición de servidor de la ley  “Tal vez los tiempos estén cambiando, pero yo no” contesta Billy.  La misión del Sheriff Garrett  es dar caza a los forajidos y el primero de la lista es su viejo amigo. La incertidumbre que provoca vivir el fin de una época y la amistad traicionada son algunos de los temas de esta película. Es curioso como los westerns de Peckinpah, tan violentos y decadentes, me transmiten tanta emoción  como  los del viejo Ford. Tan distintos y tan parecidos.



Ficha de las películas mencionadas:
Pat Garret y Billy the Kid
La balada de Cable Hogue
Grupo salvaje
El hombre que mató a Liberty Valance   
Sin perdón