El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



lunes, 28 de octubre de 2013

El samurái

 
El silencio de un hombre (Le Samouraï). Jean-Pierre Melville. 1967.
 
 
Un plano fijo muestra una habitación en penumbra escuetamente amueblada: una cama, un sillón, un armario y una mesa en la que hay una jaula con un canario. El tráfico de la calle, el chasquido de un encendedor  y  el cantar del pajarillo rompen el silencio de la estancia, un hombre fuma tumbado en la cama. Van apareciendo los títulos de crédito,  después una cita:
“La profunda soledad de un samurái solo es comparable a la de un tigre en la jungla”. El bushido. Libro de los samuráis.
La cámara hace unos leves movimientos extraños sin perder el encuadre, arriba y abajo, alante y atrás, muy suaves.  Cambia el plano y el hombre aparece sentado en la cama vestido con un traje impecable, juguetea con la mitad de un fajo de billetes, se levanta, saluda con un gesto al pajarillo y se dirige hasta un perchero del que descuelga una gabardina y un Fedora que se coloca cuidadosamente frente a un espejo, abre la puerta, baja las escaleras del edificio y sale a las calles de París.
Así arranca El silencio de un hombre (Le samouraï), la película que escribió y dirigió el director francés Jean- Pierre Melville y que se estrenó en 1967. Este Neo noir cuenta la historia de Jeff Costello (Alain Delon), un asesino a sueldo que vive solo en un pequeño apartamento de París del que solo sale para matar, para visitar a su amante que además de hacerle el amor le facilita las coartadas, y para jugar al póquer hasta el amanecer en habitaciones de hotel en las que nadie conoce a nadie.  De Jeff Costello solo sabemos que es el mejor sicario del hampa parisina y que sigue su particular código de honor y de silencio, siempre cumple y siempre calla. En las buenas películas negras nunca sabemos mucho de sus protagonistas, suele ser gente oscura y desilusionada, no sabemos  muy bien a  qué se dedicaban antes de ser asesinos a sueldo, detectives privados, timadores,  atracadores de bancos o contrabandistas, casi nunca sabemos lo que hacían antes de la guerra que partió sus vidas por la mitad.

Cuando vemos cine negro casi siempre nos ponemos del lado de los malos, es curioso, cruzamos los dedos para que no salte la alarma en pleno atraco, para que no aparezca la pasma y los meta a todos  en chirona. Siempre que veo  El silencio de un hombre cruzo los dedos para que no identifiquen a Jeff Costello en la rueda de reconocimiento, la pianista del garito al que Costello ha ido a matar por encargo a un gánster le ha visto salir del despacho del gánster ya fiambre.  Memorable la secuencia de la rueda de reconocimiento, Melville sabía lo que hacía. El silencio de un hombre es una de mis películas de cine negro favoritas, vale que es en color, que es francesa y  del 67,  pero para mí es tan negra y tan buena  como  las del período clásico de Hollywood, a las que Melville homenajea claramente. Creo que el encanto de la película está en ese homenaje al período clásico americano aliñado con el moderno  toque francés. La película se sostiene en un buen guión y en un maravilloso uso de la cámara; travellings, planos y contraplanos, picados y contrapicados, y planos secuencia  magistrales se suceden a lo largo de todo el metraje. Como en todo film-noir que se precie la cuidad (en este caso París) es un personaje más, las escenas en el metro y en las calles no tienen desperdicio. Alain Delon se come la cámara con patatas fritas   y los secundarios están a la altura, especialmente  el inspector de policía que hace un papelón, y  también las chicas claro, la amante y la pianista del cabaret. Qué guapas siempre las mujeres del cine negro, qué modernas y sofisticadas, siempre adelantadas a su tiempo.

No recuerdo ahora quién decía que las mujeres del período clásico del cine negro habían hecho más por la liberación de la mujer que Simone de Beauvoir y el movimiento feminista, no sé…, lo cierto es que las mujeres del noir, las femmes fatales de los años  40 y 50 eran mujeres emancipadas que vivían solas, mujeres que no tenían ningún interés por tener hijos o por formar una familia, mujeres que no tenían ninguna nostalgia del hogar convencional, mujeres que hacían encaje de bolillos con los hombres. Incluso vistas hoy, esas mujeres son modernas. 

He disfrutado mucho de esta nueva revisión de El samurai, no dejéis  de ver este canto a  la soledad, minimalista y desarraigado. Melville tiene otro noir estupendo, este en blanco y negro y del 56, Bob, el jugador (Bob le flambeur) se titula, una maravilla. Y es que Melville es uno de los precursores  del cine negro francés o del polar francés que es como suelen llamarlo, y tiene varios noirs estupendos que filmó entre los años 50 y los 70, no perdáis de vista sus películas.  

Por cierto,  he revisado El samurái gracias al blog de imágenes de Rafa Morata,  uno de los primeros blogs que seguí cuando empecé en blogger, lo seguí en su primera versión Parcelas de cine y en la actual Celuloide de paso.  En este sitio he recordado películas que llevaba años sin ver y he descubierto auténticas joyas del Séptimo Arte de las que nada sabía.  Aparte de seleccionar imágenes de películas Rafa sabe darle a la tecla, lo podéis comprobar en El cine por delante.

Saludos cordiales.




 
 
 

lunes, 21 de octubre de 2013

Marsé

"Hay apodos que ilustran no solamente una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive.
La noche del 23 de junio de 1956, verbena de San Juan, el llamado Pijoaparte surgió de las sombras de su barrio vestido con un flamante traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy, saltó sobre la primera motocicleta que vio estacionada y que ofrecía ciertas garantías de impunidad (no para robarla, esta vez, sino simplemente para servirse de ella y abandonarla cuando ya no la necesitara) y se lanzó a toda velocidad por las calles hacia Montjuich. Su intención, esa noche, era ir al Pueblo Español, a cuya verbena acudían extranjeras, pero a mitad de camino cambió repentinamente de idea y se dirigió hacia la barriada de San Gervasio. Con el motor en ralentí, respirando la fragante noche de junio cargada de vagas promesas, recorrió calles desiertas, flanqueadas de verjas y jardines, hasta que decidió abandonar la motocicleta y fumar un cigarrillo recostado en el guardabarros de un formidable coche sport parado frente a una torre. En el metal rutilante de la carrocería, sobre un espejismo de luces deslizantes, se reflejó su rostro melancólico y adusto, de mirada grave y piel cetrina, mientras la suave música de un fox acariciaba su imaginación; enfrente, en un jardín particular adornado con farolillos y guirnaldas de papel, se celebra una verbena."
 
Últimas tardes con Teresa. Juan Marsé.


Llevo una temporada recordando y releyendo a ratos las primeras novelas de adulto que leí, los primeros "libros serios" a los que me acerqué después de iniciarme con los tebeos de joyas literarias y las ediciones juveniles en esto de la literatura. Cuando leí esta novela por primera vez yo tendría diecisiete años, y recuerdo que envidié la vida al margen del Pijoaparte, ese ladrón de motos capaz de hacerse pasar por militante obrero para seducir a Teresa,  una pija universitaria con nostalgia de arrabal  que juega a la revolución. He leído prácticamente todo de Juan Marsé, incluida su última novela Caligrafía de los sueños que es estupenda, pero esta es mi favorita del escritor barcelonés, le tengo un cariño especial. Los que nunca hayan leído a Marsé y su Últimas tardes con Teresa son gente suertuda, porque es un regalo para cualquier amante de la literatura acercarse a este libro por primera vez ¿A que cuesta dejar de leer después de semejante arranque?.
 
  
                        

miércoles, 16 de octubre de 2013

A capa y espada

Ya  he hablado aquí de mi afición a rebuscar en los cajones de los quioscos de prensa a los que van a parar los deuvedés de esas colecciones que pocos empiezan y casi nadie acaba. En estos cajones he encontrado auténticas joyitas a precios de saldo.  Cuando fui el domingo a por la prensa al quiosco del barrio,  Rafa el quiosquero, que ya me tiene calado me dijo "tengo género nuevo" y allá que fui a rebuscar un rato. El arrebusque surtió efecto, hubo premio, apareció por allí llena de polvo  Los duelistas (The Duellists) la ópera prima con la que Ridley Scott sorprendió en 1977. Vi la película en un pase por televisión hace unos años y me encantó. Antes de ver Los duelistas yo pensaba que la mejor película de época que se había rodado jamás era Barry Lyndon de Stanley Kubrick, que pocas o ninguna estaban a su altura o se le acercaban siquiera, cuando vi Los duelistas empecé a tener dudas. Y es que Los duelistas tiene poco que envidiar a Barry Lyndon. Curiosamente The Duellists es hija de la cinta que Kubrick dedicó al siglo  XVIII. Ridley Scott reconoció abiertamente haber querido emular al maestro Kubrick y a su obra maestra con su primera película, y vaya si lo consiguió.

 
Los duelistas (The Duellists). Ridley Scott. 1977.

 





A principios del siglo XIX   Armand Hubert (Keith Carradine) y Gabriel Feraud (Harvey Keitel) dos tenientes de húsares del ejército de Napoleón entran en conflicto y se baten en duelo. Ambos contendientes se enfrentan en diferentes ocasiones, pero Feraud,  al que le gusta más un duelo que a mí un tercio de mahou cinco frío, nunca queda satisfecho  y siempre busca a Hubert para batirse de nuevo. Todo esto ocurre a lo largo de quince años en el contexto de las guerras napoleónicas. Contexto histórico  que Ridley Scott recrea de manera magistral gracias a una fotografía, una iluminación y un vestuario espectaculares, un guión bastante sólido (basado en la novela de Joseph Conrad) y un elenco actoral estupendo. Un peliculón que recomiendo ver o rever a cualquier aficionado a la magia del cacharro de los Lumiére.  Por aquí os dejo un aperitivo.

 
 
 
 
 
 

lunes, 14 de octubre de 2013

Thomas Bernhard, el aguafiestas.

 
 
 
"En casa, yo insinuaba lo que veía, pero como siempre, cuando se comunica a las personas algo horroroso y algo espantoso y algo inhumano y algo totalmente atroz, no me creían, no querían oírlo y calificaban de mentira, como han hecho siempre, la espantosa verdad. Pero no hay que  cesar de decirles la verdad, y las observaciones horrorosas y espantosas que se hacen no deben callarse en ningún caso ni tampoco falsificarse siquiera. Mi tarea sólo puede ser comunicar mis observaciones, da igual cuál sea su efecto, siempre las observaciones que me parezcan dignas de ser comunicadas, contar lo que veo, o lo que, en mi recuerdo, veo todavía hoy cuando, como ahora, miro treinta años atrás, muchas cosas no están ya claras, otras están supernítidas, como si hubieran ocurrido ayer. Para salvarse, aquellos a los que se habla no creen, y a menudo no creen ni lo más natural. El hombre no se deja aguar la fiesta por el aguafiestas. Durante toda mi vida he sido uno de esos aguafiestas, como me calificaban siempre mis parientes; ya mi madre, hasta donde puedo recordar, me llamaba aguafiestas, mi tutor, mis hermanos, siempre fui un aguafiestas, con cada aliento, con cada línea que escribo. Mi existencia, durante toda mi vida, ha molestado siempre. Siempre he molestado, y siempre he irritado. Toda mi vida como existencia no es otra cosa que un molestar y un irritar ininterrumpidos. Al llamar la atención sobre hechos que molestan e irritan. Unos dejan a las personas en paz, y otros, y entre esos otros me encuentro, molestan e irritan."

Thomas Bernhard. El sótano.
 
 
Me habían dicho que leer a Bernhard tenía sus riesgos, que sus libros podían cambiar la vida de las personas que los leían, o al menos, hacerles replanteársela. Por lo que llevo leído de Thomas Bernhard puedo afirmar que es uno de esos escritores que le hacen a uno tambalearse continuamente, sus párrafos son cañonazos que destrozan verdades asumidas, tópicos y lugares comunes. La libertad de Bernhard para afirmar ciertas cosas asombra, sobre todo en estos tiempos en los que la cultura del eufemismo y  la corrección política se ha impuesto llegando a niveles casi dictatoriales. El miedo a ofender se ha convertido en una obsesión que hace que se evite, cayendo en la ridiculez y en el absurdo, llamar a las cosas por su nombre. Otra alergia de nuestro tiempo que señala Bernhard  es la alergia a las crudas realidades, a las verdades incómodas, la costumbre de no querer ver, de mirar hacia otro lado,  de edulcorar la realidad o evitarla  cuando duele o molesta. Para confirmar esto solo hay que ver en lo que se han convertido los informativos que se emiten en televisión: programas de variedades en los que se mezcla y se confunde todo; fútbol, actualidad política, moda, guerras, alta cocina, miseria, ricos y famosos, crisis económica e información meteorológica; en  invierno hace frío, en verano hace calor, en otoño llueve,  y en primavera hay polen por un tubo,  qué notición.  La montonera superficial con la que nos chorrean los informativos, tapa y disimula la información verdaderamente importante. Curiosamente este mismo sábado he sido una vez más testigo y víctima de esta tendencia a la banalización de nuestros medios de comunicación, en este caso de nuestra televisión pública, que ha mandado a las catacumbas de la franja horaria televisiva Informe semanal (de las derivas de la cadena pública en función del gobierno de turno hablamos otro día), para colocar un concurso de aspirantes a David Bisbal y así competir en horario de máxima audiencia con los programas de telecaca de algunas televisiones privadas. La cultura del entretenimiento es lo que tiene, que es muy entretenida, primero divertir y ya veremos cuándo y cómo informamos, es el lema de estos tiempos "Divertirse hasta morir".  Como dice Thomas Bernhard "El hombre no se deja aguar la fiesta por el aguafiestas”. Así nos va  claro.
 
He empezado con los relatos autobiográficos de Bernhard: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño,  me los terminé anoche y cuando apagué la luz me costó conciliar el sueño. En estos días dedicados a Bernhard no he dejado de pensar en Bernhard y en lo que he leído en los libros de Bernhard. Desde hoy pongo a los libros de Thomas  Bernhard en busca y captura, los buscaré en las bibliotecas públicas, en las librerías, en las tiendas de libros de segunda mano y debajo de las piedras. Ya tengo Corrección esperándome en la mesilla, me pondré con él en cuanto publique esta entrada.
 
 
 
 
Thomas Bernhard nació en Heerlen (Países Bajos) en 1931. Su infancia y su adolescencia estuvieron marcadas por  carencias económicas y afectivas  y por  la mala salud.  Bernhard fue un enfermo durante toda su vida. Su abuelo, con el que mantiene una estrecha relación, le inculca la afición por la literatura y la música. A los once años ingresa en un internado en Salzburgo, donde permanece desde 1942 hasta 1947 y en el que sufre los estragos de la educación nacional socialista durante la guerra y los de la educación católica durante la posguerra. En 1947, con dieciséis años, horrorizado y asqueado de los métodos de enseñanza de aquel sórdido colegio toma una decisión radical, camino del internado decide dejar los estudios,  da la vuelta,  acude a una oficina de empleo y se ofrece para trabajar de aprendiz en una tienda de alimentación del barrio más pobre de la ciudad. Esta actitud de ir a contracorriente, “en la dirección opuesta” (frase muy repetida en sus relatos autobiográficos) será una constante en su vida. El trato con las gentes sencillas y el pueblo llano, el contacto con el arrabal, será una experiencia esclarecedora para él. Poco después enferma de una pleuresía y pasa años dando tumbos por sanatorios y hospitales. En 1955 se traslada a Viena con una beca para estudiar música pero finalmente se decide por el teatro, realiza diferentes trabajos de subsistencia, desde cuidador de ancianos a conductor de camión. Comienza a viajar y a escribir poemas, novelas y obras de teatro, empieza a ser conocido, llegan los premios, las  polémicas, los insultos, y los procesos judiciales. En Austria era más famoso por sus polémicas que por sus obras. Se traslada a una pequeña aldea  y vive en un enorme caserío reconstruido por él, allí lleva una vida de eremita. Llega la fama, el reconocimiento y la aceptación. Su salud empeora día a día y cada vez tiene más problemas para poder escribir. En 1989 muere en su piso de Gmunden, Alta Austria, donde se había trasladado en 1965. Su muerte coincide con su consagración como escritor y con el reconocimiento internacional de su obra por  parte incluso de los sectores más conservadores. En su testamento Bernhard sigue aguando la fiesta al personal, prohibe publicar editar y leer públicamente su obra en Austria, país al que ama y odia a partes iguales.
 
Bernhard fue un tocapelotas, una mosca cojonera y un aguafiestas (como el mismo se definía) que escribió sin tapujos sobre el ser humano,  la religión, la política, la educación, la familia, la muerte y otros temas de nuestro tiempo y de todos los tiempos.  Es cierto que exagera,  pero en esa exageración, en esa vehemencia, en  esa provocación deliberada,  se hacen evidentes  las  verdades incómodas que nos empeñamos en ignorar y esconder. Bernhard era libre e independiente, y no se subía  al carro de las indignaciones dirigidas,  las disidencias de moda  o las batallas de partido. No dependía de ningún pesebre para sobrevivir y eso se nota en su literatura. El mérito de Bernhard no está solo en que sus libros provocan y remueven conciencias, también en su estilo, en su prosa adictiva y maravillosa. 
 
 
 
- Thomas Bernhard. Relatos autobiográficos. Anagrama. 2009. 20 euros. 489 páginas.
- Lo libros de Thomas Bernhard son fáciles de encontrar en bibliotecas públicas. Las novelas o relatos autobiográficos mencionados se recogen en la edición que Anagrama publicó en 2009. Antes, la misma editorial publicó estas novelas por separado. Recomiendo la edición de 2009 que los recoge todos juntos.  
 
 

lunes, 7 de octubre de 2013

El cine y los perdedores

Veredicto final (The Verdict). Sidney Lumet. 1982.


Frank (Paul Newman) es un abogado en horas bajas que desayuna con cerveza y  cena con  whisky, un fracasado, un perdedor y un borracho al que ha abandonado su mujer y  que lleva años sin ganar un caso. Sobrevive a  salto de mata a base de pequeños trabajos. Pero  Frank tiene una virtud que escasea en la profesión y en la vida, es un hombre con principios. Acepta  un caso del que nadie quiere ocuparse: una demanda por  negligencia médica  contra un prestigioso hospital religioso defendido por el bufete de abogados más importante de la ciudad. Esta negligencia médica ha dejado a una joven en estado vegetativo. Veredicto final es uno de los mejores dramas judiciales que yo he visto y la película que más me gusta de Sidney Lumet junto a 12 hombres sin piedad. Creo que en pocas Paul Newman ha estado mejor, y Charlotte Rampling está estupenda.

Inolvidable ese plano que abre la película y que nos muestra a Frank solo en el bar  bebiendo una jarra de cerveza y perdiendo al pinball una bola tras otra. A través de la ventana se deja ver una cruda y fría mañana de invierno. En fin…,los perdedores en el cine, que os voy a contar. Yo soy de los que piensan que Frank acaba cogiendo el teléfono en esa memorable escena final.

Como podéis ver en el vídeo, los perdedores también pueden tener un buen día.


Escena de Veredicto final (Ther Verdict). Sidney Lumet.1982.
from Álvaro Bernal on Vimeo.

Ficha de la película

 
 

sábado, 5 de octubre de 2013

Cortázar

 
 
 
 

"Cuando no se está demasiado seguro de nada, lo mejor es  crearse deberes a manera de flotadores."(...)"Bruno, ese tipo y todos los otros tipos de Camarillo estaban convencidos. ¿De qué, quieres saber? No sé, te juro, pero estaban convencidos. De lo que eran, supongo, de lo que valían, de su diploma. No, no es eso. Algunos eran modestos y no se creían infalibles. Pero hasta el más modesto se sentía seguro. Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo temblaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros."(...)"Estoy tan solo como ese gato, y mucho más solo porque lo sé y el no". 

Julio Cortázar. El perseguidor. El perseguidor es un relato publicado en 1959 que forma parte de la colección Las armas secretas.

“Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderán dulcemente hasta calcinarnos.”

Julio Cortázar. Rayuela. Capítulo 73.

"Un escritor de verdad es aquel que tiende el arco a fondo mientras escribe, y después lo cuelga de un clavo y se va a tomar vino con los amigos. La flecha ya anda por el aire y se clavará o no se clavará en el blanco; sólo los imbéciles pueden pretender modificar su trayectoria o correr tras ella para darle empujoncitos suplementarios..."

Julio Cortázar

 

Ayer volví a leer a Cortázar, buscando un libro por casa me tropecé con la antología de relatos del escritor que publicó la Biblioteca Básica Salvat en 1971 y que lleva en mi casa (antes en casa de mis padres) junto a otros ejemplares de esta colección desde que tengo uso de razón. Abrí el libro, busqué el último relato y me lo leí de un tirón . El perseguidor fue lo primero que leí de Cortázar por mediación de un amigo que me preguntó hace muchos años ¿Has leído a Julio Cortázar? yo le dije “no”, “pues soluciónalo ya, empieza con los relatos, léete el primero El perseguidor” me dijo. Llegué a casa agarré la antología de marras y la devoré de cabo a rabo. Desde entonces le estoy agradecido a mi amigo.  Después de leer aquella antología de relatos seguí con otras colecciones de cuentos hasta que llegué a Rayuela. Ayer después de releer El perseguidor estuve brujuleando por Rayuela sin ton ni son, saltando de un capítulo a otro y fijándome en frases y párrafos que tenía subrayados. En Junio se cumplieron 50 años de la publicación de esta "novela".

Cuando se publicó Rayuela (1963) se lió parda en el panorama literario hispanoamericano, fue un pelotazo, lo puso todo patas arriba, adoradores por un lado y críticos feroces por otro: que si la antinovela, que si dónde coño están el argumento el planteamiento  el nudo y el desenlace, que si qué es esa payasada del tablero de dirección, que si a este tío se le ha ido la pinza… Y es que con Rayuela Cortázar se pasó por el forro la novela convencional, a Sthendal Galdós a Tolsotói a Víctor Hugo a todo el realismo del siglo XIX.  Unos pensaban que Rayuela era una gamberrada, una tomadura de pelo, otros que era una obra maestra. El propio Cortázar alimentó la controversia definiendo el libro antes de su publicación: libro infinito, gigantesca humorada, bomba atómica, grito de alerta, el agujero negro de un enorme embudo. La polémica aunque más atenuada continúa hoy día. Creo que los que mejor entendieron Rayuela en su día fueron los que la leyeron siendo muy jóvenes, los que se acercaron a ella sin prejuicios, vírgenes, por decirlo de alguna manera. Y es que antes de leer Rayuela hay que quedarse en pelota picada, y eso es más difícil cuando uno tiene treinta o cuarenta años y ya lleva cientos de libros a cuestas.
 
 Rayuela se publicó en 1963 y muy pronto se convirtió en un icono más de la contracultura en aquellos años del movimiento hippie, la contestación  y el Mayo francés. Volví a leer Rayuela el año pasado y fue como quitarme veinte años de encima, en mi opinión aunque ya se haya convertido en un clásico sigue siendo un libro transgresor, rebelde y contestatario, en el que hay muchos momentos de una narrativa genial, como el arranque del capítulo 73  que comparto aquí arriba. A los que no hayan leído Rayuela les recomendaría leer primero algunos relatos de Cortázar, especialmente El perseguidor. El Johnny de El perseguidor, ese saxofonista inspirado en Charlie Parker, ese loco cuerdo, tiene mucho que ver con el Oliveira de Rayuela, ese bohemio que vagabundea por las calles de París buscando a la Maga. Ah, por cierto! con pocos escritores me he reído tanto como con Cortázar.

Hay un documento muy interesante para quien quiera acercarse a la figura de Cortázar y a su obra, es la entrevista que le hicieron en Televisión Española en 1977, en el programa A Fondo. Muchos ya la conoceréis. No tiene desperdicio. Os la dejo por aquí.

Saludos cordiales.


Entrevista a Julio Cortazar en el programa A Fondo de TVE 1977
compartido por Ivan Wenger en Vimeo.

 

-Alfaguara publicó en 1994 los cuentos completos de Julio Cortázar en tres tomos. Esta edición o las colecciones de relatos por separado suelen campar a sus anchas en bibliotecas municipales igual que Rayuela. De Rayuela recomiendo la edición de Cátedra con prólogo de Andrés Amorós.

 

martes, 1 de octubre de 2013

El sueño eterno

 
“Tenía una copa en la mano. Después de beber me miró fríamente por encima del borde del cristal.
-De manera que es usted detective privado -dijo-. Ignoraba que existieran, excepto en los libros. O, en caso contrario, creía que se trataba de hombrecillos grasientos que husmeaban en los vestíbulos de los hoteles.”
 El sueño eterno. Raymond Chandler.
 
 
 
La primera vez que vi El sueño eterno intenté desentrañar la trama y me perdí la película, y  es que la trama es un carajal imposible de desentrañar.  De hecho se dice que ni el director Howard Hawks, ni el guionista William Faulkner, ni el propio Raymond Chandler  sabían quién era el asesino en aquella historia.
 
“…Recuerdo que hace varios años, cuando Howard Hawks estaba rodando El sueño eterno, él y Bogart tuvieron una discusión acerca de si uno de los personajes había muerto asesinado o se había suicidado. Me enviaron un telegrama preguntándomelo, y que me cuelguen si lo sabía…”
Raymond Chandler.
 
 Así que a partir de aquel primer visionado, cada vez que vuelvo a ver El sueño eterno paso de la trama y disfruto de los actores, de los decorados, de la fotografía, de la tensión sexual  entre  Vivian y Marlowe y de los diálogos, de ese enorme guión que William Faulkner escribió basándose  en la novela de Raymond Chandler,  uno de los mejores escritores (junto a Dashiell Hammett) de novela negra que ha parido la literatura contemporánea.  El sarcasmo, el cinismo y el sentido del humor  de los diálogos  son  el punto fuerte de las novelas de Chandler, el mérito del guión de Faulkner está en conseguir que eso llegara  a la pantalla dando incluso una vuelta de tuerca más y añadiendo escenas y diálogos igual de chispeantes o más que los de la novela.
Marlowe y Vivian se encuentran en una cafetería, Vivian pregunta en tono picarón al detective que es lo que hace cuando no trabaja. Marlowe le habla de su afición a las carreras de caballos. Dice Vivian: “Hablando de caballos, antes de apostar me gusta ver  cómo arrancan, cómo corren y cómo van en  la carrera” y sigue “me parece que a usted le gusta arrancar fuerte”.Marlowe contesta “Por mi parte creo que tiene usted cierta clase pero no sé dónde puede llegar , ni cuánto puede correr”, Vivian lejos de cortarse responde: “Eso depende bastante del jinete”.
 
La verdad es que con aquel elenco era difícil que la cosa saliera mal: Howard Hawks dirigiendo, William Faulkner escribiendo, Raymond Chandler sustentando la cosa, Max Steiner poniendo la música, y Humphrey Bogart  y Lauren Bacall formando uno de los mejores tándemes interpretativos de la historia del cine. Bogart interpretando a Marlowe, el detective solitario, bebedor y mujeriego, siempre sin un duro “mi cuenta corriente estaba tan baja que podía pasar debajo de un pato” y con una visión bastante pesimista de la vida. Marlowe  es un tipo inteligente y observador que es testigo de la corrupción generalizada en la que vive Estados Unidos  y del abuso que ejercen los ricos sobre los pobres. “El delito organizado no es más que el lado sucio de la lucha por el dólar” le dice a un amigo,  el amigo le pregunta “¿Cuál es el limpio?”  y  Marlowe contesta “Nunca lo he visto”.  Marlowe, siempre al borde de la muerte por 25 dólares la hora. Lauren Bacall interpreta a Vivian, una de las alocadas hijas del millonario general  que contrata a Marlowe  para que investigue un caso de chantaje. La Bacall…qué mirada, qué voz, qué ojos, qué gran actriz,  los ojos y la mirada de la Bacall  son los más impresionantes  que yo he visto en el cine junto a los de Joan Crawford. La Bacall tenía (tiene) ojos de gata y mirada incisiva, la Crawford tenía ojos de corderilla y mirada suplicante, refrescar la memoria viendo Johnny Guitar.
Bogart y Bacall habían intimado durante el rodaje de Tener y no tener (1944), también de Hawks. Se casaron en 1945 y recién casados empezaron el rodaje de El sueño eterno. Y se nota que seguían de luna de miel durante el rodaje, la complicidad, la química, las chispas que saltan cada vez que comparten plano son evidentes.  Geniales diálogos y escenas memorables. Si alguien sigue pensando que Bogart sólo servía para hacer de tipo duro que esté atento a la escena en la que se hace pasar por coleccionista de libros. La pareja Bogart Bacall nos dio dos alegrías más, la fabulosa La senda tenebrosa (1947) de Delmer Davis y Cayo largo (1948) de John Huston, también estupenda. Bogart murió en 1957 de un cáncer de esófago nueve meses después de protagonizar junto a Rod Steiger otra joya del cine negro, en mi opinión una de las mejores películas sobre boxeo que se han rodado  Más dura será la caída de Mark Robson, canela fina. La Bacall sigue dando guerra en el cine. Larga vida a esa mirada felina.
  En fin... puro cine,  muchas anécdotas, sobre El sueño eterno se han escrito cientos de libros. Yo recomiendo que leáis o releáis a Chandler y que veáis o reveáis la película. Chandler y Hawks como el buen vino ganan con el tiempo.  Os dejo una escena de la película, me ha resultado difícil elegir porque todas las escenas son geniales, en todas hay guiños, sarcasmo y flechazos de ironía. Soy partidario de ver el cine en versión original, pero me aburren los puristas que desdeñan por sistema del cine doblado,  porque olvidan lo que ha hecho y hace el doblaje por la difusión del Séptimo Arte. Además en España  siempre ha habido grandes actores de doblaje,  y hay doblajes impecables como es el caso del de El sueño eterno.  En  el mismo vídeo adjunto, se encuentra la escena en versión doblada y a continuación en versión original. 
 
 
Saludos cordiales.
 
-Todo Marlowe incluye: El sueño eterno-Adiós, Muñeca- La ventana alta- La dama del lago-La hermana pequeña-El largo adiós-Playback-El confidente-El lápiz. Editorial RBA. 1392 páginas. 40 eurazos. Esta edición que agrupa todas las novelas de Chandler protagonizadas por Marlowe o las novelas sueltas son fáciles de encontrar en bibliotecas públicas.