El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



martes, 25 de junio de 2013

Los nazis y el cine


Hace unos días fui a la biblioteca a devolver libros y a ver si tenían una peli que tenía ganas de ver, La zona gris de Tim Blake Nelson, la tenían. Cuando el bibliotecario me la dio y mientras rellenaba la ficha me dijo "esta le da mil vueltas a La lista de Schindler de Spielberg, ya me contarás". Pegamos un rato la hebra, hablamos de cine sobre el nazismo y le estuvimos haciendo unos trajes al Rey Midas de Hollywood y a su película sobre el Holocausto. Ni al bibliotecario ni a mí nos gusta mucho la peli de Spielgberg, pero lo dijimos bajito, en susurros, no fuera a ser que nos oyeran y nos fusilaran al amanecer por poner un cinco ramplón a la intocable, laureada y aclamada obra maestra del director estadounidense. También le dimos un repaso (y la dejamos hecha unos zorros)  a La vida es bella de Roberto Benigni,  estábamos  entre entusiasmados por tener parecida opinión de las dos intocables y acojonados por haber profanado el sanctasanctórum del cine sobre el nazismo. No suelo hablar aquí de películas y libros que no me gustan, esto no es un blog de crítica literaria y cinematográfica, pero tratar sobre el nazismo en el cine y no mencionar estas dos películas iba a ser un cantazo, y suavizar o esconder mi opinión de las mismas para no herir sensibilidades o levantar iras me parece bastante hipócrita. Así que vamos palante.
La lista de Schindler siempre me ha parecido una película espectacular en la forma y muy floja en el fondo. Creo que se queda en el aspecto visual, en la estética, en la espuma. Nos cuenta muy bien lo obvio; que los nazis eran muy malos y mataban judíos a cascoporro, mataban a muchos y muy bien, poco más nos cuenta Spielberg en mi opinión. En cuanto a personajes y argumento la película me parece bastante plana, de hecho parece que no hay personajes, por un lado los nazis presentados como deshumanizados y seres de otra especie o animales sedientos de sangre , y por otro los judíos dóciles, resignados, autómatas  casi, camino del matadero. Los judíos en esta película son un sólo personaje, lo mismo pasa con los nazis. Los únicos  que dan un poco de juego son los  dos protagonistas principales. Espectacular la fotografía, la puesta en escena, la banda sonora y el vestuario claro, a nivel técnico la película es muy buena. Pero en cuanto al tema que trata, el nazismo y el Holocausto, creo que se  queda en nada. La película no plantea  preguntas, ni crea debate, se limita a reafirmar lo que ya sabemos, que los nazis eran muy crueles y exterminaron a 6 millones de judíos. Spielberg lo aliña todo  con un héroe discutible, altas dosis de maniqueísmo y un chorrito largo de sentimentalismo en la escena final. En su día vendieron la película como cine de autor como la película que consagraría a Spielberg y lo sacaría del casillero de director comercial,  pero la película está hecha pensando en la taquilla y se nota, pensar en la taquilla cuando uno hace Indiana Jones está muy bien, de hecho es lo suyo, pero con un tema como el Holocausto me parece un pelín tramposo. Opinión de un servidor. Ya pueden fusilarme. 
Como sólo me pueden fusilar una vez voy a opinar mal sobre otra película intocable sobre el nazismo La vida es bella... no puedo con ella, me ha salido un pareado. La soporté hasta la mitad, una comedia a ratos simpática a ratos cursi, la cosa descarrila cuando llegan al campo de concentración y empieza el circo, aquello parece un parque temático.  Esta película siempre me ha producido  bochorno y  vergüenza ajena, cuando aparece en televisión instintivamente cambio de canal, con una vez tuve suficiente.  Todavía no entiendo cómo Benigni le pudo ganar el Oscar a mejor actor a Edwar Norton,  que también estaba nominado ese mismo año para el galardón por su papelón de neonazi en una película mucho mejor, Amerycan History X, pero en fin, así es Hollywood. Cuando le dieron el Oscar a Benigni algunos dijeron que Benigni había conseguido hacer una película vitalista y conmovedora sobre un tema tan dramático como el nazismo, dijeron que eso era rompedor, que nunca se había hecho en el cine. Ja. Chaplin (El gran dictador) y Lubitsch (Ser o no ser)  hicieron eso mismo cincuenta años antes pero con más arte más elegancia, más gracia y más respeto por el espectador. 
La zona gris (The grey zone). 2001. Tim Blake Nelson  “Antes de  llegar aquí solía  estar orgulloso de mi mismo, de lo que conseguí en mi vida, nadie sabe de lo que puede ser capaz, nadie ¿cómo vas a ser capaz de saber lo que harás para salvar la vida hasta que te enfrentas a ello?,  ahora ya lo sé, para casi todos la respuesta es cualquier cosa. Es tan fácil olvidar quiénes éramos y no volveremos a ser jamás. Nadie sabe de lo que puede  ser capaz  por sobrevivir”.
 Después de ver La zona  gris  suscribí la opinión del bibliotecario. La zona gris no se llevó ningún Oscar en 2001, pero  en mi opinión  le lame la oreja a la laureada Lista de Schindler.  Es el relato de uno de los comandos de judíos que los nazis emplearon  para ayudar al exterminio en los campos de la muerte durante la solución final. Estos comandos se dedicaban a conducir a los judíos a las cámaras de gas y a procesar e incinerar los cuerpos. A cambio de estos servicios, los judíos que pertenecían a estos comandos recibían ciertos privilegios; comida, tabaco,  y unas mejores condiciones de vida.  En lugar de ser gaseados nada más llegar a los campos de exterminio, eran ejecutados  a los cuatro meses y sustituidos por otros. En esta película,  los  judíos no son dóciles  autómatas  camino del matadero, algunos  se  rebelan,  luchan por sobrevivir, por sobrevivir  son capaces incluso de ayudar al  exterminio de  sus compañeros, son capaces de vivir en el infierno si eso les permite alargar la vida. La zona gris es un puntapié directo a los cojones del alma. Una historia terrible más de tantas de las que se  produjeron durante aquel horror. El holocausto fue un genocidio fríamente calculado, eficiente y a escala industrial en el que millones de inocentes fueron exterminados, ¿Hubo  lugar para la esperanza, el heroísmo y el optimismo? ¿ O sólo para  la lucha por la vida y la supervivencia?.
Lo  de presentar  a los nazis como  monstruos de  otro planeta incluso como tontos o locos gritones es  una tendencia  muy extendida en el cine bélico sobre la  segunda guerra mundial y en las películas  centradas en el Holocausto. Los nazis eran tan humanos como los judíos y los aliados, Hitler también  era de nuestra especie, eso fue parte del drama del Holocausto.  Hay varias  películas sobre el nazismo  que indagan en esto, en plantear  por  qués y cómos , en reflexionar sobre  cómo un tipo como  Hitler que en 1925 había escrito un libro como  Mein Kampf pudo llegar  al poder en Alemania en 1933 mediante elecciones. Películas que plantean cuestiones  como ¿hasta donde llegaron las responsabilidades del Holocausto?, ¿empiezan y terminan en los verdugos del partido y  las SS?, ¿alcanzaron al pueblo  Alemán?, ¿al resto de  potencias europeas  que reaccionaron tarde?, ¿al  Vaticano  que firmó un concordato con Hitler en 1933 y años después ante las matanzas miró para otro lado?, ¿a EEUU que colaboró con su industria  al rearme de los nazis?, ¿a los industriales alemanes que consintieron y callaron mientras se enriquecían?, ¿a la Unión Soviética que en 1939 firmó un pacto con Hitler? ...Estas  son las  películas sobre el nazismo que me  gustan, las que plantean estas cuestiones. Las que invitan a preguntar  y preguntarse.  Las que obligan a la reflexión moral y ponen a  prueba la capacidad crítica. Las que le ponen a  uno  patas arriba. Decía  Hannah Arendt, que de  nazismo sabía un rato, que intentar comprender no es  perdonar ni justificar.
Vencedores o vencidos de Stanley Kramer, La caída de los dioses de Visconti, Roma, ciudad abierta de Rossellini, Amén de Costa Gavras, La zona gris, El hundimiento,  Europa Europa, Europa y El pianista son algunas de las  que  me interesan y suelo recomendar cuando sale el tema. Ah! y un documental imprescindible, Shoah de Claude Lanzmann. Se aceptan discrepancias y recomendaciones.
Una de mis  favoritas es   Vencedores o vencidos (1961)  de  Stanley Kramer. La película trata sobre unos de los juicios celebrados en  Nuremberg  en 1948 contra cuatro jueces cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica. La película es atrevida, incluso vista hoy, porque permite explicarse a los dos bandos e indagar en la cuestión de la culpabilidad de la sociedad civil alemana, jueces, industriales y políticos incluidos. Es un error de bulto abordar el tema del nazismo e ignorar que Hitler contaba con un gran respaldo popular en Alemania.
 

 En esta película hay buenos y malos pero ambos explican sus razones en igualdad de condiciones.  Enorme película, y muy necesaria, Maximilian  Schell que interpreta al abogado de los jueces alemanes que contemporizaron con los nazis se sale, como habéis podido comprobar en el vídeo, y Richard Widmark que hace de fiscal de  la acusación, o Spencer Tracy de juez, sin olvidar a Burt Lancaster, Montgomery Clift y Judy Garland  que están enormes. 
Os dejo que me voy  a los Verdi a ver  Hannah Arendt, de la alemana Margarethe Von Trotta, tiene buena pinta,  ya os contaré.
 Saludos cordiales. 

-Ficha de algunas de las películas mencionadas y que recomiendo:

martes, 11 de junio de 2013

El banquete de los genios


De pie, desde la izquierda, Robert Mulligan (Matar a un ruiseñor), William Wyler (Ben-Hur), George Cukor (La costilla de Adán), Robert Wise (Marcado por el odio), Jean Claude Carriére y Serge Silberman. Sentados, desde la izquierda, Billy Wilder (El apartamento), George Stevens (Raíces profundas) Luis Buñuel (Viridiana), Alfred Hitchcock (Vértigo) y Rouben Mamoulian (La reina Cristina de Suecia). John Ford (El hombre tranquilo), que asistió al encuentro, se marcho antes de que se tomara la fotografía. Fritz Lang (Metrópolis) estaba invitado pero no pudo acudir debido a su delicado estado de salud.
 
 
Los Ángeles, Noviembre de 1972, Luis Buñuel se encuentra participando en el Festival Internacional de Cine de la ciudad californiana, el Filmex, donde se proyecta El discreto encanto de la burguesía. George Cukor invita a Buñuel a comer en su espectacular mansión de Hollywood. Cukor le dice que comerán en compañía de unos amigos sin dar más explicaciones. Buñuel no conoce de nada a Cukor y se extraña de la invitación, pero acepta. Acude acompañado de Serge Silberman y Jean Claude Carriére, respectivamente productor y guionista de El discreto encanto de la burguesía, también le acompaña su hijo Rafael.  Buñuel y sus acompañantes son los primeros en llegar, al rato aparece John Ford bastante cascao y machacado por el cáncer, Ford saluda a Buñuel, se sienta a su lado en un sofá y  manifiesta al de Calanda su alegría por su regreso a Hollywood, Buñuel se sorprende de que Ford sepa de él "Creía que ignoraba de mi existencia" dice Buñuel respecto a Ford en sus memorias. Ford bromeando o chocheando le habla a Buñuel de un gran western que estaba preparando. En ese momento aparece, rechoncho, sonrosado y arrastrando los pies Alfred Hitchcock que se acerca entusiasmado a saludar a Buñuel, hablan de Tristana y de El discreto encanto de la burguesía, por la que Buñuel gana el óscar meses después.
 
 Los invitados siguen llegando;  Robert Mulligan, William Wyller, Robert Wise, Billy Wilder, Rouben Mamoulian y George Stevens. Firtz Lang está invitado pero no puede acudir debido a su delicado estado de salud.  John Ford, muy enfermo, se marcha antes de que termine la comida y de que se tome la famosa  fotografía, se despide de Buñuel con un abrazo, cuando se aleja  Buñuel dice "este se nos va", Ford murió nueve meses después.  La comida organizada por Cukor fue un reconocimiento por parte de los directores de Hollywood a Luis Buñuel y a su obra.
En torno a esta comida y a la mítica foto que allí se tomó y que  representa el fin de la época dorada de Hollywood iniciada con el cine mudo, gira el nuevo libro de Manuel Hidalgo "El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel.". Hidalgo repasa la vida y la obra de cada uno de los participantes y profundiza en la vida y en el cine de el gran director aragonés.
 
Entre las muchas anécdotas del encuentro, cuenta Manuel Hidalgo que en un momento de la comida George Stevens director de uno de los mejores westerns de la historia del cine (Raíces profundas) propone un brindis; "A pesar de nuestras diferencias de lengua, de origen, de opiniones, de estilo y de gustos, bebo por lo que nos reúne aquí". Buñuel se suma al brindis diciendo "Bebo pero me quedan dudas". Buñuel marca distancias, probablemente Luis Buñuel, comunista y ateo,  no se sintiera del todo en su salsa entre tantos liberales, (unos más progresistas otros más conservadores) muchos de ellos católicos. Y es que Buñuel, que siempre tuvo una relación distante y ambivalente con EEUU y Hollywood,  poco tenía que ver con los directores que allí había, de algunos probablemente no había visto ninguna de sus películas.
Buñuel se sentía cómodo con el calificativo de artista o autor que algunos empezaron a utilizar años antes, primero para señalar a directores europeos y luego estadounidenses, él se sentía un creador dueño de todo el proceso cinematográfico. El resto de directores allí reunidos entendían el cine como un oficio, como un trabajo, algo más técnico que artístico. De hecho la mayoría  no se sentían identificados con la figura del director-artista o creador. Cuando le preguntaron sobre esta cuestión  a John Ford en 1961 dijo: "Bueno, se trata de un supuesto que no puedo aceptar, nunca lo he creído",  "Nunca he pensado en lo que estaba haciendo en términos de arte (...) para mí siempre se trataba de un trabajo por hacer con el que disfrutaba inmensamente y nada más", y nada menos.
 
Sobre  este y otros temas, habla, reflexiona y especula este estupendo ensayo de Manuel Hidalgo.  Imprescindible para cinéfilos. No lo perdáis de vista.
 
 
 

Saludos cordiales.
 
 
- El banquete de los genios. Un Homenaje a Luis Buñuel. Manuel Hidalgo. Editorial Península. 2013. 345 páginas. 23 euros con 50. Lo presto.
  

jueves, 6 de junio de 2013

A vueltas con John Ford

 
Los que lleven más tiempo siguiendo el blog ya se habrán dado cuenta de que soy Fordiano incondicional. En cuanto a cine, primero John Ford y luego todo lo demás. Siempre estoy  a vueltas con John Ford, si no es con un libro es dándole otro revolcón a sus películas. Acabo de leer “Jinetes en el cielo” un ensayo  de Eduardo Torres Dulce sobre la trilogía de la caballería, tres películas míticas que recrean la vida de la caballería de los Estados Unidos  en los fuertes de la frontera del oeste durante las guerras indias, en torno a 1870.  John Ford compró los derechos de tres relatos de James Warner Bellah y los llevó al cine; Fort Apache (1948), La legión invencible(1949) y Río Grande (1950).  Cuando yo era niño ya había visto la trilogía de la caballería de Ford y el resto de sus westerns , lo que pasa es que yo no sabía quién era John Ford, sólo sabía que eran pelis de vaqueros. Era cuando en la tele sólo había dos canales y los sábados después de comer, en primera sesión, ponían  pelis de vaqueros, pelis de aventuras y pelis de guerra antiguas, ahora también las ponen lo que pasa es que hay cincuenta canales y pasan más desapercibidas, antes eran lentejas. Cuando me fui haciendo mayor y llegó el vídeo empecé a grabar las pelis de Ford que ponían  por la tele a las tres de la madrugada,  luego me enteré de que John Ford no sólo había hecho pelis de vaqueros, también había hecho pelis de guerra, comedias y dramas tan buenos como las del oeste. Luego vinieron el dvd, las proyecciones en la filmoteca y los libros.
 

Me encanta esta foto. John Ford recibe la visita de John Huston (el del puro y el vaso de güisqui hasta el borde) y Denis Hopper. Andaban por allí cerca haciendo un reportaje para un anuncio de Jim Beam y se pasaron a ver al maestro.Septiembre de 1971, Ford murió dos años después.

 
Hace poco en su artículo dominical, Pérez Reverte hablaba de John Ford y se acordaba de cómo en los años 60 y  70  era considerado un director fascista y  reaccionario por hacer películas del oeste en las que se  exaltaban las virtudes militares, los indios iban de malos, y ondeaba la bandera de los Estados Unidos.  Odiar a John Ford era una cuestión de militancia, si uno era  de izquierdas tenía que odiar a John Ford  aunque no hubiera visto ninguna de sus películas, no había vuelta de hoja. Con el tiempo  los odiadores de Ford se sacudieron  los prejuicios (cuántas cosas se pierde uno cuando tiene prejuicios)  y  empezaron  a ver  sus  películas (rodó 144) dejando a un lado su militancia, ahora muchos en lugar de odiarle le alaban como clásico indiscutible y  se derriten  cuando hablan del viejo cascarrabias y su cine.  Algo parecido ha pasado con Clint Eastwood en los últimos años.
John Ford era liberal, más conservador que progresista en muchos  aspectos, también era  católico y patriota pero no era un reaccionario ni un racista, y mucho menos un fascista. En su cine  siempre hay una mirada hacia los olvidados (siempre estuvo muy encima de los guionistas, quitando añadiendo e improvisando), hacia los más débiles,  hacia los que son diferentes. En La diligencia (1939) empatizó con una prostituta ridiculizando a sus inquisidores, El sargento negro (1960) es una de las primeras películas (anterior a Matar a un ruiseñor y de argumento similar) a favor de los negros y en contra de la discriminación racial, y su último western El gran combate(1964) es un homenaje a los indios masacrados por el hombre blanco, por no hablar de Las uvas de la ira (1940)  una película claramente izquierdista, o de  Siete mujeres (1966) , en la que  la  protagonista es una mujer adelantada a su tiempo, un icono del feminismo; una mujer  independiente,  sofisticada,  y liberada sexualmente que ridiculiza constantemente  a sus mojigatas compañeras, qué bien está  Anne Bancroft en esa película.
 
 
 La famosa frase “Me llamo John Ford y hago películas del oeste” la dijo en los años cincuenta, cuando se levantó y tomó la palabra en una asamblea para defender  a  Joseph. L. Mankiewicz ( acusado de rojo por el ultraconservador  Cecil B. de Mille) y para denunciar los excesos del Comité de Actividades Antiamericanas,  la caza de brujas  y las listas negras dirigidas por el tristemente célebre senador McCarthy.  Ford fue de los pocos que junto a Wyler, Bogart, Bacall y Huston firmó un manifiesto denunciando los excesos de la paranoia anticomunista. Las películas de John Ford  siempre defendían los valores del liberalismo constitucional y democrático.   El patriotismo está presente en muchas de sus películas, pero no es  un patriotismo ciego y fanático sino  compatible con la crítica a los errores y excesos del sistema.   
Ver la trilogía de la caballería y otros westerns de Ford es sumergirse en la épica y en el heroísmo, en la mezcla de realidad y leyenda que se desprende de  la historia de la formación de un país. Ford Apache trata con detalle la vida en el fuerte, los uniformes, la tradición, el protocolo, la costumbres  y la rutina de la vida militar (Ford leyó gran cantidad de libros y se dejó asesorar por historiadores militares) pero también  revisa y desmitifica el supuesto  heroísmo del General Custer  y denuncia en boca de los indios los excesos de los asentamientos coloniales.
 Los Fordianos acérrimos como yo  lo pasaréis pipa con este libro que invita a rever y a mirar con otros ojos las tres películas que Ford  dedicó a la caballería, bueno en realidad fueron cinco si incluimos El sargento negro y Misión de audaces 
John  Ford, el maestro de la composición y el plano general, el mejor filmando los porches, los bailes, los cielos tormentosos y claros. El mejor a la hora de hablar con los silencios, con las miradas, con los gestos.  El sheriff del séptimo arte...
 Yo quería hacer un apunte sobre el libro, una recomendación, un breve “no lo perdáis de vista”, diez líneas y una foto y sin darme cuenta me han salido dos folios,  con John Ford siempre me pasa, es empezar y no parar, a otros  les pasa con el fútbol, cada uno tiene sus aficiones. Os dejo que me voy a poner La legión invencible. No perdáis de vista a John Ford y a su trilogía de la caballería.
Saludos Cordiales.
 
-Jinetes en el cielo. Eduardo Torres Dulce. 211 páginas.15 euros.
-Un tronar de tambores y otras historias de la caballería americana. James Warner Bellah. Ediciones Frontera Valdemar. 18 euros.