El amor es la compensación de la muerte;
su correlativo esencial.

ARTHUR SCHOPENHAUER



miércoles, 26 de septiembre de 2012

El hombre menguante

 
 
El día que descubrí El increíble hombre menguante en DVD en el cajón de los olvidados de un centro comercial casi me pongo a dar botes, tenía una copia salchichera en VHS grabada de la televisión que un amigo me pasó a DVD,  la imagen era mala y el sonido peor, pero mejor eso que nada. Nunca conseguí una copia original en vídeo, y eso que la busqué. Así que cuando la encontré en aquel cajón desastre debajo de la primera temporada de El coche fantástico y de un cd de Los chungitos el corazón me dio un vuelco, alargué el brazo para hacerme con la presa pero un paisano se me adelantó y se hizo con ella antes que yo, el tío no sabía con qué quedarse si con El increíble hombre menguante, o con El liguero mágico, la de Pajares, los Ozores, y las chicas en pelotas… tenía una en cada mano y las miraba con pose ceñuda sin terminar de decidirse, finalmente entre el cine de ciencia ficción de serie b, y el destape patrio, optó por el destape lanzando mi ansiada presa de vuelta al cajón, ahí fue cuando yo metí codos y me tiré en plancha. Yo creo que si no la llega a soltar se la hubiera quitado de las manos…, hubiera tenido que intervenir el segurata.
El increíble hombre menguante es otra joyita de la serie b, de las que se hicieron en los estudios de Hollywood entre 1930 y 1960, pelis de bajo presupuesto que se hacían en tres semanas, sin estrellas ni grandes decorados, y con pocas ambiciones artísticas. Pensadas para hacer caja y llenar los programas dobles de los cines de barrio y los autocines. La ciencia ficción, el Western y el Cine negro son los géneros que más explotó la serie b, muchas de estas películas se quedaron en el puro entretenimiento, algunas, sin embargo han conseguido sacudirse la categoría y se han convertido con el tiempo en clásicos, en obras maestras, en imprescindibles. El increíble hombre menguante es un ejemplo dentro del género de ciencia ficción. La película es de 1957, y está basada en la novela que publicó Richard Matheson un año antes.Matheson fue contratado como guionista y acabó a la gresca con los productores que le obligaron a cambiar la estructura del libro. El libro está planteado en flashback, y la estructura de la película es lineal, también hubo problemas con el título, la novela se titula El hombre menguante a secas, el adjetivo increíble añadido no le sentó nada bien al escritor.
Scott ha cumplido el sueño americano, tiene un buen curro, un buen coche, una bella esposa, y una casa preciosa. Durante una excursión en yate queda expuesto a una extraña niebla, la extraña niebla es una nube radiactiva claro, esto es muy típico de la ciencia ficción de antes, aparecía la nube radiactiva y después se liaba parda. Días después de este incidente el protagonista se da cuenta de que empieza a menguar, pierde peso y estatura. Scott es cada vez más pequeño y su mundo cada vez más grande, aquí no hay invasiones extraterretres ni monstruos gigantescos, ni zombis. Lo cotidiano, lo familiar, se convierte en descomunal a medida que Scott mengua, el lindo gatito en tigre fiero, su hermano en un gigante que le puede aplastar sin darse cuenta, una simple araña en una pesadilla, un alfiler en un arma para defenderse, una caja de cerillas en un refugio y un sumidero en oscuro abismo. La película plantea un simple cambio de perspectiva que da mucho juego, la cosa no se queda sólo en los efectos especiales y en las aventuras de Scott en el sótano luchando por sobrevivir, intenta plasmar el tono reflexivo y filosófico de la novela, planteando cuestiones como la soledad del hombre ,el instinto de supervivencia, o lo relativo que es el concepto de normalidad o de ser humano, nos creemos el centro del universo y probablemente no seamos ni siquiera el culo, hay otros mundos aparte del mundo del hombre. El argumento de la película y su planteamiento, recuerdan mucho a La metamorfosis de Kafka, la película trata, a su manera, los mismos temas; la debilidad de la condición humana y lo fácil que puede resultar perderla ante cualquier accidente. La película dura 78 minutos y mantiene un tono angustioso y desesperado que atrapa desde el primer minuto.
 
He vuelto a leer el libro y a ver la película, y me quedo con los dos. El final de la película, cuando Scott se funde con la nada es memorable, la nada que no puede ser nada,  ”lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo, sentí como si pudiera abrazar el cielo, el universo, infinitos mundos el maravilloso tapiz tejido por Dios se extendía ante mí en la noche”, “Siempre había pensado en términos del propio mundo del hombre y de las  propias dimensiones limitadas del hombre”, dice Scott al final de la novela , esta reflexión recuerda a una de las grandes preguntas de Kant ¿Qué puedo conocer?, menudo carajal metafísico, la peli es ideal para ponerla en un aula de filosofía. El final de la novela y el de la película es muy parecido, sólo hay una (¿pequeña?) diferencia, en  la novela, Matheson no habla de Dios en ningún momento, la mención a Dios fue un añadido impuesto por el productor que hizo que Matheson se desentendiera del proyecto definitivamente. Anécdotas.
En fin un peliculón basado en un buen libro, yo os recomiendo sobre todo que veáis o reveáis la peli, los efectos especiales son bastante cutres vistos hoy claro, pero muy currados para le época y para la poca pasta, pese a eso, la película ha envejecido muy bien. Os dejo, que ya que estoy con la serie b, me voy a ver La mujer pantera de Tourneur o La invasión de los ladrones de cuerpos de Siegel o Ultimátum a la tierra de Wise. Luego, si me quedan ganas me tragaré dos westerns seguidos de Boetticher, lo bueno de las pelis b es que duran poco.
 
 
-Ficha de la pelí aquí:http://www.filmaffinity.com/es/film607561.html
-De la novela conozco dos ediciones en castellano, una es la de Bruguera, la famosa Colección Libro Amigo, creo que es de 1977, seguro que algún suertudo la conservará en su casa, y la de Planeta de 1985 que es la que he sacado de la biblioteca para volver a leerla, el libro en castellano creo que está descatalogado así que o biblioteca municipal o conseguirlo en inglés. Os lo comento porque se palpa en el ambiente que estáis deseando leerla.

martes, 18 de septiembre de 2012

Ancia



Es a la inmensa mayoría, fronda
de turbias frentes y sufrientes pechos,
a los que luchan contra Dios, deshechos
de un solo golpe en su tiniebla honda.


A ti, y a ti, y a ti, tapia redonda
de un sol con sed, famélicos barbechos,
a todos, oh sí, a todos van, derechos,
estos poemas hechos carne y ronda.


Oídlos cual al mar. Muerden la mano
de quien la pasa por su hirviente lomo.
Restalla al margen su bramar cercano


y se derrumban como un mar de plomo.
¡Ay, ese ángel fieramente humano
corre a salvarnos, y no sabe cómo!


Hace unos días buscando un libro por casa me tropecé con Ancia de Blas de Otero (el poema de arriba es el que abre el libro) en lugar de pasar de largo lo agarré y me lo leí de una sentada, otra vez. Ancia es uno de mis libros de poemas favoritos, la primera vez que lo leí me agarro de las vísceras, me las retorció a base de bien y luego me las mordió. Ahora no siento lo mismo que cuando lo leí hace veinte años claro, pero cuando un libro aparece en el momento preciso y deja huella, ya te acompaña toda la vida.
El libro lleva prólogo de Dámaso Alonso, y no tiene desperdicio, empieza así...

"Para otros, el mundo no es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y todo serenidad"

Cuánto en tan poco eh, Dámaso Alonso, otro crack, hay un poema suyo que me gusta mucho, Insomnio, perdona Blas yo he venido aquí a hablar de tu libro, enseguida vuelvo contigo...





Ancia me dejó bastante tocado cuando lo leí con veinte años, este tío me cuenta lo que le pasa a él, pero es lo mismo que me pasa mí, pensé, y lo mismo que les pasa a muchos, la soledad el desarraigo y la agustia existencial. Blas de Otero escribió Ancia en plena depresión, en plena crisis vital y de fe. Los manuales de literatura lo suelen meter en la generación del 50, entre los representantes de la poesía social. Lo mejor que se puede hacer con Ancia es leerlo, reseñarlo y hablar de él y de su autor es bastante más aburrido, además para eso están los manuales de literatura y la todopoderosa y tristemente para muchos, Inmaculada Wikipedia.
Dice Italo Calvino en su genial ensayo "Por qué leer los clásicos"  que "La escuela y la universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio hacen todo lo posible para que se crea lo contrario", y luego remata con unas de sus definiciones de lo que es un clásico; "Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que lo obra se sacude continuamente de encima", pues eso, al lío, a leer o releer Ancia, eso sí, cuidado con mezclarlo con alcohol y barbitúricos. Os dejo por aquí uno de los poemas que más me gustan de este libro de poemas...



Antes de terminar esta entrada tan anárquica, y tan cajón desastre,  hablar de libros es lo que tiene, os quiero recomendar otro libro muy recomendable que me ha recomendado y prestado un amigo, y que ha sido todo un descubrimiento para mí, que en cuanto a poesía nunca suelo salir de los cánones establecidos, ya sabéis, la generación del 98, la del 27, la del 36 y la del 50. Es la Poesía Completa de Víctor Botas, un poeta del que nada sabía y con el que estoy disfrutando de lo lindo.

Saludos cordiales.


 
 
 
 
 
 
 







martes, 4 de septiembre de 2012

Los cielos de John Ford

Este tío tan salao del vídeo es John Ford, director de cine norteamericano, nació en Maine en 1894 y murió en Palm Desert California en 1973. Rodó casi 150 películas y ganó 4 premios Oscar de la academia como mejor director, por El delator en 1935, por Las uvas de la ira en 1940, por Qué verde era mi valle en 1941, y por El hombre tranquilo en 1952 . Fue uno de los realizadores más importantes del período clásico de Hollywood. Muchos le consideran el mejor cineasta de todos los tiempos, algunos afirman incluso que fue uno de los artistas más grandes del siglo XX. Ford no se sentía un artista, tampoco un autor, para él el cine era un oficio. “Era uno de esos artistas que nunca pronuncian la palabra ‘arte’, y de esos poetas que no hablan nunca de poesía" escribió sobre él Francois Truffaut. Ford tocó varios géneros, pero fue el Western el género en el que más cómodo se sentía "Me llamo John Ford y hago películas del oeste" dijo en cierta ocasión. Curiosamente ninguno de sus westerns consiguió premio.Como podéis apreciar en el vídeo, John Ford era un tipo simpático y muy cercano con la prensa, le encantaban las entrevistas y hacía lo posible porque el entrevistador se sintiera cómodo.



Estos días he estado echándole horas a John Ford, una vez al año le rindo mi pequeño homenaje y me tiro una semana viendo películas suyas, me las trago de dos en dos y me quedo con hambre. Lo bueno de las películas de John Ford es que son saludables y nutritivas, no llevan grasas saturadas, ni colesterol, ni triglicéridos, no son de las que engordan las meninges, sino de las que mantienen en forma las neuronas. He empezado con El hombre tranquilo, El hombre tranquilo es una película muy recomendable para cuando uno está de bajón, es de las que te meten una inyección de entusiasmo que te dejan nuevo, de las que te cambian los paisajes, esto me pasa con pocas, El hombre tranquilo, Cantando bajo la lluvia, El apartamento, y Manhattan que ahora recuerde. Luego he seguido con la Trilogía de la caballería,  con El Joven Licoln, con Pasión de los fuertes y con Centauros del desierto, para continuar con Las uvas de la ira, y Qué verde era mi valle. Qué verde era mi valle es una de mis películas favoritas de John Ford, y una de las más emocionantes que he visto.
Recuerdo que hace años invité a un ligue al cine, bueno no era un ligue, era una chica a la que me quería ligar si ella me dejaba claro, las que ligan son ellas con nosotros no nosotros con ellas. La llevé a la filmoteca a ver Qué verde era mi valle. ¿Y de qué va la peli?…, es la historia de una familia de mineros galeses…, ¿y de qué año es?…, creo que de 1941…, ¡ah!, ¿que es en blanco y negro?, sí, es en blanco y negro, ya verás nena, te va a encantar. No escuché el resoplido pero lo vi, lo vi en sus ojos. Siempre que veo Qué verde era mi valle empiezo a  emocionarme desde el principio, desde que aparece el plano de Huw empaquetando sus cosas en el pañuelo de su madre para marcharse del valle para siempre, mientras Huw empaqueta sus cosas  suena la voz en off y la música de Alfred Newman, la cámara gira hacia la ventana, sale y muestra el valle en decadencia, entonces lloro, soy un sentimental. Mientras yo lloraba durante la introducción el nudo y el desenlace, la chica que me quería ligar no paraba de moverse en la butaca, bostezaba y resoplaba sin disimulo, ¿te ha gustado?, ¿un poco leeeenta no? No volvió a llamarme.
No me digáis que esto para bostezar...



Ayer vi Las uvas de la ira y también me emocioné, sobre todo al final, cuando Tom (Henry Fonda) se despide de su madre (Jane Darwell), Las Uvas de la ira cuenta la historia del éxodo de la familia Joad durante la depresión económica de los años 30. La familia es expulsada de su granja en Oklahoma y emprende el viaje en una tartana hasta California donde son tratados como perros por los terratenientes que los contratan por cuatro duros y en condiciones infrahumanas. Un retrato impresionante sobre la Gran Depresión que sufrió Estados Unidos en 1930. La filmografía de John Ford puede verse como una cronología muy particular de la historia de Estados Unidos, desde la colonización hasta la segunda guerra mundial.
John Ford era un figura a la hora de contar historias sencillas sobre gente sencilla, y un genio a la hora de transmitir el folclore estadounidense. Sus  escenas de la vida cotidiana acompañadas con música tradicional son memorables, escenas en los porches de las casas, o en los bailes, o de una familia sentada a la mesa a la hora de comer, escenas de despedidas o recibimientos, escenas de las ceremonias y de los rituales de una comunidad. Ningún otro director de películas del oeste rodó como él una diligencia a toda leche acosada por los indios, o el vadeo de un río. 
En el documental Dirigida por John Ford, el crítico de cine Peter Bogdanovich cuenta que en los años 60 entrevistó a  Orson Wells y le preguntó cuáles eran sus directores favoritos, Wells contestó; “bueno yo prefiero a los viejos maestros, me refiero a John Ford, John Ford, y John Ford. El es un poeta y un comediante, en lo mejor de Ford se reconoce de que está hecha la tierra, incluso si el guión es de la Madre Macree”. Es verdad que John Ford es un poeta, sólo hay que ver como empieza Centauros del desierto, y también es verdad que cuando uno ve El hombre tranquilo, Qué verde era mi valle, Las uvas de la ira, o Pasión de los fuertes, reconoce de qué está hecha la tierra, Orson Wells tenía razón. Una de las cosas que más me gustan de las películas de John Ford son los cielos que saca, cuando veáis una película de John Ford fijaros en cómo fotografía los cielos, en cómo coloca el horizonte en función de lo que quiera contar.
Uno de los temas centrales de las películas de Ford, sobre todo de sus westerns es el  contacto entre lo civilizado y lo salvaje. La vida en el fuerte (Fort Apache), la vida en la ciudad donde la ley no llega  (El hombre que mató a Liberty Valance), o la vida en una caravana de colonos camino de Oregón, (Caravana de paz), la vida de la comunidad en territorio hostil es un tema recurrente en todos sus westerns. Otro de los temas del cine  de John Ford es el de la familia, la familia que lucha por mantenerse unida ante la adversidad, Las uvas de la ira, y Qué verde era mi valle tratan sobre esto. La familia, la soledad, el desarraigo, la amistad, el amor, la vejez..., Ford trataba temas universales, y lo hacía bien, se nota en sus películas que conocía a la gente.

He aprendido a colgar vídeos (gracias Juan Carlos) y con eso de la novedad estoy experimentando, aquí abajo os dejo el principio y el final de Centauros del desierto, a ver quién se atreve a decir que esto no es poesía de la buena...
John Ford también tuvo detractores claro, le acusaron de machista, de racista, incluso de fascista. Todas las críticas fueron contestadas con sus películas. Los que le acusaban de racista se la tuvieron que envainar cuando se estrenó el Sargento negro, o El gran combate, y los que le acusaban de fascista y machista se tuvieron que callar cuando vieron Siete mujeres o Las uvas de la ira.  Sus mayores detractores acabaron cayendo en el error, y reconociendo con el tiempo (qué justo es el tiempo) que John Ford era uno de los mejores directores de la historia del cine, entre otros el director y crítico francés Francois Truffaut.   
Ahora me voy a poner No eran imprescindibles, una de lanchas torpederas durante la Segunda Guerra Mundial, en esta también hay buenas escenas en los  porches, buena banda sonora y buenos cielos. Espero haberos contagiado mi afición y entusiasmo por John Ford. Os anoto un par de libracos y un documental, seguro que queréis ahondar sobre el tema, se os ve gente curiosa e inquieta.
-Dirigida por John Ford. Documental de Peter Bogdanovich.1971. 
-John Ford.Francisco Urquijo.Cátedra.1991.
-Tras la pista de John Ford. Joseph Mcbride.T&B editores 2009.
-John Ford el arte y la leyenda. Quim Casas.Editorial Dirigido.1998.