El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



miércoles, 31 de julio de 2013

Tras la pista de James Salter

 
 
 
Tenía a James Salter apuntado en el cuaderno de pendientes desde hace tiempo. Mi cuaderno de lecturas pendientes está a reventar, cuanto  más leo más  me  queda por  leer, más larga es la lista de novelas, ensayos y libros de poemas que quiero leerme, libros que me  han recomendado o sobre los que he leído en blogs, revistas u otros libros. A menudo son los propios  libros los que te llevan a otros libros a  otros autores a otros temas, esos  suelen ser los buenos.  
En uno de  los paseos a  la biblioteca busqué a James Salter y encontré Juego y distracción. A medida que avanzaba en la lectura de esta novela tenía la sensación de haber descubierto a un gran escritor, a un narrador de  los grandes. Mientras pasaba las páginas crecía el entusiasmo y el placer de estar leyendo una novela que no tenía nada que  ver con nada de lo que había leído en mucho tiempo, no en cuanto al tema  (Juego y distracción es una historia de amor) sino en lo que se refiere a la mirada del autor, a su facilidad para bucear en la profundidad  de la vida. Respecto al estilo, a la manera de narrar, Salter me ha parecido un figura.
Phillip es un brillante estudiante norteamericano que ha dejado la universidad  y se dedica a viajar en coche por Europa, en Francia  conoce a Anne-Marie una dependienta de la que se enamora. El narrador es un compatriota de Phillip afincado en Francia que  construye el relato de los amantes a partir  de su relación personal con ellos y de lo que intuye y  evoca su imaginación. El libro es seductor, la prosa de Salter atrapa desde la primera frase, pero también los  temas  que trata y el modo de abordarlos; el sexo, la  confusión entre el amor y el deseo, el  vértigo  ante el compromiso y las responsabilidades que provoca el paso de la juventud a la madurez, la soledad… En cuanto al sexo explícito Salter  marca la diferencia entre el  erotismo elegante y la  pornografía.  Juego y distracción se publicó en 1967 y por lo visto pasó bastante inadvertida hasta que con los años se convirtió en novela de culto y consagró a James Salter como escritor.
Empecé el libro el sábado por la tarde y lo terminé por  la  noche,  al día siguiente a primera hora, ansioso como un yonqui en busca de un chute más  me fui a la librería  de El Corte Inglés “quiero todo lo que tengáis de  este tío”  le dije a  la  dependienta, para mi desesperación no tenían nada en stock, así que pasé el  domingo leyendo otra vez de un tirón Juego y distracción. El lunes seguí tras la pista de Salter, en la biblioteca del barrio  encontré  Años luz, y en Casa del Libro me  llevé lo que tenían: La última  noche y Quemar los días. La última noche es un libro de relatos, todos giran en torno a verdades incómodas y dolorosas sobre el amor, la soledad, la felicidad y la vida. Estos días seguiré a la caza y captura de los libros de James Salter, pateándome las bibliotecas y librerías que queden abiertas, avituallándome de  ficción para las  vacaciones.  En cuanto a literatura, el mes de agosto  lo voy a dedicar principalmente a James Salter.  Durante las vacaciones,  aparte de cultivar la mente con buena literatura me  dedicaré  a  cultivar los  placeres del cuerpo, me remojaré en la playa, me refrescaré el gaznate con cerveza fría  en algún chiringuito, disfrutaré de la gastronomía del lugar, me pegaré siestas, y beberé algún que otro güisqui  con hielo a la luz  de la luna, todo  en buena compañía claro. En agosto desconecto el ordenador, así que estaré de vuelta por aquí en septiembre.  No perdáis de vista a James Salter.
Feliz verano.
 

martes, 23 de julio de 2013

Territorio comanche





En 1833, movidos por el espíritu de aventura y las promesas de  tierras gratis, la familia Parker viaja desde Illinois a Texas en una  caravana de carretas. Los Parker formaban parte de la oleada de colonos que puso rumbo al oeste de Estados Unidos en busca de tierras y oportunidades después de  la compra  de Luisiana a los franceses en 1803. Con la compra de Luisiana, el gobierno estadounidense adquirió alrededor de  dos millones  de kilómetros cuadrados de  tierra salvaje. La enorme extensión comprendía lo que hoy conocemos como Arkansas,  Misuri, Iowa, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Minnesota, gran parte de Dakota del Norte y Dakota del Sur, parte de Nuevo México, el norte de Texas, y parte de Montana, Wyoming y Colorado. No era mala  parcela la que  se compró Thomas Jefferson.
En 1835 el clan Parker se establece en el centro de Texas, cerca de la actual ciudad de Mexía y construye un fuerte. Los  Parker, sumando las tierras concedidas a cada cabeza de  familia  se habían hecho con un total de seis mil quinientas hectáreas (sesenta y cinco kilómetros cuadrados) de tierra fértil llena de bosques de roble y grandes praderas en las que abundaba el agua, la caza, la pesca, las manadas de bisontes y los indios comanches, la tribu más hostil y belicosa de América del Norte. Los comanches mantuvieron a raya durante años al resto de tribus de la zona y al hombre blanco gracias a su dominio del caballo y de la guerra.

La mañana del 19 de Mayo de 1836 una de las pequeñas del clan, Cynthia Ann Parker, de nueve años,  juega en los alrededores de la empalizada mientras los hombres trabajan en los campos de maíz y las mujeres laboran en el interior del fuerte incomprensiblemente abierto de par en par. Reciben la visita de una banda de comanches que les piden comida y agua, los hombres se acercan y enseguida caen abatidos por las  lanzas y  flechas, antes  de morir les cortan los genitales y les arrancan las  cabelleras. Las mujeres corren despavoridas pero enseguida son alcanzadas por los indios, la abuela del clan es clavada al suelo con lanzas y violada  repetidamente. Un  bebé que no para de llorar es arrancado de los brazos de su madre y degollado. Cynthia Ann Parker es  hecha cautiva y conducida al campamento indio, allí es  testigo de cómo su tía es violada y torturada por los comanches. Rachel Parker, la  tía de Cynthia fue liberada meses después. Cynthia Ann permaneció cautiva de los comanches veinticuatro años. A los pocos meses había olvidado el inglés y había adoptado la lengua y las costumbres de los comanches, hasta el punto de que se casó con el jefe comanche Peta Nocona con el que tuvo tres hijos, uno de los cuales, Quanah , fue el último guerrero caudillo de los comanches, el último que se rindió al hombre blanco.
 
 
Cynthia Ann Parker con su hija Flor de la Pradera tras ser
 "liberada" de los comanches.
 
  
 La historia del secuestro y cautiverio de Cynthia Ann Parker corrió como la pólvora por la costa  este y los  asentamientos de colonos del oeste. Comerciantes, cazadores y exploradores decían haber visto a la comanche de ojos azules, la realidad se  empezó a fundir con la leyenda. La leyenda de Cynthia Ann Parker dio origen un siglo después a uno de los westerns más bellos de la  historia del cine, a una de las  películas más hermosas y emocionantes que yo he visto, Centauros  del desierto de John Ford, en la que John Wayne interpreta al tío de Cynthia Ann,  James Parker, que la buscó durante diez años. Sin embargo la realidad suele ser más árida y compleja que la ficción y la leyenda.  En la realidad de Cynthia Ann Parker no hay final feliz, no es devuelta por su voluntad a su familia mientras suena la música de Max Steiner, no aparece entre el polvo  del desierto de Texas llevada a caballo por John Wayne, no es felizmente entregada a sus tíos, que la ven llegar desde el porche de la  casa. Qué gran película.
En 1860 cuando su hijo mayor Quanah tenía 12 años, Cynthia Ann fue capturada por los rangers durante un ataque a su poblado, ataque en el que fueron asesinados (con parecida saña a la que usaron los comanches  en 1836 con su familia biológica) todos los miembros de su tribu incluido su marido. Sólo sobrevivieron ella y su hija pequeña Flor de la Pradera, sus ojos azules la delataron como la  Squaw blanca. Quanah consiguió escapar. Cuando Cynthia Ann Parker fue devuelta a los suyos tenía 34 años, durante su cautiverio se había  escondido y escapado del hombre blanco en varias ocasiones por miedo a que la devolvieran a los de su raza.  Algo que dejaba perplejo al hombre blanco, que en su ciego etnocentrismo no era capaz de entender cómo una blanca, pudiendo escoger entre la civilizada, industrializada y cristiana cultura europea, y la primitiva cultura comanche, prefería  la segunda. Cynthia Ann no  consiguió adaptarse a “los suyos”, intentó huir y volver con los comanches sin éxito. Se encerró en sí misma y cayó  en una profunda depresión,  su familia y allegados concluyeron cómodamente que se había vuelto loca. Su hija Flor de la Pradera murió  de unas fiebres tiempo después de ser devuelta a los blancos. Cynthia Ann dejó de hablar y de comer y murió en 1870. Su hijo Quanah, el último comanche, siguió dando guerra hasta que fue confinado en una reserva en 1875.

La historia de Cynthia Ann Parker y de su hijo Quanah es el hilo conductor del magnífico ensayo de S.C. Gwynne, El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches. He disfrutado mucho con este libro. Un libro que como dice una crítica del New York times deja polvo y sangre en los vaqueros, y que cuenta el auge  y la caída de una  civilización, de  una  cultura ancestral aplastada por otra nueva.
 
Probablemente la desaparición de  la  cultura  comanche ya era un hecho cuando el Mayflower llegó a las costas de Massachusetts en 1620, desde que los primeros colonos pisaron aquellas tierras de la costa este  y se  las  quedaron convencidos de que el etnocentrismo y el  “Destino  manifiesto” les daba derecho a ello. Luego siguieron llegando y no se  conformaron con las colonias de la costa  este, así que siguieron hasta  los Apalaches los  atravesaron y siguieron avanzando y llegando, en su avance tropezaban con las tribus indias (unas  más  hostiles que otras)  a las que masacraron sin piedad a medida que se acercaban a la  costa oeste. Hasta que llegaron a territorio comanche, la comanchería, allí los indios guerreaban a caballo y eran los mejores jinetes y guerreros que jamás  había visto el hombre blanco, además los mustangs que montaba eran más rápidos  y fuertes que los de los rostros pálidos.  Aunque parezca mentira, los aparatosos fusiles de un sólo disparo de los colonos que era necesario volver a cargar bajando del caballo no podían competir con los arcos que los comanches usaban con gran rapidez y precisión desde sus monturas. Durante un tiempo parte de la  comanchería fue territorio impenetrable. Incluso el gobierno estadounidense se planteó renunciar a esas tierras y dejárselas a sus dueños, los comanches.  Pero ya se  sabe, el destino manifiestamente manifiesto era providencial para los colonizadores; las enfermedades, las  armas de repetición, y la  caza indiscriminada del búfalo hicieron el resto.


 

Se suele hablar del  curso de la  historia y del mencionado "Destino manifiesto" a la hora de justificar lo que ocurrió con los nativos durante la conquista y colonización de  América. Parece que hay discrepancia  entre los expertos e historiadores en la  materia a la hora de hablar de genocidio indio. Muchos opinan que no es el término más adecuado  para explicar la desaparición de  los indios americanos y su cultura, ya que la  principal causa de muerte de los nativos americanos no fue la guerra o las matanzas indiscriminadas sino las enfermedades, parece que la  gran mayoría  de los indios americanos murieron a causa de enfermedades traídas por los europeos. En mi opinión, aunque esto fuera así,  no nos deja en mejor lugar como cultura o como civilización. Enfermedades, guerras, matanzas,  expolio natural... Se mire por donde se mire  el carácter de la conquista y colonización de los europeos en las tierras primitivas fue brutal, y no sólo en América. Esta es una de las muchas cuestiones que plantea este libro que los amantes  de la historia disfrutarán, un libro que rompe varios mitos y tópicos respecto a la cuestión india en Norteamérica.  Los amantes de la historia y del western lo disfrutaran doblemente, porque aunque este ensayo no se apoya en la  ficción ni en la leyenda, evoca continuamente los grandes clásicos del género que recrearon a su manera la historia de la formación de un país. No  perdáis de vista El imperio de la luna de agosto.Auge y caída de los comanches, y ya que estáis, y para desengrasar, pegaros un chute de ficción y de  leyenda viendo Centauros del desierto.



Saludos cordiales.  

-El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches. S.C. Gwynne. Editorial Turner. 2011. 486 páginas. 28 eurazos. De momento no hay edición de bolsillo.

Otros libros sobre el tema:

-El imperio comanche. Pekka Hamalainen. 2013. Editorial península.
-Indios Norteamericanos. Gregorio Doval. 2009. Editorial Nowtilus.
-La conquista del oeste. Gregorio Doval. 2009. Editorial Nowtilus.
 

domingo, 14 de julio de 2013

La memoria de Buñuel


A raíz  de  leer el ensayo de Manuel  Hidalgo, El banquete de los genios. Un Homenaje a  Luis Buñuel, he leído  las  memorias del  maestro de Calanda:  Luis Buñuel.  Mi último suspiro. Me  lo he  pasado  teta. Un libro honesto y sin pretensiones  en el que  Buñuel hace recuento de  su vida y de sus  películas. Buñuel habla sin tapujos de Dalí, de Lorca, del surrealismo, de  la guerra  civil, del franquismo, de su militancia comunista, de su  ateísmo, de Calanda, de la  residencia de estudiantes de Madrid, de París, de México, de  Hollywood y de  su manera de entender el cine. También del tabaco y del alcohol, dos de sus grandes pasiones.
Si se me apareciera Mefistófeles, para proponerme recobrar eso que se ha dado en llamar virilidad, le contestaría: <<No, muchas gracias, no me interesa; pero fortaléceme el hígado y los pulmones, para que pueda seguir bebiendo y fumando>>”
Un libro sin florituras  escrito con sencillez. Buñuel reconoce que no es hombre de  letras y que  contó para escribir sus memorias con la  colaboración de  Jean Claude Carriére, con el  que mantuvo largas conversaciones durante años.

Hace años dedicaron un ciclo a  Luis Buñuel en la Filmoteca Española y proyectaron todas sus películas. Las vi prácticamente todas. Por aquel entonces  yo trabajaba en Madrid, por Moncloa,  salía de currar a las  tres comía algo por ahí  o el menú del  restaurante del Doré y me metía en la sesión de  las cinco y media,  a  veces había sesión doble y salía  del cine de noche, bajaba por la calle  Atocha hasta la estación ensimismado  con lo que había visto y cogía el cercanías de vuelta a Alcalá de Henares. A veces quedaba con algún amigo otras  iba sólo. Lo que más echo de  menos de trabajar en la capital son  las  sesiones de  cine en la filmoteca sólo o con amigos que me  pegaba después de  salir de  trabajar. Cuando eran con amigos, alguna  vez la sesiones en  la  filmo acabaron en juergas hasta el amanecer, incluso en ir  a trabajar de empalmada. Lo de las juergas ya  no lo echo de menos, lo de  ir a  la filmoteca tres veces por semana sí, mucho.  Pero me estoy yendo por las ramas contando batallitas sin ir al grano, el  grano es Buñuel, sus memorias y sus  películas.


Estos días en casa después de leer sus memorias  he vuelto a ver algunas películas de Buñuel. Lo que más  me ha  llamado siempre la  atención del cine de  Buñuel es  su libertad. Cada película de  Buñuel fue un pelotazo en su tiempo, todavía lo son vistas hoy. Probablemente Buñuel ha  sido uno de los directores  más  libres de la historia del cine. En sus memorias cuenta una anécdota que ilustra  muy bien su manera de  entender el cine y la  diferencia entre un director autor dueño de todo el proceso como era él  y un director de Hollywood sujeto a  las  órdenes  de  los  estudios  y los productores. Buñuel cuenta que en un encuentro en  Madrid con Nicholas Ray, este le preguntó cómo se las  apañaba para hacer películas  tan  libres e interesantes con tan poca pasta, Buñuel  le  contestó que para él el presupuesto no era un problema, que  él  adaptaba la historia al presupuesto que tuviera.  La  modestia de  su presupuesto era la condición de su  libertad. Buñuel aconsejó a Nicholas  Ray (en pleno  apogeo de su carrera), que aprovechara su éxito como cineasta para hacer un experimento. “Usted se lo puede permitir todo. Intente conquistar esa libertad” le dijo Buñuel al director de En un lugar solitario. Buñuel le aconsejó que en lugar de rodar una película por cinco millones de  dólares, rodara  una  por cuatrocientos  mil y vería como notaba la diferencia. Nicholas Ray le contestó que ni hablar, que si hacía  eso en Hollywood pensarían que estaba en decadencia, acabado, y nunca volvería a rodar nada. Buñuel cuenta cómo aquella conversación le entristeció y cómo nunca podría  haberse adaptado al sistema hollywoodiense. Buñuel nunca hizo cine pensando en la taquilla, ni en la industria del entretenimiento, ni siquiera pensaba en el espectador. Dos mundos, dos vidas, y dos maneras de entender el cine. El tema del director  autor es  interesante, en El banquete  de los  genios, que no me  canso de recomendar,  Manuel Hidalgo dedica  un capítulo al  tema, Un  autor y diez directores, no tiene desperdicio.
Del cine de Buñuel ya se ha dicho de todo, nada  nuevo puedo añadir yo, sólo aconsejar que veáis y reveáis algunas de sus películas. Leer las memorias de Buñuel me ha servido para confirmar lo que ya sospechaba: del cine  de Buñuel se han dicho gilipolleces por un tubo, tanto por parte de sus  entusiastas como de sus detractores. El propio Buñuel  se sorprende y se ríe en sus  memorias de las interpretaciones  rocambolescas que algunos han querido ver en sus películas, tanto en lo  que se refiere al  tema de los  sueños y el  surrealismo tan presente en su filmografía como a la intención política de algunos de sus films.
Viridiana, El ángel exterminador, Los olvidados, Tristana, El discreto encanto de la burguesía y La vía láctea son algunas de mis favoritas, aunque de su etapa mexicana hay  auténticas joyitas que han pasado más  desapercibidas, como Él o Abismos de pasión, la adaptación de la novela Cumbres borrascosas, que  a mí me gusta más que la versión de  William Wyler.
Ayer me calcé seguidas Los olvidados  y La vía láctea. Los olvidados es la película  que más me gusta de Buñuel, una película realista y social que a la vez muestra algunos de los temas  preferidos del director; lo  irracional, lo instintivo, el mundo de los sueños, el deseo insatisfecho…  La película trata sobre los niños  abandonados de México. El hambre, la pobreza  y la miseria es lo que convierte a los niños en criminales. Hay un fondo dickensiano en la cinta, es  inevitable acordarse de Oliver Twist cuando uno ve Los olvidados, sin embargo en esta película no  hay lugar para el optimismo y el sentimentalismo que tanto le gustaba al viejo Dickens. Buñuel cuenta que con Los olvidados  quería evitar a toda costa la dulcificación de la miseria  y de  los pobres tan habitual a la hora de  tratar estos  temas. “Traté de denunciar  la triste condición de los  humildes sin embellecerla, porque odio la dulcificación del  carácter de los pobres”, y vaya  si lo consiguió, en Los olvidados no hay ni gota de almíbar, es  dura, seca y sobrecogedora. Buñuel cuenta en sus memorias que hizo trabajo de campo, se disfrazó con sus ropas más  viejas y recorrió durante meses los arrabales de México DF, mirando, escuchando y preguntando. Los olvidados es una  película  de  denuncia que se limita a  mostrar una realidad dejando la  solución del problema a “las fuerzas progresivas de la sociedad” ¿ironía de  Buñuel esta frase de la introducción?, que cada uno  juzgue si hemos progresado mucho en este sentido desde 1950.  A los que tengan dudas les recomiendo un documental, Los desheredados de Manila 
El Jaibo seduce a la madre de Pedro en Los olvidados. Nadie como Buñuel a la hora de rodar planos protagonizados por un buen par de piernas de mujer. Los mejores planos de piernas de la historia del cine creo que son los del director aragonés. Bellísima Estela Inda por cierto.
Siempre se habla de Buñuel como autor, como artista, como  transmisor  de  un universo  propio, pero Buñuel aparte de un artista era un gran director de cine, un buen técnico, un figura con la  cámara. En Los olvidados al ser una película más formal se  aprecia muy bien la pericia de Buñuel en este sentido. Los olvidados se rodó en 21 días y con cuatro perras.
La vía  láctea es otra cosa, Buñuel en estado puro, cada vez que la  veo me  pregunto cómo  dejaron al de Calanda hacer esta gamberrada. Buñuel era un ateo  muy particular (ateo gracias a Dios decía siempre), un ateo obsesionado con Dios, con la  religión y  con la iglesia, lector  empedernido de la Biblia y de tratados de religión, aficionado a  disfrazarse de cura o monja y amigo  de frailes  y sacerdotes. No era un ateo visceral, incendiario y comecuras, sabía de lo que  hablaba cuando trataba de Dios, la religión y la iglesia. En esta película  no hay un argumento formal, Buñuel,  se  pasa  por el arco del  triunfo el espacio,  el tiempo, el planteamiento, el  nudo y el desenlace. Dos  vagabundos franceses salen de París y van de peregrinaje a Santiago de  Compostela, por el  camino, liberados del tiempo  y  el espacio se tropiezan con personajes y situaciones relacionados con la religión. La película engancha un gag tras otro y tiene momentos  muy divertidos, como las  refinadas  disputas que mantienen en un restaurante camareros y clientes sobre la existencia de Dios o la  naturaleza  de Cristo, o el duelo a espada entre un jansenista y un jesuita mientras discuten cuestiones teológicas. Buñuel, después  de  leer  la  obra de  Menéndez Pelayo, Historia de  los heterodoxos españoles  quería hacer una película sobre las herejías de la religión cristiana. Se documentó bien, investigó y leyó sobre el tema durante dos meses. Por la película desfilan entre otros; el Marqués de Sade, el obispo Prisciliano, Lucifer y Jesús de Nazaret. En sus memorias, Buñuel afirma que todo lo que se ve y se  oye en la película se sostiene sobre documentos auténticos.





La vía láctea. Camareros disertando sobre la naturaleza de Cristo.



Contra pronóstico  la  película tuvo una acogida razonable. Hubo reacciones contradictorias, unos hablaban de una película contestataria antirreligiosa y anticlerical y a otros les pareció demasiado mansa, Julio Cortázar llegó a decir que estaba pagada por el Vaticano. Esto es lo que dice Buñuel al respecto en sus memorias.
“Estas querellas de intención me dejan cada vez más indiferente. A mis ojos La vía láctea no está  a favor ni en contra de nada. Aparte de las situaciones y de las disputas doctrinarias auténticas que la película mostraba, me parecía ser ante todo, un paseo por el fanatismo en que cada uno se aferraba con fuerza e intransigencia a su parcela de verdad, dispuesto a  matar y morir por ella.”
Ahí queda eso. Siempre se habla del fundamentalismo religioso,  pero a  mí me provocan el mismo rechazo los fundamentalistas de la religión que los fundamentalistas de las ideas. Los fundamentalistas ideológicos que rinden culto a la intolerancia, los que consideran enemigos a los que no piensan como  ellos tienen más  peligro que un chimpancé con un revólver, sobre  todo cuando tienen público. Los hay de todos los colores. A algunos se les  ve venir, otros son lobos con piel de cordero. En este sentido hay unas palabras de Buñuel en sus memorias que me han gustado mucho.
“No me gustan los poseedores de la verdad, quienesquiera que sean. Me aburren y me dan miedo. Yo soy antifanático (fanáticamente)”
Las memorias de Buñuel me han curado de muchos tópicos que tenía asumidos sobre él, y me han permitido revisar sus películas con otra mirada.
Os dejo  por aquí algunos enlaces y algunos libros sobre Buñuel, y os informo de que a finales de este mes se cumplen treinta años de su muerte y empieza en la Filmoteca Española un ciclo: Luis Buñuel. 30 años. El ciclo empieza el Viernes 26 a las 18:00 con la proyección de Un perro andaluz (Un chien andalou) y La edad de oro. Os adjunto también el enlace de la filmoteca. La filmoteca es un cine bueno, bonito y barato (2,50 la sesión, 20 euros el bono de 10 sesiones) que todo el que visite Madrid debería conocer.  
Saludos cordiales. 

- El libro Luis Buñuel. Mi último suspiro es fácil de encontrar en la sección de biografía de las bibliotecas públicas. Hay edición en Debolsillo por 10 euros.
-La única biografía de Buñuel que conozco es Luis Buñuel: biografía crítica, de J Francisco Aranda. Creo que está descatalogada.
-Página de la Filmoteca Española
-Programación Cine Doré mes de Julio
-Los olvidados. Pelicula completa compartida en Vimeo. Gracias a Exilio Regreso
-Documental "A propósito de Buñuel" completo compartido en Vimeo. Gracias a ruizdechavez.
-Documental Los desheredados de Manila emitido en La noche temática de Televisión Española en enero de 2011. Compartido en Vimeo. Gracias a Miguel Angel.


miércoles, 3 de julio de 2013

Hannah Arendt


 
 
El domingo me sacudí la pereza, me rasqué el bolsillo y me  bajé a  los  madriles a ver Hannah Arendt de la directora alemana Margarethe Von trotta. El bolsillo me lo  rasqué bien, porque me clavaron 9 eurazos en los  Verdi. Fue dinero bien invertido porque la película me  gustó. Von Trotta reconstruye la vida de la  alemana de origen judío Hannah Arendt (Hannover, Alemania, 1906-EEUU, New York, 1975), pensadora y agitadora de conciencias.
Hannah Arendt  fue  una  de las pensadoras más  influyentes del siglo XX. En 1941 tras huir de la Alemania nazi por su condición de judía se establece en EEUU. Uno de sus libros más leídos y estudiados es su tratado de teoría política Los orígenes del totalitarismo en el que analiza los dos movimientos totalitarios más importantes del siglo XX: nazismo y estalinismo. La película se centra en uno de los  episodios más  polémicos de su vida; la publicación de Eichmann en Jersusalén. Un informe sobre la banalidad del mal, fruto de sus reflexiones durante el juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichman, que cubrió como periodista del New Yorker en 1961. El libro, ahora considerado una  obra fundamental, levantó ampollas al apuntar una verdad polémica, incómoda y peligrosa: que  los  malos  del  holocausto, los  verdugos, eran humanos demasiado humanos y no satanases del infierno disfrazados de hombres, que  la mayoría, como Eichmann eran tipos  corrientes, meros burócratas que cumplían órdenes y mantenían a  raya su conciencia amparados en su juramento de  lealtad al Fuhrer, muchos de ellos ni siquiera eran antisemitas. 
 Hannah Arendt siempre afirmó que los actos de Eichmann no eran justificables ni él inocente, no obstante matizó que estos actos no fueron realizados porque este tuviera una gran capacidad para la crueldad, ni porque fuera un psicópata o un asesino en serie, sino porque era un operario de la burocracia nazi. La pensadora  aprovechó  sus artículos sobre el juicio de  Eichmann para ir un poco  más allá de los  hechos y de su evidente culpabilidad, advirtiendo que  hay tipos que  actúan dentro de  las reglas del  sistema al  que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. Y que actos malvados que  no  cometerían en condiciones normales pueden ser cometidos por  individuos corrientes  en circunstancias excepcionales cuando están amparados  por  la  legalidad vigente. Los regímenes totalitarios fueron caldo de  cultivo para la  proliferación de estos tipos corrientes. El libro es una reflexión sobre la complejidad de la  condición humana, sobre el bien y el mal, sobre la capacidad para hacer el mal  que puede  haber en cada corazón humano en determinadas  circunstancias. El ensayo también apunta a la responsabilidad de los líderes judíos en el Holocausto.  Se lió parda claro, a la Arendt se  la  comieron con patatas después  del linchamiento mediático.
Hannah Arendt dijo lo que todavía nadie se había planteado en aquellos años, lo que nadie se había parado a pensar y a reflexionar, y se dio de bruces con el pensamiento uniforme del lobby judío, del lobby mediático, del lobby intelectual y  del lobby emocional. Nadie esperaba que una judía alemana perseguida por los nazis, activista sionista en su juventud, no se cebara con el acusado y le considerara un mediocre en lugar de un monstruo de maldad. Hannah Arendt utilizó el cerebro y el pensamiento en lugar de las vísceras y lo pagó caro. Perdió amigos y recibió amenazas de muerte. Probablemente estaba harta de lamentarse y quería comprender. Hoy, a toro pasao, casi todo el mundo le da la razón.  Este episodio de la vida de Hannah Arendt es un ejemplo del precio que se paga por tener un pensamiento libre, alejado de cánones, rediles ideológicos y grupos de poder. La película y la actitud de Arendt es una llamada a libertad de pensamiento y a la formación de un criterio propio y auténtico.
Me gustó mucho la interpretación de Barbara  Sukowa que encarna a Hannah Arendt. El  tema  de  la película  exige que en algunos momentos sea demasiado discursiva, en esta película la importancia recae más en las palabras que en las  imágenes, y esto puede ser un lastre para algunos. No obstante no es una película exclusiva para culturetas y profesores de filosofía, sino para todo aquel que tenga interés por el pensamiento político y la historia del siglo XX.  No la perdáis de vista.
 
Saludos cordiales.
 
 
 
Los libros de Hannah Arendt son fáciles de encontrar en bibliotecas públicas.
-Eichmann en Jerusalén. Hannah Arendt. Debolsillo. 2006.448 páginas. 9 eurillos. 
-Los orígenes del totalitarismo. Hannah Arendt. Alianza editorial.2006. 696 páginas.40 eurazos.